Capítulo 3: Los perros guardianes de Katjvanmaninik.

 

Capítulo 2Índice – Capítulo 4


 

Dentro de la Base del Ejército Imperial en la Capital, está la Academia de Oficiales Militares de Alto Rango. Es una instalación de prácticas localizada a unos 30 kilómetros de la capital, Banhataal. En estos tiempos, el Imperio de Katjvarna ha adoptado un sistema de soldados voluntarios, y más de 4000 soldados exclusivos están estacionados en la Base del Ejército Imperial de la Capital durante tiempos de paz.

“¡Corran con todas sus fuerzas! ¡Ya sean reclutas o generales, no voy a aceptar soldados débiles!”

Una voz histérica detrás de ellos ascendió hasta el cielo sin nubes. En todos los tiempos y países, los ‘instructores’ en las instalaciones del ejército son considerados, básicamente como ‘demonios’. Según ellos, el entrenamiento de los subordinados, consistía en tomar los prometedores tesoros que los nuevos reclutas encerraban en el interior de sus pechos (principalmente, las ingenuas ilusiones llamadas ‘libre albedrío’ o ‘dignidad individual’), y aplastarlos hasta convertirlos en pedazos muy, muy pequeños.

“¿Qué le pasa, Suboficial Matthew Tetdrich? ¿Acaso poder ‘mover toda esa masa’ no era su punto fuerte? ¡Una albóndiga cabeza-dura no es más que un escudo humano en el campo de batalla!”

“¡S-Señor, sí señor!”

“¡Está bajando de ritmo, Suboficial Haroma Bekkel! ¡Los médicos necesitan buscar a los heridos y correr por todos lados más rápido que nadie más! ¿Piensa que sirve de algo con tan bajo nivel de energía?”

“Gasp-gasp-wheze- ¡Señor, sí señor!”

“Haro-san, aguanta un poco más, sólo un poco…”

“¿Así que aún tiene energía para cuidar por el cansancio de alguien más? ¡Nada mal, Suboficial Torway Remeon! ¡Acaba de ganarse tres semanas adicionales por su amabilidad! ¡Agradézcame por ello!”

“¡Señor, sí señor!

“¡Suboficial Yatorishino Igsem! ¡Ya que parece que adora ser la líder de la carga, le reservo a usted la línea frontal! ¡No le permitiré que corra en ninguna otra posición! ¡Si alguien la rebasa, no podrá detenerse hasta que haya vuelto al frente!”

“¡Señor, sí señor!

Eran un total de 32 personas, 24 hombres y 8 mujeres, quienes en esta ocasión pasaron el Examen de Oficiales Militares de Alto Rango. Por los tres primeros meses, dedicados a las habilidades básicas, los reunían en grupo para recibir un estricto entrenamiento por parte de su instructor. Maratones, carreras de obstáculos, trabajo en grupo, prácticas de tiro, combate cuerpo a cuerpo… su enfoque en este momento no era para nada distinto al de un soldado común.

Mientras los hacían correr como idiotas, recibían castigos colectivos por las razones más absurdas, y pasaban su tiempo recibiendo suficiente abuso verbal de sus instructores como para perforarles los oídos. Era el rito de iniciación para convertirse, de gente común, a soldados. Hasta que sus cuerpos reaccionaran antes que sus cabezas ante las órdenes del instructor, debían seguir haciendo esto una y otra vez.

“¡Está una vuelta atrás, Suboficial Ikta Solork! ¡¿No le da vergüenza causarles tantos problemas a sus amigos?! ¡Y parece que se estuviera muriendo, con esa mirada! ¡Sería mejor que empacara sus cosas y se fuera a casa!”

“No… si eso es exactamente lo que quisiera hacer…”

“¡¿Qué fue lo que dijo?! ¡No lo escucho!”

“¡Señor, sí señor!

 

“¿Pero qué fue lo que hice para merecer esto?”

Gruñó Ikta, sin aprender de sus errores. Estaban comiendo juntos un estofado con muchas especias de una gran olla, junto con un pan ligero horneado con leña, durante la pausa para el almuerzo, justo después de que de alguna forma superaron el entrenamiento matutino. Para irritación de todos, tenían que permanecer en el exterior.

“Me pregunto, ¿será porque me gusta mucho andar con mujeres?”

“En todo caso, el uniforme imperial te queda bien, Suboficial Ikta.”

Yatori soltó el comentario con un rostro impasible. Todo el grupo estaba vestido con camisas sin mangas y pantalones color caqui. Oficialmente, debían portar también una chaqueta y un sombrero con una insignia de rango en el lado izquierdo del pecho. Incluso sus espíritus, en los bolsos de sus cinturas, portaban tiaras rojas en la cabeza, indicando que eran parte de la milicia. Si la que se veía mejor portando este uniforme militar era Yatori, entonces su contraparte sin duda alguna era Ikta; sin tomar en cuenta la actitud para llevarlo, el traje le quedaba demasiado grande.

“Chomp-chomp… Oye, Suboficial Ikta, si no te vas a acabar eso, te lo voy a quitar.”

“Mi amigo Matthew, estoy esperando que se enfríe… O mejor dicho, ya que está a tu alcance, siendo un portador de un espíritu de viento, sería genial si pudieras darnos a todos una brisa refrescante. Hey, tú, Ikemen; por acá también.”

Mientras el desvergonzado Ikta hacía esta petición, Torway ordenó a su amable compañero Safi que produjera algo de viento. El espírito de Matthew, Suu, lo siguió poco después.

“¡Eso es una graaan ayuda! Hay que hacer esto a diario. Hace tanto calor que podría morirme…”

En apariencia tan cansada como Ikta, Haro se acercó tambaleante a donde el viento soplaba. Su compañero, el espíritu de agua Miru, era capaz de producir hielo, pero como la cantidad que podía producir por día era muy limitada, el instructor le había ordenado guardarlo y tenerlo listo para el caso de que apareciera alguna persona lastimada.

“Anímense, Ik-kun, Haro-san. El horario para la tarde es trabajo en grupo y práctica de ballesta, y luego son lecciones en el salón. Correr por los alrededores por lo general se limita al maratón; e incluso eso, se disfruta más si es de noche que a esta hora.”

“¿Se supone que nos estás animando con eso? Además, me dijiste Ik-kun…”

Ikta cambió el ángulo del ‘túnel de viento’ de Safi hacia sí mientras hablaba. Yatori protestó enojada.

“Hey, el viento no llega hasta acá, ¿verdad? No acapares la brisa si te vas a quejar tanto.”

“Hmph… y pensar que la Caballero Imperial que también se graduó como la mejor de su clase, no puede permitir algo tan simple como que otra persona tenga algo de viento…”

“Hay un fallo en lo que estás diciendo, ¿sabes? Si fueras un Caballero Imperial educado, naturalmente las damas irían primero, ¿no es así, Ikta-kun?”

Respondiendo con esto, Yatori sostuvo a Safi en sus brazos por un momento, y lo puso en el piso de modo que el viento les cayera a Haro y a ella. Mientras Ikta regresaba con ganas a su comida, frente a sus ojos de pronto aparecieron tres sombras.

“Hola, Caballero Imperial Cabezadura-sama. Espero que no le importe que lleguemos una semana tarde.”

A diferencia del de Matthew o el de Yatori, el sarcasmo de los tres era completamente podrido. Mientras Ikta miraba sin interés a sus compañeros de escena, los rostros que ya esperaba estaban ahí alineados. El macho Agora, el dientes de mazorca Colsara y el ojón Niira. Entre los que pasaron durante este año, estos tres siempre estaban juntos, desde el principio.

“Hemos preparado una medicina energética para ti, Caballero-sama debilucho. Hey, ahí va a tu tazón.”

Un objeto largo, delgado y escurridizo salió de la mano de Colsara, cayendo en el tazón que Ikta sostenía. Haro, mirando la escena con un sentimiento de inquietud, lanzó un pequeño grito.

Lo que se retorcía en el océano de estofado era un insecto largo con innumerable cantidad de patas; un ciempiés.

“Escuché que los remojan en vino y se los toman en Kioka. Vamos, pruébalo.”

Agora dobló sus brazos como troncos, y sonrió abiertamente. Entonces, la expresión de Ikta se puso seria, mientras tomaba una roca afilada de las cercanías. Niira, temblando en su posición, brincó y perdió la compostura.

“¿Q-Qué es esto? ¡Hey, ¿quieres intentarlo?!”

“¡Muy bien!”

Ikta golpeó con la roca al ciempiés, que había esperado el momento adecuado para salir del tazón.

Fluidos amarillentos salpicaron por todas partes, y el cuerpo decapitado del insecto se retorció, mostrando más vigor que antes.

Un instante después, el trío de Agora, Colsara y Niira sintieron un escalofrío de horror. Ikta tomó el ciempiés que había matado entre sus dedos y lo llevó a su boca, sorbiéndolo como si fuera vermicelli. Se produjo un sonido como si se rompiera el cartílago de un ave, y luego de masticar por un momento, se lo tragó por completo.

“Gracias por la comida. Por cierto, los ciempiés, como ven, aunque pueden comerse, tienen veneno en sus colmillos, así que es peligroso si no les quitan primero la cabeza. Invítenme en otra ocasión. Por cierto, el vino de ciempiés es una leyenda urbana, o al menos, no es un menú muy popular en Kioka.”

Mientras explicaba despreocupadamente, Ikta siguió comiendo del estofado donde había caído el insecto. El trío se le quedó viendo con un asombro total, pero luego de un rato, Agora giró sobre sus talones sin palabras, y los otros dos lo siguieron.

Mientras los veían alejarse, Yatori sonrió amargamente y sacudió sus hombros.

“Supongo que debería haber un límite a la ignorancia de tu enemigo. Aun tomando eso en cuenta, tratar de asustar a Ikta con un insecto…”

“Bueno, fueron mi comida principal por un tiempo. La mitad de mi cuerpo está hecha de insectos.”

Ikta sacó el pecho como si estuviera orgulloso. A su lado Haro seguía mirando las espaldas del trío que se alejaba.

“Esto de ahora fue terrible. Si hubiera sido yo, no habría podido controlarme.”

“Bueno, no es como si pasara por primera vez, de todos modos. ¿No es encantador lo infantil que son sus métodos?”

Dijo Ikta restándole importancia. Yatori, que lo conocía desde hace tiempo, comprendió. Este hombre era misteriosamente generoso hacia las cosas que eran ‘infantiles’, ‘inmaduras’ o ‘la inconsciencia de la juventud’. Al parecer, esa era la razón de su interés en Matthew. Por el contrario, ya que no parecía agradarle que alguien se comportara de forma madura para su edad, eso explicaba su poca afinidad con Su Alteza, Chamille.

“Bajo circunstancias normales, nuestra ‘Orden de Caballeros’ sería el blanco de los celos. Sería muy problemático tener a ese tipo de gente como nuestros compañeros, así que sería mejor para nosotros si concentran sus ataques en Ikta.”

“Yatori-san, eso es un poco…”

Un comentario inusualmente directo surgió de Torway. Ya que ellos cinco, los sobrevivientes del naufragio, habían recibido sus condecoraciones y los habían enrolado, de forma natural comenzaron a ser conocidos como la ‘Orden de Caballeros’ por quienes los rodeaban. Por supuesto, en vez de con respeto, era un apodo cargado de celos y envidia; e incluso había quien decía que ellos eran el grupo que había pasado el examen gracias a ‘sus conexiones con la Tercera Princesa’. Como en cierta forma era cierto, era difícil rebatirles.

Aun así, la principal razón por la que concentraban sus ataques en Ikta tenía que ver con la persona en cuestión. Ikta, que no tenía el menor deseo de pasar el examen desde el principio, cuando se comparaba con aquellos que pasaron siendo los mejores de los mejores, ocupaba un rango mucho muy inferior en términos de fortaleza física, lo que lo convertía en un magnífico estorbo para todos los que lo rodeaban, desde el mismo inicio del entrenamiento. Él no mostraba el menor interés en intentarlo, así que el sarcástico apodo de ‘Caballero Imperial Cabezadura-sama’ estaba justificado.

Matthew, habiendo saciado por completo su hambre, habló mientras palmeaba su prominente estómago, que en eso no había cambiado mucho.

“¿Queeé? Es mejor no hacer caso a ese tipo de gente, ¿saben? Entre más débil el perro, más fuerte va a ladrar, ¿verdad?”

“Lo dices por experiencia.” – “La experiencia es la que habla.”

“¡¿Por qué diablos se sincronizaron así?! ¡Eso es escalofriante!”

Mientras Matthew inflaba las mejillas enfadado, Haro suspiró. Con este sentimiento, a pesar de que había diversos problemas con sus circunstancias, los miembros de la ‘Orden de Caballeros’ al menos se llevaban bien entre ellos.

Después del trabajo en grupo y de las prácticas de puntería, por fin era hora de  las lecciones dentro del salón de clases. Mientras Ikta, completamente exhausto, se desplomaba sobre su escritorio, sintió la presencia de alguien sentado justo a su lado, lo que lo despertó de su sueño.

“Este asiento, no le molesta que me siente aquí, ¿verdad, Suboficial Solork?”

Dijo ella mientras agitaba su precioso cabello rubio… Falda color caqui y una camisa blanca, además de  la insignia con el rango de Suboficial. Sin importar cómo se mirara, era el mismo uniforme que el de Ikta, el de los Cadetes de la Escuela de Oficiales Militares de Alto Rango; pero el tamaño de todo era extremadamente pequeño. Cuando miró a la persona en cuestión, su edad correspondía a alguien que debería asistir a una escuela media.

“Ni el escritorio ni la silla me pertenecen, así que siéntase libre de hacer lo que guste, ‘Suboficial Chamille-sama’.”

Su voz era fría – Originalmente, que la familia Imperial recibiera educación en asuntos militares no era nada particularmente fuera de lo común, considerando que el ejército era una institución dentro del Imperio de Katjavarna en la que el Emperador reinaba de forma suprema. Sólo había dos peculiaridades dignas de mencionar: la edad de Su Alteza Chamille, de sólo 12 años, y que la hubieran admitido en la Academia Militar de Alto Rango en la misma posición que los otros cadetes.

Por lo que se refiere a su corta edad, parecía que había pasado gracias a su inteligencia prematura y a forzar su camino usando su estatus como miembro de la Familia Imperial. El que haya entrado a la Academia Militar con el grado de Suboficial parecía ser parte de una trama más amplia, que buscaba mejorar la imagen de la Familia Imperial entre sus súbditos. Aunque ante todo esto había que tener en cuenta que los motivos de la persona en cuestión eran, evidentemente, ‘algo diferentes’.

Al mismo tiempo que Su Alteza, la Princesa, ocupaba el asiento, el instructor entró al salón y la clase comenzó. Hasta el momento, no habían estudiado el contenido de la clase a profundidad – sólo era un repaso enfocado a reafirmar sus bases sobre Tácticas, las cuales todos debían haber estudiado previamente antes de llegar a la Academia Militar de Alto Grado.

Tanto Ikta como la Princesa estaban igualmente aburridos. Mientras el joven bostezaba por séptima vez, ella se armó de valor y comenzó a escribir un mensaje a su vecino en el cuaderno[1] en el que anotaba la lección.

–¿La estás pasando bien aquí? Es porque, me parece que te has puesto más delgado –

Percatándose que la nota iba dirigida a él, Ikta lo pensó por un momento y escribió una respuesta en su propio cuaderno.

–Cualquiera adelgazaría lo quisiera o no, ¿sabe? ¿Ha tratado de correr tanto como nosotros?—

El comentario fue especialmente doloroso para la Princesa, quien murmuró molesta. En realidad, ella no estaba ‘en la misma posición que los demás cadetes’. Aunque ese era el caso para cuestiones como Tácticas, en lo que respecta al entrenamiento duro, el atletismo y las prácticas de combate cercano, se había diseñado un menú especial para Su Alteza, la Princesa, por instructores que habían recibido instrucciones directamente de la Familia Imperial. Ikta había sido sarcástico en ese aspecto, aunque hablando objetivamente, su actitud era algo inmadura…

–No puedo tomar siestas en la tarde, no puedo beber alcohol, no se me permite acercarme a damas seductoras… Mis tres grandes deseos han sido destruidos de forma espléndida. Dígame, ¿qué de agradable tiene vivir en un lugar así?—

Sus quejas tan directas fueron expresadas una después de la otra. La Princesa suspiró, mientras escribía con la tiza.

–Dentro de poco, los tres meses de conocimientos básicos habrán pasado, y nuestra educación como oficiales militares comenzará formalmente. Ahora, todos somos Suboficiales sólo de nombre, pero una vez que tengamos subordinados, la forma como nos traten cambiará de forma natural, ¿no?—

–Lo que deseo justo ahora es un cuarto propio, no subordinados. Con los tres niveles de camas en el dormitorio, no puedo traer a una dama que me acompañe.—

–U-Una dama… ¿es lo único que tienes en la cabeza? Podrías meterte en problemas al decirme eso aquí, en serio.—

–Oh, discúlpeme por eso. Elegí mal a mi confidente. Es un tema de conversación difícil con alguien de su edad.—

Ante esta frase, que rebozaba de sarcasmo, el corazón de la Princesa se contrajo con disgusto e indignación. ¡Siempre terminaba así! Aunque ella trataba de esforzarse en ser considerada y mantener una conversación, cuando se trataba de él, ¡este hombre no abría su corazón ni siquiera un poco! No importaba si trataba de acercarse a él de forma amable, lo único que lograba eran respuestas llenas de sarcasmo.

Sin embargo, debido al hecho de que ella había atado a Ikta a la carrera militar al conferirle el título de “Caballero Imperial”, Su Alteza, Chamille, se sentía en deuda con él. También tenía con él una deuda de gratitud por las dos veces que la había salvado de un predicamento. Cuando pensaba en ello, no importaba lo fríamente que la trataran, la princesa no podía sentirse enojada con el joven.

Además… mientras fallaba en su intento de comunicarse con él, su sensación de depresión casi se emparejaba con la rabia dentro de su pecho. La Princesa no lo entendía muy bien; ella aún no tenía un amigo con el que fuera tan cercana como para pedir algún consejo sobre sus infortunios y esta clase de problemas.

“… en medio de esa campaña militar, ¿de cuál puede decirse que las actividades de sus oficiales no comisionados destacaron de forma especial? Suboficial Chamille.”

“-?!-“

La pregunta del instructor llegó de forma súbita, y Su Alteza, la Princesa, se puso en pie asustada. Sin embargo, no pudo decir nada. No importaba lo brillante que fuera, si no sabía de qué trataba la pregunta, no podía contestarla.

“Página 123.”

Murmuró Ikta levemente junto a la extremadamente avergonzada princesa, que sostenía un libro de texto en la mano. Dándose cuenta de que era una pista, rápidamente localizó la página.

“¿La ofensiva de Avhelia?”

“Es correcto; por favor, siéntese.”

La princesa se relajó y volvió a sentarse. El delgado instructor volteó maliciosamente hacia su vecino.

“Muy bien… por favor, mencione los detalles y el significado histórico-militar de esta batalla, Suboficial Ikta Solork.”

Una pregunta evidentemente complicada había sido dirigida a Ikta. Esto también pasaba de forma regular, ya que él no dejaba pasar la oportunidad de mostrar su falta de entusiasmo, y como resultado, no era del agrado de sus compañeros de clase y de los de grados superiores, sino también de cierto instructor en particular.

Sin embargo, esta persona, sin dejarse afectar por el desagrado a su alrededor y manteniendo su actitud en todo momento, no era alguien normal. Ikta se levantó mientras reprimía un bostezo, y comenzó a mostrar su verdadera naturaleza.

“…Es un aspecto de la ‘Batalla de Yaponik’, que ocurrió en el año 788 de la Era Imperial, en tiempos de la expedición del Emperador hacia las Islas Yaponik en el lejano oriente, las cuales ahora son territorio de la República de Kioka. El Comandante del lado Imperial era el Capitan Giorgi Irsim. Él era un gran comandante, que usó sus servicios distinguidos en la guerra como una oportunidad para escalar hasta el rango de General, y en la actualidad es reconocido como un héroe militar.”

“Continúe.”

“La ofensiva de Avhelia, o mejor dicho, ‘las ofensivas individuales de los pantanos de Avhelia’, cuando se consideran las circunstancias de la época, habían comenzado con una situación completamente desventajosa para el Imperio. Era un momento crítico en el cual los 800 hombres del batallón independiente bajo el mando del Capitán Irsim, fueron atacados desde tres direcciones, norte, este y oeste, de acuerdo con el plan del ejército de Yaponik de dividir sus 1600 hombres en tres batallones; y al no poder retirarse de inmediato, se encontraron rodeados por el doble de fuerzas.”

“Sin embargo, en una situación en que la retirada habría sido la única opción para un comandante normal, el Capitán Irsim tomó un curso de acción distinto. Además de decirle a los soldados bajo su mando que descartaran la mitad de sus provisiones y sus cañones de aire, que se habían vuelto peso muerto, y aligerando la carga de todas sus tropas, los forzó a hacer un ataque que podría considerarse insano.”

“Su objetivo era simple: enfrentarse a los soldados que se acercaban desde tres direcciones diferentes, norte, este y oeste, peleando con ellos “de uno en uno antes de que se agrupen”; esto es, una Estrategia de Ofensivas Individuales. Aún si sus fuerzas eran inferiores a las del enemigo, si las fuerzas enemigas estaban divididas en tres grupos, ellos eran más fuertes que cada grupo enemigo en particular. Si peleaban contra el enemigo después de que se reunieran, no habría duda de que perderían, pero si peleaban contra ellos en tres batallas sucesivas antes de que se agruparan, podían ganar. Confiado en ello, el Capitán Irsim se enfrascó en una serie de batallas, y logró a final de cuentas una victoria dramática gracias a sus esfuerzos.”

La expresión del instructor se contrajo en una mueca de disgusto mientras Ikta seguía hablando.

“Se dice normalmente que el significado militar de esta batalla es ‘crear un precedente de una victoria táctica revirtiendo una derrota estratégica’. Aún si los momios son adversos, uno puede revertir el resultado si se pueden acumular victorias localizadas- Hasta el día de hoy, eso ha dejado un gran impacto en el espíritu del Ejército Imperial, al grado que ‘¡Imiten a Irsim!’ se ha vuelto una frase con la que se da ánimo a las fuerzas inferiores. –Pero… ¿realmente sólo es eso?”

Esas palabras tan contradictorias detuvieron al instructor, que estaba a punto de pedir a Ikta que se sentara. Los ojos de los estudiantes voltearon a ver a Ikta uno detrás de otro. Para cuando la Princesa se dio cuenta, él era el foco de atención del salón.

“Yo creo que hacer que la victoria de Irsim sirva sólo para elevar el espíritu del ejército es un desperdicio. ‘Una victoria táctica que revierte una derrota estratégica’ es uno de los aspectos de la cuestión, pero para los soldados en tiempos venideros, debemos tratar de comprender los cálculos y las tácticas desarrolladas. Por tanto, no basta con alabar la actuación del Capitán Irsim, debemos entender la superioridad táctica de la que él se percató.”

“Había tres aspectos en que las fuerzas del Capitán Irsim eran mejores comparadas con el ejército de Yaponik: primero, a diferencia del enemigo, que estaba dividido en tres unidades, su fuerza militar estaba concentrada; segundo, eran mucho más ligeros para moverse comparados con el enemigo, así que tenían una movilidad superior; y tercero, gracias a que lo había investigado con anterioridad, tenía un profundo conocimiento del terreno de los pantanos de Avhelia. Estos tres factores le dieron un panorama más realista de la guerra dentro de su mente, en comparación a los líderes del ejército de Yaponik.”

“Para hacerlo simple, primero los líderes del ejército de Yaponik vieron ‘las fuerzas de sus aliados y las enemigas en los pantanos de Avhelia’, y se confiaron en la superioridad de sus fuerzas. Por su parte, el Capitán Irsim fue capaz de leer ‘dónde estaban desplegadas las fuerzas enemigas dentro de los pantanos de Avhelia a cada momento’. Como resultado, las ventajas de ambos ejércitos se voltearon según su percepción.”

Los alumnos en la clase, sin faltar uno, e incluso el instructor, en este punto estaban completamente atentos a las palabras de Ikta… No, para ser exactos, sólo había una excepción. La chica del fiero cabello rojo sentada al frente no parecía estar escuchando nada            hasta ahora.

“Me pregunto si lo entienden. El Capitán Irsim añadió un tercer criterio a la guerra: ‘qué estaba haciendo cada fuerza a cada momento’, siendo que hasta ese momento sólo importaba la ‘localización para la batalla’ y la ‘comparación de ambas fuerzas’ como claves para el resultado. Él hizo que una batalla en dos dimensiones evolucionara a una batalla en tres dimensiones. Ese es su logro principal, como verán.”

“Si vamos a ser dignos herederos de su legado, los líderes de estos tiempos no deben mirar por encima los mapas cuando los abran en el campo de batalla. Como si estuvieran jugando una partida de shogi a ciegas, deberán imaginar las fuerzas moviéndose por el campo en tiempo real.”

Juzgando que su larga exposición había terminado, Torway comenzó a aplaudir desde su sitio junto a la ventana. Los otros estudiantes se le unieron, aunque no todos ellos, uniendo sus manos en un gesto de genuina admiración. Era algo irónico, pero para Ikta, era una fortuna que estas personas fueran su audiencia; los estudiantes de esta clase, habiendo pasado el Examen para Oficiales Militares de Alto Rango, tenían el entrenamiento básico para entender el valor de sus palabras.

Respondiendo a los aplausos agitando levemente la mano, como si estuviera satisfecho con ello, Ikta se dejó caer nuevamente en su silla como una marioneta a la que le han cortado las cuerdas. Su rostro sin vida, descansando de costado sobre el escritorio, parecía el de una persona completamente distinta a la de un momento antes.

“Aunque… -pensó la Princesa- es irritante el tener que reconocerlo, pero creo que me gustaría ver más de esa inteligencia y energía que muestra de forma tan esporádica, como esta vez.”

 

Ikta de forma ocasional mostraba destellos de talento durante las clases en el salón, pero en su entrenamiento fuera de él, era prácticamente una nulidad. Era particularmente malo en combate cercano y en prácticas de tiro. Mencionemos un episodio que demuestra el espectáculo desastroso que era en realidad.

“¡Suboficial Ikta; levántese, con un demonio! ¡El enemigo no lo va a estar esperando en medio de una pelea!”

“Aah, no pudo amortiguar su caída, ya que se desmayó. Vamos a despertarlo, ¿bien? ¡Aquí vamos!”

Mientras Ikta se desvanecía, Yatori llegó de inmediato y lo revivió. Confirmando que regresaba con sus compañeros, de una forma u otra, el instructor se mostró satisfecho y volteó a ver a los demás, sin embargo…

“¿Qué es esto? ¿A pesar de que apenas lo revivieron, el Suboficial Ikta se desmayó otra vez? Aah, seguro que recibió un golpe fuerte en el estómago esa vez. Vamos a despertarlo de nuevo, ¿bien? ¡Aquí vamos!”

Yatori vino y lo despertó por segunda ocasión. Mientras se levantaba, y aprovechando el tiempo, el instructor se relajó y fue a ver a los otros; sin embargo, cuando regresó tres minutos después, otra vez había colapsado de la misma forma.

“…oh, el Suboficial Ikta está escupiendo espuma por la boca. ¿En verdad estará bien?”

“Aah, esto le pasó porque alguien le aplicó un candado en esta ocasión. Vamos a despertarlo, ¿bien? ¡Aquí vamos!”

Yatori vino por tercera vez, sin dejar descansar al joven tampoco en esta ocasión. Ikta, apenas sosteniéndose en pie, trató de regresar a la práctica con un rostro pálido, pero en el proceso, se desplomó de forma inesperada y comenzó a convulsionar.

“¡¿S-Suboficial Ikta?! ¡Tenemos un herido! ¡Médico!”

“Aah, sus músculos no funcionan bien debido al método para despertarlo que hemos usado. Vamos a despertarlo otra vez, ¿sí? ¡Aquí…!”

“¡Ya basta! Está bien, sólo llévenlo a la oficina del médico.”

Ikta dejó tras de sí la leyenda del hombre que se había desmayado cuatro veces –tres por culpa de su oponente- hasta que el instructor le dijo que se detuviera. Incidentalmente, parece que comenzaron a dirigirse a Yatori añadiendo un “san” a su nombre, por todos los que de su mismo grado, después de eso.

Adicionalmente, hay otra de esas historias, aparte de la anterior. La historia de lo que sucedió durante la práctica de tiro con ballesta. Ya que nadie además de los portadores de espíritus de viento podían usar los rifles de aire, esta arma, la cual todos podían usar, era el armamento de largo alcance común para todos los soldados, pero…

“Suboficial Ikta, ¿de verdad puede ver el blanco?”

“Claro que puedo verlo; al menos mis ojos están bien.”

“Es como si lanzara una moneda al aire diez veces y fallara en todos los intentos. Bueno supongo que también es cuestión de suerte.”

“Cualquiera que sea el caso, debería atinar a 2 de cada cinco disparos. He disparado 10 veces hasta ahora  y en todas fallé, así que ahora, para compensar, debería haber una ‘ráfaga’ que restablezca el balance estadístico. Por favor, véalo usted mismo, ya que según mis cálculos, ahora debo acertar 5 o 6 veces consecutivas.”

Mientras hacía tal declaración, Ikta giró la polea, armó la ballesta y colocó una nueva flecha… pero esta vez, la flecha que había apuntado y disparado hacia el blanco voló en un curso completamente distinto, hasta quedar clavada en el suelo.

“Volvió a fallar.”

“Eeeh, qué mal.”

“¿Qué pasó con sus cálculos de hace un momento?”

“Ya que fallé 11 tiros consecutivos, ahora debería atinarle a 7 u 8 seguidos.”

Sin dejarlo terminar la frase, el puño del instructor golpeó la parte trasera de la cabeza de Ikta.

“¡Esto no es un juego de azar! ¿Por qué no corrige esa probabilidad de 2 de cada 5 disparos que tiene?”

Este es un buen ejemplo de cómo hacía enfurecer a sus superiores enredándose en discusiones innecesarias. No se necesita decir que Ikta fue forzado a tomar un entrenamiento riguroso personalizado, hasta que de alguna forma obtuvo una puntería promedio.

 

Mientras Ikta imponía su presencia a su alrededor (para bien o para mal), el resto de la ‘Orden de Caballeros’ también recibían su entrenamiento personal propio. Yatori aún consideraba a Torway como un rival, como era de esperar, pero debido a la diferencia entre las divisiones a las que ambos aspiraban, aún no había surgido la oportunidad de comparar sus habilidades. En lugar de ello, y ya que ambos eran Soldados de Rifles de Aire, la relación entre Torway y Matthew se fortaleció.

El sonido del aire comprimido al liberarse se traslapaba incontables ocasiones y resonaba al exterior del campo de tiro. Un rifle de aire, diseñado para acoplarse al cuerpo de un espíritu de viento, apuntaba hacia un blanco lejano y disparaba. Este era el campo de tiro que reunía a los estudiantes que portaban un espíritu de viento.

“Woosh… woosh… Thud!”

Una bala, apuntada y disparada casualmente, penetró la parte central de un blanco humanoide a 40 metros de distancia. Incluso entre los estudiantes que gustaban de alardear de su habilidad al disparar, la técnica de Torway Remon era la mejor, y por mucho.  Además, su profundo conocimiento al disparar era completamente distinto al de los demás estudiantes.

“Le pegaste otra vez, huh… Es frustrante, pero con tu habilidad, parece que pudieras derribar al comandante enemigo.”

Mientras reprimía un suspiro, Matthew colocó una bala en su propio rifle de aire. Por mucho que él, que no le gustaba perder, odiara admitirlo, había una gran diferencia en sus porcentajes de aciertos. La diferencia no era tan notoria en blancos a 10 o 20 metros, pero cuando la distancia se incrementaba, las balas de Matthew poco a poco dejaban de alcanzar los blancos.

“Gracias, Maa-kun… aunque a pesar de que no llegue a tanto como a apuntar al comandante, ser capaz de acertar a un blanco lejano es en sí una gran ventaja. Primero, creo que voy a tratar de especializarme en ello.”

Diciendo eso, Torway disparó otra bala. El número de agujeros en el blanco no se incrementó; pero no fue porque hubiera fallado, fue porque había atravesado uno de los agujeros previos.

“No han pasado ni 100 años desde que el rifle de aire llegó a los campos de batalla, y su existencia en la actualidad ha desplazado a la División de Lanceros como la división de mayor fuerza ofensiva en el ejército. Creo que su dominancia aún seguirá por un tiempo. La familia Remeon inventó la Táctica de Combate de Línea de Batalla de Armas de Fuego, pero aparte de eso, yo también quiero añadir una nueva página a la ‘historia de las armas en el campo de batalla’.”

“Eso es hablar en grande, ¿no crees? Pero ¿cuál sería exactamente esa página? ¿Otra estrategia para quienes usan estas armas?”

“Es sólo una idea vaga, así que creo que la mantendré confidencial por ahora. Pregúntame otra vez más tarde, ¿está bien, Maa-kun?”

Cuando gastaron por completo las balas que les habían dado, el instructor dio la orden de ‘¡Cese al fuego!’. Tomando eso como una señal, Torway y Matthew retiraron los cañones de sus espíritus de viento, guardaron a Safi y Suu en sus respectivos bolsos, y formaron una línea junto con el resto de los estudiantes.

“Con esto, el entrenamiento matutino ha terminado. Vayan a tomar su almuerzo. ¡Retírense!”

Los estudiantes suspiraron con alivio. Después de comer, y hasta el inicio de las clases de la tarde, tenían un precioso tiempo libre.

“Por fin terminó. Por ahora, vamos a reunirnos con Ik-kun y los demás en la cafetería, ¿sí?”

“De alguna forma, es como si la ‘Orden de Caballeros’ siempre terminara reunida, ¿no? Bueno, por hoy sólo vamos a pasar el rato.”

Los dos comenzaron a caminar al unísono, pero cuando entraron a la sombra del almacén mientras tomaban un atajo a la cafetería, terminaron topándose son un grupo de personas que se habían reunido ahí previamente. Eran unos cinco oficiales de grados superiores, que con voces ásperas fumaban tabaco.

“Aah, ¿para qué rayos vinieron aquí. Este es un callejón sin salida.”

“Una insignia con rango de Suboficial… lo que significa que son recién llegados al Curso de Oficiales de Militares de Alto Rango, ¿o no es así?”

“¿Son ustedes de los recién destetados? Oi, si van a la cafetería, no sean flojos y tomen el camino largo.”

Rompieron a reír con una risa malévola. No debería estar permitido fumar tabaco por aquí, pero la naturaleza de la relación entre superior y subordinado dentro del ejército era muy poderosa hasta límites irrazonables. En casos como este, no quedaba más que rendirse ante los de grado superior.

“¡P-Por favor, discúlpennos! Oye, vamos por el otro lado, Torway.”

Comprendiendo rápido, Matthew se movió dando la vuelta, pero Torway no se movió de su posición.

“¿Torway? Vamos, tenemos que irnos.”

“S-Sí…”

Torway por fin había vuelto a sus sentidos, pero su mirada aún volteaba hacia el centro, pasando entre los dos oficiales de más alto rango. Quizás se dieron cuenta, pero… por fin voltearon a verlo con sospecha, y se percataron de la situación.

“¿Huh? ¿Qué es esto? ¡Pero si es Toruru!”

Dijo una voz extrañamente amistosa, mientras que uno de los oficiales de grados superiores se levantaba. Era un atractivo joven de ojos azules. Además de sus ojos, su largo cabello era del mismo tono verdoso que el de Torway. Un espíritu de viento estaba guardado en un bolso en su cadera, pero además de eso, llevaba un rifle de aire de un calibre espantosamente grande en su hombro. Su rango era el de Primer Teniente.

“Sariha nii-sama… Sushura nii-san…”

Torway mencionó los nombres de sus acompañantes con voz temblorosa. El joven llamado Sariha caminó hasta estar a medio camino.

“Ha pasado tiempo, Toruru; ¿te está yendo bien? ¿Hmm? No, yo apenas llegué hoy aquí desde la fortaleza del norte, como ves. Estaba pensando que iría a saludarte en algún momento, pero no he tenido tiempo.”

Mientras hablaba con fluidez, el Capitán Sariha palmeó los hombros de su hermano menor con su mano derecha. Sus fisonomías eran muy semejantes, pero Torway parecía encogerse en sí mismo, como un gato prestado.[2]

“Nii-sama, que pudieras regresar a la capital es lo más importante, sobre todas las cosas.”

“No, la verdad es que fue absolutamente aburrido por allá, ¿sabes? Tengo celos de esos tipos en la fortaleza oriental, que tienen que enfrentar al ejército de Kioka… ¿Tú eres un amigo de Toruru?”

Al ver que la conversación se dirigía a él, Matthew asintió cuidadosamente.

“Ya veo, ya veo. ¡Ah!, mi nombre es Sarihasrag Remeon, soy el hermano mayor de este chico, así como ves. Ese cabezota con el pelo corto es Sushuraf Remeon. ¿Podrías decirnos tu nombre, si no es problema?”

“Suboficial Matthew Tetdrich. Es un honor conocerlo, Capitán Sarihasrag Remeon-dono.”

“¡Aah… basta, basta! No necesitas ni el ‘Capitán’ ni el ‘-dono’, o decir mi nombre completo, Sariha está bien.”

Huh… Matthew inclinó la cabeza. Un superior demasiado amistoso era difícil de manejar.

“Pero veamos… Creo que yo también recuerdo tu nombre, ¿sabes? Eres uno de los cinco tipos             que salvaron a la Princesa y recibieron el título de ‘Caballero Imperial’, ¿no es así? Puedo reconocer a Torway y a la hija mayor de Igsem sin problema, pero no podía recordar los nombres de los demás así nada más, ¿ves? Huh… así que tú eres Matthew-kun…”

Después de inspeccionar a Matthew con una mirada descarada, Sariha de pronto levantó la cabeza.

“Bueno, te agradezco, amigo. Muchas gracias. Déjame agradecerte como su hermano mayor.”

“…¿Huh? Este, no… ¿Por qué?”

“Por esto y lo otro. Él los ha estado frenando, ¿no es así?, nuestro hermano menor.”

Los hombros de Torway temblaron ligeramente. Mientras Matthew permanecía embobado, sin comprender lo que le decían, Sariha continuó sin parar su conversación unilateral.

“Siempre ha sido así, ¿sabes? Este tipo, como sabrás, es un debilucho cuando se trata de derramar sangre o de estar en situaciones inesperadas. No sé si se derrumba bajo presión o qué, pero se vuelve completamente inútil. Para ustedes, chicos, que ya tenían mucho con estar protegiendo a la Princesa, ha de haber sido estresante también cuidar que este niño volviera a salvo, ¿no es así? Pienso que habría sido mejor que se deshicieran de él antes de volver.”

Esta vez, Matthew se quedó sin palabras. Era demasiado terrible para ser una broma, pero aunque eso lo hubiera dicho con total seriedad, no podía creer que un hermano mayor pudiera expresar esas palabras frente a su hermano menor.

“N-No, Torway se portó bien, ¿sabe? Él actuó con calma durante el naufragio del barco, y luego en esa ocasión en que tuvo que dispararle al soldado de Kioka…”

Por el contrario, recordó cómo él mismo no había podido moverse, y despertó en su interior un complejo de inferioridad profundamente arraigado. Matthew se quedó callado.

Sariha interpretó su silencio de forma completamente distinta.

“De verdad, no necesitas llegar tan lejos como para cubrirlo. Comprendo completamente que esta cosa sea completamente inútil. ¿Sabes?, mi hermanito no es capaz de apuntar con una bala mientras el blanco esté cerca.

“¿Qué? ¿Mientras el blanco esté cerca?”

“Él está bien con los blancos usados como práctica, pero cuando el blanco es algo con vida, él se vuelve completamente un inútil, ¿ves? No puede dispararle a un conejo a cinco metros frente a él, ya que queda completamente aterrado. ¿No es así, torway?”

Torway, con los ojos mirando hacia abajo, no contestó. Como estaban las cosas, no podía decir nada ante las palabras abusivas de Sariha.

“Este chico probablemente podrá dispararle a blancos lejanos durante las prácticas, ¿cierto? Pero verás, al final del día, es sólo su deseo de estar lo más lejos posible del enemigo… Es por eso que, Matthew-kun, voy a darte un consejo desde lo profundo de mi corazón. Nunca confíes en este tipo en un campo de batalla real. Si las cosas comienzan a ir un poco mal, no hay duda que él abandonará a sus aliados, sus subordinados y a quien sea, y tratará de salvarse…”

“¡No voy a tratar de salvarme ni nada!”

Una exclamación semejante a un grito brotó de la boca de Torway. Entonces, Sariha, interrumpido a mitad de su perorata, volvió la mirada hacia su hermano menor. Su usualmente amistosa sonrisa se volvió una mueca malvada.

“Hey, Toruru; justo ahora yo estaba hablando, ¿no es así?”

Con sólo esa frase, los labios de Torway se cerraron una vez más. Era todo un espectáculo, que mostraba las relaciones de poder entre los hermanos.

“¿Por qué te entrometes a mitad de mi historia? ¿Quién te crees que eres? ¿Acaso eres alguien importante?”

“Y-Yo… sólo…”

“¿Tú…  qué? ¿Qué es lo que dijiste que eres? ¡Dilo con claridad!”

La voz que lo confrontó era ligera, pero un fuerte temor asomó en el rostro de Torway, a pesar de su exabrupto de hace un momento. Se mostraba completamente dominado. Su existencia parecía la de un grabado, en el cual estaba firmemente embebido el terror hacia su hermano mayor; sin embargo…

“Oh, yo lo diré claramente para ti, Ikemen Sádico. Me siento mal tan sólo con ver la cara de Nii-sama. Me da dolor de cabeza por sólo escuchar tu voz. Comparado con Onii-sama, los cerdos del chiquero son mucho más limpios y encantadores. Si sólo Onii-sama no estuviera vivo, el mundo sería todo armonía. Aah, Onii-sama, de verdad, sería mejor si tu cara explotara debido a una enfermedad extraña de origen desconocido lo más pronto posible.”

La atmósfera se enrareció. Por supuesto que la boca de Torway no se había movido; los insultos que llovían sin cesar llegaban desde encima de sus cabezas.

“De acuerdo a las Escrituras de Alderah, ¡los Ikemen de corazón negro no recibirán misericordia por circunstancias excepcionales!”

Mientras inventaba el proverbio, el propietario de la voz saltó desde la rama de un árbol. Quien aterrizó justo al lado de los hermanos Remeon era un joven de ojos negros y con cabello negro en total desorden, enfundado en una camisa del ejército. Era Ikta Solork, sosteniendo a su compañero, el espíritu de luz Kusu, con ambos brazos.

“Este… ¿Ik-kun?”

“Ya te dije que no me llames ‘Ik-kun’.”

Un golpe en la frente hizo que Torway se inclinara hacia atrás. Por otra parte, Sariha enfocó la mirada, como si de repente viera al intruso.

“Toruru, ¿él es amigo tuyo?”

“Estás mal. Soy un ‘Caballero Imperial’ que de casualidad pasaba por aquí. Mi misión es hacer que los Ikemen arrogantes del mundo muerdan el polvo.”

Ikta dijo estas palabras mientras se erguía orgulloso. De esos detalles, Sariha pudo adivinar la identidad del nuevo compañero de escena.

“Caballero Imperial… Si este chico de aquí es Matthew-kun, por lo que veo tú debes ser Ikta Solork-kun.”

“Silencio, Ikemen Sádico. Estoy a punto de vomitar por tu actitud de ‘soy tu superior, pero aun así soy amigable, ¿no lo ves?’”

“A-ha-ha, eso es grosero de tu parte. Pero espera un minuto, Ikta-kun, yo quiero llevarme bien contigo. También estoy en deuda por tomarte la molestia de cuidar de mi hermano menor por mí, ¿cierto?”

Mostrándose amigable, Sariha extendió su mano derecha. Entonces, y a pesar de todo, Ikta pareció dudar un tiempo considerable, y luego pretendió aceptar el apretón de manos, haciéndolo caer en su trampa. Había un ciempiés fresco en su mano cerrada.

“¡¿Gyaah?! ¡¿Qué…?!”

“Tranquilo, le quité la cabeza.”

Ikta sacó el pecho como si hubiera sido el trabajo de un profesional. Mientras Sariha lanzaba lejos el ciempiés y furiosamente frotaba su mano para quitarse la sensación que le quedó en la palma, miró a Ikta con ojos cargados de hostilidad.

“Qué… tú… ¿estás tratando de buscar pelea conmigo?”

“Para ser más precisos, yo le busco pelea a todos los Ikemen del  mundo, desde el momento en que nací.”

“¿Te burlas de mí? Si es una broma, me pondré de verdad furioso, ¿sabes?”

Cuando la voz de Sariha tomó un tono amenazante, incluso Matthew, que sólo había sido un espectador hasta ahora, se puso en guardia. Los otros alumnos de grados superiores también entraron en el juego, y antes de que se diera cuenta, Ikta estaba rodeado por cinco tipos.

“Discúlpate. Incluso ahora, te perdonaré sólo con decir ‘lo siento, fue presuntuoso de mi parte’.”

“Hmph, entre los Ikemen, hay Ikemen a los que puedo perdonar, y aquellos a los que no. Nuestro Torway es de una forma u otra de los primeros, y tú eres exactamente de los otros. Se niega la apelación acerca del juicio por la ofensa primaria de tu rostro. ¡Que explote, como forma de ejecución!”

Ni un segundo después de que Ikta dejara de hablar con voz aguda, el puño como roca de Sushura se hundió en su estómago. Él cayó sobre sus rodillas, sin tener tiempo siquiera de gritar; mientras, con una patada, Sariha buscaba dar el golpe final.

“Aún eres un don-nadie, mocoso. ¿Se te subió tanto a la cabeza el que te hayan dado una condecoración que tu cerebro se volvió loco, eh?”

Una dura suela golpeó el pecho de Ikta, los otros oficiales sonreían y se acercaron a Matthew, que había tratado de intervenir.

“La amistad es linda, ¿no lo crees? Pero yo no diría nada ahora, sólo déjalo. Cuando esa persona[3] se pone así, siempre es igual. Él golpeará a alguien hasta que la cabeza se le enfríe; así que sólo quédate aquí con nosotros, ¿sí?”

“¡P-Por favor, háganse a un lado! ¡Ikta, ¿estás bien?!”

Aún cuando Matthew gritó desde el otro lado de la barrera humana, el pie de Sariha no dejó de patear a Ikta. Sin embargo, por un momento su mirada se desvió hacia su hermano menor, que estaba parado sin moverse, con un rostro pálido como el de un fantasma.

“Mira eso, es justo como les dije; su amigo está siendo apaleado frente a sus ojos y ni siquiera tiene las agallas de mostrar su enojo. Tan sólo es un cobarde. Se los digo, él no conoce de amistad verdadera, ¿no crees, Ikta-kun?”

“Ha-ha-ha… parece que tienes tres inconvenientes además del de tu cara, ¿verdad, Ikemen sádico? Tu sadismo, tu corazón negro y tu supina estupidez.”

“¡¿Qué fue lo que dijiste?!”

“Los Neanderthales golpean si sienten deseos de hacerlo; los soldados sólo atacan cuando creen que es necesario atacar. Torway conoce la diferencia entre ambas cosas muy bien. Igual yo, que me contengo cuanto es necesario esperando mi oportunidad, ¿ves?”

“Por cierto, Capitán Sarihasrag, permíteme preguntarte algo: ¿te enseñaron la definición de una ’guerra de desgaste’ en tus estudios de tácticas?”

“…?”

“Significa ‘evitar una batalla decisiva y ganar tiempo, pelear una batalla esperando que surja una oportunidad’. Contenerte a ti mismo en momentos en que desearías cargar es un requisito que necesitan todos los grandes comandantes, como verás. Si gente con un temperamento explosivo como tú llegan al comando, serán vencidos por las provocaciones del enemigo, los rodearán por completo cuando traten de escapar, y será su final. Los idiotas que confunden la insensatez con el valor y luego se burlan de la cobardía de otros son ridículos.”

Sariha se puso cada vez más frenético, y pateó a Ikta, quien no dejó de hablar ni siquiera con eso.

“¿Me estás dando lecciones mientras te arrastras por el piso y tragas tierra? ¿Cómo rayos explicas la situación actual con tu lógica? ¡Tú, Caballero Imperial que está siendo golpeado hasta molerte mientras tratas de dar un discurso en medio del enemigo, dándote tanta importancia!”

“Ooh, gah… Y-Ya pensé en algo bueno; sólo lo diré una vez, así que escucha con atención.”

“¡Maldición, ¿sigues murmurando?!”

“AAh, el lenguaje… Los Neanderthales golpean si sienten deseos de hacerlo, los soldados atacan cuando necesitan atacar… Y no hablamos de si es un mono o un militar, Ikta Solork ‘está diciendo lo que necesita decir cuando necesita decirlo’.”

Cuando terminó de decir eso, Ikta volteó su cuerpo, que estaba boca-abajo, para que quedara sobre su costado; e hizo que Kusu, a quien había abrazado contra su pecho, disparara un haz potente de luz como contraataque. Además, al levantarse, lanzó la arena que había recogido en su mano empuñada contra los enceguecidos ojos de Sariha.

“Guaah… ¡Este cabrón…!”

“Muy bien, el Ikemen está haciendo una cara invaluable. Veamos; quizás ya no me contenga para interferir.”

Alardeó Ikta mientras sacudía el polvo de su ropa. Los otros cuatro junto a Sariha de inmediato se volvieron y avanzaron hacia él, pero el joven, sin asustarse o perder el control, puso una cara de circunstancia y comenzó a caminar.

“Y ‘toque’, haga su mejor esfuerzo, Caballero Imperial-san.”

“No sé lo que esté pasando, pero supongo que me haré cargo, Caballero Imperial-san.”

Él palmeó su mano con su amiga de fiero cabello rojo, que había aparecido por ahí, y dejó lo que fuera a suceder completamente en sus manos.[4]

“…?! … ¡¿Tú eres… Yatorishino Igsem?!”

Sariha, habiendo limpiado la arena de su rostro, miró a la chica recientemente aparecida. Al escuchar el nombre que había pronunciado, Sushura y los demás mostraron un atisbo de nerviosismo. Matthew y Torway también lucían sorprendidos.

“Ikta, ¿quién es esta gente?”

“Los agradables hermanos de la Familia Remeon, y tres secuaces que los siguen.”

“Aaah, el Capitán Sarihasrag Remeon y el Teniente Sushura Remeon… Me complace conocerlos a ambos. Mi nombre es Yatorishino Igsem, es un privilegio que ya me conozcan.”

Ella los saludó con palabras nada sinceras. Yatori continuó antes de que Sariha pudiera decir algo.

“Por lo que puedo ver, parece que están usando a mi compañero de grado Ikta como su saco de boxeo. Tal y como están las cosas, creo que tienen demasiada ventaja al ser tantos contra uno, ¿correcto? Parece un entrenamiento muy difícil.”

Sariha y los demás se quedaron sin palabras. Era de entender, ya que resultaba difícil decir algo que justificara el linchamiento que estaban llevando a cabo. Ya que la justificación que les obsequiaba su compañera de escena era exactamente lo que necesitaban, después de pensarlo un poco, todos asintieron vagamente.

“Sabía que sería algo así… Gracias a Dios, parece que no habrá necesidad de llamar a un instructor, Su Alteza, la Princesa.”

Yatori se volteó, llamándola. De las sombras del edificio de almacenaje, se distinguió la figura de una chica pequeña acompañada por una alta soldado femenina. El hermoso cabello rubio se extendía hasta su cadera y se agitaba con el viento, atrayendo las miradas de Sariha y los demás.

“¿Conque sí? Entonces, yo también me siento aliviada. Pensar que la interacción entre compañeros soldados sería tan violenta…”

Su nobleza se revelaba en el tono suave empleado. Los cinco del grupo de Sariha de pronto se dieron cuenta frente a quién se encontraban.

“¿P-Podría ser que usted sea… Su Alteza, la Tercera Princesa Chamille?”

Preguntó uno de los secuaces con un rostro rígido. El rumor de un noble excéntrico que había entrado a la Academia de Oficiales Militares en la misma posición de cualquier estudiante ordinario también había llegado a sus oídos. La Princesa, de pie junto a Haro, hizo un saludo algo extravagante.

“Es como dicen, pero mi posición actual es la de un simple Suboficial. Discúlpenme por interrumpir su valioso entrenamiento.”

“N-No, eso es…”

Mientras los cinco se atropellaban con las palabras, Yatori hizo su siguiente movimiento.

“Su Alteza, la Princesa… No, Suboficial Chamille, no debería disculparse. Es mi culpa por ver su entrenamiento desde lejos y confundirlo con una pelea. ¿Me deja que tome la responsabilidad?”

“¿Eso crees? Si es lo que quieres hacer, por mí está bien.”

Yatori, autorizada por la Princesa, comenzó a caminar hacia Sariha y los demás. Separando sus pies al ancho de sus hombros, tomó una postura firme con el centro de gravedad en su pecho.

“Ikta, ¿cuáles son las reglas de este entrenamiento?”

“Hmm… algo así como cinco-contra-uno, junto con una cacería humana, creo.”

“Entendido. Entonces, yo, Yatorishino Igsem, seré el sustituto como compañera en el entrenamiento. Por favor, continuemos.”

“Uh… No, espera…”

Al momento en que uno de los secuaces balbuceó y extendió el brazo, Yatori cargó contra su pecho indefenso y, sin encontrar prácticamente ninguna resistencia, hizo volar a su contrario. El joven golpeó el suelo con un sonido sordo, y sin levantarse, trataba de recobrar el aliento abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua.

“E-Espera… yo… entrenar con una chica…”

Los otros dos también trataron de decir algo, pero fue inútil. Dos nubes de polvo más se levantaron, y los tres tipos que habían sido totalmente derrotados por Yatori yacían a sus pies.

Incluso sin sus dos espadas, casi cualquiera que viera las Tácticas de Combate Cercano de los Igsem contendría el aliento. Sólo Ikta soltó un silbido casual.

“Estás muy pagada de ti misma…”

Entre los hermanos Remeon que quedaban, el que tenía desatado su espíritu de pelea era el gigantón de Sushura. Arrojando su enorme rifle de aire al suelo, tomó una posición como para arremeter contra la presuntuosa hija de la Familia Igsem con todas sus fuerzas. Yatori también sonrió levemente, y se movió acortando la distancia entre ambos, pero…

“Basta, Sushura. Es suficiente.”

Percibiendo su desventaja en la situación, el bramido de Sariha detuvo a los dos que estaban a punto de comenzar a pelear.

“Ha-ha. No esperaba menos de ti, Yatorishino-kun. Me siento aliviado, parece que incluso su generación no ha perdido el toque con las ‘Tácticas de Combate Cercano’ de los Igsem.”

“No, me siento honrada. Sólo es una desgracia ante sus ojos, May… digo, Capitán Sarihasrag.”

Notando el sarcasmo en su pequeño desliz, Sariha, cerró los puños mientras mantenía una sonrisa rígida… aunque el rango de Sariha era el de Capitán, no había cambiado en cinco años. El sarcasmo era como para decir: ‘¿aún no se ha convertido en Mayor?’, como bien había deslizado Yatori.

“Bien, ya fue suficiente de entrenamiento. Siento haber hecho que se nos unieran.”

Intercambiando miradas con Sariha, Sushura asintió obedientemente y recogió uno tras otro los cuerpos de sus seguidores, que habían sido noqueados por Yatori. Indiferente por el peso de los tres cuerpos, así de temible era la fuerza sobrehumana del segundo de la Familia Remeon.

“Muy bien, Su Alteza, Princesa Chamille, nos retiramos. Le deseo que le vaya bien.”

Los hermanos saludaron de acuerdo a la etiqueta y se movieron para irse, pero cuando pasaron junto a Ikta, Sariha murmuró con una intención asesina… “No creas que ya todo terminó.”

Cuando ambos desaparecieron en la esquina del edificio, como si su nerviosismo se disolviera en ese instante, Ikta dobló sus rodillas y rodó sobre su espalda. Torway también quedó libre del conjuro de sus hermanos mayores, y asustado, corrió al lado de su amigo.

“¡Ik-kun, ¿te lastimaron?! ¡Qué bien!, no hay huesos rotos, ¿verdad?”

“Me duele el estómago… me duele la espalda…”

Habiendo desaparecido la energía que mostraba mientras insultaba a Sariha, Ikta se quejó con una voz débil y lacrimosa. Haro se acercó de inmediato y comenzó a examinarlo como médico.

“Hmm, parece que sólo son raspones y un poco de hemorragia interna. Todo estará bien si se aplica algo de frío. Miru, produce algo de hielo.”

Al escuchar esto, el espíritu de agua Miru asintió y produjo tres trozos de hielo desde la “toma de agua” en su pecho, de un tamaño que fácilmente cabían en la palma de una mano. Haro envolvió los trozos, que habían comenzado a derretirse casi de inmediato, en unas vendas, y las aplicó en las zonas que mostraban mayor daño entre las áreas lastimadas de Ikta.

“No necesitas preocuparte, Torway; Ikta es más resistente de lo que parece.”

“Eso es… Pero es que por mi culpa, Onii-sama y los demás lo golpearon de esa forma…”

“¿’Por mi culpa’? Oye, no malinterpretes las cosas, Ikemen. Escúchame bien, sólo quería vengarme porque el Ikemen Sádico me interrumpió mientras dormía con su molesta voz. Puedes ver mi cama allá arriba en el árbol, ¿ves?”

Cuando dirigió la mirada hacia el punto que señalaba Ikta, ahí se encontraba una cama de tipo comercial sobre una gruesa rama, a unos 10 metros del suelo. Incluso su amigo de largo tiempo, Matthew, se mostró sorprendido por esto.

“¿Acaso te sientes una nube o algo así? ¿No piensas que puedes caerte y morir?”

“Una lección para mi buen amigo Matthew: Ikta es inesperadamente hábil para trepar árboles.”

“Y no es sólo aquí, ¿sabes? Este tipo ha expandido su nido hasta los árboles que están al centro de la base. Hoy me estaba preguntando si no estaría holgazaneando y saltándose la lección de la mañana para dormir por esta zona, así que vine a tratar de detenerlo mientras volvía al salón, y míralo, así era.”

Yatori suspiró. Mientras miraba a Ikta, quien silbaba de forma inocente, la Princesa habló.

“Tú buscaste una pelea con tantos contrarios exactamente porque anticipaste que Yatori vendría a buscarte, y asumiste que entonces te prestaríamos ayuda. ¿Estoy en lo cierto, Solork?”

“Vamos, vamos… Hey, Haro, como alguien de mayor edad, ¿podrías enseñarle a Su Alteza cómo expresarse amablemente en estas circunstancias?”

“¿Huh? Hmm… Me pregunto qué quieres decir… Ah, ¿qué es mejor que algunas cosas no se mencionen?”

El rostro de la Princesa enrojeció cuando Haro adivinó el reclamo de Ikta ante su desliz verbal, y guardó silencio. Haro, notando que a su vez había cometido un error, asustada corrió junto a Yatori y trató de cubrir su falta. Cuando se trataba de la Princesa, todo lo que decía Ikta se volvía un caso de bullyng.

“Oye, Torway.”

Ikta, aguantando el dolor y poniéndose en pie, de repente llamó al joven frente a él por su nombre.

“¿Podrías decirme la definición de ‘guerra de desgaste’?”

“Uh… Pro Ik-kun, si tú acabas de…”

“No importa, sólo dila.”

“S-Sí… Es ‘evitar una batalla decisiva mientras se gana tiempo; una batalla que se pelea esperando que llegue una oportunidad’, ¿no era así?”

Torway lo dijo palabra por palabra sin dudar. Ikta soltó un bufido y le volvió la espalda.

“Si puedes decirlo, entonces está bien. Estarás bien después mientras hagas exactamente eso, ya verás… bueno, aunque también es la parte más difícil de hacer.”

Esas palabras penetraron más duro y más profundo en el pecho del joven de lo que su interlocutor había pretendido.

 

Intercalados con varios incidentes por el estilo, los tres meses del periodo de entrenamiento básico pasaron rápidamente, y por fin, Ikta y los demás comenzaron a recibir entrenamiento como oficiales militares hechos y derechos.

“¡Los 32 que aprobaron el Examen de Oficiales Militares de Alto Rango, escuchen bien! ¡A todos y cada uno de ustedes se les asignará al mismo tiempo un Pelotón del Ejército Imperial de 40 soldados para que lo organicen! ¡Aunque son Pelotones en entrenamiento, son unidades legítimas y con todos sus deberes y obligaciones! ¡Acepten con cuidado esta responsabilidad!”

Los instructores dieron esta explicación a los soldados reunidos en la plaza; sus ansiosas miradas reunidas por esta ocasión.

“¡La repartición de los soldados para las Divisiones respectivas será diversa! ¡Los portadores de espíritus de aire a los Pelotones de Rifleros, los de espíritus de fuego a los Pelotones de Incineración; la mayoría será desplegada de esa forma. ¡Por el bien del comando, primero mentalicen cómo aprovechar bien las características de su propia unidad!”

Luego de continuar con el discurso sobre la preparación de un comandante para cierto escenario, el instructor por fin llamó a los soldados que esperaban en una plaza vecina, y comenzó la ceremonia de asignar los pelotones de 40 soldados a cada Suboficial.

Los Suboficiales no eran los únicos esperanzados. Al parecer, los reclutas que entrarían bajo su comando estaban igual, y mientras los nombres de los nuevos líderes de pelotón comenzaron a mencionarse, se comenzaron a escuchar expresiones de felicidad o de desilusión.

“¡Suboficial Yatorishino Igsem, le confío el Primer Pelotón en Entrenamiento de la División de Incineración! ¡Ha sido la puerta por la cual sucesivas generaciones de Igsem han pasado sin excepción, así que muéstrenos un liderazgo magistral!”

“Humildemente recibo esta responsabilidad.”

Una vez que Yatori recibió su comisión de parte del instructor, los soldados que se habían vuelto sus subordinados la ovacionaron con ruidosas expresiones de regocijo. Incluso durante condiciones normales, el nombre de Igsem era ampliamente conocido, pero en estos tres meses, ella había sido evaluada como una Suboficial excelente. Especialmente ahora, la Unidad Yatori era la número uno de popularidad, y a la que todos deseaban entrar.

“¡Suboficial Torway Remeon, le confío el Primer Pelotón en Entrenamiento de la División de los Rifleros de Aire! Es la unidad que antes comandaba su hermano mayor, el Capitán Sarihasrag; ¡esperamos que usted se convierta en un gran comandante que no traiga desgracia al nombre de la Familia Remeon!”

“Humildemente acepto esta responsabilidad.”

Él estaba en un estado mental muy complejo, luego de haber sido comparado con su hermano, pero también Torway fue ovacionado con gritos de alegría por parte de sus subordinados que entraban bajo su comando. Comparado con el recibimiento que tuvieron los dos nombres siguientes, Matthew y Haro, la diferencia en el entusiasmo era evidente. Muchos de los Suboficiales no pudieron menos que sentirse incómodos; ¿no estaban siendo recibidos con un saludo muy tibio por parte de sus subordinados?

Los soldados de Incineración, los soldados de Rifles de Aire, los soldados Médicos, la designación de Ikta llegó casi al final. El grupo del que sería responsable, al ser él un portador de espíritu de luz, era parte de la última División, la cual era no popular entre los soldados, debido a que casi siempre jugaban un papel de apoyo.

“¡Suboficial Ikta Solork, le confío el Tercer Pelotón en Entrenamiento de la División de Iluminación!”

“Humildemente acepto esta responsabilidad.”

Respondió Ikta con una voz levemente monótona… sin embargo, el verdadero espectáculo apenas comenzaba.

Después de recibir su comisión, cuando caminó hacia sus soldados con una sonrisa estúpida, fue recibido con un escalofriante y pesado silencio. No sólo era por decepción, sintió que todo su cuerpo era atravesado por incontables miradas cargadas de hostilidad.

“Felicitaciones por haber sido nombrado como líder de este Pelotón, Suboficial Solork; por favor, guíenos bien.”

La soldado femenina que estaba un paso al frente de las líneas de sus compañeros, al contrario de su tono tan educado, miraba a Ikta con unos ojos agresivos bajo su gorra. Era un poco baja comparada con Haro, pero aun así medía alrededor de 170cm. El rango de su insignia era el de Sargento Mayor, lo que significaba que seguramente ella era quien había estado al mando del Pelotón hasta que fue asignado a Ikta. Su edad aproximada eran 20 años, y su compañero era, por supuesto, un espíritu de luz. “Me habría gustado que fuera un poco mayor, pero esa sensación de conocimiento mundano también entra dentro de mis gustos” –Pensó Ikta distraídamente-.

“No, estaré esperando trabajar con ustedes. Por cierto, Sargento Mayor, ¿cuál es su nombre?”

Preguntó Ikta inocentemente; pero en ese momento, la hostilidad de la chica se convirtió en un aura completamente asesina.

“Si quiere mi nombre, entonces ya debería conocerlo, ¿no es así, Suboficial Solork?”

“¿Huh? No puede ser, ¿acaso ya nos conocimos antes?”

Mientras Ikta decía eso, la temperatura de las miradas de los soldados que lo rodeaban descendió. Entonces, con una mueca en el rostro, la Sargento Mayor se quitó la gorra y miró al oficial frente a ella, mostrando por primera vez su rostro.

“Soy la Sargento Mayor Suuya Mittokalif, mi compañero es el espíritu de luz Yoki… Ya pasaron dos años desde que nos vimos la última vez, ¿no es así, Suboficial Solork? En el pasado, usted tuvo una relación cercana con mi madre…”

 

El sonido de ese nombre despertó sus recuerdos, e Ikta abrió de par en par sus ojos. El rostro de la chica, su espíritu fuerte y competitivo, su estatura era un poco más elevada ahora que antes, pero su ondulado cabello castaño y sus rizos seguían ahí desde tiempos pasados.

“Suuya Mittokalif… espera… ¿será posible que seas la hija de Amishiya…?

Mientras Ikta confirmaba tímidamente, la Sargento Mayor súbitamente acercó su rostro al de él.

“Sí, yo soy su hija; sin embargo, Suboficial Solork, ¿podría dejar de usar el nombre de mi madre con tanta familiaridad? Ya que su posición en la sociedad no es más que el del compañero en adulterio de una mujer casada.”

10

“¡¡¿La hija de una compañera en adulterio del pasado?!!”

En la cafetería donde se habían reunido durante la pausa del almuerzo, los miembros de ‘La Orden de los Caballeros’ estaban impactados ante el reporte de Ikta.

“Aunque digan ‘adulterio’, pero mi relación no había llegado aún a ese punto. Aah… diablos… ¿por qué tenía que encontrarla aquí, de todos los lugares?”

“E-Espera, Ikta-san… ahora tienes 17 años, ¿cierto?… digo, ¿qué edad tenías…?”

Haro expresó una duda razonable. Ikta cruzó los brazos y pensó por un momento.

“Eso fue mientras estaba en el cuarto año de la Academia de Rango Medio, así que… ¿14 años? No, en realidad creo que ya tenía 15.

“¿Y qué edad tenía tu compañera? ¡¿No es la hija en cuestión mayor que tú?!”

“Ah, eso lo recuerdo con claridad. En ese tiempo Amishiya tenía 42 años. Me pregunto si le está yendo bien…”

Matthew abrió la boca con asombro ante los detalles que el joven mencionaba casualmente, e incluso Haro se sintió anonadada.

“¿U-Una diferencia de 28 años?… ¡Es prácticamente como si fueran madre e hijo!”

Yatori, la única que no estaba perturbada, sostuvo a Haro mientras se desplomaba en su silla. Junto a ella, la Princesa Chamille, que al fin había comprendido el contenido de toda la historia, miraba hacia el piso con el rostro completamente rojo.

“Olvídense de la edad, no puedo aceptar que hicieras que alguien cometiera adulterio. No me digas que sabías de ello mientras lo hacías.”

“Claro que no sabía nada. Mi gusto por las mujeres mayores generalmente es aceptado por mí mismo y por los demás, pero no tengo el hábito de robarle la esposa a alguien más. La misma Amishiya me dijo que estaba separada de su esposo, e incluso me invitó a su casa en muchas ocasiones, así que no había forma de que yo pensara que aún estaba casada, ni nada de eso.”

La historia iba progresando en una dirección cada vez más perturbadora… El rostro de Su Alteza Chamille estaba tan rojo que parecía que podría sacar vapor en cualquier momento. La excitación era demasiada para una chica de apenas 12 años, pero a Ikta no parecía importarle algo así.

“Aah, ahora que lo pienso, estábamos en su casa cuando nos descubrieron… Suuya[5] volvió a casa sin anunciar la fecha. Fue toda una sorpresa porque esa chica estaba en verdad furiosa. Primero me echó, luego interrogó a Amishiya, e incluso llamó a su padre de regreso, quien estaba en un viaje de negocios… Parece que tuvieron una discusión muy acalorada, con reclamos entre todos.”

“Es un buen ejemplo de ‘cosechas lo que siembras’. Es natural que te reclamaran, ¿no?”

“Bueno, no voy a buscar pretextos. Después, cuando Suuya me llamó, una vez concluido el encuentro familiar, lo último que me dijo fue ‘Nunca te perdonaré. No te vuelvas a presentar frente a mi madre nunca más’. Yo estuve de acuerdo con eso… pero sentí alivio de que la casa Mittokalif hubiera resistido sin desintegrarse.

Ikta, tomando aliento y sorbiendo su té, fue confrontado por los rostros serios de las chicas a su alrededor. Normalmente, uno no podría resistir estar en medio de esta atmósfera, pero él aguantó magníficamente, mostrando sus nervios de acero.

“Ha-ha… y por cierto, ¿qué voy a hacer? De algún modo, parece que la historia es ampliamente conocida por todos los soldados de mi pelotón, ¿ven? Es mi primer día en el trabajo, y parece que nadie está dispuesto a escuchar lo que yo les diga.”

“Arréglatelas por ti mismo. No tengo ni un milímetro de simpatía por lo que hiciste.”

Yatori cortó con un golpe seco. Matthew y Haro también asintieron mostrando su acuerdo.

“Mis amigos son tan fríos conmigo… Muy bien, ya entendí; ya no volveré a confiar en ustedes nunca más.”

Mientras estaba al borde de unas lágrimas evidentemente falsas, Ikta se levantó de su asiento con su plato de comida vacío en la mano. Torway y la Princesa, que se habían abstenido de comentar algo hasta ahora, hicieron el intento de ir tras él, pero Yatori los detuvo.

“Su alteza, la Princesa, por favor, quédese donde está. Torway, tú también; por favor, no lo sigan.”

“P-Pero por qué, Yatori? Aún Solork se ve inusualmente perturbado…”

“Desde que nos conocimos por primera vez, sólo he recibido la ayuda de Ik-kun, así que ahora me gustaría…”

“Sospeché que ambos dirían eso. Ayudar y malcriar son similares pero diferentes, ¿correcto? El asunto en esta ocasión es completamente fruto de su propio descuido; así que tiene la obligación de lidiar con ello por sí mismo; y en lo que se refiere a los detalle del problema en cuestión, es algo en lo que los ajenos al tema no deberíamos tratar de intervenir.”

Sus palabras eran tan lógicas que los dejó callados. Yatori, viendo su tribulación, sonrió con amargura y añadió para tranquilizarlos.

“Supongo que me expresé pobremente. Lo que quería decir es que simplemente no necesitan preocuparse. Bueno, sólo vean desde lejos por un rato cómo van las cosas, y pronto comprenderán que no vale la pena preocuparse. Si él fuera el tipo de persona que no supiera qué hacer en esta clase de situación, entonces Ikta Solork no estaría aquí, en primer lugar.”

 

“¡Alto! ¡Todos, izquierda!”

Una aguda voz femenina reverberó por toda la plaza. Bajo el ardiente sol, cuarenta pares de botas militares golpearon fuertemente el sólido suelo, y el Pelotón Ikta, comandado por la Sargento Mayor Suuya, continuó marchando en línea.

“Hmm… sus habilidades son decentes.”

Sin embargo, en cuanto al líder del Pelotón, que se supone que debería estar tomando el comando, estaba sentado en una pequeña colina, mirando la condición de sus subordinados. Esto no era por su pereza habitual, sino porque había sido boicoteado por los soldados.

“¿Qué puedo hacer…?”

Murmuró Ikta mientras se rascaba la cabeza con una mano. Como resultado de la fama que Suuya le había adosado, la buena voluntad de los soldados hacia él estaba en cero o en valores negativos. Antes de comenzar el entrenamiento, ella se lo había dicho en persona.

“Está bien si usted no hace nada, Suboficial Solork, ya que los soldados se mueven muy bien bajo mis órdenes.”

Parecía que ella no tenía la menor intención de trabajar en su deber original como asistente del líder del Pelotón. Por tanto, Ikta de forma involuntaria se volvió un adorno en la colina. Bueno, esto es sencillo, así que no estaba mal del todo…

“Aun así, considerando mi posición, por lo menos tengo la responsabilidad de supervisar, ¿no?… Al menos por su bien.”

Exhaló un suspiro. Ikta había sido forzado a ser un soldado contra su voluntad, como resultado de los arreglos de Su Alteza Chamille, pero estas circunstancias no tenían nada que ver con sus subordinados. Él estaba pensando en esperar por una oportunidad y escapar del ejército, pero mientras eso pasara, quería por lo menos supervisar a sus subordinados, quienes no tenían culpa de nada.

“Vaya, vaya… Parece que aun yo tengo una centésima de millonésima parte del sentido de responsabilidad que el Teniente General Rikan tenía…”

Con el corazón cargado de responsabilidad, Ikta se levantó y bajó de la colina. Un viaje de mil leguas comienza con un solo paso. Incluso si ascender hasta ser un Oficial en comando así de repente resultara imposible, por hoy, al menos hagamos algún progreso para dejar de ser un simple adorno.

 

Dos hombres con un telescopio miraban desde lejos los intentos de Ikta de comunicarse con sus subordinados en su habitual y despreocupada manera. Un atractivo joven con cabellera verdosa, y un gigante con una estatura cercana a los dos metros. Eran los hermanos Remeon.

“Ha-ha, que te sirva de lección. Oye Sushura, ¿puedes verlo? Sus soldados lo están ignorando.”

“…”

“¿Cómo es que ese desastre es un ‘Caballero Imperial’? Es obvio que el que haya cruzado la frontera desde el territorio de Kioka y que regresara vivo fue sólo buena suerte. Ese tipo me hizo escuchar su maldita palabrería ridícula.”

Sushura, tan silencioso como una roca, escuchaba el exabrupto que Sariha repetía una y otra vez.

A decir verdad, él no era del tipo que conserva rencor, al contrario de su hermano mayor; por lo que ya había dejado de preocuparse de Ikta. Incluso en sus acciones actuales, que parecían de espionaje, sólo se limitaba a hacer lo que hacía su hermano, y estar a su lado.

“Aah, mierda. El sólo recordarlo me da náuseas. Es cierto, si hablamos de una mala actitud, también está Toruru. Sería genial si sólo se callara y escuchara lo que tengo que decirle, como solía hacerlo; pero después de convivir con ese rarito, el estúpido se me voltea y se pone de rebelde. Ya que llegamos a esto, tenemos que agarrar a esos dos y hacerles comprender su lugar, ¿no crees? Tú estás conmigo en esto, ¿no, Sushura?”

“…”

En contraste con el silencio de Sushura, Sariha siguió hablando sin parar. Un instructor veterano que acertaba a pasar por ahí les preguntó algo a ambos jóvenes.

“¿Es el Capitan Sarihasrag quien está ahí? Ya veo, así que ha vuelto desde la fortaleza del norte.”

Sariha, a quien se dirigía, removió de inmediato de su ojo el telescopio y saludó a su instructor. Cuando estaba frente a sus superiores, su actitud habitual de cuando denostaba a sus hastiados compañeros de escena cambió por completo. Se puso tenso y su tono se volvió cortés.

“Ha pasado tiempo, Teniente Coronel Kuurij. Es bueno ver que está ileso, Teniente Coronel.”

“Hm, ya pasaron casi tres años, ¿no? Primer Teniente Sushuraf, usted también tiene una buena cara; sin embargo, ¿qué es lo que miraban con tanta atención con ese telescopio?”

“Ha… sólo estábamos revisando la condición de nuestros compañeros de grados inferiores de este Curso de Oficiales Militares de Alto Rango. Parece que apenas terminaron con las habilidades básicas      y les confiaron sus pelotones, y como sus superiores, tenemos curiosidad en varios aspectos.”

“Ya veo, estoy familiarizado con eso. Yo también pasé por algunos problemas la primera vez que tuve subordinados.”

El instructor que rememoraba con mirada ausente, de pronto volteó a ver a los hermanos Remeon como si recordara algo.

“Lo que me recuerda… Ustedes dos, si están tan aprehensivos con los de grados inferiores, ¿qué tal si les sirven de guía y los entrenan?”

“¿Eh? Pero no somos instructores…”

“No, no es eso. Incluso ustedes lo recuerdan, ¿no? Después de que les confían sus pelotones, se realizan prácticas periódicas para cultivar la sensación de comando en una batalla falsa. Son batallas simuladas donde se usa pintura como arma, pero ¿qué tal si ustedes les sirven de oponentes a los nuevos reclutas? A eso es a lo que me refiero.”

Sariha abrió los ojos, y su mandíbula colgó de alegría. Era una bendición de Dios.

“Seguro, estaríamos encantados de participar. ¿Cuándo será la primera práctica?”

“Más o menos en un mes a partir de ahora, pero eso será cuando lleguemos a la locación, y habrá algo de tiempo antes de la batalla simulada. Sus compañeros inferiores, faltos de experiencia, de seguro estarán ansiosos; ¿supongo que eso no les importa?”

“Para nada; todos somos inexpertos al inicio. Por cierto, ¿elegirán al azar a los de grados inferiores a los que enfrentaremos?”

“¿Hay algún nuevo recluta en el que haya puesto los ojos? Ciertamente, hay algunos muy interesantes este año comparado con los otros. Si tiene alguna preferencia, dígalo; estoy seguro de que ellos apreciarán su participación en la práctica.”

Sariha, animado por la capacidad de elegir que se le había conferido, enumeró cinco nombres sin ninguna duda. El instructor sonrió, mostrando los dientes.

“Ha-ha. Ya veo, eligió a toda la ‘Orden de Caballeros’… Ustedes chicos tienen agallas, ¿eh?”

El instructor no notó en lo absoluto las negras intenciones que se escondían detrás de la sonrisa de Sariha.

 

Cierto día, aproximadamente un mes después de que los Suboficiales del Curso de Oficiales Militares de Alto Rango fueran asignados a sus pelotones…

En la sala de descanso de las barracas, Matthew llegó boqueando a donde Ikta, Yatori, Torway, Haro y Su Alteza, la Princesa, estaban puliendo sus contramedidas contra el examen que los tenía preocupados. Los miembros de la ‘Orden de Caballeros’ giraron las cabezas ante su entrada llena de pánico.

“Tanta prisa… ¿Qué te pasa, Matthew? ¿Qué tal si bebes algo de agua para calmarte primero?”

“M-Me disculpo, Su Alteza, la Princesa. Gracias.”

Después de tomar el vaso que le ofrecía la Princesa y vaciarlo de un trago, Matthew abrió la boca otra vez.

“Algo terrible está por suceder. No estoy seguro de que podamos volver en una pieza.”

“En una pieza… e-eso no suena muy pacífico, ¿no? ¿Qué sucede?”

“El programa de prácticas en el que estaremos participando fue colocado en el tablero de anuncios. La fecha se fijó a cinco días a partir de hoy, pero eso no es lo importante; el problema está en los detalles. Parece que seis pelotones tendrán que marchar, divididos en dos grupos a una zona a unos 30 kilómetros al suroeste de aquí, y luego tendrán una batalla simulada usando pintura como arma, pero…”

“¿Entrenamiento de marcha y una batalla simulada? No parece muy fácil para ser nuestra primera práctica.”

“¡Les digo que no es momento de estar diciendo esas cosas tan despreocupadas! Los seis pelotones que se dividirán para pelear son, por un lado, el mío, el de Ikta y el de Torway; ¡y por el otro lado, estarán las unidades de Yatori, del Capitan Sarihasrag y del Primer Teniente Sushura!”

Eso tomó por sorpresa a todos. Yatori, nombrada como compañera de un par inesperado, abrió los ojos asombrada.

“¿Qué, sólo yo estoy en un campo distinto? Los hermanos Remeon deben tenerme un especial aprecio.”

“Yatori, eso es sólo por ahora. Quiero decir, normalmente esos dos ni siquiera te voltearían a ver.”

Torway estaba impactado por lo que murmuró Ikta, pero por fortuna, no llegó a los oídos de Yatori. Su personalidad frente a los varones era uno de sus puntos débiles, pero de alguna forma, ella no estaba enterada de esa clase de minucias.

“Qué bien… es obvio que esta alineación está diseñada para atormentarnos a nosotros tres, ¿no? De nuestro lado todos somos Suboficiales, pero en el otro, dos de los tres son un Capitán y un Primer Teniente en servicio activo. ¿Ni siquiera consideraron hacer el espectáculo un poco más justo?”

Ikta sonrió amargamente con una cara de derrota. Matthew no comprendía cómo podía estar tan tranquilo.

“¡Te digo que este no es el momento de sonreír! ¡¿Qué diablos vamos a hacer al respecto?! ¡Esos dos seguro aún nos guardan rencor por lo de antes! ¡A este paso, nos molerán en la batalla simulada, usando el entrenamiento como excusa!”

Las palabras de Matthew penetraron en el pecho de Torway, por lo que, sintiéndose responsable, mordió su labio e inclinó la cabeza.

“L-Lo siento, es por mi culpa…”

Sin decir nada a nadie, Ikta golpeó en la frente a Torway. Además, soltó un bufido y habló.

“Hey, no seas presuntuoso, Ikemen. De la forma como lo veas, yo soy el blanco principal de su venganza, y los otros dos entran como un extra, ¿cierto? Para ser perfectamente honestos, a Matthew sólo lo arrastramos a esto.”

“Estoy de acuerdo. Como la que llegó a interrumpir la pelea, yo también me siento responsable de cómo se pusieron las cosas. Bueno, no tiene caso hablar ahora… En todo caso, no te preocupes, Matthew.”

“¡¿Pero cómo puedes estar tan tranquila en un momento así?! ¡Si nos tienes algo de simpatía, encuentra alguna forma de contrarrestarlo!”

El rostro de Yatori mostró algo de extrañeza ante el grito de agonía de Matthew, así que se cruzó de brazos.

“Aunque en verdad no deseo hacerlo… pero en nombre de la Familia Igsem, yo en lo personal no puedo dar concesiones cuando se trata de una práctica militar. Lo siento por ustedes, chicos, pero pelearé a todo lo que den mis capacidades. Pero por supuesto, si ocurre alguna violencia irrazonable en mi presencia, trataré de detenerla.”

“Podemos confiar en que Yatori sea fiel a su forma de ser, ¿no creen? Bueno, pero supongo que así está bien. Para ti, es una forma de mostrar tus habilidades ante un rival[6] largamente esperado. Lo mejor es ignorar todas las distracciones… Por cierto, Matthew, ¿el pelotón de Haro no va a participar en la práctica?”

“La División Médica también se dirigirá al sitio, sin estar afiliada a ninguno de los campos, sino que darán ayuda indiscriminada a las personas que se lastimen durante el entrenamiento. ¡Pero Ikta, ¿por qué diablos estás tan tranquilo?! ¡Olvídate de las demás personas, ahora por quien debemos preocuparnos es por nosotros, ¿no?!”

“Vamos, cálmate Matthew. Nuestros superiores acosadores son algo molestos, pero esta es nuestra primera práctica. Cualquier cosa puede pasar, y lo que ha de pasar, pasará. Si morimos, ya cruzaremos esa frontera juntos, ¿está bien?”

Expresando sus pensamientos sin nadie más que lo apoyara, Ikta de pronto se levantó de su asiento. Impresionado, Torway lo llamó mientras se retiraba, cuando ya casi abandonaba la sala.

“Ik-kun, ¿a dónde…?”

“Voy a convertir una crisis en una oportunidad. La guerra de desgaste… es momento en que le pongamos fin a todo esto.”

Pareció que Ikta había abandonado el lugar después de dejar esas palabras tras de sí, pero de repente, su rostro se asomó casualmente desde la puerta y dijo:

“Y deja de llamarme ‘Ik-kun’.”

 

Regresando de un violento entrenamiento de combate cercano, la Sargento Mayor Suuya Mittokalif se tomó un respiro para saciar su sed en una fuente de agua, pero de repente se sintió irritada hasta la médula por la voz familiar que reverberaba desde el fondo del patio.

“Ah… ahí estás, Suuya. Me pregunto si tienes tiempo ahora; ¿podemos hablar?”

“…”

“¿Suuya? Hey, Suuya, ¿puedes oírme? Suuya, Suuya, ¡Suuuuuuya!”

“¡Puedo escucharlo, así que deje de llamarme tantas veces! ¡Además, ¿por qué me está llamando por mi primer nombre y no por mi apellido?!”

“Siempre les hablo con mucha familiaridad a las chicas por su primer nombre desde que las veo por primera vez. Es una habilidad básica para los cazadores, ¿sabes? Aunque eso depende de la situación.”

“Decir algo tan ridículo con una expresión tan seria… Entonces, por favor, al menos llámeme por mi rango.”

“No quiero. ‘Suuya’ tiene un sonido muy agradable, y el añadir lo de ‘Sargento Mayor’ sólo lo arruinaría.”

Ikta habló con seriedad. Con su fatiga sobrepasando su irritación con este intercambio de palabras, la Sargento Mayor Suuya, sin tener alternativa, decidió escuchar lo que su compañero tenía que decirle.

“¿Qué es lo que desea, Suboficial Solork? Aunque no tiene caso el tratar de interferir con el próximo entrenamiento.”

“No… en realidad es justo eso, Suuya. No es bueno si sigo dejando todo sobre ti, ¿ves? ¿No crees que ya es tiempo de que me dejes intervenir?”

“No, todo está perfectamente bien. No necesito que usted haga nada.”

“Aah, eres tan fría… ¿Acaso es porque me llevaba tan bien con tu madre?”

Los ojos de Suuya brillaron con intención asesina, mirando a su compañero de escena. Sin tener la menor duda, como si hablara de cosas menores, Ikta había mancillado su templo interior.

“Se lo dije, ¿no es así?, que no dijera el nombre de mi madre nunca más.”

“Lo hiciste, pero no recuerdo haber respondido ‘sí, lo entiendo’. De todos modos, contesta mi pregunta: el que no quieras que me haga cargo del pelotón, ¿es porque tuve una relación con tu madre?”

Suuya no pudo responder. Era obvio que ese era el caso, pero Ikta también sabía que no podía decirlo, ya que reconocer tal cosa sería también reconocer que ella estaba rompiendo el orden militar por intereses personales.

“Está… Está equivocado. No es así. Esa no es la razón.”

“¿Oh? ¿Entonces cuál es?”

“Eso, bueno… Suboficial, su resistencia está por debajo del estándar, y usted es débil tanto en combate cercano como en prácticas de tiro. No lo puedo visualizar como alguien que tome el comando personalmente en un campo de batalla.”

“Hmm… ¿esa es la razón principal?”

“Así es. Yo me encargo de todo, así que por favor, relájese hasta que mi rango se vuelva más alto. Los Anales de Historia Militar o el Análisis de Tácticas Militares… esas clases son su punto fuerte, ¿no?, ¿no sería mejor que se enfocara en esas áreas?”

Suuya estableció su razón con cierta dificultad. Ella no es de las que se expresan de forma fluída, ¿no?, Ikta se dio cuenta de inmediato. ¿Es esa la razón verdadera? Adicionalmente, pudo ver que ella tenía un cierto complejo contra los académicos.

Aunque era una táctica un poco baja, con un compañero de escena así, era increíblemente fácil llevar la conversación por donde le conviniera.

“Voy a cambiar de tópico por un momento. Suuya, sabes que tenemos una práctica en cinco días, ¿no?”

“¿Huh? Ah, sí; vi el anuncio esta mañana. Parece que tenemos que marchar y tener una batalla simulada…”

“Así es. Respecto a la batalla, verás; ¿tienes confianza en que podrás ganar?”

Sin darle tiempo de pensar, Ikta soltó la pregunta. Suuya, tomándose su tiempo, se sintió presionada para responder.

“Eso… Por supuesto que haré mi mayor esfuerzo, pero…”

“¿Ganarás si das tu mayor esfuerzo?”

“No, odio admitirlo, pero creo que será muy difícil. Hay una diferencia muy grande entre la fuerza de ambos campos; el Capitán Sarihasrag y el Primer Teniente Sushura son oficiales en servicio activo, y existe el rumor de que la Suboficial Yatorishino tiene las mejores notas del curso… Es genial que el Suboficial Torway esté de nuestro lado, pero no se puede decir que el último, el Suboficial Tetdrich, sea alguien excelente…”

“Ya veo. Así que es imposible para tu liderazgo revertir esa desventaja.”

Después de forzar una pausa en la conversación, reacomodando sus palabras de una forma que evitaba toda objeción, Ikta esperó por el tiempo justo, y luego hizo su movimiento.

“Muy bien… Si ganamos la batalla simulada bajo mi comando, me pregunto si eso significará que soy mejor comandante que tú.”

“¡¿Huh?! ¡Eso…!”

“Eso es lo que significaría, ¿no crees?, ya que yo podré hacer algo que tú no puedes. Por lo menos eso te hará revisar tu evaluación sobre mí, de que ‘no estoy capacitado para comandar en el campo personalmente’.”

Suuya cayó en pánico. Finalmente, después de llegar tan lejos, se dio cuenta de que la habían manejado como títere. Trató de enojarse, pero como participó por su voluntad en la conversación, ahora no podía retractarse.

“Si usted gana la batalla simulada… y, Suboficial Solork, si usted tiene un papel importante en la victoria…”

“¿Me permitirás que dirija el pelotón?”

“Está bien…¡Pero… Pero… Suboficial, ¿y si pierde?!”

Para Suuya, cuyo punto fuerte no era la elocuencia, esta era la mejor respuesta que se le podía ocurrir. Encontrando encantadora esta faceta suya, Ikta expresó lo que su compañera estaba esperando escuchar.

“En ese caso, será exactamente como dijiste… Voy a pensar en mi futuro y me concentraré en el trabajo de escritorio, que encaja mejor conmigo. A partir de entonces, no diré ni una palabra de que sigas al mando del pelotón… ¿con eso está bien?”

Ikta buscó confirmación, y Suuya asintió claramente. Cuando vio que su compañera había dejado a un lado su orgullo y estado de acuerdo con su idea, el joven sonrió, satisfecho por el momento.

“Ciertamente que tenemos un trato. Muy bien, a partir de ahora y hasta el final de la práctica, me haré cargo del Tercer Pelotón en Entrenamiento de la División de Iluminación. Como podrás comprender, necesito de algunos días para entrar en calor… no podrás quejarte, ¿verdad?”

“Entendido… Como desee.”

“Dejemos que los soldados escuchen de ti misma que ahora seguirán mis órdenes. Ellos deberían aceptarlo si les mencionas los términos a los que hemos llegado. Si ellos no están dispuestos a seguir las reglas, entonces por supuesto que el trato se rompe. Estaré esperando por ello.”

Empujando con fuerza sus demandas, Ikta se retiró de la presencia de Suuya. El escenario estaba listo… aunque aún era muy temprano para decir tal cosa. Esa expresión está reservada para aquellos que tienen confianza en su victoria.


 

Notas de la traducción:

[1] Escrito como “Tabla de piedra negra”, y leído como “cuaderno”.

[2] Se refiere a como un gato es tímido cuando lo prestan (lo llevan) a un entorno desconocido para él.

[3] Escrito como “Capitán Sariha”, y leído como “esa persona”.

[4] Se refiere a cuando en un equipo de lucha, uno le da una palmada al otro para darle el turno.

[5] Escrito como “su hija”, y leído como “Suuya”.

[6] Escrito como “Torway”, y leído como “rival”.


 

Capítulo 2Índice – Capítulo 4

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