Capítulo 10: El lamento de la emperatriz de la espada

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Una mujer que había escalado la Sagrada Montaña de Lindholm ese día, se encontraba de pie con los ojos cansados.

[Esta es una peligrosa montaña empinada.]

La mujer murmuró en voz baja mientras miraba hacia la punta de la montaña.

[Y ser enviada hacia mi muerte por el hecho de ser una descendiente de un Señor Demonio, qué tiranía.

La gota que rebalsó el vaso fue cuando heredé la España Demoníaca del clan. Ni siquiera fueron capaces de disimular su codicia.]

La mujer era de una familia que había sido descrita como descendiente de un Señor Demonio.

[Pero… fui expulsada. Obligada a escalar esta montaña sagrada la cual tiene espíritus por todas partes, aunque probablemente aún no se han percatado de mi presencia.]

Cuando tenga la oportunidad, quiero poner la espada sagrada en la legendaria cima de la montaña.

Si hay una cosa capaz de salvar al mundo, como en un sueño, es la espada sagrada.

[Qué ridículo. Solo estoy con mi Espada Demoniaca en mano. Una espada enfocada en matar. Una Espada Demoniaca Devoradora de Vidas.]

Le vino a la mente la imagen de ella misma, fallando en haber practicado lo suficiente.

Estaba acorralada y fue forzada a hacer lo que ellos querían.

◆◆◆

Se encontraban en términos pobres en cuanto a la cantidad de mercenarios por ciudad-estado.

Un país al este de la Sagrada Montaña de Lindholm.

En el mundo actual, el cual había sido invadido por los colores de la guerra, los mercenarios estaban en demanda.

Al igual que su cuerpo el cual querían usar para pelear.

El honor de su familia dependía de ella. Había heredado una de las Series del Señor Demonio.

El número de Señores Demonios llamados Emperador de la Espada había disminuido ya que o eran olvidados o eran acabados.

Pero esa Espada Demoníaca se convirtió en la razón por la que todavía existe en el mundo.

Espada Demoníaca Krisher

Una vez, su ancestro pidió una espada que pudiera matar frecuentemente. Como resultado, nació la Espada Demoniaca.

Antes de eso, el clan era conocido como una increíble fuerza armada y se decía que eran un bravo grupo de mercenarios llamados La 38 Brigada de la Espada Celestial.

38 personas y 38 espadas.

A cada miembro se le daba una espada ceremonial celestial. Por eso tenían ese nombre.

Sin embargo, tan increíble grupo de mercenarios terminó siendo llamado Señores Demonio.

Con un Señor Demonio con una Serie de Emperador, a su familia se le dio un nuevo comienzo.

-Eran mercenarios que peleaban en contra de sus enemigos.

Debido a eso, una vez que eran contratados se convertían en una fuerza aliada. Por otro lado, se podrían convertir en una fuerza enemiga en alguna otra batalla.

Los mercenarios le dan su fuerza al mejor postor.

Ellos hacen ese tipo de trabajos.

Algunos de ellos eran ridiculizados por luchar todo el tiempo, pero en la época de guerras, para una nación que no contaba con suficiente poder militar, los mercenarios, los cuales prestan su fuerza a cambio de oro, eran más que bienvenidos.

Sin embargo, los mercenarios debían ser honestos acerca de su trabajo, por lo que tener relaciones abiertas no los ayudaba.

Por lo tanto.

-Aquellos que los contrataron primero, ahora aparecían como un enemigo llamándolos traidores.

El ancestro de aquella época, que se jactaba de tener una fuerza superior, había sido llamado Señor Demonio.

Aunque ahora, el término Señor Demonio le era puesto a alguien por diversas razones, en el caso de su ancestro había una razón crucial.

No debería ser inesperado para ellos guardar rencor.

Aquellos sentimientos pueden ser entendidos, pero la etiqueta de Señor Demonio que había sido puesta en esa época también afectaba a esta.

De hecho, al principio traté de tener una vida decente lejos de la espada, pero la Espada Demoniaca seguía y seguía volviendo a mis manos.

Eso se debía a que tengo la sangre del creador de la Espada Demoniaca fluyendo por mis venas.

Y luego, como si hubiese estado atrapada en una discusión con la Espada Demoníaca, la sangre de la familia de mercenarios empezó a hervir.

Como si hubiese sido decidido de antemano. Sin duda fue una forzosa invitación para pelear.

-Bueno, incluso yo terminé en sus manos.

Traté sirviendo y cocinando, como una sirvienta. Hice una gran variedad de cosas, pero ninguna funcionó.

El interés de ellos no estaba en eso, por lo que cuando el deslumbrante oro que daba la industria de mercenarios se presentó, me enviaron a la batalla.

Ahora que la espera para la batalla había terminado, estaban eufóricos.

El oro llegó a sus manos, pero les importaba más el hecho de que ya no se mantendrían alejados de las batallas.

Se ahogarían en el calor de la batalla.

Esto no debería seguir de esta forma, pensé mientras estaba separada de la Espada Demoniaca.

Estaría mejor muerta, con la Espada Demoniaca atravesando mi garganta. De esa forma, empecé a tener ese tipo de pensamientos exagerados. Ya había sido envuelta por la visión de la batalla como una mercenaria con la Espada Demoniaca.

Pero hay un punto de inflexión.

Aquellos que apoyaban a la Espada Demoniaca fueron expulsados.

Fueron perseguidos y huyeron.

Querían desenterrar la sangre del Emperador de la Espada que se encontraba alojada en mi cuerpo.

Debido a que siempre estaba balanceando mi espada podría morir… como un Señor Demonio.

-Qué es un Señor Demonio.

Podría haber algún tipo de justificación si la otra parte fuera derrotada por mercenarios, pero yo lo hacía por mi cuenta. Se me pidió que los ayudara junto a la Espada Demoníaca como si fuera un aliado.

-Odio esta guerra.

Ahogándome en la batalla como un mercenario. Supongo que está bien para alguien que solo balanceaba una espada.

No lo harían parecer como un acto heroico y ellos lo sabían.

El objetivo de ser un Héroe para aquellos que no tenían poder militar, como un antiguo antepasado, ya no existía.

-Ahora soy un Señor Demonio.

En resumen, una etiqueta que no se puede despegar se había pegado en mi espalda.

Cuando me di cuenta que mi impulso era igual al de mis ancestros, ya estaba siendo perseguida como un Señor Demonio.

Fui perseguida, me escapé y mi cabeza estaba hecha un lío.

Ya no sabía que hacer.

Ojalá hubiera una guía para vivir una buena vida.

Porque para morir… aún tenía miedo después de todo.

◆◆◆

[Un poco más hasta la punta de la montaña.]

Había muchos cuerpos de bestia a lo largo del camino, y muchos de ellos habían perdidos sus cuerpos para convertirse en espíritus.

La Espada Demoniaca, la cual se especializa en una matanza única, parece ser capaz incluso de acabar con espíritus. Aunque los espíritus de los que escuchas rumores no puedan ser exactamente rebanados, aquellos que entran en el rango de espíritus débiles o espíritus de animales, pueden ser disipados con un solo movimiento.

Pensé que se trataba de algo malo, pero supongo que así debían ser las cosas en caso de que te atacaran.

Entonces, la mujer alcanzó la cima de la Sagrada Montaña Lindholm.

Un hombre se encontraba ahí.

Con un hermoso cabello blanco como la nieve, era un hombre cuya apariencia trascendía a los vivos.

◆◆◆

El hombre quemó una gran piedra con una misteriosa llama blanca. Estaba moldeando algo en ella.

Era toscamente alargada y con una forma rectangular. Tenía algunos caracteres grabados en la superficie.

-¿Un nombre?

Esta vez perforó el suelo, colocándola como una tumba.

[…]

La mujer, mientras observaba al hombre que se encontraba en la cima de la montaña, dio el primer paso.

Hizo un sonido como si lo llamara, pero el hombre no se dio vuelta.

-Una especie de muñeco o un tipo de fantasma.

[Lo siento. Debido a que mis manos están un poco atadas en este momento, si hay algo que quieras de mí, espera un poco.]

El hombre lo dijo sin voltearse.

El aliento de la mujer se retrajo, como si no creyera en su voz.

Era más como si la voz curara. Fue toda una sorpresa.

[¿Esas son… para personas?]

[Es correcto.]

[¿Qué son?]

[Tumbas para las personas que me criaron.]

Con un intercambio de palabras tan sencillo, la mujer entendió que el hombre era un ser humano.

Construyendo una tumba para alguien.

Sin duda sería humano.

La mujer tenía confianza en ello.

◆◆◆

Curiosamente, la obra del hombre siguió por el día y la noche.

No se detenía incluso cuando parecía que lo había estado haciendo por siempre.

Me pregunto qué diablos le hizo hacer tumbas para tantas personas.

[¿Cuántas tumbas planeas hacer?]

La mujer, quien no podía soportarlo más, preguntó.

[Cien.]

[Huh cien huh…]

Una voz tan femenina no es típico de mi. La cifra me había sorprendido.

[…]

La mujer se encontraba mirando la espalda del hombre.

Entonces, finalmente.

[Si quieres te ayudaré. Lo que quiero decir es que desde que escalé esta Sagrada Montaña de Lindholm bien podría estar haciendo esto. No es como si quisiera.]

Eso dije.

Mitad verdad y mitad mentira.

[¿En serio? Estoy feliz. Por favor ayúdame. Dame las piedras de ahí en orden.]

Cuando escuché la voz feliz del hombre, ya no pude negarme.

[Está bien.]

La mujer se quitó su túnica la cual se había envuelto en la empuñadura de su espada varias veces.

La Espada Demoníaca se mantuvo como estaba, enterrada en el suelo.

Debido a que bajo la túnica tenía ropa muy ligera, el viento de la montaña se sentía frío pero se calentaría cuando se moviera.

[Ah]

[¿Hmm?]

De pronto, el hombre detuvo sus movimientos y miró a la mujer.

El hombre tenía pupilas rojas con un misterioso brillo.

[Soy Merea. Merea Mea.]

[Yo soy Elma Elisa. Nuestras edades probablemente sean las mismas por lo que puedes llamarme Elma sin honoríficos.]

[Entonces llámame Merea. Bueno, saludos Elma.]

No me preguntó por nada más que mi nombre.

Me pregunté si no había nada más profundo en ello, pero no sabía mucho por lo que podría romper el momento si hablaba sin pensar, así que decidí mantenerme en silencio hasta que hubiésemos acabado de hacer las tumbas.

-Atrapada en estas circunstancias… aunque de esta manera, no es malo tener algo inocente.

Podría tratarse de escapismo, pero Elma lo pensó genuinamente.

En esta extraña situación, había comenzado a mirar un poco hacia adelante.


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