Epílogo

Capítulo 4ÍndicePalabras Finales


 

Bajo el cielo nocturno perfectamente claro y sin nubes, un anciano solitario vestido con una bata blanca de laboratorio permanecía inmóvil.

La luz que sostenía en sus manos no era la de un espíritu de luz, sino una lámpara de aceite. Por ahora, él estaba bloqueando incluso ésta débil luz interponiendo su mano. Lo que deseaba ver no estaba a sus pies, a donde la luz de la lámpara podía alcanzar, sino algo que, además de estar en la dirección completamente opuesta, tampoco requería de luz para ser observado.

“¡Espere un minuto, profesor Anarai; si sigue afuera con un tiempo así, seguro pescará un resfrío!”

Sospechando de la condición del anciano, que no temblaba en absoluto mientras seguía en pie, un hombre joven también con bata de laboratorio salió corriendo de una casa… Comparada con la tierra de intenso calor donde habían vivido antes, aquí el aire nocturno era un poco más frío. Ya que su cuerpo no se había acostumbrado al clima, él estaba preocupado por la salud de Anarai.

“Oh, Bajin, tranquilízate. Volveré pronto.”

“Aah, ¿estaba mirando el cielo? Está muy claro hoy, ¿no es así? Entonces, ¿qué estrella es la que está observando? ¿O se trata de la Luna?”

“Una estrella… Una que definitivamente no desaparecerá en los próximos mil de años.”

Ante esa frase tan extraña, y siguiendo la dirección de la mirada de Anarai, Bajin pronto localizó el astro en cuestión.

“Alderamin[1]… ¿cierto?”

“Brr… Alto ahí, Bajin; tan sólo llámala ‘la estrella del norte’. Me traerás recuerdos de esos abominables inquisidores de la Iglesia de Alderah.”

Diciendo eso, Anarai finalmente regresó a la casa. No importa cuánto tiempo pase, él sigue tan excéntrico como siempre… pensando eso, Bajin caminó tras él.

El nuevo laboratorio que la República de Kioka les había dado, no era más que una casa simple, pero para ellos dos, era el paraíso en la Tierra, donde podían vivir sin tener que soportar el polvo y la humedad. Sólo por eso, Bajin estaba dispuesto a reconocer su patriotismo por Kioka, pero Anarai seguía oponiéndose tercamente.

“Bah… esos tipos del gobierno… ¡nos mandaron otro rechazo!”

Mientras renegaba en su escritorio viendo las piezas postales que había recogido de su buzón de correos, Anarai gruñó de repente. Intuyendo la situación, Bajin encogió los hombros y dijo:

“¿Es el experimento de antes? Bueno, no importa lo profundos que sean los bolsillos de Kioka, no nos van a dar permiso, ¿sabe?”

“¿Qué? ¿Acaso no quieres hacerlo, Bajin?”

“Es difícil de decir… como investigador sí quiero, pero como ser humano, no. En cualquier caso, habrá quien se oponga a la ‘disección de un espíritu’, y usted lo sabe.”

Anarai se burló… Sí, lo que había solicitado este viejo profesor era un permiso del gobierno para hacer la disección de los cuatro grandes espíritus. Por supuesto que usaría los cascarones vacíos sin sus ‘piedras del alma’, pero aún en la República de Kioka, una nación cimentada celosamente en la tecnología, el permiso no les sería concedido tan fácilmente.

“No hay nada que podamos hacer sobre eso. Aunque no se tiene una ‘religión de estado’ como en el Imperio, aun así más del 80% de los ciudadanos de Kioka son creyentes de la Iglesia de Alderah. A pesar de que la separación entre iglesia y estado está progresando poco a poco, los mandamientos de la Iglesia de Alderah siguen siendo una ley influyente.”

“Lo que quiero decir es más fundamental. ¿Cómo es que sí se permiten las ‘disecciones de humanos’ si se recibe el permiso de la persona mientras viva; pero sólo la ‘disección de un espíritu’ no está permitida? Al contrario de los humanos, que mueren permanentemente, un espíritu es inmortal si llevas su ‘piedra del alma’ hasta el ‘Sanctum’, ¿no es así?”

‘Comprendo su lógica, pero…’ el rostro de Bajin lo decia todo, mientras sonreía amargamente. Anarai guardó silencio, uno podría pensar que era porque estaba enfadado, pero de repente se levantó de su silla y caminó hacia un rincón del cuarto. Lo que estaba alineado ahí, a semejanza de las criaturas de su laboratorio anterior, eran modelos a escala real de los cuatro grandes espíritus.

“Oiga, profesor, deje de guardárselo y sólo dígamelo. ¿Cuál es el propósito de crear esos ‘espíritus artificiales’?”

“No se lo diré a un discípulo que no es digno.”

“¡Ah, qué cruel! Si yo, que lo he seguido hasta aquí, soy un discípulo indigno, ¡entonces nunca encontrará a uno que lo sea, sin importar en qué parte del mundo lo busque!”

Bajin comenzó a rebuscar entre los documentos dispersos mientras expresaba su enojo. Captando vistazos de él de reojo, Anarai comenzó a hablar con voz suave.

“Escucha, Bajin; esta es sólo una sensación, pero ¿no crees que el libre albedrío es una característica fundamental de todos los seres vivos?”

“¿Hm? ¿Dijo ’libre albedrío’?”

“Sí, ¿o debería decir ‘no adherirse a la voluntad de otro’? Por ejemplo, los animales salvajes solían atacar a los humanos. Para controlar eso, tenemos que usar trampas y armas para pelear. Incluso si tratamos de domarlos con una sonrisa, ellos no bajan su guardia fácilmente. Eso el libre albedrío, ¿no?”

“Huh…”

“Sin embargo, cuando se vuelven ganado o mascotas, las cosas cambian un poco. Se vuelven emocionalmente atraídos por los humanos y son serviles con nosotros. Ellos nos dan su pata delantera cuando se la pedimos, y exponen sus órganos genitales cuando les ordenamos ‘acostado’. Por supuesto que el ganado y las mascotas son existencias que tienen un significado en nuestras vidas, pero aparte de eso, ellos ya no poseen un ‘libre albedrío’, ¿no es así?”

“Y ya que son seres vivos sin libre albedrío, son existencias beneficiosas para la humanidad… ¿a eso se refiere?”

“Sí. Si el ‘libre albedrío’ es la esencia de los seres vivos, entonces creo que ‘el beneficio de la humanidad’ es la esencia de las cosas artificiales. Y cuando los observas y mantienes eso en tu mente…”

Anarai volteó a ver a los modelos frente a sus ojos de uno en uno. El espíritu de fuego, que sólo produce fuego para nosotros; el espíritu de agua, que siempre prepara agua limpia para nosotros, el espíritu de aire, que mantiene limpio nuestro aire; y el espíritu de luz, que se vuelve nuestra luz en las noches oscuras…

“Estas existencias que son tan beneficiosas para la humanidad, los compañeros buenos de los humanos sin una pizca de libre albedrío, ¿podemos llamarlos realmente seres vivos?”

Asimilando esas palabras, Bajin por fin entendió la razón por la que Anarai trataba de crear ‘espíritus artificiales’.

“Profesor Anarai, básicamente… Con el objeto de probar que los espíritus son formas de vida artificiales, ¿usted quiere producir espíritus con sus propias manos?”

“Estoy bien consciente de que eso está lejos de ser una prueba absoluta, ya que el ser capaz de crearlos no significa que yo sea capaz de crear lo mismo que Dios hizo para sus propósitos… Sin embargo, en todo caso, estaré satisfecho si sólo una fracción de personas comienzan a tener dudas al respecto.”

El esfuerzo humano fue capaz de reproducirlos hasta este nivel. Cien años después, o doscientos años después, podían llegar a ser más cercanos a los originales. Alguien que pensara en ello de esa forma, podría llegar a concebir una idea nueva… Esperen, si las manos humanas fueron capaces de reproducirlos a tal grado, entonces, ‘¿no habría la posibilidad de que los humanos hubieran creado a los originales, en primer lugar?’

“No obstante, los espíritus nacen en el ‘Sanctum’. Escuché que esta misteriosa institución existe desde mucho antes de que hubiera registros históricos. ¿No habrá alguna forma de que los humanos de aquellas eras fueran capaces de crear algo que incluso el Profesor Anarai de esta era no pudiera reproducir adecuadamente?”

“Es exactamente como dices. Por tanto… creo que si hubo humanos que los crearon, entonces, ¿no habría sido una rama de la humanidad sin ninguna conexión con nosotros? Ellos podrían haber fallado en comunicarse con nosotros, o incluso tratar de cortar sus lazos de forma deliberada… Cualquiera que sea el caso, creo que las cosas que nos dejaron son como un legado precioso… ¿no será eso, acaso, los cuatro grandes espíritus?”

“Eso es magnífico. Con su lógica, eso significaría que en un tiempo mucho muy anterior a nuestra civilización, existió gente que poseyó tecnología mucho más avanzada que la nuestra. ¡Podríamos llamarla una Civilización Ancestral Superior!”

Quizás porque estaba impactado por haberle asignado un nombre a su hipótesis, Anarai se había puesto de repente de buen humor, y comenzó a tomar los modelos en sus manos. Bajin mostró una sonrisa amarga, mientras miraba la parte de atrás de la cabeza con cabellos nevados del anciano.

No importa a qué país o a qué lugar llegara, él seguiría corriendo en busca de la verdad sin fijarse en las leyes, gobiernos, Dios o tiempo. El intelecto del Profesor Anarai Khan adoraba la libertad. Es muy posible que, desde la perspectiva de otro de los muchos genios, esa fuera algo digno de envidiar.

 

<FIN>


Notas de la traducción:

[1] Escrito con los kanjis de “estrella guía en jefe”, leído como “Alderamin”.


Capítulo 4ÍndicePalabras Finales

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