Capítulo 2: Sin novedad en el frente oriental

Capítulo 1ÍndiceCapítulo 3


 

Sentía como si se la tragara una oscuridad negra, fría y sin fondo.

No había forma de resistirse. Al ser arrastrada por la intensa corriente, sin sentido del arriba o el abajo; sus tímpanos rechinaban y se quejaban por la presión del agua. Pero más que eso, la presión de la desesperación oprimía su corazón. Mirar el horror de la muerte frente a ella por primera vez desde que nació, no es algo que se pueda enfrentar con el poder de la razón.

La fuerza de sus agotados brazos y piernas pronto se desvaneció. Mientras eso ocurría, una luz brilló.

Ella pudo ver de forma vaga que algo se aproximaba, viajando en una línea recta[1] que atravesaba la oscuridad. Primero, alguien aferró su brazo, y luego, abrazaron su cuerpo. Ella pudo oír el sonido de un corazón extremadamente cercano. Sólo pudo pensar que el sonido del pulso de ambos, pasando por el contacto de su piel, se sincronizaba.

Mientras su conciencia se desvanecía, pudo oír a la muerte rechinando los dientes y alejándose de ella, mientras la envolvía la luz y el calor.

“…Nnn…”

Crackle, crackle—Con el sonido de un chisporroteo, la jovencita abrió los ojos.

07

Estaba oscuro. Con un pequeño fuego como única fuente de luz, en el centro de esa luz naranja surgieron algunas figuras humanas. Un atractivo joven mirando ansioso al fuego, junto con un rollizo joven cuyos dientes estaban castañeando. Al seguir explorando con la mirada, vio a una joven imponente, con el cabello de un color idéntico al de las llamas, sentada al extremo izquierdo. Ella abrazaba fuertemente a su compañero, un espíritu, al cual todos compartían para calentarse un poco.

“¡Ah!, ¿ya ha despertado?”

Dijo una voz gentil cerca de su oído, y gradualmente se percató de que la sostenían sentada. Sintió unos pechos suaves en su espalda, y la calidez se distribuía por el contacto de su piel con la de la chica, que atravesaba la delgada tela de su ropa interior.

“¿Quién… eres?”

Al oír su voz, antes que nada la muchacha de pelo rojo (Yatori) se levantó y de inmediato se arrodilló con reverencia.

“Al fin pudo despertar, Su Alteza, la Princesa… Por favor, permítame el privilegio de mostrarle mi adoración de esta forma.”

Excepto Haro, que estaba abrazando a la jovencita, los otros siguieron el ejemplo de Yatori e inclinaron sus cabezas. Ante esta muestra de respeto, la jovencita también recordó, una vez más, su posición por derecho.

“Ustedes, levanten las cabezas. Pueden prescindir de la etiqueta. Bajo estas circunstancias…”

“Ah, como desee… Resumiendo una explicación, durante el viaje en bote que se dirigía hacia el Examen de Oficiales Militares de Rango Alto en el archipiélago Hirgano, la nave en la que viajábamos juntos encontró una tormenta y se hundió. Los únicos que apenas escapamos con vida fuimos nosotros seis, incluyendo a Su Alteza. Más importante aún, después de aproximadamente dos días de ir a la deriva, llegamos a la costa en una playa en algún sitio… así que ahora estamos viviendo en el interior de una cueva.”

Después del reporte de Yatori, la jovencita abrió sus grandes ojos y guardó silencio… después de eso, se tomó varios minutos mientras organizaba sus recuerdos, llenando los huecos con la información que acababa de escuchar.

“Ya veo… la nave… ¿Entonces no fue un sueño?”

El recuerdo desagradable de ser tragada por la oscuridad de la superficie del negro océano regresó a ella, y sus hombros temblaron de repente. Dentro de las capas de ropa externa que llevaban, Haro, abrazando su pequeño cuerpo, miró ansiosamente su rostro desde un costado.

“Durante la deriva de dos días, ya que el cuerpo de Su Alteza estaba completamente frío, debido a la constante lluvia, esta persona, Haroma Bekkel y yo, Yatorishino Igsem, tuvimos el honor de calentar su cuerpo por turnos con nuestro calor corporal. Estábamos conscientes de nuestra falta de respeto, pero debido a la falta de recursos, por favor, perdone nuestro atrevimiento.”

“¡¿Perdonar…?!”

Cuando Haro inclinó su cabeza avergonzada, la chica esbozó una sonrisa amarga, y sacudió su cabeza.

“Les agradezco de corazón su amabilidad. Con este cuerpo tan frágil, no dudo que hubiera muerto de frío antes de despertar… Por cierto, tú… Dijiste que te llamabas Yatorishino Igsem.”

 

“Ah…”

 

“Ha pasado mucho tiempo. Fui a tu casa en la ocasión de una Visita Imperial junto al Emperador reinante. ¿Ya pasaron ocho años desde entonces?”

 

“¿Lo recuerda? En ese tiempo, Su Alteza debía tener apenas cuatro años…”

 

“Según la cuenta tradicional[2], tú tenías 10 años. Notaste que me sentía irritada ya que mi mano no podía alcanzar un plato, y tú tomaste algunos dulces horneados de la mesa para mí. ¿Acaso reconociste mi apariencia de la misma forma?”

 

A todas luces, la chica sabía que eso era algo muy improbable. Yatori sonrió de forma vaga y respondió.

 

“Comparada con ese tiempo, Su Alteza ha excedido mi imaginación y crecido espléndidamente, pero… Su cabello color de oro, y el anillo grabado de Kartjvanmaninik[3], si no fuera por la existencia de estos dos detalles, no habría podido estar segura.”

 

Al oír eso, la jovencita sacó su mano a través de una apertura de las ropas que portaba junto con Haro. Lo que mostró fue un anillo grabado con el diseño del Árbol Espiritual Eterno, el cual servía como símbolo de Imperio de Katjvarna.

 

“Así es. Ante ustedes está la Tercera Princesa Imperial del actual Imperio  de Katjvarna: Chamille Kitra Ktjvanmaninik.”

 

Con excepción de Yatori, que ya estaba medio convencida, los demás por fin se dieron cuenta que la presencia frente a ellos era parte de la nobleza, con una presentación de boca de la persona misma. Después de un digno silencio, el primero en iniciar una conversación fue Torway.

 

“Yo soy Torway Remeon, es la primera vez que nos encontramos, Su Alteza, Princesa Chamille.”

 

“Umm, tú eres el más joven de los Remeon. También he escuchado rumores sobre ti.”

 

“Es un honor. Si no es inconveniente, ¿podría permitirme preguntarle algo?”

 

Sin esperar el final de la petición de Torway, Su Alteza, la Princesa, comenzó a contestar en un tono firme.

 

“Si es la razón por la que abordé el mismo barco que ustedes, responderé sin necesidad de que pregunten. A raíz del empeoramiento del estado de la guerra con Kioka, y como parte de la Familia Real, vine a conocer a las jóvenes personas que llevarán el futuro de esta nación. También para dar ánimos a los que toman el examen. No es nada más ni nada menos que eso.”

 

“Pero… ¿y los oficiales militares que la acompañaban…?”

 

“No termines la pregunta. Es obvio que se hundieron al fondo del océano junto con el barco.”

 

De alguna forma, había un tono de obstinación en Su Alteza Chamille, quien se había anticipado y respondido la pregunta, que no daba pie a cualquier tipo de duda. Pero si en verdad tenía una escolta, era un problema el hecho de que ellos no habían visto a nadie cerca cuando se encontraron en el barco, o cuando ella salió a cubierta. Torway guardó esas dudas en su interior por el momento.

 

“Y-Yo me llamo Matthew Tetdrich. Su Alteza, si me permite algunas palabras…”

 

Aunque su cuerpo con carnes abundantes, aferrado fuertemente a una camisa mojada, estaba temblando, Matthew  tímidamente intervino en la conversación. La mirada de Su Alteza la Princesa volteó hacia él.

 

“Tetdrich… Ese es un linaje al que se ha confiado la Unidad Estacionaria de la Isla de Ebdorch, en la región suroeste del Imperio. He aprendido bien tu nombre. Si hay algo que quieras pedir, hazlo en este momento, Matthew Tetdrich.”

 

Yatori, que estaba a su lado, se admiró del resumen que sobre la familia Tetdrich había expresado Su Alteza, la Princesa, como parte de su extenso conocimiento. Por otro lado, aproximándose a ambas, el mismo Matthew, al parecer sin tiempo para notar que al fin había conocido a alguien que sabía del nombre de su familia, suavemente expresó su petición desde sus descoloridos y amoratados labios.

 

“S-Si su cuerpo ya está lo s-suficientemente caliente, ¿podría prescindir de la capa más externa de las ropas que la cubren, mi saco…?”

 

Al oír esto, Su Alteza, la Princesa, notó por primera vez que le habían cedido las prendas exteriores de todos los presentes con el propósito de calentarla. Como era de esperarse, Haro, pensando que era algo imperdonable, asustada detuvo a la jovencita que trataba de salir en ese instante

de las capas de ropa que hacían de sábanas.

 

“¡Kyaa…no debe salir! ¡Tanto usted como yo sólo llevamos nuestra ropa interior, ¿ve?! ¡Yatori-san, por favor, devuelve su saco a Matthew!”

 

Asintiendo, Yatori retiró la capa más externa de ropa y se la regreso, bien seca, a su dueño. Aprovechándose de la situación, Matthew se arropó con esa tela más gruesa para concentrarse en sus esfuerzos de no perder más calor corporal, y no dijo nada desde entonces.

 

“Ah, la ropa de la Princesa ya también está seca… Entonces, aunque es un poco difícil de hacer, ¿Sería bueno que nos cambiáramos de ropa?

 

“Si ese es su deseo, no tengo inconveniente en despedir por un momento a los varones. Bueno, aunque la tormenta sigue allá afuera.”

 

Ante la imagen de Yatori expresando esos crueles pensamientos con una sonrisa, el cuerpo de Matthew tembló violentamente por razones distintas al frío. Su Alteza, la Princesa, se rehusó a la proposición –que no era cosa de bromas- se separó del regazo de Haro, cubierta con demasiadas capas de ropa, con una dignidad inesperada, y se paró sobre el piso usando sus piernas por primera vez en dos días.

 

“Umm… no me siento enferma. Me pregunto si es porque me proporcionaron su calor.”

 

“Eso está muy bien; pero por favor, por el momento permanezca cerca del fuego. Bajo estas condiciones, si Su alteza pescara un resfriado o algo así, no podríamos hacer nada, ni siquiera nosotros.”

 

Su Alteza, la Princesa, aceptó la petición de Yatori, expresada gentilmente, pero en un tono firme. Ya que sentarse en el suelo implicaría que su parte inferior trasera se enfriara, al final se sentó nuevamente en el regazo de Haro.

 

Se quedaron en silencio rodeando el fuego por un rato, pero Su Alteza, la Princesa, de repente abrió los labios con una expresión como si de repente la hubiera alcanzado un rayo.

 

“…Es verdad. Me pregunto si, al momento que el barco se hundió, ¿la persona que me rescató cuando fui arrojada al océano, está con nosotros? No tengo duda que a todos ustedes les debo la vida, pero quiero expresar particularmente mi gratitud a esa persona. Por favor, preséntese.”

 

“…Por favor, espere un momento.”

 

Levantándose, Yatori se deslizó fuera del círculo alrededor del fuego y caminó hacia la oscuridad del fondo de la cueva. Cuando su figura desapareció, el seco y fuerte sonido de un objeto siendo pateado produjo ecos en la cueva, así como el grito que lo acompañó.

 

“Despierta, Ikta. Su Alteza, la Princesa, te está llamando.”

 

“Apúntala en mi agenda. Hacer que conozca a alguien sin la debida cita… oof…”

 

El mismo sonido y grito se repitió otras tres veces. Ya sea porque al fin se había dado por vencido, un joven con la mano sobando su cintura como un anciano preocupado por su dolor de espalda, desnudo de la cintura hacia arriba y llevando un espíritu de luz en su bolso, apareció frente a ellos.

 

“Yo soy Ikta Solork. Gracias, Su Alteza, la Princesa… ¿está de buen humor?”

 

“Cómo… ¿Así que había alguien más? ¿Entonces, tú eres el que…?”

 

“Bueno, fue al calor del momento, o debería decir, yo era la persona adecuada en el momento adecuado… ya que era el único portador de un espíritu de luz.”

 

Vistiéndose más formalmente con una camisa que le pasó Haro, Ikta, en un gesto completamente inapropiado, le hizo una reverencia a Su Alteza Chamille; aunque en realidad, fue sólo su reacción a la patada que le propinó Yatori.

 

“Ya veo. En cualquier caso, te doy las gracias, IktaSolork. Y también a tu compañero, el espíritu de luz-dono. Una vez que regresemos a salvo a la capital, haré arreglos para que sus valientes acciones sean recompensadas.”

 

Kusu levantó la cabeza desde el bolso; sin embargo, Ikta se había sentado con las piernas cruzadas en ese momento.

 

“Entonces, lo mejor es que usted pueda regresar a salvo, ¿no es así…? De alguna manera…”

 

“Ikta, deja de hablar de una forma que pueda despertar preocupaciones sin sentido.”

 

Yatori le advirtió en voz baja. Sin embargo, las preocupaciones de sus compañeros ya se habían despertado.

 

“¿Quieres decir que existe la posibilidad de que no podamos regresar?”

 

“Para nosotros, que no sabemos a ciencia cierta dónde está este lugar, sí que la hay. Tuvimos la fortuna de que la deriva nos trajera a la costa aún vivos; pero aun así, fuimos arrastrados por dos días en medio de una tormenta… aunque durante el viaje, pude ver que el sol se elevaba en la parte frontal derecha del curso del bote; así que sé que fuimos arrastrados hacia el noreste.”

 

El tono de Ikta era despreocupado, pero nada de lo que decía era suavizado con algún tono de optimismo. Cuando Su Alteza, la Princesa, se quedó callada, Torway se levantó para cambiar la atmósfera, la cual se había vuelto extremadamente pesada.

 

“Parece que el sonido de la lluvia se ha debilitado. Necesitamos confirmar la situación de nuestra ubicación actual, y si eso significa que debemos ir a explorar afuera, quizás deberíamos ir ya mismo. Ik-kun; si gustas, ¿podemos ir juntos?”

 

“Ese apodo… En verdad no aprendes.”

 

Incluso mientras refunfuñaba, Ikta se levantó con sorprendente obediencia. Con sus respectivos espíritus guardados en sus bolsos, y después de que Torway tomó una bolsa adicional, los dos se dirigieron a la salida de la cueva.

 

Al parecer aún era temprano en la mañana, ya que el cielo ya estaba aclarando y la tormenta se había convertido en una leve llovizna. Haciendo a un lado muchas ramas, Ikta y Torway se abrieron paso por una región selvática sin senderos que se extendía a un lado de la playa. Mientras caminaban, sostuvieron una leve conversación.

 

“Gracias por venir conmigo. Para ser honesto, me preguntaba si Ik-kun consideraría que todo esto era demasiada molestia.”

 

“Ya que Matthew estaba en ese estado de salud, y las chicas son necesarias para protección de la Princesa, la alineación estaba decidida por simple eliminación ¿cierto? Cuando puedo holgazanear, lo hago; pero si llega el momento que si holgazaneo me muero, entonces prefiero trabajar.”

 

Era un argumento retorcido, pero a Torway no le desagradaba el carácter de Ikta.

 

“Entonces, sobre Su Alteza, la Princesa… Ik-kun, ¿qué piensas…?”

 

“Incluso si hay puntos sospechosos, creo que es mejor no hacer ninguna investigación rara. En el mejor de los casos, te verás envuelto en una situación desagradable.”

 

“Aw, justo al meollo del asunto. Cuando hablas conmigo, ¿no empleas el sentido del humor?”

 

“Definitivamente que cambio mi switch. Incluso si yo soy el boke,  Yatori[4] no está aquí en este momento… Ah, encontré algo bueno.”

 

Ikta, habiendo encontrado un objeto semejante a una fruta colgando de una enredadera, la arrancó y se la arrojó a Torway. Mientras mordía su ración, le explicó:

 

“Es la trampa de insectos de la planta-cántaro. Cuando madura y la utiliza para atrapar insectos, ya no sirve; pero antes de que la boca se abra, el líquido en su interior se puede usar para beber. Es sorprendentemente dulce, así que pruébalo.”

 

“Ah, realmente lo es. Es ácido y delicioso.”

 

“Pon algunas en tu saco. Nos servirá de algo mientras encontramos comida real.”

 

Incapaces de llevarse algo a la boca además del agua que producía el espíritu de agua de Haro, todos en la cueva se sentían atormentados por el hambre. Torway alegremente bajó el saco que traía en la espalda, arrancó las trampas de insectos a su alcance, y comenzó a llenarlo.

 

“Pero Matthew y tú son personas que merecen mi admiración, ya que incluso cuando la nave se estaba hundiendo, cargaron con esas pesadas cosas con todo cuidado.”

 

A lo que Ikta se refería era a un objeto como un arma, de acero, dentro del saco en que Torway prudentemente ocultaba su existencia. Disparar bolas de plomo por medio de la presión producida por la bomba dentro del “túnel de viento” en el abdomen de su compañero, el espíritu de viento, era el arma principal de los soldados hoy en día. Por decirlo así, era un rifle operado por aire.

 

“¡Ja-ja, yo lo considero poca cosa, pero supongo que pensé que la posibilidad de ser una carga y deshacerme de él podría esperar hasta que abordáramos el bote salvavidas. Ya que para mí, un aspirante a la División de Rifles de Aire, es lo más importante después de la vida de mis aliados y sus compañeros.”[5]

 

“Aunque sería bueno que no nos enfrentáramos a circunstancias donde tuviera que usarlo. De cualquier modo, estoy hambriento.”

 

Arrojando las trampas de insectos cuyo contenido había sido consumido, Ikta y Torway apuraron la marcha escuchando un coro de insectos en su interior. Mientras consultaban una brújula, para moverse en línea recta y no perderse, salieron a una llanura de pastos que interrumpía la selva, después de unos 15 minutos.

 

“Estamos jodidos…”

 

Mientras se aclaraba su campo de visión, Ikta inspeccionó la zona y luego emitió la primera queja que llegó a sus labios. Llegando poco después, Torway, observando el mismo panorama, se quedó sin palabras.

 

No había nada sorprendente en lo que se refiere al terreno. Extendiéndose de este a oeste, un campo abierto con algunas ondulaciones se extendía sin interrupciones. Sin embargo, atravesada en la ruta al oeste, la cual se supone que es la que debían seguir para regresar, además de las colinas y montañas, “algo más” se erguía como un obstáculo adicional.

 

“No es posible… digo, ese es el lado oeste… no importa cuánto nos haya arrastrado la corriente, esto es…”

 

Incluso Torway, que había guardado una compostura que rivalizaba con la de Yatori hasta ahora, esta vez no pudo suprimir un temblor en su voz. Extendiéndose ante su vista había cercas de alambre de púas corriendo perpendicularmente a la línea de la costa, dividiendo el campo en dos; y entre las cercas, separadas a distancias fijas y punteando el área de una en una, se veían torretas de vigilancia. En las más cercanas incluso se podían ver las figuras de los soldados haciendo sus rondas.

 

“De alguna forma, no se ve como una espejismo. Aquí estamos viendo el “lado oeste” de la frontera “este” del Imperio de Katjvarna; lo que básicamente significa…”

 

En cualquier caso, para no ser descubiertos por los soldados en guardia, los dos se ocultaron en las sombras de los árboles. Primero tronó la lengua tres veces; Luego exhaló un largo suspiro generosamente mezclado con resignación hasta estar satisfecho, y…

 

“Este sitio ya es territorio de la República de Kioka… es una lástima, pero parece que hemos caído al infierno por una diferencia de un pelo.”

 

Ikta Solork describió una realidad similar a sus pesadillas personales con una metáfora simple y directa.

 

 

Debido a lo reportado por Ikta y Torway a su regreso a la cueva, la atmósfera en su interior, lejos de aligerarse, se convirtió en una carga y una presión similar al plomo.

 

“Este… pensar que fuimos arrastrados hasta el otro lado de la frontera nacional…”

 

Murmuró Haro con un rostro pálido. Matthew, que al fin había podido calentar su cuerpo, también dejó escapar un grito.

 

“¡Maldición!… ¿Cómo pudo pasar esto? Justo cuando pensé que ya la habíamos librado…”

 

Sin importar si resultara bueno o malo, las palabras de Matthew expresaron los sentimientos reales de todos. Incluso la gran Yatori guardaba silencio, como si necesitara repensar sus palabras de aliento. Antes de eso, Ikta hizo un recuento de las circunstancias.

 

“Ya que salieron así las cosas, las opciones que podemos seleccionar para nuestras acciones son limitadas. Así que antes que nada, en lo que se refiere a ese punto, creo que sería bueno de nuestra parte establecer una meta en común.”

 

Sin esperar por una respuesta, Ikta levantó el dedo índice de ambas manos derecha e izquierda, y los mantuvo en alto para que todos pudieran verlos.

 

“La primera, es rendirnos al Ejército de Kioka y solicitar que nos reciban como prisioneros de guerra. Bueno, por lo menos, es relativamente confiable.”

 

Un silencio pesado llenó el atiborrado espacio. Ninguna persona entre ellos parecía atraída por esa opción.

 

“La segunda, cruzar la frontera y regresar al Imperio por nuestro propios medios. Eso sería todo un reto, ¿no?”

 

Hablar es fácil. Al considerar las dificultades para ponerlo en acción, ninguno pudo apoyar con entusiasmo esa idea.

 

Después de una pausa considerable para considerarlo, y comenzando a hablar tímidamente, Matthew comentó:

 

“S-Si nos volvemos prisioneros de guerra, con el tratado suscrito, nuestra seguridad está garantizada. Claro que nos encerrarían, pero si esperamos un tiempo, ¿no podríamos regresar al Imperio en un intercambio de prisioneros…?”

 

En vez de ser una observación con base en una realidad, era más un buen deseo. Yatori lo descartó completamente.

 

“Aun así, eso es ser demasiado optimista, ¿no? Creo que aunque haya aquí personas que no saben su valor real, pero por el momento, todos somos cadetes de la escuela de Oficiales Militares de Alto Rango, sobre nuestros hombros está el futuro de la Armada Imperial, ¿cierto? Sólo esa razón es suficiente para que Kioka no desee regresarnos… Pero aun dejando de lado ese punto, y esto es algo que me incluye, entre nosotros hay demasiadas personas que podrían servir como material para un intercambio diplomático.”

 

“Eso es cierto, ¿no lo creen? Sin mencionar a Su Alteza, la Princesa, aquí está Yatori-san, una descendiente de la familia Igsem; y yo, un descendiente de la familia Remeon… bajo cualquier circunstancia, se fijaría un precio muy alto para nosotros como prisioneros. Digamos por ahora que pudiéramos volver, ¿cuál sería el rescate exigido?”

 

“¡Por Dios!, la gente cuya vida vale demasiado realmente apesta, ¿no es así? Ni siquiera podemos asegurar nuestros propios intereses como quisiéramos.”

 

Nadie tuvo la compostura de responderle a Ikta por el comentario cínico que acababa de expresar con una expresión de desagrado.

 

“Bueno, eso lo resume, mi amigo Matthew. Incluso si nos volvemos prisioneros de guerra en este sitio, no nos regresarán tan fácilmente a nuestro país[6], y digamos que nos regresan, el precio a pagar sería muy alto por nosotros. Y puedes imaginar lo insignificantes que nos sentiríamos una vez que regresáramos a nuestra patria… Bueno, adicionalmente, si llegamos a elegir esta opción[7], sólo podemos esperar que la gente de Kioka no descubra la fama de la familia Tetdrich, ¿verdad?”

 

Llegado a este punto, no había forma de negar la aspereza del sarcasmo de las palabras de Ikta. Matthew se cubrió el rostro y se lamentó, pero al momento siguiente, un rugido atravesó la cueva como si quisiera alejar todas las preocupaciones.

 

“¡Prisioneros de guerra o algo así!… ¡Esto no es una broma!”

 

Su Alteza, la Princesa Chamille, logrando levantarse con todo su vigor, gritó con una mirada tan amenazadora como para sacar chispas del fuego. A pesar de que todas las miradas cayeron sobre ella, aun así no bajó el tono.

 

“¡No hay tiempo de estar varados en un lugar como este! ¡Y-Yo debo regresar tan pronto como sea posible! ¡Olvídense de los guardias—crucen la frontera usando cuanto medio sea necesario! ¡Escuchen bien, en caso de que tengamos éxito, cualquier recompen-mmph!”

 

En ese momento, y con extrema falta de etiqueta, dos dedos presionaron los labios de la exaltada princesa. Mientras los otros actores miraban estupefactos, Ikta miraba con desprecio a la noble frente a él, con una horrible y fría expresión.

 

“Guarde silencio, Princesa. No importa si hace un berrinche o que ofrezca una recompensa extravagante frente a nuestras narices, eso no hará posible lo imposible. Ese grado de razonamiento es algo que me gustaría que aprendiera de la historia, es decir, de nuestra historia[8] de repetir las mismas cosas de una forma enfermiza.”

 

“¡¿C-Cómo…?!”

 

Habiendo sido señalado como el que le había salvado la vida, la princesa había dejado pasar la rudeza y desparpajo de Ikta hasta ahora; pero aun así, se quedó sin palabras ante esta acción. Ya que esto había escalado más allá de lo que podía manejar, no sabía qué decir en respuesta. Al final, no hubo necesidad que dijera nada, ya que Yatori se interpuso entre ambos, torció hacia arriba el brazo de Ikta, y arrojó su cuerpo al piso sin ninguna ceremonia.

 

“Su Alteza, este sujeto ha cometido una irreverencia grave. Le doy mi palabra de que no volverá a hablar de esa forma una segunda vez; así que esta vez, ojalá pudiera tener misericordia, considerando el servicio que este sujeto le prestó cuando el barco se hundía.”

 

Aunque estaba usando suficiente presión como para que los huesos crujieran y las coyunturas produjeran un sonido desagradable, Yatori suplicó por el perdón Real con una voz inexpresiva- Ante este poder tan terrorífico, la Princesa olvidó su furia y sólo pudo sacudir verticalmente la cabeza.

 

“E-Está bien… Lo cierto es que, parece que yo también perdí la compostura…”

 

Ikta, habiendo recibido el perdón, finalmente fue liberado de esa técnica de defensa. Se levantó sin quejarse ni una vez, pero se sujetaba el hombro lastimado y parecía soportar un dolor considerable.

 

“Ya has reflexionado, ¿no es así? Una vez que hayas agradecido la generosidad de Su Alteza, sal a enfriar tu cabeza por un rato.”

 

“Entendido.”

 

Dejando una respuesta que no sugería que hubiera reflexionado en lo absoluto, Ikta abandonó la cueva junto a Kusu. Cuando su figura se perdió afuera, Yatori se volvió hacia los restantes e hizo una proposición simple.

 

“Cualquier elección que hagamos, no tiene caso si no estamos en nuestros cabales. Es imposible tratar de tener una conversación constructiva si estamos hambrientos. Por ahora, ¿qué tal si nuestra prioridad es nuestra supervivencia inmediata, y buscamos comida?”

 

“Sí, aprobado. Si podemos llenar el estómago, seguro que alguna buena idea se nos vendrá a la mente.”

 

Después de Torway, Haro y Matthew también estuvieron de acuerdo. La última que quedaba, Su Alteza, la Princesa Chamille, con los intensos ojos de la chica de la feroz cabellera frente a ella, no tuvo otra opción que asentir.

 

 

Habiendo sido despedido de la cueva, Ikta comenzó a buscar comida para calmar su hambre, sin necesidad de que alguien más se lo sugiriera. Aunque su fachada era algo retorcida, en realidad sólo se movía de acuerdo a los tres deseos principales, así que su comportamiento era fácil de prever.

 

“Hmm… los frutos de la palma cohune son difíciles de cosechar sin la herramienta adecuada…”

 

Las palmeras, bien cargadas de frutos, crecían por todos lados; pero las dejó de lado y comenzó a buscar en el suelo. Cuando fijó la vista con intensidad en la húmeda vegetación, las criaturas del bosque, percibiendo la mañana, comenzaban a moverse.

 

“Ah, una serpiente por aquí… por favor, conviértete en comida para mi plato, ¿sí?… ¡Wah, eres muy grande!…¡¿A-Así que eres una pitón-sama?! N-No, lo siento, no dije nada…”

 

Vigilado de cerca por la presa de un tamaño inesperado, Ikta se retiró derrotado, ya que no tenía las agallas para enfrentar a una serpiente de tres metros. No consideraba muy a la moda llevar una serpiente enrollada alrededor del cuello.

 

“En casos como este, debería seguir las reglas sin piedad de la madre naturaleza, y apuntar a los débiles en vez de a los más grandes… ¡Oh, encontré un saltamontes! Bien, si lo frío para comerlo, tendrá un buen aroma.”

 

“Eso estaría bien para nosotros; sin embargo, comer insectos es una cocina de clase baja, así que Su Alteza, la Princesa, de seguro lo rechazará.”

 

Mientras seguía cazando saltamontes a gatas, la voz de su amiga, que no hace mucho torcía su brazo hasta el límite sin misericordia, llegó desde sus espaldas. Ikta siguió con su recolección sin voltear, pero Yatori siguió hablando sin prestar atención.

 

“Ese comportamiento de antes no es típico de ti. Aunque derrocha sarcasmo tan fácilmente como respira, el nunca tomarse algo en serio es lo normal en Ikta Solork, ¿no es así?”

 

“En lugar se ser siempre consistente, es más encantador para un personaje el mostrarse agitado de vez en vez.”

 

“Incluso si ese fuera el caso, no podemos exponer tu carácter verdadero aquí, ¿no crees? Mostrarte tomando acciones sólidas y con compostura durante la presión de un estado de emergencia, no hay otra apariencia más efectiva que esa, ¿sabes?”

 

Extrañamente, el intercambio de palabras que lidereaba Yatori terminó con esto. Ahí, con un montón de saltamontes en una mano y dando la espalda a su compañera, Ikta comenzó a hablar con entusiasmo.

 

“Aún de este modo, estoy reflexionando, ¿ves? Tengo el conocimiento de que ella es parte de la nobleza, pero no creí que alguien haciendo un barullo frente a mí me haría sentir tan ofendido.”

 

“Eso fue lo que pensé… ¿Así que no puedes perdonar a una persona de la clase gobernante cuando se porta de forma poco intelectual?”

 

“Incluso cuando debí darme por vencido desde hace tiempo, ya que sé que no pasará nada aun cuando no me guste.”

 

Ikta soltó un suspiro de auto-desprecio. Yatori abrió su boca después de pensar un poco en lo que iba a decir.

 

“Esta es una forma algo irreverente de decirlo, pero el comportamiento de Su Alteza Chamille, -antes de sugerir que la familia real es de esta forma o de esta otra- es el apropiado para su edad. No, sólo el no haber soltado el llanto bajo estas circunstancias es más que encomiable, ¿no piensas así?”

 

“Sí, eso es. Que alguien como yo pueda decir que habló con alguien de la nobleza, es lo mejor para dos terceras partes de mí… Ah, por cierto, si lo traes, ¿me prestas tu cuchillo?”

 

Mientras Ikta se volteaba hábilmente mientras estaba agachado, Yatori, que permanecía a su lado, había cargado con sus armas y equipo sin afectar en lo más mínimo sus ropas. Portaba un sable en su cadera derecha, y en la izquierda, una daga auxiliar.

 

Esta era la habilidad de espadachín a dos manos que se había convertido en la famosa rivalidad entre “Los Igsem de la espada” y “Los Remeon de las balas”. Lo que el rifle de aire era para Torway, estas espadas eran para ella lo más precioso después de su vida; el objeto de su orgullo.

 

“Si mellas la hoja, te mataré.”

 

Aun así, Yatori desprendió con facilidad de su cintura la daga que era la mitad de ese orgullo, y se la tendió a Ikta. Por supuesto que ella no haría lo mismo con cualquiera, sin embargo, respecto a la fuerza de su relación de mutua confianza, había partes que a veces superaban la comprensión de las personas.

 

 

“Así que ya todos están reunidos. Muy bien, por favor, reporten lo que hayan cosechado.”

 

Cuando el sol llegó justo encima de sus cabezas, las seis personas se reunieron a la entrada de la cueva y mostraron los resultados de su búsqueda de comida. Plantas y animales de forma y color apetitosos se alinearon en el pasto.

 

“Umm, ya que no soy bueno cazando presas en movimiento, traté de reunir comida concentrándome en frutos y hongos. Para los hongos, enfocándome en los del tipo boletales, conseguí muchos de los más sabrosos; pero las frutas fueron algo más de problema… Al principio, pensé que encontraría plátanos o papayas, pero en realidad, esto fue lo único que pude encontrar.”

 

Dijo Haro, con una sonrisa con cierta amargura, señalando a unos frutos parecidos a unos pimientos color naranja. Parecía haber suficientes para todos, y el color tan vibrante en verdad que los hacía lucir deliciosos. Su Alteza, la Princesa, mostrando interés, tomó uno de la pila y lo miró con cuidado.

 

“¿Qué clase de fruta es esta? No la había visto antes…”

 

“Ahh, es caju, ¿verdad? Bueno, en vez de ser incomestible, ¿no es cien veces más adecuada? Después de todo, son carbohidratos preciosos…”

 

Todos, con excepción de la princesa, compartieron una sonrisa forzada. Ante su expresión desconcertada, Haro le dio una explicación.

 

“Princesa, usted ya ha comido nuez de la India, ¿verdad? Son parte de la semilla de esta fruta.”

 

“Oh, nuez de la India, Si tal es el caso, parece que tienes ciertas expectativas sobre su sabor.”

 

Sin decir mucho, Haro tan sólo sugirió: “Dé una mordida.”

 

La princesa hizo lo indicado, llevando la fruta anaranjada a su boca; frunció el ceño y se pudo rígida al momento en que sus dientes mordieron la superficie. Su boca quedó libre después de unos 30 segundos, luego de tener ciertas dificultades para dar la mordida.

 

“¿Qué le parece, Princesa?”

 

“Está dura… viscosa… grasosa… y un poco dulce.”

 

A pesar de ser simple, la descripción dio en el blanco. Sintiendo por primera vez que la atmósfera general se relajaba un poco, aunque el humor aún no cambiaba por completo, Torway tomó su turno.

 

“Bueno, creo que me toca. Preparación simple además de un buen sabor, así es el cangrejo cocotero. Pero sólo pude atrapar dos, ya que es mediodía.”

 

Dos enormes criaturas, que recordaban a los cangrejos ermitaños, estaban acomodados lado a lado en el pasto. Todos exclamaron voces de admiración, ya que los cangrejos cocoteros se escondían en sus madrigueras durante el día. Para poder atraparlos, era necesario encontrar la entrada de sus madrigueras y desenterrarlos, lo cual no era para nada fácil.

 

“A mitad del día, y en tan poco tiempo… ¿y dos especímenes de este tamaño? No lo hiciste nada mal…”

 

Yatori observaba a Torway con ojos ardientes, pero la persona en cuestión, avergonzado por la mirada  de Yatori, desviaba los ojos y rascaba constantemente su rostro. Eran dos personas en sintonías completamente diferentes.

 

“Con eso, yo sigo… Aunque fue una buena pelea, pienso tomar responsabilidad, como la que propuso esto en primer lugar.”

 

Dando esa introducción con una amplia sonrisa, Yatori caminó hasta un arbusto cercano y regresó arrastrando su presa, la cual había ocultado para sorprender a todos.

 

Gritos de alegría se elevaron de inmediato.

 

“¡Eeeh! ¡¿Es un jabalí?! ¡No puede ser!, ¿cómo pudo una sola persona…?”

 

“Un golpe de espada en la base del cuello… miren, es la única herida. Pero aparte de todo esto, ¿en verdad usaste esa espada para…?”

 

Yatori, consciente de las miradas de asombro que caían sobre ella, sacó el pecho con orgullo. Para ella, que sabía que estaba en una categoría aparte desde un principio, cuando recibía esas dos cosas, admiración y respeto, entre más recibía mayor era su inapreciable recompensa.

 

“…Sigo yo, ¿verdad? Como era de esperar…”

 

A simple vista, Matthew tenía el ánimo por los suelos. Al ver lo que había reunido, no había dudas del porqué de ello.

 

“Aunque a mí también se me ocurrió… ¿qué es esto? Tres cocos pequeños, eso está bien, pero la cáscara está rota y el líquido de su interior se derramó, ¿no es así? Me pregunto qué método de cosecha usaste para que terminaran así.”

 

“Cuando traté de recoger los cocos, estaban en un sitio más alto de lo que suponía. Ya que no cayeron cuando les arrojé piedras, pensé que si les disparaba…”

 

Su compañero, el espíritu de viento Tsuu, volteó a ver a Matthew desde el bolso en su cintura, con ansiedad en sus ojos. Aunque nadie dijo nada, esa mirada y el rifle de aire que colgaba a su espalda delató toda la historia de su fracaso.

 

“Mi amigo Matthew, toda herramienta tiene sus aplicaciones. No puedes usar tu rifle como solución para todo, ¿ves? Esa forma de disparar sin pensar, sin razonamiento alguno detrás, es algo que sólo se hace en países atrasados.”

 

“¡T-Tú eres el último de quien quiero escuchar algo así! ¿No te fue a ti peor que a mí?”

 

Fue una broma riesgosa la que escapó de los labios de Ikta, pero antes de que alguien lo notara, el grito de Matthew cambió el objetivo de la conversación. Varias miradas frías cayeron sobre la cosecha de Ikta, que se apilaba a sus pies.

 

“Cigarras, saltamontes, escarabajos cornudos, escarabajos de agua, insectos acuáticos gigantes, toda clase de orugas… Cómo decirlo, es todo un conjunto de animales salvajes, ¿no es así?”

 

“B-Bueno, los insectos son una de las fuentes de proteínas más convenientes, ¿no lo creen?”

 

“¿Y las ranas? Incluso pensaste en la conservación y la pusiste a secar… ¿puedo dar mi evaluación?”

 

A pesar de que Ikta recibió una evaluación muy generosa, la persona en cuestión silbaba sin tocar su cosecha. Su Alteza, la Princesa, mirando la comida reunida, perdió algo de color en su rostro y tímidamente preguntó:

 

“¿Tú comes esto? Eso es… cómo puedo decirlo… ¿De verdad son insectos?”

 

“Por supuesto que los como. Aunque es mi opinión personal, los insectos gigantes de agua son tan desagradables que preferiría morir.”

 

“¡Hey, aquí es cuando deberías suavizar las cosas! Su Alteza, Princesa; cálmese por favor, No necesita tocar esos insectos, ya que hay variedad en la comida que obtuvimos.”

 

Su Alteza, la Princesa, exhaló un suspiro de alivio. Poniendo los ingredientes reunidos frente a ella, y enrollando sus mangas, Haro se mostró animada.

 

“Ahora sí, ¿nos ponemos a preparar la comida? Pero aunque diga eso, ya que no tenemos ollas, lo único que podemos hacer es asarlos. Si uso hojas y barro con cuidado, me pregunto si puedo construir algo así como un recipiente para cocer al vapor…”

 

“Dejando aparte lo que nos podamos comer ahora, me gustaría ahumar la carne del jabalí; pero producir una cantidad considerable de humo no es deseable. Matthew, Torway, ¿pueden hacer que sus compañeros absorban el humo?”

 

Cuando la tarea de cocinar comenzó bajo la guía de Haro y Yatori, un aroma agradable de inmediato se extendió por toda la cueva.

 

Los resultados obtenidos por Haro, a quien se había confiado lo principal de la cocina, fueron sorprendentemente buenos; y cuando el sol comenzó a bajar, todos pudieron tomar un almuerzo tardío. Con la sensación de que volvían a la vida, las seis personas llevaron a sus bocas la primera comida decente en más de dos días.

 

“La carne está deliciosa. Ni siquiera le pusiste ningún sazonador, pero cuando la muerdo, desprende un sabor fuerte…”

 

“Los hongos y los cangrejos al vapor también están muy buenos. Si tuviera alguna queja, es por la falta de algo de sal.”

 

“Si hierves agua de mar, la puedes obtener fácilmente, pero si bajamos a la orilla, ahí se tiene una vista casi sin obstáculos. Sería muy malo que nos descubrieran los soldados de Kioka que vigilan la frontera, así que supongo que nos conformaremos con el sabor puro de los alimentos.”

 

Rodeando los componentes del menú, que se extendían sobre hojas en el suelo, continuaron con su armoniosa comida dentro de sus limitaciones. Después de un tiempo, Matthew, quien había recobrado su energía  con la comida, comenzó a expresar un punto de vista positivo, a pesar de sus fallas hasta el momento.

 

“He estado pensando todo este tiempo; ya que aquí tenemos a dos usuarios de rifles de aire, ¿no sería posible cruzar la frontera por nuestros propios medios? Pienso que en algún punto de la frontera debe haber algún sitio con poco personal de guardia…”

 

“Te vuelves algo presuntuoso cuando tienes el estómago lleno, ¿no lo crees? Sin embargo, luego de escuchar lo que dijo Ikta… quizás Kioka esté concentrando su ruta de avance contra el imperio en esa zona, ya que sus defensas se ven muy fuertes. Incluso si caminamos por la frontera de la nación buscando un sitio con menos vigilancia, creo que las posibilidades son de 10 a 1 de que nos descubran durante el trayecto.”

 

Matthew, después de recibir la crítica implacable de Yatori, cruzó sus brazos y comenzó a murmurar. Junto a él, Ikta introdujo un comentario mientras llevaba saltamontes asados a su boca.

 

“No podemos tomar a la ligera el cruce de la frontera nacional. La oportunidad de triunfar sólo se da si se tiene asistencia tanto de este lado como del otro de la línea, y nosotros no tenemos a alguien así. Aunque lo más rápido y preferible sería sobornar a un guardia, pensando en bienes que puedan ser convertidos en dinero entre nuestras pertenencias…”

 

La mirada de Ikta se dirigió a la mano de Su Alteza, la Princesa, extendida hacia la carne del cangrejo cocotero; o para ser exacto, al anillo que portaba. Hablando de valor absoluto, eso sería suficiente, pero aun así, sugerirlo era demasiado.

 

“Creo que sería muy arriesgado tratar de sobornar a un soldado de Kioka con un anillo ostentosamente grabado con el sello de la Familia Real. En tal caso, sería más realista vender las espadas de Yatori; aunque su construcción es poco elaborada, las hojas son de excelente calidad, ¿no?”

 

“Oh, que ojo tan experto. ¿A quién le permitieron preparar una rana usando esa hoja tan afilada, me pregunto?”

 

“La misma que usaste para matar al jabalí, ¿no? Su espada es la vida para un espadachín.”

 

Dijo Ikta hipócritamente; pero en todo caso, eso no cambiaba el hecho de que era insuficiente como material para un soborno.

 

Mientras caía una pesada pausa mientras todos pensaban en el asunto, Su Alteza, la Princesa, que había permanecido en silencio hasta ahora, abrió su boca por primera vez.

 

“Ya sea que crucemos la frontera por nuestros propios medios, o que nos conformemos con ser prisioneros de guerra; todos se han expresado con conocimiento en este tiempo; y cuando surja algún plan con el cual tengamos cierta oportunidad de éxito, e incluso si nada de eso surge, quiero tomar la decisión apropiada… La realidad es que nada cambiará, sin importar todo lo que pueda gritar. Confío en el buen juicio de todos, en su poder y su efectividad.”

 

Escuchando sus palabras, todos los demás miraron a la Princesa con una expresión de admiración. Ikta se lamentó de sus palabras tan rudas, pero al parecer, habían sido escuchadas y habían traído cierto grado de reflexión. En todo caso, que ella estuviera dispuesta a ceder en ese pequeño grado era algo deseable, ya que, siendo objetivos, sin importar lo irrazonables que pudieran ser las demandas expresadas por Su Alteza, la Princesa, ellos tenían la obligación de obedecer.

 

“Como dijo Su Alteza, no necesitamos apurarnos en esa decisión ¿cierto? Podemos tomarlo con algo de calma, aunque no debamos descuidarnos. Puesto que no nos pueden encontrar fácilmente aquí, y ya que no hay mucha dificultad en sobrevivir en este ambiente, creo que está bien que nos tomemos uno o dos días para pensarlo.”

 

Todos estuvieron de acuerdo con Yatori, y por el momento, se concedieron un plazo de gracia.

 

Pronto terminaron de comer, en medio de una atmósfera tranquila de una forma u otra. Después de que todos hubieron recobrado su energía y vigor, salieron al exterior para pasar algo de tiempo y trabajar para asegurar su espacio vital. Pero en el caso de alguien en particular, sin ninguna experiencia o conocimiento de sobrevivencia, una persona sólo podía juguetear con sus pulgares…

 

“Yatori, ¿para qué se usa eso?”

 

Mientras iba y venía de la cueva sin oficio, Su Alteza, la Princesa Chamille, habló con su compañera, quien continuó con su labor manual en silencio. Sin detener sus manos mientras realizaba su labor, Yatori apenas volteó a ver a su acompañante. Su compañero, el espíritu de fuego Shia, también la volteó a ver indiferentemente desde el bolso en su cadera.

 

“Sí, Su Alteza. Estoy haciendo una alarma simple usando nueces y cuerdas. Si tendemos esto en nuestros alrededores, cuando alguien se acerque, las nueces del árbol que crece a la entrada de la cueva harán ruido, alertándonos.”

 

La respuesta de Yatori fue seca y fluida, como la de un soldado. Cuando la princesa trató de decir “¿hay algo en lo que pueda ayudar?”, ella ya había terminado su trabajo y se levantó vigorosamente.

 

“Entonces, voy a instalar este artilugio y luego regreso. Me disculpo se le resulta algo inconveniente, pero por favor, no se aleje más allá del rango visible desde la cueva.”

 

Confirmando la aceptación de su compañera, Yatori se dio la vuelta y desapareció entre los árboles. Su Alteza, la Princesa, sin tener otra cosa que hacer, se acercó a Haro, la única persona restante del mismo género.

 

“Haro, ¿qué es lo que haces?”

 

“Ah, Princesa… Umm, ahora estoy haciendo una pasta medicinal contra heridas leves con algunas plantas. Si uno es cuidadoso, puede evitar lastimarse, pero no se puede hacer gran cosa contra las picaduras de insectos.”

 

Sobre una piedra con una depresión en su centro, que debía haber elegido como sustituto a un recipiente, Haro molía hojas, raíces y cosas por el estilo. Su compañero, el espíritu de agua Miru, estaba sentado al borde de la piedra, y ocasionalmente vertía un poco de agua desde el “surtidor de agua” en su pecho, ayudando a Haro a hacer una pasta suave.

 

“¿Hay algo en que te pueda ayudar?”

 

“Huh, no, no… Eso es… digo, ¡pedirle su ayuda, Princesa! ¡Por favor, descanse un poco!”

 

“Y-Ya veo.”

 

En vista de la respuesta de Haro, que sacudía con fuerza la cabeza de forma horizontal, Su Alteza, la Princesa, sin experiencia ni conocimiento a su alcance, se retiró incapaz de decir nada. “Algo que yo pueda hacer…” mientras pensaba en ello, desvió su mirada hacia otro punto.

 

“Oye, Torway… ese rifle de aire, ¿no tiene el cañón demasiado largo?”

 

“Umm… es porque quiero apuntar con precisión desde la mayor distancia posible, y no puedo hacerlo con algo más corto, sin importar cuánto lo intente. Aunque si fuera un soldado de línea, que tiene que disparar mientras hacen una carga, como Maa-kun, entonces uno más corto sería mejor, como usted piensa.”

 

Mientras tanto, Tsuu y Safi, los dos espíritus de viento, absorbían el humo y enviaban aire fresco,  controlando el fuego. A su lado, Matthew y Torway empuñaban sus rifles de aire.

 

“Mmm…”

 

Incluso aquí, ella pensó que no encajaba en ese sitio. Después de dudarlo mucho, con reluctancia escogió a Ikta, quien estaba sentado un poco alejado de la entrada de la cueva.

 

“Solork, si estás haciendo algo, ¿puedo ayudarte en ello?”

 

El hecho de hablarle usando su apellido y no su nombre era reflejo de su complejo estado mental; pero entonces, la persona en cuestión, sin aparentar darse cuenta de ello, continuó con su trabajo manual sin mirar hacia los lados.

 

“Nn… ¿me daría una mano? Estoy tejiendo estas lianas de esta forma.”

 

Al mirar hacia sus manos, vio que estaba trenzando varias lianas juntas, haciendo una especie de tejido basto. Concluyendo que podría ser una trampa para animales o algo así, Su Alteza, la Princesa, aprendiendo por imitación se unió al trabajo.

 

“Sí, sí, de esa forma. En realidad, no hay razón para hacerlo bonito.”

 

“Ya veo, entendido.”

 

Era su primera experiencia haciendo algo con sus propias manos, pero una vez que comprendió el truco, la tarea no era difícil. Mientras movía sus manos en el objeto en silencio y sin ninguna conversación, la Princesa con frecuencia volteaba a ver de reojo la cara de Ikta.

 

“Es un tipo muy distraído”, pensó al principio. Considerando sus rudos comentarios de hace rato, y el que me deje ayudarlo con su trabajo de forma tan natural, la hizo preguntarse si él no diferenciaba en lo absoluto entre clases sociales.

 

“Sus manos dejaron de moverse.”

 

Para acabar, lo franco de un recordatorio así. La princesa, sin avergonzarse, con energía entrelazó las lianas. Después de unos 10 minutos, su trabajo tan entusiasta rindió sus frutos, y lo que ambos construían quedó finalizado.

 

“Solork, ¿qué es esto? No parece ser lo suficientemente grande para usarlo como red…”

 

“Esa algo esencial para un estilo de vida humano, mucho más que una red. ¿Quiere intentar usarla?”

 

Diciendo eso mientras se paraba, Ikta despejó un espacio adecuado, eligiendo dos árboles ligeramente separados, y extendió las lianas tejidas entre ellos, como una telaraña. Mirando el fruto de su trabajo, asintió con satisfacción.

 

“Está bastante bien hecha… Bueno, puede subir.”

 

“Subir… aunque digas eso, pero…”

 

Podía aceptar que la apuraran, pero en esta situación no había nada que hacer, ya que Su Alteza, la Princesa, no tenía idea de para qué se usaba ese objeto. Mientras permanecía allí, con una expresión de extrañeza en el rostro, Ikta tomó la iniciativa y se colocó detrás de ella.

 

“Levante un poco las caderas… Esto se usa así, ¿ve?”

 

Él puso ágilmente su cadera sobre las lianas, y usándolas como punto de giro, hizo rotar su cuerpo hacia un costado, dejando que se meciera entre los dos árboles.

 

Mirando su figura recostada, Su Alteza, la Princesa, finalmente se percató de para qué se usaba el objeto; pensó en el tiempo y el trabajo empleado en ello, y encogió los hombros.

 

“Es una cama, ¿verdad?”

 

“Es lo que llaman “el lecho del marino”, como quien dice, una hamaca[9]. Cuando uno se acostumbra, es muy cómoda.”

08

Dijo Ikta mientras se bajaba, moviéndose de forma inversa a como se había subido. Ikta le recomendó a Su Alteza usar el –como lo había descrito- “objeto esencial para un estilo de vida humano” por segunda vez. La Princesa, siendo una princesa, y considerando esto como una retribución por el trabajo manual invertido, de forma tímida puso sus caderas sobre la hamaca.

 

“Bien, bien. Ahora estire su cuerpo usando las caderas como un eje de giro… Oh, wow; pudo subirse perfectamente y sin problemas, ¿no es así?”

 

Ikta aplaudió a la Princesa, que de alguna forma había podido subirse y recostarse. Ella se sentía algo ridícula, pero al experimentar el balanceo de la hamaca por primera vez, no tuvo tiempo de decir algo al respecto.

 

“Y pensar que los primerizos a veces se caen cuando tratan de subirse. Su Alteza es muy talentosa.”

 

“¿Estabas esperando que me volteara justo ahora? P-Pero creo que esto no es de mi agrado… mejor dicho, tengo miedo de caerme. No puedo creer que haya gente que pueda dormir en algo como esto.”

 

“No esté tan nerviosa, por favor, relájese y adopte la posición más estable posible. En vez de tender hojas sobre el duro suelo para dormir, creo que aceptará que esto es mucho más cómodo.”

 

Ella ajustó la posición de su cuerpo, y al final de todas sus tribulaciones, al encontrar una posición que no era para nada inestable, la princesa se tranquilizó y dejó escapar la tensión de su cuerpo. Por un momento pensó que podría voltearse, pero la hamaca improvisada inesperadamente envolvía su cuerpo de forma muy segura.

 

Cuando superó el primer momento de inquietud, la sensación de simplemente disfrutar las circunstancias nació desde el interior de la Princesa. En primer lugar, este nuevo punto de vista era algo refrescante en sí mismo. La ‘bien-criada’ princesa no había tenido, hasta ahora, la experiencia de acostarse al aire libre.

 

El sonido placentero de las hojas sonaba en sus oídos, y el azul del cielo asomándose por el verdor de las copas de los árboles era precioso. Gracias a la ventilación en su espalda, no le importaba mucho el calor. Después de caer en el negro océano y de despertarse en una oscura cueva, sintió que en su endurecido corazón algo comenzaba a surgir sin reservas.

 

“Ya veo, no está nada mal… qué tranquilidad.”

 

“¿Verdad? El inicio de todo día perfecto sólo puede venir de una cama cómoda.”

 

La princesa estaba pensando lo sorprendente que era ver a Ikta presumir de esa forma, pero de repente, algo cruzó por el pedazo de cielo azul que estaba mirando. Al principio pensó que era un pájaro, pero sus movimientos eran demasiado lento para serlo.

 

“Solork, esa cosa extraña que flota en el cielo, ¿sabes lo que es?”

 

Al oír la pregunta, Ikta volteó al cielo; pero al instante en que el objeto apareció en su línea de visión, su expresión de inmediato se endureció. A continuación, con el brazo derecho empujó hacia abajo uno de los lados de la hamaca.

 

“¡¿Qué?!”

 

Mientras seguía vigilando, el brazo de Ikta atrapó el cuerpo de la princesa, que estaba a punto de voltearse y caer. Sin hacer caso a la sorprendida chica, giró sobre sus talones y comenzó a caminar apresuradamente.

 

“Son soldados de la Unidad de Guerra Aérea de Kioka. Una unidad que no forma parte de un grupo significa que su misión es de patrullaje o de reconocimiento. Como sea, si podemos verlos desde nuestra posición, entonces me temo que también podemos ser descubiertos por ellos. Es una lástima, sobre todo ahora que ya estaba comprendiendo los placeres de una hamaca, pero tendremos que escondernos en la cueva por un rato.”

 

Dando su aprobación después del hecho, Su Alteza, Chamille, espió en silencio el rostro de Ikta. Entonces, recordó que su primer encuentro con este hombre había sido dentro del frío océano, en el haz de luz que disipó la oscuridad y su ansiedad.

 

Enfrentados con la existencia de los soldados de la Unidad de Guerra Aérea, todos se ocultaron dentro de la cueva como medida de precaución; pero después de un rato, el globo se perdió dentro de una nube baja, y casi al mismo tiempo, llegó el ocaso. Sin embargo, por un tiempo, la realidad de “poder ser vistos desde el cielo” probó ser una gran presión para todos, por lo que hablaron muy poco entre ellos.

 

 

 

A mitad de la noche del mismo día. Dentro de la cueva, se escuchaba el eco de la respiración acompasada de todos los individuos. Su Alteza, la Princesa, abrió sus ojos.

 

Hay que decir que los ronquidos de Matthew no fueron la causa de que despertara. Su sueño no podía ser perturbado por esa clase de cosas. Aunque ese hubiera sido el caso, la razón por la que despertó fue por una circunstancia más urgente y apremiante.

 

Afortunadamente, parecía que todos, incluidos los espíritus, estaban durmiendo muy bien. La princesa con sigilo salió al exterior.

 

“Si sólo es aquí cerca, supongo que está bien.”

 

Cuando llegó a un grupo de árboles algo alejados de la cueva, la princesa miró ansiosamente a todos lados, revisando la zona; y aun dudando un poco, se bajó los pantalones cortos y la ropa interior. Aunque ya había experimentado la sensación de aliviarse al aire libre durante la tarde, esta apenas era la segunda vez que lo hacía en su vida. No quería tener que acostumbrarse a hacerlo por toda la eternidad.

 

“Fiú.”

 

Tomándose su tiempo para terminar de orinar, Su Alteza, la Princesa, tomó un pañuelo del bolsillo de su saco y lo usó para limpiarse. Normalmente, en ese momento lo habría desechado, pero ahora, era el único del que disponía. Tendría que lavarlo con agua y ponerlo a secar.

 

Se subió la ropa sintiéndose miserable, y cuando estaba considerando retirarse, entonces…

 

“¡Hey, ¿quién está ahí?!”

 

El sonido seco de las ramas apartándose, seguido por esa voz tan imponente y áspera, hizo que el tiempo se detuviera para la princesa.

 

Un poco antes de estos sucesos, es sonido castañeante de los frutos secos chocando entre sí despertó a cuatro de los cinco que permanecían profundamente dormidos dentro de la cueva, con excepción de Matthew.

 

“¡Todos, despierten, por favor! ¡Algo cruzó nuestra línea de cuerdas!”

 

“¡¿Qué?!”

 

La voz de Yatori, perfectamente contenida para que no hiciera eco en la cueva, despertó a Matthew y puso en alerta a los demás, que ya estaban despiertos. Un momento después, una lámpara que apenas irradiaba luz se encendió dentro de la cueva; una luz blanca distinta a la de una flama; era la lámpara del espíritu de luz Kusu, a quien Ikta tenía abrazado mientras dormía.

 

“¿Qué? ¡La Princesa!”

 

Haro frotó frenéticamente sus adormilados ojos y miró a su alrededor, pero no pudo localizar la figura de Su Alteza, la Princesa Chamille. Al momento de percatarse de ese hecho, Yatori, Ikta y Torway se levantaron casi al únísono.

 

“Yatori, Torway; en dos segundos. Alisten sus armas.”

 

Incluso antes de que Ikta terminara de decirlo, las dos espadas ya estaban en la cintura de Yatori y Torway estaba terminando de instalar el torso de su compañero, el espíritu de viento Safi, en el cañón de su rifle de aire. Kusu y Shia también se instalaron en sus bolsos respectivos.

 

“Podemos salir cuando sea; pero Ik-kun, ¿piensas salir desarmado?”

 

“En un bosque de noche, no hay mejor arma que un espíritu de luz; y si no hay luz, tu rifle de aire resulta inútil.”

 

“Ahora que lo veo, el sensor que se movió fue el segundo a la izquierda. Nuestros oponentes están justo a la izquierda al salir de la cueva.”

 

Haro y Matthew, en contraste de los otros tres, que intercambiaban miradas de conocimiento de lo que hablaban, no podían seguir el hilo de la situación. Sin embargo, el grupo de Yatori eran las personas de quien se podría esperar una actuación adecuada durante una emergencia, así que nadie urgió a los dos restantes para que entraran en acción con el mismo objetivo.

 

“Matthew, Haro; si no volvemos, por favor no duden en entregarse para ser prisioneros de guerra.”

 

Tomando las breves pero severas palabras de Yatori como señal, los tres salieron aprisa de la cueva.

 

La había descubierto el enemigo. En el momento en que comprendió esa realidad, Su Alteza, la Princesa, no fue capaz de reaccionar. Mientras escuchaba el sonido de los pasos sobre las ramas secas, ella sabía que esa presencia se estaba acercando rápidamente. Varias pisadas y una respiración agitada comenzaron a ser audibles y a sobreponerse, lo que indicaba que no estaba solo, sino que eran dos, quizás tres o más. La princesa, a punto de entrar en un estado de pánico, no sabía qué hacer con sus pensamientos, los cuales giraban sin sentido mientras su cuerpo permanecía paralizado.

 

“¡Rápido, levanten las manos y salgan de ahí! ¡Tenemos armas, así que si hacen algún movimiento extraño, dispararemos enseguida!”

 

El hablar de “armas” y “disparos” la hizo recordar por segunda vez la imagen de la muerte que se le había quedado grabada en el mar tormentoso. Aunque tenía que escapar rápidamente, cuando trató de hacerlo, su cuerpo respondía cada vez menos a sus pensamientos. Enfrentada a su desgracia, esta vez, como en la anterior, sostuvo la respiración y se enconchó en sí misma lo mejor que pudo, pero…

 

“¡A-Alto, no disparen! ¡Estoy saliendo ahora mismo!”

 

Un grito asustado salió de un grupo de árboles distintos al que ocultaba a la princesa. Sus ojos fuertemente cerrados se abrieron de repente. Esa era sin duda la voz de Ikta Solork.

 

“¡Por allí! ¡No te muevas, hasta que confirmemos tu posición desde aquí!”

 

Siguiendo esa orden, un haz de luz atravesó la oscuridad del bosque. Los enemigos al parecer también tenían un espíritu de luz, y usaban el haz luminoso para encontrar la fuente de la voz. En poco tiempo, un joven de cabello negro quedó justo al centro de la blanca luz.

 

“Tu forma de hablar, es un dialecto del Imperio, ¿no? ¡¿Quién rayos eres?! ¡¿Por qué estás aquí?!”

 

“¡Y-Yo… escapé del Imperio y vine hasta aquí! ¡Como esta guerra no termina y mi casa fue incendiada por una unidad de guerra aérea, estoy harto del Imperio! ¡Digo, a la República le está yendo bastante bien, ¿no?! ¡Acéptenme como uno de sus aliados!”

 

Cada una de las palabras de Ikta denotaba una gran desesperación, e incluso Su Alteza, la Princesa, que escuchaba cerca, no creyó que fuera una actuación. Él parecía estar aferrado a su último clavo de esperanza, un refugiado suplicando por su vida.

 

“Eso pensé que terminaría siendo. Otro refugiado, ¿eh?”

 

“¡Sí, eso es! La noche de la tormenta, el día antes de ayer, crucé la frontera por el mar. ¡Arrastrado por las olas, creí que iba a morir, pero por fortuna apenas si pude lograrlo!”

 

“¿Qué hay de tus compañeros? ¿Viniste solo?”

 

“¡Mi madre está conmigo! Ella duerme en la cueva que está aquí derecho. Ella ha perdido mucho calor corporal, ya que estuvo mucho tiempo bajo la lluvia. Quiero decir, ustedes son soldados del ejército de Kioka, ¿no? ¡Por favor, ayúdennos!”

 

Mientras entrecerraba los ojos bajo el intenso haz de luz, Ikta continuaba hablando con una expresión desesperada. Su exhaltada verborrea parecía estar dando resultado, ya que los hombres, portando uniformes militares color verde oscuro, se acercaron lentamente.

 

“Entendemos tus circunstancias, así que llévanos a la cueva. Tranquilízate, la República de Kioka acepta a todos los refugiados.”

 

“¿Van a ayudarnos? ¡G-Gracias, es por aquí! ¡No es nada lejos… ouch!”

 

Ikta, girando su cuerpo con una expresión como si hubiera encontrado a Buda en medio del infierno -y quizás después de una experiencia desafortunada con la raíz de un árbol- se tambaleó ostensiblemente. Cuando trató apresuradamente de levantarse, dejó escapar un quejido y se agachó sobre el piso.

 

“Hss, me torcí el tobillo… Lo siento soldado, pero ¿me prestaría su hombro?”

 

“Eres un tipo lleno de problemas, ¿sabes? ¡Hey, Nihad, ayuda también! Y tú, Irik, ya no necesitamos el haz de luz fuerte, ven aquí sólo con una linterna.”

 

Un soldado, sosteniendo un rifle de aire, se acercó y tomó la mano de Ikta. Detrás de él, quien sostenía al espíritu de luz también caminaba, cambiando el haz fuerte que salía de su “cavidad de luz” a la suave iluminación de una linterna.

 

“¿S-Sólo son ustedes, chicos? Mi madre no puede caminar muy bien sola, y si hay que cargarla, quizás…”

 

“Sólo nosotros vinimos por acá, pero si la señora no es muy rellenita, deberíamos estar bien.”

 

“Ya veo… ¿Así que sólo son ustedes tres?”

 

Ikta, murmurando por lo bajo, de forma inocente extendió sus brazos. Al hacerlo, aferró con fuerza los cañones de los rifles de aire a su derecha e izquierda, dejando a un lado las manos que le ofrecían para levantarse.

 

“¡¿Qué?! ¡¿Qué haces?! ¡¡Suéltame ya!!”

 

“¡Patrón 3! ¡Destrúyanlos, Torway, Yatori!”

 

Al extinguirse el grito que Ikta dirigió a la oscuridad detrás de él, se escuchó el leve pero penetrante sonido de un rifle de aire. El soldado que portaba el espíritu de luz, al sentir que su rostro era rozado por una bala, llevó la mano a la mejilla y soltó un grito.

 

“Gh… fallar por tanto así…”

 

Reverberó la voz de Torway, llena de irritación. Había desperdiciado un primer disparo efectivo. Los soldados de Kioka, percatándose de que habían caído en una trampa, de inmediato comenzaron a ajustar su posición.

 

“¡Irik, ¿estás bien?! ¡Apaga la luz de inmediato y retírate! ¡Dentro del otro grupo también hay usuarios de rifles de aire, así somos un buen blanco!”

 

Mientras pateaba a Ikta tratando de desprenderse de él, el soldado de mediana edad, que parecía ser el líder, daba órdenes con voz alta. Era lo correcto dadas las circunstancias, pero por ello, Ikta pudo predecir su comportamiento.

 

“¡Kusu, luz de búsqueda!”

 

Aguantando el dolor de ser golpeado, y aferrándose tercamente a los cañones de los rifles, Ikta también dio sus órdenes. Kusu, quien estaba de guardia en un árbol con una buena vista del área, las escuchó y emitió una luz muy fuerte desde su torso. El soldado herido, que trataba de apagar la luz y escabullirse en la oscuridad, fue iluminado por segunda vez en medio de la oscuridad.

 

“¡Brillante… gah!”

 

El cuarto disparo de Torway penetró bajo las manos que trataban de bloquear la luz. La bala entró por la órbita del ojo y llegó hasta el cerebro, llevándose al soldado a un sueño eterno del que nunca despertaría.

 

“¡¿Irik?! ¡Maldición, no dejaré que te salgas con la tuya, bastardo!”

 

Una patada con todo el peso del cuerpo aterrizó furiosamente en el costado de Ikta, haciéndolo caer.

 

“¡Muere, basura imperial!”

 

Los cañones de dos armas, hambrientas por una presa, apuntaron al cuerpo indefenso de Ikta. Sin embargo, en el momento en que los gatillos iban a ser presionados sin misericordia, una sombra roja bailó, saliendo de los arbustos a las espaldas de los dos soldados de Kioka.

 

“¡El viento…!”

 

Ráfagas plateadas atravesaron la oscuridad. El sable a su derecha cortó el cuello del primero, y con un movimiento fluido, la daga a su izquierda apuñaló la espalda del segundo. Respondiendo a la fama de “Los Igsem de la Espada”, desde el momento en que hizo su aproximación hasta que acabó con los dos enemigos, no habían pasado ni dos segundos.

 

Los dos cuerpos cayeron con un golpe seco casi al mismo tiempo; sin embargo, aún no podían descuidarse. Volteando a derecha e izquierda, mientras giraba las puntas de su sable y su daga hacia los cuellos de los espíritus, Yatori lanzó una advertencia.

 

“¡No se muevan, espíritus! ¡Si lo hacen, sus amos se mueren!”

 

A pesar de estar atrapados en los rifles de aire, los dos espíritus de viento, que trataban desesperadamente de levantarse, se detuvieron por completo. Todos los espíritus actuaban teniendo como máxima prioridad las vidas de los humanos con quienes establecían un acuerdo, así que tomar de rehenes a sus compañeros era un método efectivo para que los espíritus perdieran todo su poder.

 

“¡Ikta, ¿estás bien?! ¡Torway, trae los espíritus de nuestros oponentes hacia acá!”

 

Asintiendo a las órdenes de Yatori, Torway se aproximó con cautela a los soldados caídos. Los cuerpos yacían boca abajo. La figura del espíritu de luz restante, sacudiendo el cuerpo de su compañero con sus pequeñas manos, rompía el corazón.

 

“Espíritu, tu amo ya está…”

 

‘Muerto’, Torway fue incapaz de expresar la palabra en ese momento. Era imposible. Hasta ahora, él había sido capaz de evitar entrar al campo de batalla, pero para él y sus aliados, este era su primer combate real.

 

El momento de experimentar la realidad de “haber matado a alguien” varía dependiendo de la persona. En el caso de Torway, no fue en el momento que mató a su contrario, sino que la experiencia lo golpeó con fuerza cuando vio “las figuras que aquellos que quedaron”.

 

“Torway, deja ese lujo para más tarde; esto aún no termina.”

 

La advertencia inexpresiva de Ikta llegó a tiempo para alejar el sentimentalismo del soldado en su primera pelea. Torway aguantó con fuerza las emociones que surgían desde el fondo de su corazón, y tomando a los espíritus que permanecían inmóviles ante la muerte de sus amos, regresó en dirección de sus aliados.

 

“Nn… Al que le cortaste el cuello ya está muerto. Parece que el único que aún respira es al que le enterraste tu daga.”

 

Sentándose cerca del enemigo caído, Ikta confirmó la muerte de sus compañeros de escena. Lejos estaba el chico despreocupado de siempre; desde el momento en que sonó la alarma, él era –y más que nadie- todo compostura, y crueldad.

 

“Lo siento, no tuve tiempo de considerar el atraparlos con vida…”

 

Yatori, quien los había atacado personalmente, creía que las heridas de ambos eran fatales. Ikta también pensó lo mismo, y asintió.

 

“No hay nada que hacer. Al menos podrá usar su boca.”

 

Diciendo eso, volteó el cuerpo del enemigo boca arriba. La daga no había acertado al corazón, pero había perforado los pulmones, por lo que la respiración del soldado era irregular y siseante. En todo caso, era evidente, por la cantidad de sangre perdida, que no le quedaba mucho de vida; pero Ikta, a pesar de saberlo, comenzó a hablar con él.

 

“Oye, tú; puedes oírme, ¿verdad? ¿Cómo te llamas? Ah, olvida el nombre; traes una placa con tus datos.”

 

Ikta extendió la mano y retiró la placa de cobre que colgaba del cuello del soldado. Confirmó que los ojos de su compañero lo seguían, al tiempo que se apagaba su luz, y continuó.

 

“Miembro del Séptimo Batallón Independiente del Ejército de la República de Kioka, cadete Nihad Hyu de la unidad de Guerra Aérea. Tienes muy mala suerte, novato.”

 

“S-Sálvenme…”

 

“Te daremos cuidados médicos; sin embargo, sólo después que respondas algunas preguntas. Si no hablas claramente, te dejaremos aquí y nos iremos.”

 

Ikta despertó una leve esperanza ante el moribundo soldado, quien no pudo hacer otra cosa que aferrarse a ella. Pensando que se le escapaba lo poco que le quedaba de vida, comenzó el interrogatorio.

 

“Pregunta uno: ¿Dónde está tu base? ¿Qué tan lejos, aproximadamente, se encuentra?

 

“A-Al oeste, como a medio día viajando en globo…”

 

“Bien, eso está bien. Pregunta dos: ¿Cuál es su misión y cuántas fuerzas se movilizaron? ¿Por qué bajaron aquí?”

 

“La misión era patrullar dentro de las fronteras… fuerzas… no unidas… Escuadrones de tres por grupo… viajando en globo… Bajamos aquí para acampar en la cueva… cof-cof.”

 

A media respuesta, el cadete Nihad dejó escapar una tos mezclada con sangre. Mientras limpiaba inexpresivamente una gota de sangre que le había caído en el rostro, Ikta continuó con el interrogatorio.

 

“Ya veo, entonces fue para pasar la noche en tierra firme. Entonces, pregunta tres: ¿Dónde está el globo en el que llegaron?”

 

“…, …”

 

“No te escucho. Los cuidados médicos llegarán tarde, así que responde adecuadamente.”

 

“Saliendo del bosque, en línea sobre la playa… Hace frío… por favor, paren la sangre…”

 

“Ya entiendo. Última pregunta: Nihan Hyu, ¿alguna vez has estado en la frontera?”

 

Reuniendo sus últimas fuerzas, el soldado negó con la cabeza. Luego, Nihad tosió con violencia, escupiendo sangre por segunda vez. Después de eso, su respiración se debilitó rápidamente… antes de que pasara un minuto, el movimiento de respiración de su pecho se detuvo por completo.

 

Murmurando por lo bajo “Buen trabajo” hacia el joven soldado que ya no podía contestar a nada más, Ikta se levantó.

 

“Aah, ya puede salir, Princesa; todos están muertos.”

 

Esa voz desapasionada congeló el cuerpo de la Princesa, quien se ocultaba entre los árboles. Había algo en la atmósfera que rodeaba a Ikta que repelía a los extraños por el momento.

 

Notando lo aterrada que estaba Su Alteza, la Princesa, Yatori salió por su cuenta a recibir a la chica, suponiendo por lo que estaba pasando.

 

“Su Alteza, soy yo, Yatori. Por favor, venga acá. Aah, gracias a Dios, no está lastimada.”

 

Sostenida por el hombro por Yatori, la princesa por fin se irguió apropiadamente. Mientras ambas regresaban juntas, Ikta reunió  en un solo lugar a los espíritus que habían perdido a sus amos; volteó a verlos y les hizo una propuesta.

 

“Es una lástima, pero sus compañeros, todos están muertos. Estoy seguro que alguno de ustedes querrá reportar sus muertes con su unidad o algo así, pero no podemos permitirlo. Eso es porque nosotros debemos seguir con vida.”

 

No era una negociación ni trataba de persuadirlos, era más bien una formalidad. Cuando sólo los espíritus que habían perdido a sus amos permanecían en el campo de batalla, sobre la forma de tratarlos, eso estaba especificado en las Escrituras de Alderah, la cual proclamaba la amistad entre los humanos y los espíritus.

 

“Juro por el nombre de Alderamin, Dios Supremo de los cielos, que los haremos reencarnar en la Iglesia del Imperio; y después de ello les daremos un tratamiento apropiado como prisioneros de guerra. Por tanto, por favor, confíennos sus almas.”

 

Después de escuchar las palabras de Ikta, y mientras hacían un sonido como el de objetos de gran dureza frotándose entre sí, los tres espíritus cayeron de bruces. Desde la parte trasera de sus cuellos un pedrusco de algunos centímetros de largo salió volando. Eran lo que se llamaba “la piedra espiritual”, la fuente de la voluntad de un espíritu.

 

“Gracias, quedan bajo nuestro cuidado.”

 

Cuando las hubo recogido, Ikta les pasó las piedras a sus aliados; luego se agachó y levantó por el hombro el cuerpo de Nihad, que aún guardaba algo de la tibieza de la vida. Ante esta acción, Torway mostró su confusión.

 

“Huh, ¿vas a cargar con el cadáver? Si ya no tienen más aliados, bastaría con ocultar el cuerpo en los arbustos…”

 

“Por el momento estamos a salvo. Torway, ahora ya puedes hundirte todo lo que quieras en el sentimentalismo de tu primer combate.”

 

Con voz fuerte, Ikta interrumpió el razonamiento de Torway. En tanto, avanzaba pesadamente paso a paso, haciendo un gran esfuerzo.

 

“Por tanto, déjame esta satisfacción a mí… Este chico habló claramente, ¿no es así?”

 

Nadie de los presentes se sintió con la autoridad de expresar una opinión diferente.

 

Después de un rato, y luego de un par de viajes, los restos de los soldados de Kioka fueron llevados a la cercanía de la cueva, sin dejar a ninguno detrás. Matthew y Haro, exhalando un suspiro de alivio, dieron la bienvenida a los cuatro que regresaban. Después de eso, Matthew salió un rato con Ikta, y Haro fue asignada a atender a Su Alteza, la Princesa, que estaba en un leve estado de shock.

 

Por el momento, dentro de la cueva, permanecían dos grupos: por un lado Haro y Su Alteza, la Princesa; por el otro, Yatori y Torway. Torway miraba su rifle de aire frente al fuego, con una expresión de depresión tan fuerte como la de la Princesa.

 

“Fallar por tanto así…”

 

Había fracasado en eliminar a su enemigo con su primer disparo, y por ello, aparentemente se sentía culpable por exponer a Ikta al peligro. En el lado opuesto del fuego, mientras sostenía su espada, Yatori intervino en la conversación.

 

“Un enemigo en movimiento es completamente distinto a los blancos durante las prácticas de tiro. Si lo derribaste a los cuatro tiros, es una actuación bastante buena para ser tu primera pelea.”

 

“Pero si el enemigo estaba prácticamente estacionario…”

 

“Lo que digo es que cualquiera estaría nervioso en esa situación. Es normal que uno no pueda funcionar ni a la mitad de su desempeño normal.”

 

“Esas no son más que excusas. Justo ahora, Yatori-san e Ik-kun guardaron la compostura y dieron lo mejor de ustedes.”

 

Yatori, malhumorada, se levantó y sostuvo con ambas manos el rostro de Torway, quien se retorcía en un bucle de auto-reproche.

 

“No seas tan presuntuoso, Torway Remeon. No te valores a ti mismo sobre si eres capaz de hacer lo mismo que Ikta o yo. Los talentos que tiene la gente son completamente distintos, y dependen de cada individuo. En lo que se refiere en actuar con vigor, es mi orgullo decir que no me gana nadie. Que alguien quiera imitarme así como así, sería insoportable.”

 

Torway abrió los ojos y se le quedó mirando, pero al mismo tiempo no pudo evitar el notar que las palmas de Yatori, que tocaban sus mejillas, estaban heladas; y que incluso ahora mostraban un ligero temblor.

 

Lo cierto es que hoy, por primera vez en su vida, ella le había arrebatado la existencia a un extraño con sus propias manos.

 

“Lo importante es que seas capaz de llevar a cabo de forma confiable tus tareas. Como usuarios de rifles de aire, Matthew y tú son miembros valiosos en este momento. Ya que incluso el peor disparo, aunque no dé en el blanco, hace a tu enemigo cauteloso. Esta vez, como hiciste que el enemigo apagara su luz, yo fui capaz de acercarme con seguridad, ¿no crees?”

 

Tras escuchar eso, la expresión de Torway mostró algo de alivio. Yatori resopló y volvió a su sitio.

 

“Deberías aprender algo al observar a Ikta. Puede parecer despreocupado, pero ese tipo siempre sabe qué puede y qué no puede hacer, y actúa en consecuencia. Esta vez, como no podía ser de ayuda inmediata, tomó el peligroso papel de distractor, y el papel de malvado. ¿Tú habrías sido capaz de hacer un interrogatorio completo a una persona que se estaba muriendo?”

 

Troway bajó la mirada y se quedó callado. Recordó las figuras de los impactados espíritus junto a los cadáveres…

 

“No lo habrías hecho, ¿verdad? Pero eso está bien, al menos por ahora. Quiero decir, tu papel en este grupo es ser el caballeroso y gentil hermano mayor; no te debes sentir obligado a nada más. Ikta sabe quién es, y se mantiene en su papel.

 

“Yatori-san, comprendes muy bien a Ikta, ¿no?”

 

Yatori encogió los hombros y respondió con ambigüedad, “¿Quién sabe?” al joven que la miraba con unos ojos llenos de dudas.

 

Su Alteza, Chamille, habiendo recuperado en apariencia su compostura gracias a los cuidados de Haro, le habló con una voz rígida a Yatori, quien parecía que apenas si se había desprendido de sus espadas.

 

“Yatori, ¿podría yo también ver los cuerpos de los soldados de Kioka?”

 

“Eso… mis disculpas, pero…”

 

Yatori se mostró dubitativa, pero viendo la atormentada expresión de la Princesa, no pudo decirle “No creo que deba hacerlo”, y se tragó sus palabras. Acoplando a su cinturón las dos espadas debidamente enfundadas, tomó la mano de Su Alteza, la Princesa, y salieron de la cueva.

 

Los tres cadáveres estaban alineados bajo un árbol de dipterocarpus notablemente alto. Les habían quitado sus uniformes militares y sus placas, dejándolos sólo en ropa interior. Sugiriendo que podrían serles útiles más tarde, el que desnudó a los inermes soldados fue el mismo Ikta. Su Alteza, la Princesa, no podía asimilar esta idea tan simple.

 

“Escuché que Solork fue más listo que ellos, pretendiendo ser un refugiado del Imperio…”

 

“Ajá…”

 

“¿Qué clase de reacción tuvieron los soldados de Kioka? ¿Fueron groseros o fueron amables?”

 

Cuando Yatori consideró el estado mental de Su Alteza, la Princesa, no pudo responder con facilidad. Sin embargo, al final no pudo mancillar el honor de los muertos mintiendo.

 

“Creo que fueron muy amables. Parece que ellos… no, toda la República de Kioka está a favor de recibir a los refugiados. Si la República acepta cálidamente a los ciudadanos del Imperio que escapan, aumentará considerablemente la gente de la Provincia oriental que abandone su país y huya, y eso traerá como efecto una reducción en el poder del Imperio.”

 

“Nuestros oponentes, que extendieron sus manos para recibirnos, y nosotros los matamos con un ataque a traición…”

 

Yatori podía ver que ella se sentía muy incómoda con esto. ¿Acaso se sentía culpable por la muerte por métodos tramposos de los soldados del país vecino, con quienes estaban en guerra? No es que no la entendiera, pero ¿no eran extrañas las palabras de la Familia Imperial? Por lo menos, y como posición oficial de la nación, toda guerra debía ser invocada en el nombre de la justicia. E incluso Su Alteza, la Princesa Chamille, era parte de la Familia Imperial, y por tanto, una figura central que podía invocar el nombre de esa justicia…

 

“Esa es la verdad; sin embargo, Su Alteza, usted nos dijo…”

 

La Princesa sacudió la cabeza, interrumpiendo a Yatori, quien había hablado defendiendo el honor de sus aliados.

 

“Lo comprendo, sé lo que estás pensando. Esta es mi responsabilidad. La que les ordenó que ‘me llevaran a salvo al Imperio’ fui únicamente yo. ¿Cómo podría criticarlos?”

 

Mientras miraba con intensidad los cuerpos de los soldados de Kioka, Su Alteza, la Princesa, de forma inconsciente mordisqueaba los nudillos de su dedo índice. Las palabras que salían de su boca no se dirigían a nadie en particular.

 

“Tres personas murieron aquí. Mientras sigamos con esto, más gente seguirá muriendo, tanto amigos como enemigos… Se supone que una nación existe para apoyar la vida de las personas; entonces, ¿por qué la Familia Imperial sigue dañando sin pensar tantas vidas de esta forma?”

 

Su soliloquio continuaba sin parar. Aunque su mordisqueo ya había atravesado la piel de su dedo, la persona en cuestión apenas lo notó.

 

“Perdónenme; por favor, perdónenme… Debo regresar con vida… para lograr que se acelere el momento en que el gran árbol caiga, aunque sea por unos segundos. Debo hacer cuanto sea por volver… Incluso si me espera el infierno, de alguna forma… Incluso si mis extremidades son arrancadas, o me extraen los intestinos… incluso si me ponen al lado del Emperador Reinante y me crucifican… así que…”

 

La sangre corría por la piel de sus dedos. El color de sus ojos claramente era inusual. Mientras la princesa seguía murmurando como dentro de un delirio, Yatori, consciente de que ella estaba bajo su cuidado, dudaba si intervenir…

 

“Tranquilícese, Princesa. Un placer como la auto-flagelación debe reservarse al momento en que haya regresado a casa a salvo.”

 

Afortunadamente Ikta,  que había regresado, cruzó esa línea en su lugar. La Princesa, al sentir que el joven sujetaba su brazo, y posiblemente impactada por el contacto repentino, entró en un estado de pánico y comenzó a agitar los brazos y las piernas.

 

“¡Suéltame, Solork, suéltame…! ¡¿Quién te dijo que estaba bien que me tocaras?!”

 

“Disculpe por no obtener su aprobación, pero lo que importa es esto: saaaangre; está fluyendo sangre. Su mano está completamente roja, ¿no es así? ¿Sí comprende que este líquido rojo es literalmente una gota de su vida, en la condición en que está ahora?

 

“¿Sangre, sangre dices? ¡No me importa! ¡Ésta molesta sustancia debería fluir hasta que no quede ni una gota! ¿No entiendes sólo con verlo? ¡Está podrida, podrida! ¡Mi sangre, la sangre del linaje de Katjvanmaninik, se corrompió desde hace mucho tiempo!”

 

Mientras forcejeaba aún más violentamente, Su Alteza, la Princesa, gritaba muchas incoherencias. Ikta observó su condición con un rostro serio, pero después de un momento, dejando escapar un suspiro, forzó el brazo de la Princesa hacia él, y sin decir palabra, presionó sus labios en la herida del dedo.

 

“¡¿Qué?!”

 

Incluso Su Alteza, la Princesa, dejó de forcejear y se congeló. Ikta chupó con su boca el líquido que fluía desde el dedo índice lastimado, hasta que el sangrado se contuvo, y luego separó sus labios como si nada hubiera pasado.

 

“No lo detecto ni con la vista ni con el gusto… Princesa, eso que se llama ‘sangre’ se crea y se reemplaza de forma continua dentro del cuerpo, como puede ver. No puede pudrirse mientras esté dentro de una criatura viviente; por tanto, ya sea que le sea molesto o lo que sea, su forma de expresarse es no científica.”

 

“¿No… cienti-…?”

 

“Es un neologismo de los intelectuales. En pocas palabras, es una forma de pensar molesta e irrazonable que suele ser inútil. Usted no debería desearla o adherirse a ella, mejor debe pensar de forma más simple y ver la naturaleza verdadera de todo. Por el momento, usted desea volver al Imperio, ¿o no?”

 

Ante la pregunta, la princesa devolvió un asentimiento reflexivo. Ikta sonrió levemente.

 

“Si ese es el caso, sólo debe pensar en permanecer con vida. Si gasta energía en cosas innecesarias, sus problemas sólo crecerán. Además, Princesa, puede que lo haya olvidado, pero cuando el buque se hundió, yo personalmente me esforcé en salvarla… No digo que haya sido un trabajo enorme, pero me sentiría infeliz y traicionado si sólo recibo odio a cambio, y todo ello se vuelve un esfuerzo inútil.”

 

Las manos de Ikta sostenían la pequeña mano. La misma calidez de antes se transmitió a la princesa a través de su piel.

 

“Así que trate su vida con cuidado. Incluso una herida pequeña puede convertirse en una enfermedad grave como el tétanos, ¿sabe?”

 

“Solork, ¿así que no me odias?”

 

“No, no siento nada contra Su Alteza en lo personal. Sobre lo que pasó recientemente… bueno, fue algo así como un exabrupto infantil de ira. Si no es demasiado tarde, me disculpo. Eso fue imperdonable.”

 

Inclinando rápidamente la cabeza, Ikta soltó la mano de la princesa, y dijo: “Traeré a Haro”, mientras volvía a la cueva. Mirando su espalda con extrañeza, la princesa volteó a su dedo índice de la mano derecha, consciente de la sensación de los secos labios que se posaron ahí por un momento.

 

“Yatori… a final de cuentas, ¿qué tipo de hombre es Ikta Solork?”

 

Ante la pregunta de Su Alteza Chamille, Yatori, después de pensarlo un largo rato, respondió claramente, soltando una risa sarcástica.

 

“Es un hombre retorcido… Sin embargo, Su Alteza, no se puede construir una casa sólo con troncos rectos…”

 

Después de eso, Yatori y Su Alteza Chamille volvieron a la cueva. Con el sonido de sus pasos sobre el suelo húmedo haciendo eco en la oscuridad, inesperadamente Ikta se paseó frente a los cadáveres que yacían inmóviles.

 

“Siento todo esto. Incluso como ofrenda, esto es todo lo que tengo.”

 

Diciendo esto, alineó algo de carne ahumada de jabalí y pulpa de caju frente a los cuerpos. Cuando estuvo hecho, él y Kusu encendieron una linterna junto a los cuerpos de los soldados de Kioka, y estudiaron las placas de cada uno.

 

“Cadete Nihan Hyu de Guerra Aérea; cadete Irik Bahuzah de Guerra Aérea; sargento Hadiakka Ogholee. Me aseguraré de recordar sus nombres… Nnn… Supongo que Irik era algo apuesto… Eso no fue amable de nuestra parte.”

 

Mirando su cara, que había sido destrozada por la bala, Ikta soltó un suspiro leve. Mientras miraba el perfil de su rostro, Kusu introdujo un comentario.

 

“Fue un acto justificado de defensa propia. Ikta, por favor, no te desanimes.”

 

“Gracias, Kusu. Por supuesto que fue una acción justificada. Quizás para ellos también.”

 

Por un largo tiempo después de eso, Ikta se quedó en silencio, mirando los cuerpos. Ellos sabían que, si no salvaban el alma de los muertos, sólo estaban confortando sus propios corazones.”

 

Poco después, el cielo nocturno comenzó a mostrar algo de luz, e Ikta, sin soltar palabra durante todo el tiempo, giró sobre sus talones y volvió a la cueva. Al final, no pudo expresar las palabras de elegía en las que había tratado de pensar todo ese tiempo, de principio a fin.

 

 

Al siguiente día, el cual recibieron con una gran falta de sueño, Ikta trajo a todos sus aliados a la playa justo frente a la selva tropical. Después de caminar cerca de una hora, cuando ya sudaban a mares bajo sus ropas, por fin alcanzaron su objetivo.

 

“Aquí está. En este sitio, no nos pueden ver desde la frontera, e incluso si vamos hasta la arena, no creo que haya problema.” Animados por Ikta, dejaron el bosque y se detuvieron bajo el sol por primera vez en un buen rato, abriendo los ojos ante la enrome silueta de lo que ahí se encontraba.

 

Un domo[10] inflado como una gran esfera, y una canastilla instalada bajo ella con el objeto de llevar una tripulación. Vista de cerca, la forma era mucho más grande de lo que se rumoraba, y si las cosas no salían bien, podía verse más como un monstruo que como un medio de transporte.

 

“Waah, ¿así que esto es un globo?”

 

Haro, con los ojos brillantes de curiosidad, pronto se aproximó.

 

Ikta lanzó una advertencia a Yatori, Torway y Matthew, ya que los tres iban tras ella.

 

“Hey, está prohibido el fuego cerca del globo. Shia debe saberlo, así que está bien; pero asegúrense de que no se produzcan chispas por el contacto de los sables o de los cañones de los rifles de aire.”

 

El resto no parecía comprender el motivo de esa “prohibición de fuego”, pero en todo caso, por precaución, se detuvieron a medio camino hacia el globo. Asomándose a la canastilla, Haro inclinó la cabeza para ver lo que había adentro.

 

“¿Ese es un espíritu de fuego? Este y los otros tres cuyas almas recogimos…”

 

“Aah, cuando vinimos a una inspección preliminar antes del amanecer, ya que estaba de guardia en el globo, desconectamos su piedra espiritual y lo hicimos prisionero. Estábamos nerviosos pensando que su compañero humano podría estar cerca, pero no parecía que eso fuera posible, dado lo que Ikta dijo…”

 

“Además de la tripulación y sus espíritus, se necesitan tres espíritus de fuego más por cada globo, mi amigo Matthew.”

 

Algunos voltearon con sorpresa hacia Ikta, mientras daba esa explicación plausible; los otros, una mirada de duda.

 

“Por la forma como lo dices, Ik-kun, ¿será que conoces cómo funciona un globo?”

 

“¡Asombroso, ¿dónde aprendiste eso?! Ciertamente no los hacen con la bendición de la Iglesia de Alderah… Ah.”

 

Recordando que Su Alteza, la Princesa se encontraba cerca, Haro entró en pánico y cerró la boca. La persona en cuestión sacudió abiertamente la cabeza, con una mirada de inocencia.

 

“No soy un sacerdote, y actualmente esta es una situación de emergencia que concierne a nuestras vidas. Mientras no vayas demasiado lejos, puedes estar en desacuerdo con los principios de la Iglesia de Alderah. Si es necesario, hazlo con toda tu devoción.”

 

“Si incluso Su Alteza dice eso, entonces, Ikta, no te contengas y dinos… en primer lugar, ¿cómo hace un globo para flotar en el cielo? ¿Es porque está inflado a reventar con aire? Si es eso, ¿acaso las ranas y los peces globo no tendrían que volar también?”

 

Mientras Matthew expresaba sus ingenuas especulaciones, Ikta asentía de forma ausente, mientras rascaba su cabeza.

 

“Si eso les preocupa, entonces no tengo otra opción… les explicaré cómo funciona de forma simple… Primero responde esto, mi amigo Matthew: ¿alguna vez has ido a nadar al océano?”

 

“Claro que he ido, y no soy malo moviéndome en él.”

 

“Lo sé, el que seas capaz de moverte con relativa rapidez a pesar de tu físico es uno de tus puntos fuertes. Ahora que hemos establecido eso, siempre que nadas, ¿cómo es que tu cuerpo flota en el agua? ¿Hay alguna clase de truco?”

 

“Un truco… si es flotar, supongo que sería el no gastar energía de forma inútil, y guardar una buena cantidad de aire en el pecho.”

 

“Así es. Si almacenas aire dentro del agua, eres capaz de flotar, ¿verdad? La razón es simple, porque el aire es más ligero que el agua. Las ‘burbujas’ que sacas de la boca bajo el agua, suben directo a la superficie, ¿no? El mecanismo de un globo flotando en el aire es exactamente el mismo. Esencialmente, estás haciendo lo mismo en el aire.”

 

“¿En el aire? Pero lo que está dentro del globo también es aire, ¿no es así?”

 

“Es verdad, pero hay varios tipos de aire, Matthew. Hmmm, ¿cambiamos un poco nuestra comparación? A ver, Haro; ¿no te sientes más fresca si te recuestas en el piso en un día cálido?”

 

“Ah… sí, es cierto. A veces tomo una siesta así con mis hermanos menores.”

 

“Gracias por describir un episodio tan conmovedor. Así es, te mantienes más fresca cuando te recuestas que cuando estás de pie, porque el aire caliente de forma natural tiende a subir, y por el contrario, el aire frío se va hacia el fondo. Entonces, quiero que hagan un ejercicio mental y piensen en ello un momento. Si quisiera decirlo con otras palabras, entonces ‘el aire caliente es más ligero que el aire frío’.”

 

Como si algo hubiera hecho clic dentro de su cabeza, en cuanto Ikta terminó de hablar, Torway palmeó sus manos.

 

“¡Ya veo, lo tengo, Ik-kun! En otras palabras, el aire dentro de ese globo es calentado por las llamas de los espíritus de fuego, haciendo que toda la estructura sea más ligera que el aire exterior, ¡y por eso flota!”

 

El joven hablaba con entusiasmo, pero Ikta mostró su pulgar hacia abajo, mientras sacaba la lengua.

 

“Bzzt. Siento arruinar tu cara de triunfo, pero estás mal, Ikemen. Aunque en teoría, con eso podría volar; sin embargo, el problema práctico es que los espíritus de fuego no pueden crear llamas de forma indefinida… eventualmente ya no podrán hacerlo, y si trataran de cargar combustible, el globo sería demasiado pesado y no podría flotar. El globo de aire caliente del que hablas es un medio de transporte imaginario, por ahora. ¿Entendieron?”

 

“Cuando hablas con Torway, tu actitud se vuelve algo arrogante, ¿no crees?… Está bien, así que ya deja de ser tan cruel y di cuál es la respuesta correcta.”

 

Ikta, advertido por el rostro serio de Yatori, asintió levemente y volteó a verla.

 

“Bueeeno, ya que Shia está aquí, será mejor hacer una demostración práctica. Veamos… ¿alguien tiene un pañuelo de seda o algo así? Es mejor si es lo más delgado y de textura lo más fina posible.”

 

Ikta no dejó escapar el movimiento de Su Alteza, la Princesa, quien aferró su bolsillo en cuanto Ikta mencionó el pañuelo de seda.

 

“Oh, Princesa; parece que usted tiene algo que encaja en la descripción.”

 

“¡N-No puedes tenerlo! ¡Encuentra otra cosa!”

 

“Está siendo muy cruel, ¿no es así? Incluso cuando antes dijo: ‘si es necesario, den todo lo que puedan’”

 

La princesa, colocada en una posición precaria, detuvo sus expresiones de rechazo. Ikta ya se había figurado cómo lidiar con ella. Como parte de la Familia Imperial, su sentido de la responsabilidad era muy fuerte, así que esa era la principal virtud de Su Alteza Chamille, pero también su debilidad.

 

“A pesar de que, para elaborar un plan que funcione de aquí en adelante, esta explicación es muy importante… ¿no me lo prestará un momento, sin importar lo que diga?”

 

Cuando se lo pidieron otra vez de esa forma, sintiendo que era su obligación, ya no pudo seguir negándose. Ikta tomó con ostentoso cuidado el pañuelo que la jovencita había extraído de su bolsillo con manos temblorosas.

 

“Le agradezco su amabilidad… Aah, es una buena tela; volveré después de mojarlo un poco.”

 

Habiendo confirmado que servía para el propósito deseado, Ikta se acercó a la orilla y sumergió el pañuelo en el agua de mar. Lo trajo de vuelta sin exprimir la humedad, y envolvió la mano derecha del espíritu de fuego Shia, que era abrazado por Yatori, con el pañuelo empapado.

 

“Haro, deja que Shia beba un poco de agua producida por Miru, por favor. Yatori, tú te acuerdas de esto, ¿no?”

 

“Sí, debo colocar mis manos justo por encima de su ‘cámara de fuego’, ¿no?”

 

Luego que Shía bebió alrededor de una taza de agua, y mientras cubría con su palma su mano derecha, Yatori dio una orden.

 

“Shia, enciende una llama en tu mano derecha. Un minuto será suficiente.”

 

Shía negó con la cabeza, rehusándose a obedecer. La razón era porque no podía infligir ningún daño a su amo.

 

“¿No puedes encenderla? Eso no funcionará. Por favor, haz cuanto esté a tu alcance.”

 

Cuando Yatori modificó y repitió la orden, después de un momento, comenzó a escucharse un sonido como de aire que escapaba del pañuelo que cubría la mano de Shia. A continuación, el pañuelo comenzó a elevarse gradualmente, debido a la presión en su interior.

 

“Muy bien, eso se ve bien.”

 

Eligiendo el momento adecuado, Ikta tomó un hilo de coser del bolsillo de su camisa y rápidamente unió la parte inferior del inflado pañuelo con él. Después de hacerlo, soltó el pequeño globo con el gas atrapado en su interior de la mano de Shia, y lo mostró a los demás.

 

“Por favor, observen con cuidado, ya que sólo durará un momento… ¡ahí va!”

 

La mano de Ikta soltó el pañuelo inflado, el cual no cayó con la gravedad, sino que comenzó a flotar hacia el cielo. Mientras se escuchaban voces de asombro, Ikta atrapó con ambas manos el pañuelo, que trataba de escapar hacia arriba.

 

“Un globo de aire depende del aire más ligero que los espíritus de fuego producen cuando beben agua y se les enfrenta a un truco como el de hace un momento… también conocido como ‘aire flotante’. Ese es el principio detrás de los globos de la República de Kioka. Incidentalmente, si aplican fuego al ‘aire flotante’, se provoca una explosión. Es lo que se conoce como ‘fuego fatuo’, del que oyeron hablar en el Departamento de Teología Espiritual de Alderah. Los ciudadanos del Imperio sólo se dan cuenta del fuego de la explosión, pero también deberían voltear a ver al gas que actúa como su fuente, ¿no?”

 

Las bien torneadas cejas de Torway se arquearon ante el impacto de lo que ocurría frente a sus propios ojos.

 

“Eso es sorprendente, Ik-kun… Yo ya sabía de los ‘fuegos fatuos’, pero no había escuchado nada aparte de que ‘son fuegos inútiles que no hacen otra cosa que explotar con fiereza’. Pensar que tienen una función tan revolucionaria…”

 

“Eso es porque ‘el aire que flota’ revela su valor real sólo cuando lo reúnes en grandes cantidades. Normalmente es difícil de usar incluso si sólo lo quemas.”

 

“Eso es muy raro… ¿Por qué no hablan del ‘aire que flota’ en las clases, aunque sí hablan de los ‘fuegos fatuos’? ¿Es porque está prohibida la construcción de globos?”

 

“Estás invirtiendo la causa y el efecto, Matthew. Es porque el aire que flota sólo puede obtenerse de esta forma que la Iglesia de Alderah prohíbe la construcción de globos. Aunque pensé que comprenderías después de ver el truco que usé antes, ya que esta vez, forcé a Shia a producir algo que normalmente no debería ser capaz de producir’.”

 

“¿Huh?, ¿él no puede hacerlo de forma normal?”

 

“Claro que no. Aun cuando le ordene ‘produce aire que flota’ o ‘produce la fuente de un fuego fatuo’, un espíritu de fuego nunca produciría el mismo resultado. Lo que llamamos ‘aire que flota’ es el resultado secundario de los esfuerzos de Shia[11] por no quemarme a mí[12] si puede evitarlo, produciendo así un ‘fuego fatuo’.”

 

“Ya veo… eso significa que no puedes obtenerlo si no engañas a tu espíritu. No lo comprendo, considerando que el que un humano obtenga esto no es la verdadera intención del espíritu ni del Dios Supremo, sería un argumento razonable desde el punto de vista de la Iglesia de Alderah, que nos guía a todos…”

 

“Aunque, en lo que concierne a la prohibición de construir globos, está también la razón adicional de involucrarse en una ‘conducta insolente, al querer elevarte al cielo en tu cuerpo humano, o querer acercarte al Dios Supremo de los Cielos, sin darte cuenta de cuál es tu lugar real’. Bueno, en cualquier caso, …”

 

“Es igualmente ‘no científico’ como tú dices, Solork.”

 

Su Alteza Chamille, frunciendo los labios, repitió lo dicho anteriormente. Mientras se encogía de hombros, Ikta desató el hilo que sostenía el pañuelo, como si de repente recordara que se lo habían prestado.

 

“No, no. Yo nunca pensaría en algo tan irrespetuoso, ni siquiera en sueños.”

 

Su Alteza le arrebató el pañuelo, que Ikta inocentemente trataba de llevar a su frente, con una expresión desesperada. Al recordar para qué lo había usado la noche anterior, estuvo a punto de emitir flamas por su rostro, al sólo pensar que alguien más lo había tocado.

 

Mientras le mostraba una sonrisa completamente ingenua a la princesa, que lo miraba amenazadora, Ikta resumió sus palabras.

 

“Bueno, nos hemos salido levemente del tema, ya que el punto es cómo podemos utilizar este globo.”

 

“¿No podríamos montarnos todos y cruzar la frontera? Estaríamos apretados, pero haciendo un esfuerzo…”

 

“Eso suena como un reto, mi amigo Matthew, sin embargo, siento decir que el límite de pasajeros es de sólo tres personas. Bueno, Su Alteza Chamille es pequeña, y si las dos chicas y yo, que soy muy delgado, subimos juntos, apenas podríamos subir con cuatro personas. Por el contrario, si suben Torway y Matthew, estará a su máxima capacidad sólo con ustedes dos.”

 

“Adicionalmente, la dirección del viento es un problema, ¿no creen? Ya que el globo no tiene un sistema de propulsión propio, sus movimientos dependen por completo del viento. Al igual que un barco de vela, para poder atrapar y viajar con los vientos, se necesita de práctica y habilidad para reconocer el terreno. Los soldados de la Unidad de Guerra Aérea de Kioka, que ya tienen práctica, son los únicos que pueden hacerlo. No hay forma de compensar el conocimiento y la experiencia.”

 

Añadió Yatori, a lo que Haro y Matthew lanzaron quejidos con caras largas. Era un problema complejo. El globo que habían dejado atrás los soldados de Kioka no parecía ser el ‘regalo providencial’ que les trajera la calma.

 

Sin embargo, Ikta sacudió la cabeza de una forma sorprendentemente animada.

 

No, no es nada para estar decepcionados. Dado que, afortunadamente, mucho gas[13] queda dentro del globo, una vez que hagamos que Shia lo rellene un poco y soltemos algo de lastre, por lo menos lo podremos hacer flotar.”

 

“¿Pero qué vas a hacer una vez que esté flotando? Si no podemos avanzar en la dirección deseada, entonces, todo esto no tiene sentido.”

 

Ikta le mostró una sonrisa algo cruel a Su Alteza, la Princesa, que estaba acumulando arrugas en el entrecejo.

 

“Princesa, en momentos como este, hay que cambiar de perspectiva. Si no lo podemos usar como transporte, entonces debemos pensar en alguna otra forma de aprovecharlo. Es como un traje de dama, que se hace de modo que sea de todas las tallas, y luego se ajusta.”

 

Haro y Matthew inclinaron sus cabezas a un lado, mientras que Torway fue el primero en adivinar las intenciones de Ikta.

 

“Ya veo… usaremos el globo como materia de negociación con el Ejército de Kioka…”

 

“Esta vez tienes razón, Ikemen. El globo, que se ha convertido en algo que determina la superioridad en esta guerra, tiene un costo de fabricación muy alto, y para el Ejército de Kioka, todas y cada una de estas naves son preciosas. No dejarán que uno se pierda fácilmente. Por supuesto, no pretendo que su valor sea igual al de seis simples refugiados.”

 

“Así que será un rehén no convencional… Pero aún existe un problema: ¿cómo planeas traer al oponente a la mesa de negociación? Incluso si los amenazas con algo como ‘si no aceptan lo que pedimos lo destruiremos’, los globos, a diferencia de los humanos, no pueden caminar. No hay forma en que podamos cruzar la frontera mientras lo empujas con un rifle de aire por la espalda, y luego dejarlo regresar cuando hayamos alcanzado el otro lado.”

 

“Es verdad. El Ejército de Kioka nos vería con desconfianza si tratáramos de intercambiar el globo por nuestro cruce hacia el lado del Imperio. Como quieras verlo, no sería ese el comportamiento de un refugiado, así que pensarían que somos espías. Probablemente en la negociación se vea envuelto el comandante de los guardias fronterizos; si llega a imaginar nuestra identidad, incluso si perdieran uno de sus globos, nosotros seríamos los que nos volveríamos en rehenes valiosos desde su punto de vista.”

 

A pesar de lo dicho, la sonrisa de Ikta no disminuyó en lo absoluto ante las objeciones de Yatori y de Su Alteza, la Princesa.

 

“Eso podría pasar si las negociaciones se extendieran… Pero no tengo la intención de permitir que sus superiores se involucren. Estoy apuntando a oficiales de rango bajo, como el líder de un escuadrón o el comandante de un pelotón. También planeo preparar algunos trucos simples de nuestra parte, de modo que no sean capaces de pensar con claridad.”

 

Las miradas de sus aliados preguntaron en silencio sobre esa “estrategia”. Ikta metió la mano en el bolsillo de su pantalón y extrajo la placa que había obtenido del desafortunado soldado de Kioka, después del combate de ayer.

 

“En primer lugar, dado que los uniformes de Kioka son de color verde oscuro, si lavamos las manchas de sangre, no podrán verse. En segunda, el fallecido propietario de esta placa no es muy distinto a mí, tanto en edad como en físico. Y en tercera… creo que Yatori ya sabe de esto, hablando de mi ‘sello personal’ cuando trato de entretener a las mujeres, definitivamente tendré que asumir el papel de ‘un ciudadano de Kioka’.”

 

En los ojos de todos se encendió la chispa del entendimiento. Ikta miró hasta estar satisfecho, y luego habló.

 

“Espero que resulte; aunque esta clase de actuación sea un éxito con alguien de este grupo, no quiero pensar que no me dirijo al público adecuado.”

 

 

 

Habiéndole confiado la posición de comando del 67 pelotón del Ejército de Kioka, Unidad de Defensa de la Frontera Oeste, próxima a la playa, la Segunda Teniente Nejif Halrum no era precisamente una comandante de gran talento, pero había establecido una cierta reputación sobre su ética de trabajo. Comprendiendo su posición como oficial no comisionada y cumpliendo las tareas que le habían sido asignadas sin defectos ni excesos, su sentido del deber era apreciado por sus oficiales superiores.

 

Vigilar la frontera requería de paciencia; y aun así, dado que la oportunidad de llevar a cabo un trabajo o servicio sobresaliente era prácticamente inexistente, con más razón era una tarea que la gente ambiciosa o con talento no estaba inclinada a desempeñar. Todo el largo día, mientras se limitaba a intercambiar miradas con el Ejército Imperial, que había establecido campamento en el lado opuesto de la frontera, también tenían la necesidad de dirigir sus precauciones hacia el océano, para que no pudieran rodearlos usando botes.

 

Bueno, al final terminaron enviando la señal luminosa de ‘nada anormal’ a sus oficiales superiores, como usualmente hacían tres veces al día. Les daban tanta comida como podían a los refugiados que cruzaban la frontera, y luego, semanalmente, los ayudaban para que llegaran a las poblaciones en la retaguardia. Era una gran molestia que su número creciera todos los días.

 

“Ya es hora de la puesta de sol, el Cadete Romari de Correspondencia solicita el reporte del comandante del escuadrón.”

 

Incluso cuando le dieran las órdenes a los soldados de Correspondencia, no necesitaban mencionar todos y cada uno de los detalles. No había pasado nada hoy que ameritara un reporte. Sus compañeros de escenario estaban bien conscientes de ello.

 

“Por Dios, entonces hoy amaneció y anocheció sin que pasara nada…”

 

‘Parece que han olvidado que estamos en guerra’, pensó Nejif mientras miraba a su subordinado retirarse. Por alguna razón, el Imperio no había conducido una invasión a gran escala contra la República ni siquiera una vez, desde el inicio de la guerra. Como resultado de las actividades de la Unidad de Guerra Aérea, la marea de la guerra de forma consistente y unilateral se inclinaba en su favor. Para ser personal que había sido desplegado como preparativo contra un ataque, el trabajo de Nejif y los demás prácticamente no era distinto al que harían en tiempos de paz.

 

“Si todo va a ser así hasta el final, y aunque es bueno que nuestros aliados no tengan que luchar hasta morir, ¿qué el Imperio no tiene la intención de tomarse esta guerra en serio?”

 

Para Nejif era obvio; para el Imperio, que no tenía una forma de contrarrestar a los soldados de la Guerra Aérea, el ataque era la única forma de tener cierto éxito en esta guerra. Si sólo se están desgastando al continuar únicamente en plan defensivo, ¿por qué no implementan un ataque? Eso era algo que hasta un niño podía comprender. A pesar de que eran el enemigo, resultaba algo frustrante.

 

“Segunda teniente, llegan tropas aliadas desde la retaguardia.”

 

Sus fútiles meditaciones, las preocupaciones de una oficial de bajo rango, fueron dejadas a un lado por el reporte de su oficial subordinado, que entró de prisa en la tienda. Mientras pensaba si tenía alguna cita para un encuentro o algo así, Nejif se levantó de su silla.

 

“¿No es algo súbito? ¿De qué unidad son? No hemos preparado nada para recibirlos, pero…”

 

“Su afiliación no está clara, pero son un número pequeño. Sin embargo, así a lo lejos se ve algo extraño en ellos.”

 

Había perplejidad en el rostro de su subordinado. Nejif decidió ir a ver por sí misma, y salió de la tienda.

 

La inesperada tropa se acercaba de uno en uno hasta una distancia en que pudo comenzar a ver sus rostros. Había un soldado de la República, dos varones (uno gordo y otro alto) vestidos ligeramente con ropas sucias, y además tres chicas jóvenes.

 

“¿Una entrega de refugiados?”

 

Era común para los soldados asignados a labores de patrullaje encontrar y capturar a refugiados, y luego traer a esas personas a la Unidad de Defensa de la Frontera. Aunque era extraño que los refugiados superaran en número a los soldados.

 

“¡Alto ahí! ¡Soldado a cargo, mencione su Unidad y su nombre completo!”

 

Determinando que los visitantes habían llegado a una distancia a la cual podía ser escuchada, Nejif dio la orden en voz alta. Al oírla, el soldado se puso en ‘firmes’ e hizo una reverencia, luego comenzó a hablar rápidamente, de lo que se podía adivinar un poco de miedo.

 

“¡Soy miembro del Séptimo Batallón Independiente del Ejército de la República, a bordo de la nave 24, cadete Nihad Hyu, de Guerra Aérea! Me disculpo por no anunciarme antes, pero quisiera pedir una audiencia con su comandante lo antes posible.”

 

“¿Soldado Nihad de Guerra Aérea? Soy la Segunda Teniente Nejif Halrum, al mando del 67 pelotón de la Unidad de Defensa de la Frontera Oeste del Ejército de Kioka; pero ¿por qué tanta prisa? En primera, si está en una misión de patrullaje, se supone que se muevan en grupos de tres por escuadrón. ¿Qué les pasó a los otros dos?”

 

Al recibir esa respuesta, el joven soldado que se había identificado como Nihad (Ikta Solork disfrazado), mostró un rostro pálido, que no parecía para nada una actuación.

 

“Por ciertas circunstancias, no están aquí. De todos modos, ya que no hay tiempo, debo darle una explicación breve. Por favor, mire el cielo hacia el este; ¿ve ese globo flotando por allá?”

 

Al oír eso, Nejif se percató de la redonda silueta flotando en el cielo del atardecer. Como no era extraño que los globos volaran hasta cerca de la frontera, viniendo de la retaguardia, no se había fijado especialmente en ello, hasta ahora; pero…

 

“Está volando a una muy baja altitud, ¿no? ¿Qué está haciendo? Y una vez que el sol se oculte, el aterrizaje será algo complicado…”

 

“Aunque quiera aterrizar, no puede. Quien está en el globo en este momento no son mis compañeros, sino algunos aliados de esta gente.”

 

Nihad se movió hacia las personas que había traído consigo. Nejif arqueó las cejas sin poderlo creer.

 

“¿Qué dijiste?”

 

“Esta gente son refugiados que vienen del Imperio. El día de la tormenta, hace poco, parece que llegaron a la deriva hasta la República en un bote pequeño. Como estábamos en una misión de patrullaje, descendimos aquí cerca temporalmente para pasar la noche, pero nos topamos con esta gente en el bosque junto a la playa.”

 

“Hmm… ¿y entonces?”

 

“Desde aquí se vuelve complicado. Al momento en que los encontramos, disparamos una bala con el rifle de aire como advertencia, pero el asustado grupo comenzó a huir por todas partes. Mientras los perseguíamos, fuimos capaces de atraparlos de uno en uno, pero por desgracia, la dirección en la que escaparon fue la misma hacia donde estaba el globo, y…”

 

Por un momento guardó silencio, como apenado, y Nejif adivinó el resto de la situación.

 

“¡Se lo robaron! ¡Sufrieron una vergonzosa derrota a manos de los refugiados, y perdieron un precioso globo de la República!”

 

“No tengo ninguna excusa. No pondré objeciones si me torturan arrancándome los brazos en una Corte Pública, después de esto.”

 

En el lapso mientras la emoción de la sorpresa sobrepasaba toda sospecha dentro de Nejif, Ikta de forma casual dejó caer sus trucos.

 

La ‘Corte Pública’ era el nombre popular de la Rama Judicial de la República de Kioka, y permitía que las personas ordinarias que acudían a ella tuvieran imparcialidad en sus asuntos. Por así decirlo, era un sitio donde ‘los pecados de las personas eran juzgados mientras el público (como soberano de la nación) observaba atentamente’; pero por otro lado, los ciudadanos de la República, especialmente sus soldados y oficiales de gobierno, quienes recibían un salario de los impuestos, lo tomaban como un cliché que indicaba, en cierto modo, que eran dueños de sus vidas.

 

En el monárquico Imperio de Katjvarna, la frase para referirse a esto sería ‘frente a Su Majestad, el Emperador, sin defensa alguna’, o ‘humildemente reportar una falla ante una corte marcial’. Era una pequeña diferencia que marcaba las variaciones entre los dos sistemas de gobierno y las características de sus ciudadanos; pero si no fuera por estos pequeños detalles, los humanos podrían considerar a todos sus compañeros de escena como sus compatriotas.

 

“Pero… Nejif-dono, ¿no podría usted ayudarnos a atenuar nuestro crimen?”

 

“¡Aunque así lo quisiera, debemos tener de regreso ese globo, sin importar cómo!”

 

“Para eso es que requiero su ayuda. Uno de los refugiados que robó el globo, en el corto tiempo mientras se elevaba desde el suelo para flotar en el aire, nos propuso un trato.”

 

“¿Un trato? ¿Y cuáles son los detalles?”

 

“Nos dijo: ‘den a mis familiares y aliados suficiente comida, y envíenlos al Imperio bajo el pretexto de que están devolviendo prisioneros de guerra. Una vez que vea que los seis han cruzado la frontera, haré bajar el globo.”

 

El rostro de Nejif se contrajo por el enojo, y sólo alcanzó a decir algunas palabras sin propósito.

 

“¡Ridículo! Si son gente que abandonó su propia tierra. ¿Acaso creen que el Imperio recibirá cálidamente a aquellos que primero huyeron y ahora vienen de regreso? Si se rinden ante nosotros y se vuelven ciudadanos de la República, eso sería una mucho mejor elección.”

 

“Eso es también lo que creo, pero no hay forma de persuadir de ello a esta gente ahora. Por otro lado, como están aterrados y ya han robado nuestro globo, deben estar en un estado mental en el que no responderán a nuestras buenas intenciones. Cuando los vimos por primera vez, si los hubiéramos recibido pacíficamente y sin intimidarlos, la historia sería distinta, pero…”

 

‘En eso tienes razón’, parecía estar a punto de gritan Nejif. No importaba si eran refugiados abandonando el Imperio, sus corazones seguramente estaban en una encrucijada entre su tierra nativa y esta tierra nueva; si de repente les disparaban con un arma en medio de todo esto, no sería raro que terminaran creyendo que Kioka no tenía la intención de recibirlos.

“A pesar de que se dio la orden de que se recibiera amablemente a los refugiados, ustedes se portaron de una forma muy agresiva… No, no voy a comenzar a echarle la culpa sólo a usted, Soldado Nihad de Guerra Aérea; lo que es más importante, ¿qué hay de los otros dos? En un grupo de la División de Guerra Aérea, ¿no se supone que se incluya a un sargento?”

Lo lógico es que la persona de más alto rango sea la que se encuentre con ella, es lo que reprochaba Nejif implícitamente. Bajo su falsa expresión de pánico, Ikta en realidad sí estaba nervioso, ya que de su capacidad para manipular esta parte dependería el éxito o el fracaso de todo su plan.

“Hay una explicación para eso… Mis aliados están tomando una ruta distinta a la mía, y están ahora justo debajo del globo. Los que lo manejan son aficionados, así que no sería raro que en cualquier momento, por cualquier razón, ellos se precipitaran a tierra, o incluso que el viento se los lleve hasta el lado del Imperio. Debemos dejar algunas manos para asegurar o destruir el fuselaje cuando eso pase. Por lo menos se requieren de dos personas para asegurar el globo; y si hay necesidad de destruirlo, el que debe tomar la pesada responsabilidad de esa decisión no es otro que el líder del escuadrón.”

A Nejif le faltaron más palabras de reproche. Ciertamente, si fuera a caer en manos enemigas, lo mejor era destruirlo. Quizás porque no tenía mucho gas debido a que lo robaron justo después de aterrizar, el globo estaba ahora a la deriva, apenas al alcance de un rifle de aire. Si fuera necesario, llegado el caso se podría derribar.

Sin embargo, y debido a su naturaleza, tratar de derribarlo con un rifle de aire podía terminar en desastre: el globo explotando por todos lados; y eso no podía ignorarse. Si eso pasaba, la muerte de los pasajeros era una certeza, y los soldados de Kioka habrían perdido en su totalidad un precioso globo. Debían evitar eso tanto como les fuera posible. Hasta ahora comprendió Nejif a lo que se estaba enfrentando.

“No me diga, Cadete Nihad, que planea ceder en el trato y hacer que los refugiados crucen hacia el lado del Imperio. No, el hecho es que me está cargando esa responsabilidad a mí.”

“Aunque me siento avergonzado, es como usted supone.”

“¡Qué ridículo… como si yo pudiera aceptar un comportamiento tal bajo mi propia discreción! ¡Yo no tengo esa autoridad! Mi misión es rechazar a las personas que tratan de cruzar la frontera sin permiso; ¡no puedo llevar a personas que ya están de este lado hacia el otro!”

“Estoy consciente de ello, pero por favor, considérelo con cuidado. Quienes serán culpados por este fracaso no seremos sólo nosotros. Estos refugiados cruzaron a través del océanos mientras debían ser vigilados por la Teniente Nejif.”

Ante esas palabras, Nejif abrió los ojos impactada… ¡Era cierto! Ella no  había hecho otra cosa que criticarlo, pero visto desde esa perspectiva, ¿no era también su propio error? Aunque les hubieran ordenado recibir a los refugiados con calidez, eso no implicaba que los dejaran pasar la frontera sin tratar de detenerlos. Por supuesto, para animar a los ciudadanos del Imperio para que escaparan, habían creado intencionalmente varios “agujeros” en su defensa de la frontera; pero esta gente no había cruzado por ahí.

Ikta vio que el corazón de Nejif, balanceándose entre el deber y la auto-preservación, estaba en su poder. Como alguien con un gran sentido de la responsabilidad, ella no tomaba la salida fácil de la auto-preservación, pero aun así, se podía empujar a Nejif a que se portara de esa forma.

El joven se percató de todo esto y habló. En el arte de la guerra, uno debe dejar una ruta de escape para el enemigo que está acorralado.

“Teniente Nejif, si me permite expresarme, creo que nuestra máxima prioridad debe ser la recuperación del globo. Es el crimen de regresar refugiados o el de perder un globo; si hay que elegir entre los dos, la Teniente debe escoger el que represente una menor pérdida para la República, ¿no?”

Las hábiles palabras de Ikta tuvieron como resultado que la responsabilidad y la auto-preservación coexistieran. Le permitió digerir que la deportación de los refugiados, o el abuso de la propia autoridad, era algo pequeño en comparación a tener el globo de vuelta. La auto-preservación parecía no ser sino algo secundario. Para torcer el carácter de alguien recto, esta clase de escenario era muy efectivo.

“Y-Yo… no puedo tomar esa decisión por mí misma. Haré contacto con el comandante a través de señales luminosas, así que por ahora…”

“Por favor, deje las bromas. Relatar todo lo sucedido con señales de luz tomaría mucho tiempo y esfuerzo, ¿y usted cree que ese globo se quedará sobre territorio de Kioka hasta que termine de hablar con su superior? Si me permite decirlo, como soldado del rango más bajo entre los miembros de la Unidad de Guerra Aérea, existe una gran posibilidad de que el viento allá arriba comience a soplar en dirección al océano. Si eso sucede, ya que el globo podría descender lejos en el mar, no tendríamos otra opción que derribarlo. ¡En cualquier caso, un armamento precioso se escapará de nuestras manos!”

Por supuesto que Ikta no tenía la intención de dejarla comunicarse con sus superiores, o de pensar las cosas con calma. Este plan, si se pensaba con tranquilidad, tenía muchos agujeros; así que era importante no darle tiempo para razonar sus decisiones. Tenía que hacerle creer que el plan que proponía era ‘lo único que era razonable por hacer’.

“S-Si hacemos cruzar a esa gente, ¿qué garantía hay de que el globo descienda? Desde el punto de vista de quienes lo manejan, ¿no es una misión suicida el volver en medio de sus enemigos?”

“No, definitivamente sí lo traerán de vuelta… Teniente, ¿alguna vez ha subido a un globo?”

“Bueno, no, pero…”

“Entonces probablemente no lo sabe, lo solitario que es estar a bordo y flotar en el cielo. Las personas son gente que, por naturaleza, viven con los pies bien puestos en el suelo. Desafiar eso y subir al cielo requiere de un gran valor. Durante los entrenamientos, incluso yo llegué a sentir que mi cuerpo se paralizaba; en esos momentos, sólo podía pensar en una cosa: en volver a tierra, aunque sea un segundo antes. No hay espacio para pensar en nada más.”

“P-Pero, ¿no están ellos haciendo precisamente eso, y lo están resistiendo?”

“Si la vida de familiares y amigos está en la balanza, incluso el miedo es superado por la desesperación; pero al momento en que la tensión se disipe, se darán cuenta de ello… de que están en medio del cielo, sin nadie a su lado que los apoye.”

El razonamiento que Ikta usaba para persuadirla era, por supuesto, pura improvisación; pero para Nejif, que lo escuchaba, sus palabras tenían el peso de la experiencia de ‘alguien que ya ha estado en el cielo’. Incluso las cinco personas que hacían el papel de refugiados y que atisbaban la situación no podían evitar el sentirse asombrados por su actuación.

La autoridad desapareció de las objeciones de Nejif. Con eso, Ikta supo que había superado la parte difícil de la negociación.

“Incluso si enviamos a esa gente del lado del Imperio, ya es tarde. ¿Podrán verlo desde el globo?”

“No lo sé. Pero en realidad es mejor que esté oscuro, y entre ellos hay un portador de un espíritu de luz. Una vez que hayamos pasado a la otra mitad de la frontera, se le enviamos señales de luz de tipo imperial, podremos comunicarnos con el globo. Eso quiere decir que alguien debe asegurarse de que la señal se envíe, así que yo iré detrás de ellos con mi rifle de aire.”

Como si esa responsabilidad fuera obviamente suya, Ikta estaba sugiriendo que debía acompañar a los refugiados cuando cruzaran la frontera. Como la idea pareció surgir de forma espontánea, Nejif no pensó que estuviera fuera de lugar.

“Comprendo lo que dices, lo comprendo, pero…”

Pero la ansiedad que se acumulaba en el interior de Nejif era el último obstáculo que le impedía asentir con su cabeza. Como Comandante de la Unidad de Defensa de la Frontera, el riesgo de permitir que personas cuya identidad no conocía cruzaran de un lado a otro de la frontera, la hacía sentirse incómoda.

“Sé bien cómo se siente, Teniente Segunda Nejif; pero por favor mire bien: ¿cree que esta gente sean espías o candidatos a soldados del Imperio?”

Cuando dijo eso, Nejif volteó a ver a las personas a las que Ikta señalaba. Jóvenes que no llegaban a  la adultez; tres de ellas mujeres. Sin importar lo incompetentes que fueran en el Ejército Imperial, era imposible que una unidad dispuesta a arriesgar sus vidas para infiltrarse a la República estuviera compuesta de esa forma.

“Si aun así tiene dudas, todo lo que tiene que hacer es registrar sus pertenencias, ¿cierto? No tenemos el tiempo para interrogarlos a todos de uno en uno, pero creo que sí tenemos tiempo para eso.”

Esas palabras fueron el golpe final. Nejif frunció el entrecejo y después de guardar silencio por cerca de un minuto, se volteó a sus subordinados, que se habían reunido alrededor de ella por una razón u otra, y finalmente les ordenó con una voz enojada.

“Registren las pertenencias de esas personas, ¡rápido!”

Cinco minutos después, la inspección de las pertenencias terminó sin nada que reportar, y las seis personas, incluyendo a Ikta, se reunieron y cruzaron la frontera. La Segunda Teniente Nejif y sus soldados observaban con atención sus espaldas, pero la distancia que los separaba ya era considerable.

“Bueno, eso salió mejor de lo que esperaba. Gracias a todos; acepto aplausos y donaciones en efectivo, ¿saben?”

Supuestamente vigilándolos, Ikta, representando al soldado de la República de Kioka, Cadete Nihad Hyu de la Unidad de Guerra Aérea, soltó una broma por primera vez mientras apuntaba su rifle de aire (por supuesto, uno recuperado de los soldados de Kioka) hacia la espalda de sus aliados formados en fila india. Yatori rio levemente desde la vanguardia.

“Esa fue toda una escena. Poner a volar un globo sin tripulantes y usarlo como medio de coerción. Aunque es difícil verlo desde aquí, en realidad no hay nadie a bordo del globo; todo lo que hicimos fue cargarlo con algunas de nuestras cosas. Para negociar y persuadir, Ikta se inventó un terrorista imaginario completamente imposible, y así logró engañar por completo a la Segunda Teniente Nejif.”

“A lo que más le temen los soldados de Kioka es a perder uno de sus globos. Pensé que si usábamos eso como base, este método de persuasión serviría para nuestros propósitos lo suficientemente bien como para no tener que usar arma alguna.”

“Al inventar el terrorista imaginario, desviaste la atención de la Teniente Nejif lejos de nosotros, ¿no es así? Como se podría esperar de Ik-kun. Si el enfrentamiento hubiera sido cara a cara, creo que la otra parte habría tenido que defender su reputación como comandante, y no habríamos sido capaces de pasar.”

Torway dirigió una mirada de admiración hacia Ikta. Frente a él, Haro asentía una y otra vez.

“Yo siento lo mismo. Ya que vino en forma de ‘un consejo de un soldado amigo’, le fue más fácil acceder a ello… ¡Y a eso añade tu habilidad para actuar! Apuesto que la Segunda Teniente de la República nunca sospechó de las palabras de Ikta. La verdad, nunca pensé que podrías hablar con tanta fluidez con acento de Kioka.

Kioka, alabado por sus aliados, elevaba orgulloso la nariz. La única persona entre ellos con una expresión de desagrado era Matthew.

“Hmm… no voy a darte ningún halago. Apenas comenzaba a acostumbrarme a ese rifle de aire, ¿sabes?”

“Mi amigo Matthew, por favor, perdona por eso. Si hubieras llevado un rifle de aire del Imperio, o un sable, entonces no parecerías un refugiado perfectamente inofensivo, ¿verdad? Es porque dejamos las armas atrás que pudimos pasar por esa inspección de pertenencias.”

Como indicaban esas palabras, ni Yatori, ni Torway ni Matthew llevaban ni una sola de sus armas, ni siquiera las que habían salvado del buque que se hundía. Yatori y Torway no dijeron nada, pero ellos también apreciaban de corazón sus armas.

“Matthew, antes de suspirar por lo que has perdido, muestra aprecio por la vida que fuiste capaz de conservar. Además, no es como si las hubiéramos arrojado a la basura; en su lugar, las dejamos en manos del destino para que vuelvan o no.”

Yatori suavizó las cosas de forma muy natural. En resumen, esas eran las cosas que habían cargado en el globo no tripulado. Aunque era un consuelo muy pequeño, se jugaban todo a la posibilidad de que el globo derivara hacia el lado del Imperio, gracias a la dirección del viento.

“Parece que hemos llegado a la zona de control. Muy bien, Kusu, ¿podrías enviar una señal de rendición hacia el lado del Imperio, en mi lugar?”

Escuchando la orden de Ikta, Kusu, que estaba dentro del bolso en la cintura de Torway. Saltó al piso. Ya que fue necesario que Ikta se convirtiera en Nihad durante la negociación, ambos habían intercambiado temporalmente de espíritus. Por supuesto que, como uno no podía darle órdenes a un espíritu con quien no se había hecho un contrato, el rifle de aire que Ikta sostenía era tan peligroso como si estuviera hecho de papel maché.

Mientras Kusu enviaba la señal luminosa, Ikta de repente se acordó de algo, y liberó el barril del rifle de aire del torso del espíritu de viento Tsuu, prestado por Matthew. De su ‘túnel de aire’, Ikta extrajo un pequeño anillo, que había ocultado adentro.

“Princesa, le regreso esto. Por favor, no lo pierda, ya que de aquí en adelante, es la prueba de nuestra identidad.”

El anillo grabado con el sello del Imperio fue devuelto a su propietaria. Hablando de Su Alteza, la Princesa, tanto su ropa como su piel estaban cubiertos de tierra, al igual que el resto de los actores. Sin embargo, para que su belleza no resaltara, habían aplicado lodo en la rubia cabellera. Ikta también estaba en las mismas condiciones, pero extrañamente, la persona en cuestión, sin dar ninguna respuesta, solo miró al joven con sus grandes ojos, y sin moverse.

“¿…? ¿Tengo algo en la cara?”

“No, fuera de tus ojos, nariz y boca, nada más.”

Después de esa respuesta sin sentido, la princesa no desvió los ojos de él. Cuando Ikta inclinó su cabeza, Haro, que estaba parada junto a Kusu, gritó con fuerte voz.

“¡Hey, soldados del Imperio, por aquí! ¡N-No irán a dispararnos, ¿verdad?!”

“Ya que apenas escapamos con vida de territorio enemigo, si nos disparan tropas amigas y morimos… eso sería realmente gracioso, ¿saben?”

Todos sintieron un escalofrío por la espalda ante esa imagen; pero afortunadamente sólo resultó ser una paranoia. El sello del Imperio, el cual fue mostrado a los soldados por Su Alteza Chamille, probó ser muchísimo más efectivo de lo que habrían imaginado.

Cuando se confirmó la autenticidad del anillo por los oficiales militares de rango alto asignados a la Defensa de la Frontera, los seis fueron llevados dentro del territorio Imperial con toda ceremonia. Así fue como escaparon del infierno, al que habían caído por una diferencia de un pelo.

Para la dinastía Katjvanmaninik, aún para los que se dedivaban a labores administrativas, el sol que golpeaba el país no mostraba ningún signo de debilidad. Sus habitantes con ropas ligeras, y los visitantes con turbantes sobre los rostros, todos resistían la furia del sol.

Sin embargo, la gente no sufría con frecuencia de golpes de calor. El mercado seguía estando animado aún bajo el señor del fuego, y los mostradores de las tiendas rebozaban de actividad, ofreciendo comida y vestidos, ornamentos con piedras y metales preciosos, y productos foráneos, que nadie había visto con anterioridad.

El centro de la actividad política, comercial y cultural del imperio de Katjvarna, era la Capital Banhataal. Esta ciudad eran los terrenos donde el Emperador celebraba su prosperidad; en esta metrópolis, el palacio donde vivía la Familia Real coexistía con un jardín con un magnífico árbol siempre verde.

 

“¡Ikta, despierta! ¡Ha llegado información sobre el estado de la Provincia oriental, ¿sabes?!”

En el tercer piso de un hotel dedicado a las clases altas dentro de la capital, “La duna de arena blanca”, Yatorishino Igsem golpeaba la puerta de una habitación privada. Ya pasaban de las 11AM del mediodía; para la chica del cabello de fuego, que tenía el hábito absoluto de acostarse y levantarse temprano, no había para que una persona permaneciera apagada como una luz a estas horas.

Mientras seguía golpeando la puerta sin importarle no recibir respuesta, de pronto el inconfundible sonido de una palma estrellándose sobre una mejilla con toda su fuerza hizo ecos hasta sus oídos. Frente a los extrañados ojos de Yatori, por fin se abrió la puerta, pero la que estaba ahí no era un joven de ojos adormilados, sino una mujer exquisita con su ropa completamente desarreglada.

“B-Buen día, jovencita… Este… Umm… Eso fue grosero de mi parte, ¿no cree?”

Mientras se arreglaba las abiertas solapas con ambas manos, la mujer se deslizó junto a la chica y se retiró rumbo al recibidor. Yatori, viendo la figura que se alejaba con una mirada escrutadora, entró por fin al cuarto, lanzando un gran suspiro.

“¿Cuántas son con ella hasta ahora? No ha pasado ni un mes desde que llegamos aquí… Hay un límite para tu entusiasmo, ¿no?”

Mientras Yatori hacía esos comentarios sarcásticos, llegó finalmente hasta la cama y abrió las cortinas. Ikta reposaba medio desnudo en la cama, con las sábanas arrugadas. Juzgando sólo por ello, se podría decir que lo habían pescado ‘después del acto’; pero había una marca del bofetón en su mejilla izquierda, así que era difícil estar segura.

09

Las cejas del joven se juntaron en su frente, frente al implacable flujo de luz solar desde la ventana.

“¿Que cuantas han sido, dices? ¿Acaso no es algo bueno?… Ya es de mañana, ¿qué hora es?”

“Ya casi es mediodía. Definitivamente tú estuviste bebiendo ayer en la noche, ¿no es así? ¿Saliste toda la noche con mujeres?”

“Estuvimos bebiendo hasta tarde, luego la invité a mi cuarto y seguimos bebiendo aquí, y luego nos dormimos juntos hasta hace un momento… Cuando abrimos los ojos ante tu llamada, por alguna razón me dio una bofetada con toda su fuerza y luego se fue. Aunque eso fue completamente irrazonable, ya que no habíamos hecho nada aún…”

Se quejaba Ikta desde la cama. Entonces, el veredicto correcto era ‘antes’. Yatori se encogió de hombros y examinó el cuarto, que apestaba a alcohol.

“¿Dónde está Kusu? Si él pudiera aplicar un haz de luz fuerte a tus ojos o algo así…”

Oyendo la voz de Yatori, Kusu apareció, saliendo de su canasto (preparado por el hotel para que durmiera un espíritu) junto a la cama. Como si fuera inmune a los problemas que implicaban el despertarse, rápidamente salió del canasto y habló.

“Buen día, Yatori y Shia. Creo que Ikta sigue medio dormido, ya que parece que consiguió la compañía de algunas mujeres durante la noche pasada.”

“Está bien, Kusu, eso no es excusa suficiente. Aguántate y ya despierta, macho obsesionado con el sexo… La señora de antes parecía estar casada; no te atreverías a ponerle la mano encima a una mujer así, ¿verdad?”

“Fataah es viuda, ¿sabes?… también está separada de sus dos hijos, así que es una temporada muy solitaria para ella.

“El arte de perseguir mujeres mayores tiene sus trucos, ¿no es así? Si no tienes cuidado, sus hijos resultarán mayores que tú. Quiero decir, ¿siempre crees sin reservas lo que te dicen esas señoras? ¿No pudiste ver el dolor en sus ojos antes?

Sin responder, Ikta salió lentamente de la cama mientras se ponía una camisa que estaba doblada bajo su almohada.

“Hoy también hace calor… Y de verdad quería quedarme en cama hasta que anocheciera… Haaah.”

“Si sigues medio dormido, entonces lee esto. Te despertará mejor que si mojaras tu cara con agua helada.”

Yatori sostuvo una edición extra de un periódico que se vendía afuera frente a los ojos de Ikta, que lanzaba un gran bostezo.

“El Comandante Hazaag Rikan está muerto… Con esto, la Provincia Oriental  ha caído por ocmpleto en manos de la República de Kioka.”

Aún el joven se quedó sin nada ligero que decir, mientras miraba intensamente el periódico en sus manos.

 

Volvamos poco menos de un mes en el tiempo. Ikta y los otros, los seis juntos, habiendo logrado regresar al Imperio desde territorio de Kioka, donde habían llegado en su bote; luego de permanecer bajo los cuidados de los soldados de la frontera, fueron llevados a la base militar en la retaguardia. Ahí, fueron recibidos por el Comandante en Jefe de la Fortaleza Oriental, Hazaaf Rikan en persona.

“¡Su Alteza, Princesa Chamille! ¡Gracias a Dios que está de vuelta y a salvo!”

La Princesa hizo su aparición en el edificio de los cuarteles imperiales; y junto a los soldados que no estaban en comisión, el Teniente General Rikan se hincó celebrando el regreso a salvo de la aristócrata. Rikan era un soldado de alta estatura y amplios hombros, con una barba y bigote perfectamente arreglado a la moda, como todo un caballero. Incluso mientras permanecía postrado, su cabeza estaba al mismo nivel que el de Su Pequeña Alteza, la Princesa.

“Levante la cabeza. Seguro tiene otras cosas de qué ocuparse, Comandante en Jefe; así que me dé la bienvenida en persona.”

Su Alteza, la Princesa, habiéndose cambiado a una blusa y una falda limpias, respondió a las reverencias de sus súbditos en un tono formal, poco apropiado para su edad. Incluso siendo el Comandante al mando de 10,000 hombres, él no era más que un súbdito más frente a esta jovencita. ¿A quién diablos había traído con ella? Él dio un buen vistazo a las cinco personas tras ella.

“Un barco que se dirigía al Examen de Oficiales Militares de Alto Rango se hundió, y Su Alteza, que estaba a bordo, se creía perdida. Nos contactaron hace días para informarnos de todo eso; ¡pero pensar que la deriva la llevaría hasta territorio de Kioka! Cuando recibí el mensaje desde la frontera, no creí que fuera posible.”

“Así es, considero punto menos que un milagro que haya podido volver de una pieza, como puede ver. Y eso se logró completamente gracias a la ayuda de las cinco personas detrás de mí. Debo mencionarle el nombre de mis héroes a usted, Teniente General, de mis propios labios.”

Mientras Su Alteza anunciaba sus nombres de uno en uno, el Teniente General Rikan perdió la compostura del rostro.

“Así que eso fue lo que pasó… Oh, jóvenes valerosos, hicieron bien en escoltar a Su Alteza hasta este punto. Si ustedes fueran mis subordinados, les daría una promoción a cada uno. Sin duda alguna este es un servicio del más alto mérito.”

Eran palabras de alabanza sin restricciones, pero la expresión de Su Alteza de pronto mostró cierta angustia.

“Sería muy bueno si pudiera hacer eso, pero… debido a que se vieron envueltos en mi mala fortuna, su Examen para Oficial de Alto Grado fue interrumpido. Me encantaría si usted pudiera hacer algo al respecto…”

“Hmm… Es cierto que el segundo Examen de Continuación Secundario ya se llevó a cabo… Y dado que no hay precedentes, es difícil hacer una promesa en firme. Pero comentaré las circunstancias al cuartel administrativo; ellos podrían hacer algunos arreglos especiales. Si es algo que Su Alteza desea, podría hacer que los enviaran allá desde esta línea de frente, con un simple trazo de mi pluma.”

“Eso sería grandioso. Lamento aumentar su trabajo, Teniente General, pero…”

“Se hará cuanto desee, ya que desaprovechar a estos jóvenes talentosos sería la peor pérdida en 100 años para nuestro país, ¿verdad?”

Yatori y Torway detuvieron en silencio el brillo en los rostros de Matthew y Haro, respecto a sus esperanzas de poder realizar el Examen de Oficiales Militares de Alto Grado. La persona restante debía ser cuidadosa de no mostrar su indiferencia, pero…

“Muy bien, Su Alteza. Con esto, creo que lo mejor es que regrese cuanto antes a la capital, y así tranquilizar a Su Majestad, el Emperador. Ya que estamos cerca de la línea de frente, dudo que sea muy seguro… Estoy consciente de que está exhausta, pero si enviamos algunos jinetes hay en la noche, usted podría cabalgar junto a sus héroes, y volver a salvo.”

El Teniente General Rikan habló cortésmente, aunque en un tono que no daba pie para negarse. Por supuesto, Su Alteza, la Princesa, no puso ninguna objeción.

Se decidió que los seis, con permiso para pasar el tiempo como quisieran hasta su partida, gracias a los arreglos del Teniente General, serían guiados a un salón de recepciones improvisado… Sin embargo, mientras los otros comenzaban a dirigirse ahí, Ikta Solork no se movió.

“¿…? ¿Qué sucede, Solork-kun? ¿Acaso no te sientes bien?”

El Teniente General se percató del hecho y se acercó. Ikta lo miró de forma extraña, con un rostro muy serio.

“Debería retirarse, Teniente General Hazaaf Rikan.”

“¿Qué?”

“Abandone la Provincia Oriental, y retire a las tropas restantes hasta el Fuerte. En este punto, no hay otra opción.”

Sobra decir, que tanto el Teniente General como todos los oficiales presentes se indignaron ante la drástica propuesta del joven. Los cinco que se dirigían al salón de recepción también se sorprendieron y miraron a Ikta.

“No digas esas cosas tan raras. Hasta que rechacemos a los soldados de la República, hasta lograr nuestra misión como Guarnición Oriental…”

“Los suministros que llegan desde la retaguardia ya no son suficientes, ¿verdad? La delgadez de sus mejillas no puede cubrirse con una barba, ¿sabe?”

Ante ese comentario tan preciso, el Teniente General Rikan llevó una mano a su rostro y se quedó sin palabras. Ikta siguió hablando.

“Si los oficiales aquí ya muestran una palidez en sus caras, el cansancio de los soldados debe ser mucho peor, ¿no? Me atrevo a decir, ¿no se están yendo como refugiados uno tras otro?”

“…”

“No hay forma en que la tierra que ha sido arrasada por los soldados de la Unidad Aérea pueda soportar al mismo número de soldados como hasta ahora. Cuando se retrasa una derrota definitiva por tiempo indeterminado, sólo se están desperdiciando en vano las vidas de los hombres y de los soldados… Esta clase de batalla no tiene sentido; ¿no debería ser usted quien mejor comprendiera eso?”

Ikta habló con voz cada vez más áspera, conminando una respuesta del Teniente General. Yatori, incapaz de permanecer en silencio, tomó a Ikta por el cuello y lo contuvo.

“¡Debes de saber tu lugar, Ikta! ¡Esto no es algo de lo que tú puedas opinar!”

“¿Mi lugar? Ahh, ese es exactamente el punto, ¿ves? El Teniente General-san no puede moverse porque ‘conoce muy bien su lugar’. ¿Por qué la Guarnición Oriental sigue peleando como una simple guarnición? ¿Por qué nos empeñamos en una guerra defensiva que no se puede ganar sin atacar? Esto, eso, todo… ‘Es porque son órdenes del Emperador’, ¿no es así?”

El joven gritaba. Claramente, lo que había dicho violaba un tabú. Yatori, sintiendo que podía llegar demasiado lejos, había inmovilizado su brazo con un doble candado y trataba de postrarlo en tierra; pero entonces, una voz inesperada dijo la última palabra.

“Yatori, no necesitas detenerlo. Yo lo permito; deja que diga lo que desee.”

Con esas palabras de Su Alteza, la Princesa, fue la primera vez que Yatori dudó de lo que escuchaban sus propios oídos. La Tercera Princesa Imperial de Katjvarna, esto es, la propia hija del Emperador, debería ser la primera que condenara el grosero exabrupto de Ikta.

En el momento en que Yatori (tan sorprendida como estaba) soltó la mano de Ikta, él perdió toda la compostura al momento de expresarse.

“Vamos a decirlo claramente: esta guerra está arreglada. Es el resultado de que el Imperio está tratando de deshacerse de la Provincia Oriental desde hace un buen tiempo, pero tratando de hacerlo de una forma en que las críticas de los ciudadanos no caigan sobre el Imperio.”

Su Alteza, la Princesa, mordió su labio y bajó la cabeza como si estuviera derrotada. Ikta, en el estado en que estaba en ese momento, ni siquiera se percató de ello.

“Originalmente, la Provincia Oriental era una tierra deshabitada, un territorio remoto de Kioka hasta hace unos 30 años, cuando se les arrebató en una guerra real. En ese tiempo, el Imperio simplemente sentía placer al incrementar su territorio; sin embargo, se volvió una carga muy pesada cuando llegó la hora de cultivar esas tierras que tanto trabajo había costado conquistar.”

“La provincia Oriental resultó ser una tierra más dura para vivir en ella de lo que el Imperio había pensado. Incluso tomando en cuenta la necesidad de cortar la selva tropical, los daños por inundación eran demasiados en comparación a otras áreas. Cuando las lluvias se prolongaban, los ríos se desbordaban, y los caminos y cosechas que tanto trabajo habían costado, terminaban anegados. Luego de eso, las condiciones sanitarias empeoraban, y las enfermedades se volvían algo de todos los días. Mientras, las áreas fuera de la Provincia Oriental, como regiones que avanzaban a pesar de las inundaciones, se sumaron como factor que hizo necesario el cultivo de la Provincia Oriental. Eso no era suficiente para el Imperio.”

“En comparación al gran capital invertido por el Imperio, los cultivos de la Provincia Oriental se retrasaban y no avanzaban. No sólo era que la siembra fuera una política nacional, sino que también era demasiado tarde para hacer volver a la gente que se había mudado a esa región. Para cuando se dieron cuenta, la Provincia Oriental, lejos de dejar alguna ganancia, se había convertido en una tierra que excedía con mucho sus estimaciones de pérdida de dinero.”

“Por supuesto que el Emperador y su Gabinete lamentaron la situación. Si así iban a resultar las cosas, mejor no hubieran tomado esas tierras desde el principio… Así que alguien entre ellos se dio cuenta de algo: ‘aún no es demasiado tarde… esta región tan problemático, ¿por qué no se la devolvemos a Kioka?’”

“Pero aun así, no había forma de que le entregaran el territorio a una nación enemiga incondicionalmente; no sólo los ciudadanos no lo aceptarían, sino que sería dolorosamente evidente de que lo que intentaban era pasarle la administración fallida de la región a otro país.”

“Temiendo a la crítica de sus ciudadanos sobre la pérdida de la Provincia Oriental, la Familia Imperial, sin más ideas, trató de desviar lo peor del enojo del público de una forma u otra. El medio que hallaron para ese propósito fue, de todas las cosas, ‘perderla en batalla’.”

“El escenario estaba puesto, ya que las tropas de Kioka, que venían de invasoras, recobrarían la Provincia Oriental una vez más. Si ese era el caso, la ira del público se dirigiría contra una nación enemiga y a la incompetencia del ejército, pero no dañaría mucho la dignidad de la Familia Imperial… Sin embargo, es un método retorcido que sólo se fija en las apariencias, y que en lo personal me disgusta mucho.”

Escupiendo esas palabras, Ikta miró intensamente al veterano oficial militar frente a él.

“Este escenario necesita de un sacrificio, porque es necesario ‘probar que la Familia Imperial y el Gabinete se toman en serio la guerra con Kioka’. Por tal motivo, la persona al mando de las líneas en el frente debe ser un General con una reputación bien conocida. Si dicho General famoso pelea a brazo partido hasta el amargo final, entonces los ciudadanos deben aceptar que la derrota era inevitable, ¿no cree?”

“…”

“No hay nadie mejor para ese desagradecido papel que usted, ¿no es así, Teniente General Hazaaf Rikan? En resumen, usted, quien recibió la orden implícita de ‘pelear y morir’ del Emperador, es el sacrificio definitivo para tapar los errores de la administración interna.”

“Aún después de recibir un trato tan indignante, ¿todavía pretende seguir portándose bien y cumplir con su papel?”

La voz de Ikta se hizo más brusca, urgiendo por una respuesta, mientras el Teniente General Rikan mostraba una breve y débil sonrisa.

“Solork-kun, de verdad agradezco que no seas mi subordinado. Me sentiría culpable de interferir con las regulaciones militares para permitir que un joven que se preocupa tanto por mi bienestar no fuera castigado…”

“…”

“Por supuesto que comprendo lo que dices; sin embargo, para un soldado, las órdenes de sus superiores son absolutas. Su Majestad, el Emperador, es la graciosa autoridad suprema para todos los soldados dentro del Imperio, lo que significa que posee el poder absoluto. Debo obedecer sus órdenes. El obedecer las órdenes de sus oficiales superiores es un requerimiento para cualquier organización militar.”

“Y yo comprendo que usted, como oficial comisionado, no quiere crear el precedente de ignorar órdenes… Sin embargo, el Emperador comete un error. Los grandes generales no se dan de forma espontánea en las tierras del Imperio. Si va a dejar que muera como un chivo expiatorio, sin atesorar a alguien tan valioso como usted, ¿acaso piensa que un país así tiene algún futuro?”

“No es el trabajo de un soldado hablar sobre el futuro, Solork-kun; ese es el papel de Su Majestad, el Emperador. Sus súbditos sólo debes saber cuál es su lugar, y dar lo mejor que puedan. Por ejemplo… bueno, en el peor de los escenarios, se podrían arreglar las cosas para que la mayor cantidad de soldados puedan regresar sin volverse prisioneros de guerra, cuando perdamos esta pelea.”

Ikta chasqueó la lengua ante las palabras del Teniente General Rikan, ya que le hicieron sentir que guardaban un significado oculto, por lo que miró a su alrededor.

“Ahh, si usted es el Comandante en Jefe, supongo que podría hacer un movimiento de ese estilo. Ya que el personal que queda de los Cuarteles Imperiales es demasiado poco. En realidad… no sólo todos se visten como soldados, sino que les toca el papel más duro. ¿Está dejando que los jóvenes con futuro brillante puedan huir rápidamente a la retaguardia, mientras usted toma la línea de frente?”

“El ejército de Kioka pronto lanzará un ataque. Si nos vemos superados por el enemigo y no podemos evitar el retroceder nuestro frente de guerra, entonces es cuando permitiremos una verdadera retirada. Detendremos el avance del enemigo en el Este, y entonces forzaremos que nuestras tropas que estén al Oeste se retiren… para lograr esa operación en dos etapas, de forma inevitable tendremos que hacer uso de nuestras cada vez más escasas fuerzas, y dividirlas aún más para hacer dos grupos. Si los soldados no son habilidosos, entonces no son los adecuados para el trabajo.”

“¡Si eso es lo que va a pasar cuando el ataque comience, en tal caso lo mejor sería comenzar a mover las cosas desde ahora! ¡De esa forma, no habría necesidad de realizar esa maniobra de dos etapas tan peligrosa; los esfuerzos del grupo frontal para mantener ocupado al enemigo se reducirían considerablemente, y como un bono, el mismo Teniente General podría sobrevivir sin exponerse a lo más duro de la batalla! ¡¿No es eso mejor bajo todos los puntos de vista?!”

“No puedo hacer eso. La protección de la frontera de la Guarnición Oriental fue una tarea asignada por Su Majestad, el Emperador. Si comenzáramos a retirarnos antes del ataque enemigo, entonces estaría renunciando yo en lo personal a esa tarea, como Comandante en Jefe.”

“¡Pues soporte la culpa de renunciar al deber; porque de todos modos, la Provincia Oriental será recuperada por Kioka! ¡El resultado es el mismo!”

“El proceso es diferente. Es obedecer las órdenes de Su Majestad mientras la recuperan, o escapar contra las órdenes de Su Majestad mientras las recuperan.”

Rikan sacudió de un lado a otro su cabeza. Ikta por fin perdió la compostura ante la infinita lealtad del Gran General.

“¡Por eso es que digo… ‘esa forma de pensar no es científica’!”

Tomando el uniforme del militar por las solapas con sus manos, Ikta sacudió el cuerpo del Teniente General, que era más alto que él por una cabeza. Ante el aire amenazador que uno no podría imaginar de su actitud normal, incluso las otras cinco personas, Su Alteza, la Princesa, y los demás, miraban cómo se daban las cosas con total asombro.

Cuando sus manos se dirigían sin pensarlo a sus bocas, el color de los rostros de los soldados cambió, como era de esperarse. Sin embargo, un instante antes de que los demás pudieran reaccionar, un rápido golpe fue propinado por Yatori en el costado de Ikta.

“…gah…”

Las rodillas de Ikta cedieron de repente después del golpe, el cual había sido menos suavizado que de costumbre. Sus debilitados dedos se separaron de las solapas, y Yatori aprovechó la oportunidad para cargar con él.

“Por favor, discúlpelo, Teniente General Riakn-dono… piense que todo lo que dijo fue sólo una broma y olvídelo, se lo suplico.”

Yatori inclinó profundamente la cabeza, con todo su fiero cabello rojo. Como si hubiera olvidado arreglar su desordenada solapa, el Teniente General miró directamente a ambos jóvenes… por fin, volteó a ver a uno de sus subordinados.

“Bien, Oficial Ordoff; por favor, muéstreles el salón de recepciones, con toda amabilidad.”

Siguiendo al oficial que había recibido la orden del Teniente General, los seis comenzaron a moverse y caminaron, con Yatori cargando en el hombro a Ikta al frente. En los ojos de los viejos soldados, tnaato el Teniente General como los demás, que los veían marcharse, la calidez y la melancolía coexistían.

“¿La historia tiene que repetirse? Bada Sankrei…”

Sus cinco amigos, que estaban a su lado, fueron los únicos que oyeron las palabras que dejó caer el joven.

 

“Ya veo, el Teniente General Rikan está muerto…”

Inclinando su cabeza hacia abajo, con los ojos cerrados, Haro dedicó una plegaria silenciosa. Los cinco se habían reunido, llamados por Yatori, en el lobby del hotel; y compartieron y evaluaron la noticia de la muerte del gran general.

“Enfrentando el ataque de Kioka, la fuerza de vanguardia, bajo el comando del Teniente General Riakn en persona, experimentó una casi total destrucción. Por el contrario, al parecer la mayoría de los soldados desplegados relativamente cerca de la retaguardia lograron escapar hacia la capital.”

“El Teniente General cumplió con su deber hasta el final”, dijo Torway con pesar. YAtori y Matthew arreglaron su postura en sus asientos y cerraron los ojos.  Rezaron de todo corazón por una vida posterior llena de bendiciones para los viejos soldados, perdidos en el campo de batalla.

Entre el grupo, Ikta, el único que mantenía una expresión de amargura, gentilmente acariciaba la cara de Kusu, a quien mantenía cerca de su pecho.

“Maldición, ¿no se lo dije?”

Un murmullo, mezclado con una maldición, escapó de los labios de Ikta, sorprendiendo a la camarera, que les traía el té. Junto a él, Yatori indiferentemente hizo un comentario, mientras llevaba la taza de té a sus labios con un movimiento fluido.

“¿Qué fue, exactamente, lo que le dijiste? ¿No estás siendo presuntuoso? ¿No pensarás que el estado de la guerra podría cambiar por tu opinión?”

Ikta o pudo responder nada. En su lugar, él vertió una gran cantidad de polvo blanco de la azucarera que adornaba la mesa, lo cual era distintivo de los hoteles de clase alta.

Haro, habiendo terminado su oración silenciosa, se sitió mareada por esta acción tan descarada.

“E-Esos granos blancos… ¿sería malo si pongo algunos en una bolsa y los llevo de regreso a casa? ¿Cómo un recuerdo para mis hermanos menores?”

Ella súbitamente pasó de la noticia solemne de la muerte a un tópico más ligero… De esa forma, las cinco personas, todos ellos excelentes jóvenes y señoritas, también aligeraron la atmósfera, pensando que no era apropiado que todo el lobby se deprimiera.

“Comprendo lo que sientes, pero eso sería de mala educación, ¿no? Bueno, la forma como Ikta lo está usando también lo es.”

“Incluso sin obsesionarse sobre estos granos blancos, también tendremos una recompensa por parte de la Familia Real, ¿verdad? Porque como quiera que fuera, escoltamos a casa a Su Alteza, la Princesa, desde una nación enemiga.”

Dijo Matthew, cuyo estómago había declinado por la aventura, pero lo había restaurado a su estado original gracias a las lujosas comidas del hotel. Mientras dejaban pasar el tiempo sin un propósito fijo, Yatori dejó escapar un suspiro.

“En vez que un suministro por un año de azúcar de alta calidad, sólo hay algo que quiero como recompensa: un examen de recuperación.”

“E-Eso no debería ser problema, ¿no? No fue nuestra culpa que el barco se hundiera.”

“Sería genial si las cosas salen bien, pero el número de peticiones exitosas para el Examen de Oficiales de Alto Grado es fijo todos los años. Sería bueno que no todos los puestos hubieran sido llenados. Aargh, esto es estar medio muertos, ¿saben?”

Quizás su nerviosismo se había reducido al vivir por cerca de un mes en el hotel, pero no había tanto ambición en la voz de Yatori como la que existía al momento del hundimiento del barco.

“No, no. Ya he pensado mucho en ello mientras vivíamos aquí, y verás, es mejor si nos contactan lo más tarde posible.”

Comentó Ikta con voz despreocupada, mientras bebía el té, endulzado con una cantidad exagerada de azúcar. Este hombre, que emitía un olor a perfume de mujer por todo el cuerpo, era el que, sin duda, disfrutaba más de su estilo de vida actual.

“Hablando de eso, ¿qué se ha decidido que obtendrás un trabajo en la biblioteca aquí? Los gastos de viaje no son baratos, ¿no es así?”

Considerando que Ikta no tenía ninguna prisa por presentar su examen, Yatori, con resolución inalterable, no tenía la menor intención de dejar de lado su contrato previo. Aun así, no pudo evitar que en su voz se adivinara un dejo de resentimiento.

“Además, mis gastos para vivir también serán más bajos, antes de tener que entrar a una casa de asistencia.”

Dijo Ikta, desechando el acuerdo sin pena. Yatori maldijo la ingenuidad que mostró en el pasado. Quizás debió golpearlo en el estómago con más fuerza; si lo hubiera hecho, entonces todo se nivelaría con los gastos médicos.

Mientras continuaban su cháchara en una atmósfera relajada, de repente se dejó sentir una presencia que se aproximaba con un propósito. Los cuatro (menos Ikta) enderezaron las espaldas. Quienes se aproximaban a ellos con pasos regulares eran tres oficiales de la corte imperial, vestidos con imponentes ropas formales.

“Yatorishino Igsem, Matthew Tetdrich, Ikta Solork, Torway Remeon, Haroma Bekkel. Ustedes son los cinco que hemos nombrado, ¿correcto?”

Todos respondieron asintiendo. El oficial de más edad aclaró su garganta tosiendo.

“Hay un artículo que les ha sido enviado hasta su lugar de residencia por el Comandante de la Guarnición Oriental, el fallecido Teniente General Hazaaf Rikan.”

Mientras hablaba, los soldados más jóvenes, que permanecían a la espera a ambos lados, dieron un paso al frente. Llevaban un paquete largo y delgado, envuelto en una tela roja. Manejándolo con cuidado, lo pusieron sobre la mesa y en silencio abrieron el envoltorio.

“¡¿Ah?! ¡¡Mi rifle de aire!!”

Matthew con regocijo voló hacia su amada arma. Un instante después, Torway tomó en sus manos su propis rifle de aire, que era dos grados mejor que el estándar; mientras Yatori tomaba calmadamente en sus brazos su sable y su daga auxiliar. Sus armas favoritas, que ya se habían resignado a no volver a ver jamás, habían vuelto. Sus brazos temblaron por el peso del acero y de la nostalgia.

“Voy a leer el mensaje del Teniente. ‘Ya que el globo cayó en el océano en el lado del Imperio, afortunadamente fuimos capaces de recuperar sus pertenencias. No sólo se las devuelvo con toda humildad, sino que los confío el futuro del Impero a ustedes, jóvenes héroes’.”

Todos ellos enderezaron su postura y escucharon con atención. Más que un mensaje, eso parecía el contenido de un testamento.

‘Aunque soy un soldado veterano, mi voluntad no morirá. Rezo, desde el reino de la muerte, porque la suerte y la fortuna de la guerra estén con ustedes’ “Eso es todo”

Sin que nadie les dijera nada, todos ellos de forma espontánea se pusieron en pie e hicieron una reverencia al gran comandante que ya no estaba en este mundo. Aún Ikta, siendo tan retorcido como era, no era inmune al respeto que merecía alguien que había cumplido con su misión y caído en una muerte honorable.

“Muy bien, ahora pasemos a la ceremonia verdadera. Un carruaje tirado por caballos los espera afuera, así que por favor abórdenlo después de dejar sus armas en el hotel. Vengan adecuadamente vestidos, de modo que no se sientan avergonzados al estar frente a la nobleza.

La luz volvió a los ojos de Yatori. Ahora, comenzaba a soplar un viento nuevo, haciendo que el globo que parecía estar detenido en ningún sitio comenzara a moverse.

“Súbditos, por favor, contengan sus lágrimas ante el privilegio de esta audiencia. Su Majestad, el Emperador Arshankrut Kitra Katjvanmaninik, los espera en el palacio.”

Dentro del carruaje tirado por caballos que avanzaba por un jardín magnífico de eterno verdor, cada uno de los cinco seguía sus propios pensamientos.

“O-Oye Torway, s-si recuerdo bien, cuando tengamos la audiencia no podemos ver a los ojos de Su Majestad, ¿verdad? También es mala educación hablar directamente con él sin pedir la ayuda de un asistente, y aclarar tu garganta o estornudar también está absolutamente prohibido, y también… este…”

“Maa-kun, todo estará bien, así que cálmate. Cuando entres a la presencia de Su Majestad, arrodíllate, y después, sólo responde cuando él te pregunte algo. Ya que los modales dentro de la corte Imperial no están regidos por una ley, nadie nos dirá algo cruel para nosotros. Digo, vamos ahí para que nos recompensen, ¿no es así?”

El más fácil de entender, y el que más temblaba, era Matthew, cuya redonda cabeza volteaba frenéticamente y se ponía roja o azul sobre su camisa, que había sido abotonada hasta el último botón, contra su voluntad. Torway no tenía el tiempo de gastar sus energías preocupándose por sacarlo del estado en que estaba.

“Bien… está bien… Ilf, Shouka, Echiri… su hermana mayor… pueden confiar en su hermana mayor, así que…”

Mientras murmuraba los nombres de sus hermanos menores, Haro había adoptado una posición de una persona rezando. En el lado contrario, sólo Yatori, que palmeaba su espalda, estaba tan tranquila como de costumbre. La familia Igsem había recibido la visita de Su Majestad, el Emperador, y en su caso, hoy no sería la primera vez que lo viera frente a frente.

Sólo quedaba Ikta Solork. Desde que dejaron el hotel, había dejado casi de hablar, como si se hubiera vuelto una persona diferente. Pero uno no podía descuidarse. Viéndolo con los ojos de Yatori, que lo conocía desde hace mucho tiempo, había más indicaciones de mal humor que de nerviosismo.

‘Vamos a darle una advertencia’, decidió Yatori mientras miraba su perfil inexpresivo.

“Ikta, te digo esto seriamente; durante la audiencia, sólo responde aceptablemente aquello que te hayan preguntado. No importa quién soy yo, me rehúso a responder por ti en presencia de Su Majestad.”

“Ya entendí. Es sólo que me duele el costado, y que estaría sufriendo en mi cama bajo circunstancias normales.”

Para el joven, era una respuesta sin la viveza habitual. El carruaje se detuvo, concluyendo su viaje.

Los guardias externos del palacio les indicaron que descendieran, y los cinco finalmente se pararon en la tierra sagrada, donde residía la nobleza.

Lo que primero captó su atención fue el enorme edificio, construido con una gran cantidad de piedras opalescentes.

“Imposible… ¿Es el Sagrado Templo Blanco?”

Las pupilas de Yatori se dilataron… ya que cuando Su Majestad recibía a invitados, existían tres edificios en el palacio de Banhataal. Estaba el Templo de Arena Amarilla, dedicado a encuentros con invitados de naciones extranjeras; el Templo Verde Profundo, dedicado a la recepción de los reportes de los administradores; y el Sagrado Templo Blanco, dedicado a homenajear a aquellos que le hubieran prestado un gran servicio a la Casa Imperial.

El que estaba situado más cerca del Palacio Imperial, en otras palabras, la mansión donde la Familia Imperial vivía regularmente, era el Sagrado Templo Blanco, ante el cual estaban Yatori y los demás. Los únicos que podían tener una audiencia con Su Majestad el Emperador en este recinto, eran los vasallos principales, que habían dado un muy grande servicio al Imperio. El peldaño más alto para un soldado, el campo de promoción para los Mariscales, se llevaba a cabo aquí.

“Por favor, síganme.”

Guiados por la chambelán, quien vestía largos ropajes ceremoniales, los cinco entraron al Sagrado Palacio Blanco. Incluso el ánimo de Yatori había descendido por el nerviosismo. No importaba si habían salvado a la Princesa, esa era la obligación de cualquier persona ordinaria, aunque no tuviera ningún rango oficial. Todo lo que podía pensar es que, incluso si les concedieran una audiencia, era algo que podía llevarse a cabo en el Templo Verde Profundo.

Como una revisión final antes de llegar a Su Presencia, las mucamas arreglaron la apariencia de cada uno de los cinco. Cuando concluyeron que ya no había nada que pudiera ser causa de problemas frente a Su Majestad, los soldados guardaespaldas, que fungían como sus escoltas, y que eran los únicos que podían portar espadas, lentamente abrieron las puertas de la cámara interna.

Al final de una larga alfombra color dorado, el gobernante del país reposaba en su trono.

“Yatorishino Igsen, Matthew Tetdrich, Ikta Solork, Torway Remeon, Haroma Bekkel. Las cinco personas mencionadas anteriormente se presentan ante el llamado de Su Majestad, el Emperador.”

Tan pronto como dio este reporte, la chambelán en jefe, que los había precedido hasta ahora, se retiró hacia un lado y sólo los cinco jóvenes hombres y mujeres permanecieron frente a Su Majestad. Las miradas de los nobles los presionaban a sus espaldas, como un peso enorme sobre los cinco, que permanecían con una rodilla en tierra.

“Chamille, el servicio que te prestaron estos cinco, dilo tú misma.”

La voz grave y seca llamó a su hija. Ante esto, Su Alteza, la Princesa Chamille salió desde elfrente de la línea de asistentes, vestida con un sari blanco. Parecía que la fatiga del hundimiento se había curado por completo durante este mes, y con su largo cabello rubio habiendo recobrado todo su esplendor, era como una flor solitaria, floreciendo en el edificio del templo.

“Voy a hacer mi reporte, Padre… Primero, el servicio de salvar de una muerte inminente a mi persona, quien había sido arrojada al mar por las sacudidas que se dieron durante el hundimiento, a causa de una tormenta, del barco que se dirigía hacia el Examen de Oficiales Militares de Alto Rango. Segundo, el servicio de forzar al enemigo a retirarse y la valentía de arriesgar la propia vida en el momento en que estuve a punto de ser capturada por soldados de la República de Kioka. Tercero, el servicio de alejar mis simples preocupaciones para finalmente escoltarme a través de la frontera nacional, poniendo todo su ingenio a trabajar, debido al infortunio de haber sido llevados a la deriva al territorio de la República, hasta donde encalló nuestro bote después del hundimiento.”

Su Majestad asentía levemente al oír los varios servicios que la princesa recitaba, mirando las figuras de los honorables jóvenes y jovencitas.

“Gracias a sus servicios, mi hija, que es heredera de 900 años de la sagrada sangre de la Casa Imperial, ha regresado a sus raíces sin haber sido capturada por los salvajes de Kioka. Ustedes protegieron a una de mis descendientes, lo que esencialmente equivale a proteger al Imperio. Por tanto, jóvenes soldados de la defensa de nuestra nación, los recompensaré generosamente con medallas honoríficas. Levanten sus cabezas.”

Al recibir el permiso, los cinco elevaron sus rostros tímidamente. Entonces, pudieron ver a la persona que llevaba el papel de gobernante de su país natal, viéndolo a corta distancia por primera vez.

El Emperador no era muy viejo; debía tener apenas por arriba de los 40 años, y estar en la flor de su madurez… pero en vez de ello, su figura daba la impresión de ser un enorme árbol muerto. Los huesudos dedos de ambas manos, la piel cuya resequedad era cubierta por varias capas de aceite perfumado, su cabello rubio que se había convertido en un ocre sin tono ni brillo, todo ello indicaba la decadencia de su mente y de su cuerpo, sin intención alguna de ocultar nada de ello.

El árbol muerto, con una corona sobre su cabeza, aferrándose tan sólo a su dignidad, lentamente levantó su brazo derecho.

“YAtorishino Igsen, Matthew Tetdrich, Ikta Solork, Torway Remeon, Haroma Bekkel, a estas cinco personas, el día de hoy, en este momento, les otorgo el título de ‘Caballeros Imperiales’.”

Se produjo un largo silencio. Las palabras del Emperador no eran asimiladas por las cabezas de los cinco tan fácilmente.

“¿…Caballero Imperial…? …Umm, en otras palabras… ¿nos concede un título…?”

En ese momento, olvidando su nerviosismo y el decoro, la redonda cara de Matthew resplandecía de regocijo. Junto a él, Torway abría desmesuradamente los ojos, como si hubiera visto un fantasma a plena luz del día. Sólo Yatori permaneció impávida.

No era extraño que los cinco dudaran de lo que acababan de escuchar. El título de “Caballero Imperial”, normalmente, era una de los honores supremos que sólo se daban a Oficiales Militares de Alto Rango con enormes servicios prestados durante tiempo de guerra. La gente que recibía esto, a pesar de ser un honor reservado para una sola persona, y que no podía ser heredado por los descendientes, era ‘subir a esa persona al primer escalón de la nobleza’.

La nobleza, bajo el sistema de clases Imperial, existía con el propósito de seleccionar a los jóvenes con linajes influyentes, para que se relacionaran con la Familia Imperial a través del matrimonio; y como regla general, uno no podía convertirse en noble si venía de las clases bajas. Prácticamente la única excepción a esta regla era conferir el título de “Caballero Imperial”, y esto traía consigo muchos beneficios. Un aumento considerable en la pensión, una voz más influyente en asuntos políticos, permiso para atender las reuniones en la Casa de los Nobles… más derechos de lo que podían aguantar sus jóvenes personas habían caído sobre sus hombros.

Por tanto, Yatori y Torway no podían sentir sólo regocijo.  Incluso si su servicio había sido la salvación de la Tercera Princesa, esta era a todas luces una recompensa excesiva, que parecía haber dejado a Torway completamente confundido, al grado que no podía hacer otra cosa que cruzar los brazos con nerviosismo. ¿Por qué dejar que pasen las cosas sin sospechar que tienen un lado oculto?

Sosteniendo a Haro, que se había desmayado de shock, Yatori con indiferencia miró de reojo detrás de ella… No había color en el rostro de Ikta Solork, mientras sus manos empuñadas temblaban incontrolables.

‘De una forma u otra está reprimiendo el impulso de saltar y estrangular el cuello de Emperador’, es el sentimiento que llegó hasta Yatori. Estaba segura de estar en lo cierto.

Cuando los arreglos del otorgamiento de los títulos estuvieron terminados, el Emperador se reclinó sobre el trono como si estuviera completamente exhausto. La chambelán en jefe se encargó de todo a continuación. Los detalles referentes a la preparación de los ‘Caballeros Imperiales’, y el resultado del Examen de Oficiales Militares de Alto Rango, que había sido interrumpido por todo el incidente. Aquí, les fue anunciado que habían pasado el examen a raíz de las circunstancias excepcionales. Sin embargo, como el anuncio fue después de que les hubieran otorgado los títulos, tanto su sorpresa como su alegría fueron menores.

Su inesperada audiencia terminó sin ninguna indicación, y los cinco fueron conducidos fuera de la cámara interna, antes de que cualquiera de ellos pudiera asimilar completamente la situación.

Con Yatori a la cabeza, sosteniendo a la desmayada Haro, los cinco abandonaron el Sagrado Templo Blanco. Afuera, frente a dos carrozas cerradas tiradas por caballos, la Princesa, enfundada en su sari blanco, los esperaba.

“Su Alteza Chamille…”

“Estoy segura que todo esto fue un problema. Pro por favor, vengan conmigo por un rato más. A partir de este momento, habrá una ceremonia celebrando que se les han conferido títulos.”

Haciendo esa declaración, Su Alteza, la Princesa, abordó el carruaje de la izquierda un paso delante de ellos.

“Nos separaremos en grupos de tres. Yatori y Solork, suban conmigo aquí; los demás en el otro carruaje.”

Era una separación llena de significado. Todos abordaron como les habían indicado, y los carruajes comenzaron a moverse. Como eran tres personas en un espacio diseñado fácilmente para seis, Su Alteza, la Princesa, dentro de la cabina cerrada del carruaje, inició la conversación.

“No importa lo que digamos aquí, el cochero no puede escucharnos. Ya no necesitas contenerte más, Solork.”

La princesa habló como si hubiera adivinado los pensamientos más profundos de Ikta. Él abrió las manos, que había mantenido empuñadas todo el tiempo, exhaló un magnífico suspiro, y se llevó las manos al negro cabello.

“Realmente lo ha logrado, Princesa. Ha arruinado total y completamente mi plan de vida, ya que (incluso si se voltearan el cielo y la tierra), lo último que yo deseaba ser era un soldado.”

Se quejó el joven que seguía siendo una persona ordinaria hasta hace apenas una hora… Sí, Ikta ya era un soldado.

Y no era porque hubiera pasado el Examen de Oficiales Militares de Alto Rango por circunstancias especiales; a fin de cuentas, éste sólo era la aprobación para entrar al ejército como un cadete avanzado; y el interesado siempre podía rehusarse si así lo quería. Pero sólo bajo circunstancias normales.

El problema aquí era el otorgamiento del título de ‘Caballero Imperial’. El título conferido era una orden del emperador, disfrazada de una recompensa. En vista de que él era un plebeyo, no era algo que pudiera rechazar. Y lo que era aún más problema, el título implicaba enlistarse al ejército, ‘lo quisiera o no’. El razonamiento era simple: ‘un Caballero no puede no ser un soldado’.

“Ya que me convertido en un soldado, ya no puedo desafiar más las órdenes del ejército. En este punto ya no es una ‘autorización’ para avanzar a la Academia de Oficiales Militares de Alto Rango, sino una orden. …El puesto de bibliotecario en la Biblioteca Nacional por el que trabajé con ahínco ahora ya no vale nada. Ya no tengo energía ni para enojarme por ello.”

Encontrado la amplitud de espacio como algo conveniente, Ikta dejó caer la parte superior de su cuerpo sobre el asiento. En la expresión de Su Alteza, la Princesa, que miraba con atención a este joven mientras trataba de mantener la compostura con un rostro pálido, se adivinaban leves sentimientos de culpabilidad.

“Su Alteza, estamos muy agradecidos de haber recibido este honor tan inmerecido. Sin embargo, ¿no es algo completamente inusual?”

Yatori expresó lo que sentía. La Princesa permaneció en silencio, escuchando con atención.

“’Caballero Imperial’, como su nombre implica, debería ser un título otorgado únicamente a soldados que han realizado un gran servicio en guerra. ‘Caballero’ es una condecoración que se da a los soldados, así que las personas a las que se da el título de ‘Caballero’ es porque ya son soldados, así que se ha invertido el orden. Por lo que sé, no hay un precedente de conferir un título así.”

“No hay precedentes. Por tanto, se ha creado uno con ustedes.”

“Su Alteza…”

“¡Yatori, te lo ruego, no me mires con esa crítica en los ojos! Claro que yo apoyé la idea; sin embargo, el conferirles este título no salió de mí, sino que fue el deseo de todos los miembros del Gabinete de Katjvarna.”

Mientras permanecía recostado, Ikta atacó las débiles defensas de Su Alteza, la Princesa.

“Aunque en realidad fuera un juego arreglado, si los ciudadanos son testigos de la caída del Fuerte Oriental, eso no es otra cosa que una ‘batalla perdida’. Su odio se dirigirá hacia Kioka, pero algo de ello también irá hacia el ejército, ya que la naturaleza humana siempre tiene esa inquietud, ¿no?”

“…”

“A quienes quieren tener en este momento es a ídolos que inspiren esperanza en los ciudadanos… en resumen, héroes.”

La princesa suspiró. La certeza de las suposiciones de Ikta era contundente; aún más que eso, era aterradora.

“Es correcto. El momento de nuestra vuelta a salvo resultó ser demasiado conveniente. Jóvenes cadetes militares regresan a casa con la Tercera Princesa, que se había perdido en Kioka en vísperas de que ellos recuperaran la Provincia Oriental. En medio de los infortunados reportes de la guerra perdida, esta noticia fue como un rayo de esperanza para los ciudadanos. El gobierno no tuvo otra opción que echar mano de ello.”

“Aah, ¿con que sí era eso? Supongo que la realeza tiene el privilegio de jugar con las vidas de los ciudadanos ordinarios.”

El sarcasmo de Ikta, carente de todo humor, se había convertido rápidamente en una espada formada con palabras.

“De cualquier forma, se supone que nosotros somos los héroes que reavivarán los corazones de 20 millones de personas en el Imperio… Bueno, dejemos eso a un lado por el momento. Por mucho que eso me moleste, no es como si la orden imperial fuera a cambiar si comienzo a quejarme por ello. Lo que le quiero preguntar desde hace tiempo es algo completamente distinto.”

“Oiga, Princesa, ¿qué infiernos es lo que usted quiere al acorralarnos de esta forma?”

Levantando la parte superior del cuerpo, Ikta llegó al meollo del asunto.

“Eso es lo que me ha estado molestando desde el principio; ¿qué estaba haciendo alguien como la Princesa en el barco que se dirigía al archipiélago Hirgano? Incluso alguien tan sofisticado como yo no puede imaginar ni una simple buena razón para que usted estuviera ahí.”

“E-Eso era parte de asuntos oficiales. En vista del deterioro del estado de la guerra con Kioka, queríamos dar ánimos a los cadetes militares que llevarán la carga del futuro de esta nación…”

“Si su comportamiento hubiera sido tan inmaduro como su edad, no tendría problemas en aceptar esa fachada para sus verdaderas intenciones… Pero ya es demasiado tarde para eso. Por la razón que sea, ya nos ha demostrado mucho de su inteligencia, ¿ve? No sólo yo, sino que Yatori y Torway también percibieron que usted, Princesa, se estaba reservando algo para sí misma… ¡Kusu, haz de luz fuerte!”

Kusu, que estaba en brazos de Ikta, bañó a Su Alteza, la Princesa, con una luz poderosa, como si quisiera iluminar los secretos al interior de su corazón.

“Ahh… Basta, Solork… Es muy brillante.”

“Voy a decir de una vez la verdad. Cuando nosotros, hombres y mujeres jóvenes que apenas comienzan y con un gran potencial de éxito, respondimos la llamada de cuidar a la Princesa… es obvio que sólo estamos siendo usados como conexiones en espera de una ganancia en un futuro distante.”

Tanto si era o no la respuesta al otorgamiento del título de ‘Caballero Imperial’, Ikta estaba siendo muy sádico con sus críticas a la chica. Sin embargo, no parecía que la princesa dejaría que su compañero tomara el papel principal por siempre.

“¿Es ese cinismo algo que aprendiste de tu padre, Ikta Solork… no,  ‘Ikta Sankrei’?”

En ese momento, el joven dejó de parpadear. Hizo que Kusu apagara la luz con un gesto de su mano, y miró con intensidad a su acompañante.

“¿Así que el orgullo de la Familia Imperial, la Unidad Central de Inteligencia, no necesita ni un mes para investigar la historia personal de alguien?”

“El único que puede desplegarla es el Emperador reinante. Yo no puedo usarlos, y tampoco hubo necesidad de ello en esta ocasión. Excelencia en inteligencia, tacto y efectividad en momentos de emergencia, el poder fingir el acento de un ciudadano de Kioka que desertó del Imperio, y sobre todo, tu actitud amenazadora contra el fallecido Teniente General Rikan, mientras le pedías el retiro de todo el ejército, desafiando la orden del Emperador. Al reunir esas pistas hasta ahora, fue más que suficiente para que tuviera cierta sospecha.”

Habiendo recuperado el control de la conversación, la princesa volteó con una mirada de disculpa hacia Yatori.

“Debo disculparme contigo, Yatori. Con el objeto de investigar el pasado de Solork, negocié con la familia Igsen sin consultarte, ya que, al observar la confianza mutua que se tienen, parecía que había muy pocas cosas que se ocultaran ustedes dos.”

“¿Mi padre le habló sobre eso…?”

“Trató de negarlo; sin embargo, tuvo que decírmelo, ya que se lo ordené con el poder del Estado. Cuando escuché la verdad, luego de forzarlo de esa forma, la fuerza de su relación me pareció cada vez más y más misteriosa.”

Había un dejo de confusión en los ojos de Su Alteza, la Princesa, donde no había evidencia de que el misterio fuera a aclararse.

“A pesar de ser anteriormente un formidable comandante, tuvo el deshonor de ser catalogado como un ‘criminal de guerra’ por desobedecer órdenes en medio de una operación, antes de encontrar su fin en prisión durante el periodo de post-guerra en la campaña militar previa contra Kioka. Comandante en Jefe del Ejército Imperial, General Bada Sankrei. Y tú eres el hijo que dejó como legado, Ikta.”

Frente a la carta de triunfo desplegada por Su Alteza Chamille, Ikta desvió la mirada como si estuviera molesto.

“Claro que no nací de un árbol; quiero decir, incluso Ikta-kun tiene padres. El hombre que proveyó la pequeña semilla para mi nacimiento pudo haber tenido ese nombre, ahora que lo pienso.”

‘Aunque parecía retorcido, ahora no es más que infantil’, es lo que pensó la princesa cuando recuperó el papel principal. Ya que era algo que sentía que le había arrebatado desde que lo conoció, también sintió que, de alguna forma, estaba recuperando su orgullo junto con el protagonismo; y sin darse cuenta, se volvió más y más arrogante.

“¡Aun hay más! La persona a la que llamaste ‘tu maestro’, que fue el primero en predicar esa forma de pensar a la que llamas ‘ciencia’, ¿no es el anciano profesor que desertó del Imperio a la República de Kioka el año pasado, Anarai Kahn, ‘el blasfemo’? Parece que él era un antiguo amigo de Bada Sankrei.”

“Aunque creo que el viejo tomaría como un cumplido el apodo de ‘el blasfemo’.”

“¡Y todavía no acabo! El acento de Kioka fue algo que aprendiste de tu madre, ¿no es así? En la hora de la victoria, escuché que una hermosa mujer, a quien el decadente Emperador reinante había mandado llamar a su harem desde Kioka, le fue entregada al General Bada como parte de su recompensa por sus servicios distinguidos en la guerra. Su nombre, si no recuerdo mal, era Yuuka Sankrei, ¿no?”

La luz de la razón desapareció de los ojos de Ikta, y extendió rápidamente su mano derecha, tomando a la princesa por el cuello. Esta vez, incluso empujó a un lado con su mano izquierda a Yatori, que de inmediato se había movido para detenerlo.

“Trata de decir un insulto más sobre mi madre, y te estrangularé hasta la muerte con estas manos.”

Ikta miró a la princesa con una expresión asesina que raramente había mostrado. No duró mucho; la soltó en cuanto Yatori recuperó su postura… Sin embargo, había sido suficiente. El incidente, que apenas había durado unos segundos, quedó grabado en la inmadura chica, como el temor de ‘ser odiada por alguien’.

“Esta es una conversación muy incómoda. Si eso sucede, entonces yo también tendré que estrangularte.”

Mientras escudaba a la princesa a sus espaldas, quien permanecía en estado de shock, Yatori lanzó la advertencia con voz baja. Ikta, ya tranquilizado, levantó ambas manos, demostrando que no tenía intenciones violentas, lo que contradecía su comportamiento anterior.

Con eso, su conversación se interrumpió. Bajo los cuidados de Yatori, la respiración de la princesa por fin regresó a la normalidad. El carruaje, que había llegado a su destino, detuvo su marcha. Ikta fue el primero en abrir la puerta y bajar de la cabina de pasajeros.

Aunque había pasado un tiempo considerable, aún estaban de alguna forma dentro de los jardines. Los habían transportado hacia el este a una plaza adecuada para un banquete de celebración. Dentro del jardín, adornado con alegres flores completamente abiertas, se alineaban varias mesas con una comida lujosa, completamente distinta a la de la fiesta de graduación  de la Academia; y militares de alto rango, así como nobles con bebidas en una mano, estaban entretenidos conversando.

“Ahh… Gracias a Dios, el banquete de celebración en verdad es de primera categoría. Con esto me siento un poco mejor, ¿sabes?”

“Espera, Ikta; Su Alteza aún…”

Si tomar en cuenta el pálido rostro de la princesa, Ikta localizó a Matthew y los demás parados en un sitio ligeramente alejado, y comenzó a moverse para encontrarse con ellos. Por supuesto, la voz de Yatori llevaba una crítica implícita.

Manteniendo su espalda hacia ellas, el joven habló con voz seca.

“Oye, Yatori; pasaste el Examen de Oficiales Militares de Alto Rango, y eso vino junto al título de ‘Caballero Imperial’, que está muy por encima de sólo ser el mejor de la clase. Seguro que hay algunos puntos no tan satisfactorios, pero si mides los pros y contras, el día de hoy es, sin duda alguna, uno que puedes celebrar, ¿no es así?”

“…”

“Por el contrario, ¿qué hay de mi parte? Todo eso también me pasó a mí, ¿ves?, y este es, sin duda, uno de los peores de mi vida. Entre este y el día en que perdí a mi madre, es difícil decir cuál es menos malo. En todo caso, y a pesar de que era lo último que hubiera deseado para mi vida, me convertí en tres cosas el día de hoy: un noble, un soldado y un héroe.”

“En un día así, y mientras dure, tan sólo voy a beber hasta que ya no sepa de nada más. Es lo único en lo que puedo pensar.”

Terminando su discurso con una voz temblorosa, y sin voltear a ver ni siquiera una vez a Su Alteza, la Princesa, Ikta por fin se alejó.

De todas formas, no existían palabras en este mundo que hubieran podido detenerlo.

 


Notas de la traducción: 

[1] Escrito como “luz brillante”, leído como “camino” o “recta”.

[2] Método antiguo de contar, en donde a los recién nacidos se les considera como tener un año y aumentan de año en cada año nuevo.

[3] Escrito como “Árbol de espíritu eterno”, leído como “Katovanniniku” (Kartjvanmaninik).

[4] Escrito como “rol de tsukkomi”, leído como “Yatori”. Hace referencia al dúo clásico de comedia: el boke y el tsukkomi.

[5] Escrito como “Espíritu”, leído como “compañero”.

[6] Escrito como “país”, leído como “madre tierra”.

[7] Escrito como “prisioneros de guerra”, leído como “esta”.

[8] Escrito como “imperio”, leído como “nuestra”.

[9] Escrito como “cama de estilo colgante”, leído como “hamaca”.

[10] Escrito como “cámara de aire”, leído como “domo”.

[11] Escrito como “Espíritu de fuego”, leído como “Shia”.

[12] Escrito como “amo”, leído como “a mi”.

[13] Escrito como “aire ascendente”, leído como “gas”.

 


 

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