Capítulo 1: Una caja abierta y su contenido desafortunado

PrólogoÍndiceCapítulo 2


30 kilómetros al sur de la Capital Imperial Banhataal, estaba la Base Central del Ejército Imperial.

Bajo el violento sol, incluso ahora, los soldados estacionados ahí, estaban sudando a causa de su entrenamiento.

“¡Aprisa con la hospitalización! ¡Cuando ellos vuelvan a la línea de soporte logística, comiencen a cubrir sus posiciones!”

La que estaba dando órdenes a sus subordinados con toda la fuerza de sus pulmones, sobresaliendo por su alta estatura y su sedoso cabello azulado, era la Suboficial Haroma Bekkel.

Ella parecía ligeramente poco confiable debido a su juventud y falta de experiencia, pero contrario a dicha impresión, ella era una persona prominente y prometedora, que portaba el título de ‘Caballero Imperial’.

“¡Ustedes ahí, hagan sus puntadas más parejas! ¡Están usando mucho hielo! ¡La mitad de una pieza es suficiente para un raspón de ese tamaño!… Ah, los de allá, ¡la posición de sus manos es demasiado alta para un masaje cardiaco! ¡Presionen el corazón en donde está el esternón, ¿comprenden?! ¡Traten de empujar un poco más abajo, de esta forma!”

Durante la práctica de curación, que usaba muñecos en vez de soldados heridos, Haro iba de un lado a otro, señalando los errores de sus subordinados.

Como una portadora de un espíritu de agua, y como graduada de la Academia de Enfermería, ella comandaba un Pelotón médico. Había gente de ambos géneros, como en las otras divisiones, pero el porcentaje de soldados femeninos era ligeramente mayor. Los médicos eran desplegados como cualquier otra unidad, pero su pelotón, cuya responsabilidad principal era recorrer las líneas frontales proveyendo cuidados, era una especie de unidad de búsqueda y rescate.

Su trabajo podía compararse al de los ángeles en dos aspectos: En primer lugar, eran la salvación de las personas heridas que no eran capaces de moverse. Y en segundo, en que eran ellos los encargados de recuperar a los caídos en batalla en sus momentos finales.

“¡Ya es suficiente! ¡Los grupos que no hayan terminado sus tratamientos, por favor repórtenme sus puntos de reflexión! Fuera de eso, formen una línea y regresen a las barracas.”

Alrededor de la mitad de los soldados se reunieron en el espacio libre disponible, y Haro recibió los reportes de la otra mitad. Todo el tiempo, ella había notado una figura conocida, persistiendo en su visión periférica… Cuando el último grupo entregó su reporte y se disipó la necesidad de contenerse, ella caminó hacia él.

“Buenas tardes, Ikta-san… ¿Está bien que duermas aquí?”

Dijo Haro con una voz cálida al joven que yacía en la hierba mientras leía una carta. Al escucharla, Ikta levantó la parte superior del cuerpo y se estiró como gato.

“Hola, buenas tardes, Haro. No te preocupes, donde quiera que duerma, la mitad derecha de mi lecho siempre estará reservada para ti.”

Era su puya habitual. Pensando que era penoso ser molestada así todo el tiempo, Haro decidió contestarle hoy.

“¿D-De verdad? ¿Acaso tu libro de citas no estaba completamente lleno hasta hace poco?”

“Depende de ti si puedo avanzar un paso adelante para convertir esa agenda soñada en realidad… ¿Qué día quieres reservar?”

019

Los ojos de Ikta brillaron sospechosamente. Sintiendo que era peligroso seguir por ese camino, Haro se asustó y cambió de tópico.

“N-No importa eso, Ikta-san. ¿Dónde está tu unidad?”

“¿Mi unidad? Aah, ellos… Si Suuya está ahí, puedo vagar sin problemas. Y además, aunque sé que es un requerimiento, soy mucho peor con las prácticas de repetir algo una y otra vez, de lo que soy comiendo ciempiés vivos.”

Ikta mostró la lengua juguetonamente. Haro sonrió forzadamente ante su excusa, pero al mismo tiempo estaba aliviada. La pereza de esta persona, que no parecía en lo absoluto un soldado, en medio de la pesada estructura militar, que apreciaba la disciplina, era como un oasis para Haro.

“¿Qué estás leyendo?”

Cuando Haro preguntó inocentemente, Ikta devolvió las hojas a su rostro, y resopló como si estuviera aburrido.

“La ‘Caja de Anarai’ se ha abierto.”

“¿Qué clase de caja es esa?”

Cuando Haro inclinó la cabeza, Ikta comenzó a explicarle con pereza.

“En breve, es como una caja fuerte, excepto que lo que hay adentro no es dinero o joyas, sino una fortuna en conocimiento… Umm ¿Te he mencionado que estudié con el Profesor Anarai Khan?”

“Es la persona que buscó refugio en Kioka, ¿no es así? Me dijiste que habías aprendido mucho de esa persona.”

“Cierto, yo soy uno de los ‘Aprendices de Anarai’. Existen muchos otros aprendices en el mundo, y hay varias reglas que compartimos entre nosotros. Una de ellas es que colocamos los resultados de las investigaciones realizadas por Anarai Khan y sus discípulos dentro de, bueno, la ‘Caja de Anarai’, básicamente haciéndola un conocimiento restringido.”

“¿Así que lo guardan en secreto?”

“No tanto como ‘secreto’, más bien somos cautos. Restringir el conocimiento es una medida temporal, y después de eso, basados en una discusión que contemple varias circunstancias, incluso lo publicamos. Bueno, es nuestro estilo no difundir sin pensar los resultados de nuestros estudios, ya que una simple invención podría poner de cabeza al mundo, ¿ves?”

Ikta habló sin ninguna duda, y honestamente, en la mente de Haro, no podía existir una invención que pudiera ‘poner al mundo de cabeza’. Esta clase de contradicciones a veces la hacía ser consciente de la diferencia entre los alcances de ella y del joven.

“Excepto que, estrictamente hablando, no es como si ‘quitáramos un corcho’ y la abriéramos al público después de evaluar las circunstancias. Es más bien como si fuéramos forzados y empujados a tener esa discusión… El viejo, como pidió refugio en Kioka, parece que le pidieron algunos avances tecnológicos que fueran útiles militarmente. Hay muchas tecnologías que él ha revelado contra su voluntad; y él le avisa a sus aprendices como yo, que hemos permanecido en el Imperio.”

Mientras explicaba hasta este punto, el rostro de Ikta se contrajo con preocupación.

“Entonces, como resultado de nuestra discusión, vamos a revelar algunas tecnologías nuevas en el Imperio, con el objeto de restaurar el equilibrio con Kioka. Y parece que yo, que por algún motivo terminé enlistado en el ejército, actuaré como mensajero respecto a estas nuevas tecnologías relevantes para los asuntos militares, todo a causa de mi posición.”

La actitud de Ikta decía que no era nada extraordinario, pero Haro no alcanzaba a entender la escala de lo que estaba hablando.

Como si se diera cuenta de su confusión, Ikta resopló y se levantó.

“Me estoy quejando por nada. Bueno, es sólo que el campo de batalla está evolucionando. No vale la pena alegrarse por ello. Mejor dicho –y debo decirlo- ¡sería mejor que esta clase de cosas se rompieran y ardieran!”

Sosteniendo la desordenada y arrugada carta, la arrojó al cielo lo más fuerte que pudo.

 

“¡Alto al fuego!”

Con esa orden como señal, los disparos que habían estado sonando sin cesar se detuvieron de repente. Los soldados, que se habían acomodado en una línea horizontal, pronto rehicieron sus filas, y se voltearon presentando armas hacia su comandante.

“Hm, bien hecho. Ustedes, chicos, se ven muy bien.” El oficial, con su rizado cabello castaño y su rechoncha figura, el Suboficial Matthew Tetdrich, dio su evaluación honesta. No los estaba halagando; en verdad la velocidad y puntería de los soldados a sus órdenes y las de Torway estaba mucho más allá de lo que era comparado a cuando se le había confiado ese pelotón.

“A continuación, una carga de bayonetas luego de dos andanadas. Cambien las filas a una línea de batalla, ¡todos con las manos listas en sus bayonetas!”

El sonido metálico de las hojas siendo colocadas en los cañones se multiplicó e hizo ecos. Sin un momento de retraso, vino la orden del comandante. Luego de dos andanadas de las armas, los postes de paja que hacían las veces de soldados enemigos fueron dispersados y destrozados.

“Todo está saliendo bastante bien, ¿no? La condición de tus subordinados…”

Matthew esperaba que coincidieran con él al decir eso, pero su colega, que casi siempre decía ‘eso creo’ en una voz amable, por alguna razón mantenía una expresión muy seria a su lado, mientras observaba las espaldas de los soldados.

“No está bien… no de esta forma… Con entrenamiento de este tipo, no importa cuánto tiempo pase…”

Sumido en sus pensamientos, los ojos verdes del Suboficial Torway Remeon mostraban impaciencia. No había alegría ni sentimiento de logro. Aun cuando en lo referente a la efectividad de sus soldados, era él, y no Matthew, quien estaba un paso adelante.

Cuando vio a Torway actuar de esa forma, Matthew comenzó a sentirse avergonzado de sí mismo. ¿Qué quería decir con ‘no está bien’? A este paso, él estaba cara a cara con un rival que le adelantaba varios pasos, y él se quedaba rezagado.

“Aah, lo siento, Maa-kun. ¿Decías algo justo ahora?”

“No, nada…”

Maldiciendo su propio descuido, Matthew trató de concentrarse en sus propios soldados; pero entonces, el sonido de cascos de caballos golpeando con fuerza el suelo llegó a sus oídos, y los dos soldados inconscientemente voltearon en la misma dirección.

“Yatori-san…”

Torway contuvo el aliento ante la figura montando a caballo y a la vanguardia de un grupo de jinetes; la hermosa e impactante figura femenina que él reconocía a simple vista. La belleza de su fiero cabello ondeando por el viento agitaba algo dentro de él y, junto con su impaciencia, amplificaba el deseo del joven de alcanzar su nivel.

“¿Ya ha comenzado a entrenar con la caballería? Esa chica… Tiene habilidad con los caballos, pero aun así, es demasiado rápido. Se supone que, según  las convenciones del Ejército Imperial, la caballería viene después de que has perfeccionado tu comando con infantería.”

Mientras decía eso, Matthew sabía que sólo estaba poniendo pretextos… Afortunadamente o no, entre sus amigos había tres personas con un calibre que no podía ser limitado por las convenciones. El atribulado joven junto a él estaba entre ellos, pero… incluso él no estaba a la altura de la chica del fiero cabello rojo.

 

El crepúsculo, cuando los soldados hambrientos, habiendo terminado con su entrenamiento y sus lecciones en los salones, se dirigían al comedor para tomar la cena. Mientras era protegida por los cuatro costados por sus guardaespaldas, una chica rubia y con aires de nobleza caminó por el pasillo silencioso del edificio de matemáticas.

“Voy a cenar junto con los miembros de la ‘Orden de los Caballeros’; ¿está bien?”

“Usted no necesita tomarse la molestia de ir al atiborrado comedor. Podemos prepararle su comida en su cuarto…”

“El tener un cuarto privado ya es en sí un tratamiento lo suficientemente especial. ¿Pretenden que también me lleven la comida hasta mi cuarto?”

“Me temo que antes de considerarla un soldado, usted es un miembro de la Familia Imperial, Su Alteza.”

“Eso es algo trivial en este sitio. Aun si la Familia Imperial tuviera el poder divino de repeler las balas.”

“Cuando eventualmente usted reciba la corona del Emperador, la nación entera se postrará ante usted, Su Alteza. ¿No es ese un poder divino?”

Ante esta conversación tan reservada, la Sub-oficial más joven en la historia del ejército, la Tercera Princesa de la Familia Imperial de Katjvarna, Chamille Kitra Katjvamanninik, con tal sólo 12 años, dejó escapar un suspiro.

Los que la protegían eran soldados guardaespaldas recientemente seleccionados, en vista del intento de secuestro anterior. La forma como estas confiables personas trataban de establecer que Su Alteza Chamille era parte de “la realeza” en todos lados, era un incordio para la persona en cuestión. Si llevaban a cabo su acto de “realeza” al extremo, entonces la razón conocida por la que ella entró al ejército podría… no, seguro se afectarían adversamente los planes de la Familia Imperial de mejorar su imagen; pero no ellos parecían tener la flexibilidad mental para pensar así.

“Lo están entendiendo mal. Lo que hace que la gente se postre es el poder político. Mucha gente está equivocada sobre el porqué de ello. Ese poder al que llaman “el poder de comunicarse con Dios”, incluso el mismo Dios tendría reservas para concederlo, ¿no?”

Notando una figura en su visión periférica, Su Alteza Chamille redujo su andar inconscientemente. Aclaró su garganta para el beneficio de sus guardaespaldas, que también habían reducido su marcha para no romper la formación de cuatro costados, y les dijo.

“Los seguiré en un momento. Vayan al comedor antes que yo. Pueden comenzar a cenar.”

“¿Huh? No, no podemos…”

“¿No me escucharon? Eso que les dije es una orden mía, lo digo como Princesa.”

Al escuchar esa frase, incluso los guardaespaldas no tuvieron más remedio que acceder. Viendo cómo se alejaban con renuencia hasta perderlos de vista, Su Alteza Chamille volvió sobre sus pasos y entró al salón por el que acababa de pasar.

“¿Qué estás haciendo en un sitio como este, Solork?”

En una esquina oscura del salón, el joven al que reconoció a simple vista deslizaba un lápiz inexpresivamente sobre el papel. No se volteó a ver a la Princesa, pero aun eso era típico de él. Luego de una breve pausa, contestó con voz disgustada.

“Estoy dibujando unos planos. Puede darse cuenta de ello sólo con verlos, ¿no?”

“¿En este cuarto tan oscuro? Te arruinarás los ojos. Debías pedirle a Kusu que te sirviera de linterna.”

“Bueno, sí me estoy esforzando. Pero si enciendo una luz a esta hora, llamaría mucho la atención, ¿no lo cree?”

¿Acaso no quería que otra gente viera sus planos? Atraída por la curiosidad, la Princesa le echó un vistazo al plano, pero no pudo encontrarle el menor sentido a lo que estaba trazado al mirarlo por encima. ¿No era una pieza interna larga y delgada?

“Por favor, no se incline así. Me va a bloquear la luz, y ya es lo suficientemente mala como está.”

Ikta se portaba brusco. La princesa molesta apoyó su cuerpo al otro lado del escritorio, y se le quedó viendo.

“No me estás comprendiendo. He venido a regañarte.”

“¿A regañarme?”

“Entonces, te lo voy a decir. ¿Por cuánto tiempo piensas conformarte con el rango de Sub-oficial?”

El joven no movió ni siquiera una ceja. Ella tomó su silencio como una buena oportunidad para interrogarlo.

“Ya ha pasado más de medio año desde que les dieron sus condecoraciones. El tiempo que me queda se está reduciendo constantemente. ¿Piensas que podrás lograrlo a tiempo?”

“Vamos a ver, Princesa… los Cadetes de la Escuela de Oficiales Militares de Alto Rango normalmente avanzan y se convierten en Tenientes Segundos cuando se gradúan con su clase, luego de cuatro años de enlistarse. El subir de rango comienza después de eso. Eso es algo que hasta un niño debería entender.”

“¿Puedes esperar por subir de rango de una forma tan ordinaria, y aun así llegar a Capitán o Mariscal de Campo en cinco años o algo así? Tu destino dicta que tú des pasos imposibles para el común de los humanos, una y otra vez.”

“Capitán o Mariscal de Campo, ¿eh?… Aunque me lo pida tan directamente, pero ¿puede imaginarme dentro de cinco años parado al lado de los padres de Yatori o de Torway? No puede, ¿verdad? Y si puede, eso prueba que tiene una imaginación demasiado poderosa, Princesa. Por favor, mejor deje el ejército y escriba cuentos de hadas.”

“Bada Sankrei sí pudo pararse al lado de esos dos. Creo que es completamente natural que su hijo tome su lugar.”

Ikta suspiro profundamente como respuesta. La Princesa siempre estaría segura que todos los talentos del antiguo General estaban ahora por completo en las manos de Ikta. Una fe ciega, infantil e inmadura.

Sin embargo, el que había provocado esa fe ciega no era otro que él mismo. Disgustado por el mal sentido del humor del destino, el joven decidió buscar material para sus argumentos fuera del sentido común.

“El asunto es este. Incluso si tratara de subir de rango, si no hay oportunidades de llevar a cabo un gran servicio, entonces no puedo hacer nada, ¿verdad?”

“Hmm.”

“Los soldados cumplen con roles meritorios en batalla antes de poder avanzar. Si busca una guerra, la del frente oriental ya se acabó. No sabemos cuándo surgirá el siguiente conflicto, en primer lugar; y resulta obvio que sería mejor que no ocurriera. Después de todo, la guerra es el precio de los errores en diplomacia.”

La princesa se había quedado en silencio, e Ikta supo que su argumento había funcionado… No, por fin se dio cuenta de que ella no trataba de pedírselo en serio; sin embargo, ella también se impacientaba. Aun si trataba de acelerar su escalada en el escalafón, resultaba imposible si la persona en cuestión no tenía los más mínimos merecimientos.

“Hah… Avances o hechos meritorios o lo que sea. Eso que estás pensando resulta algo cínico, todas y cada una de ellas.”

La chica, que a lo más tenía 12 años, no estaba preocupada en lo absoluto. Los niños deben tener preocupaciones adecuadas para niños…  convencido de eso, Ikta dirigió la conversación hacia una dirección completamente anodina.

“Por cierto, Princesa, ya que establecimos que tengo un ‘complejo de madre’, en verdad que no me gustaría que también me consideraran un ‘lolicón’, encima de todo eso.”

“¿Eh?”

“Hablo de las apariencias, ¿ve? Está bien establecer conexiones con los miembros  de la ‘Orden de los Caballeros’, Princesa; pero usted está viniendo a verme en privado como justo ahora, ¿no? A veces incluso se quita de encima a sus soldados guardaespaldas. ¿Cómo cree que lo interpretarán otros desde una perspectiva externa?”

Su Alteza, la Princesa, al principio lo volteó a ver extrañada, pero cuando comenzó a comprender, lentamente todo su rostro enrojeció. Esa forma de no darse cuenta de esa clase de cosas es lo que llamarías ‘comportamiento infantil’. Ikta se encogió de hombros sádicamente.

“¿E-Ellos pensarían algo así de nosotros?”

“Estoy diciendo que hay gente que sospecha de todo en todas partes. No, bueno, podríamos usar eso como una excusa. Si lo consideramos sin avergonzarnos, si fuéramos novios, entonces nuestra relación y el que nos reuniéramos a menudo no sería sospechoso. Por otra parte, la relación en sí puede ser vista como un problema, ¿no lo cree?”

Los comentarios de Ikta no hacían nada para suavizar la situación, y el rostro de Su Alteza, la Princesa, se ponía cada vez más rojo. Quizás tenía mucha vergüenza de mirarlo a los ojos en ese momento, pero se dio vuelta asustada, de una forma muy propia de su edad.

“Y-Yo… tendré más cuidado en adelante. ¡Ya me voy!”

“Sí, sí. Que tenga los mejores sueños esta noche, Princesa.”

Él la miró alejarse casi corriendo por el rabillo del ojo, y luego volvió su atención al plano; pero el sol ya se había ocultado demasiado mientras hablaban. Ahora, apenas si era capaz de ver las letras y líneas que había dibujado. Trató de forzar la vista por un momento, pero luego soltó el lápiz.

“Creo que pararé aquí por hoy. Tengo hambre. Vayamos al comedor, Kusu.”

“Sí, Ikta. Si vas a cenar, entonces por favor toma una porción grande de vegetales verdes hoy.”

Metiendo los planos enrollados en el bolsillo de su camisa, se levantó de su asiento y abandonó el salón. Mientras se ayudaba de su compañero como linterna, caminó por el oscuro pasillo de forma perezosa.

 

La lección de balística del día no era nada placentera para Yatorishino Igsem.

“…Escuché que mató a 30 personas en 30 segundos…”

“Y que la mitad de los cuerpos no tenían cabeza, y que ninguno estaba completo…”

“Como se podría esperar de una Igsem… No creo que sea humana”

“¡Idiota, si te oye hará volar tu cabeza también!”

La causa eran todos esos rumores que se estaban intercambiando en su cercanía desde el inicio de la lección.

‘No puedo evitar que estén cuchicheando con verdades a medias, pero ¿no pueden al menos hablar de forma que no los oiga?’ Pensaba Yatori con enojo. La historia de que ella había acabado con los miembros del cuerpo de guardaespaldas liderado por el Capitán Ison Bou uno detrás de otro, en el ya mencionado intento de secuestro que involucró a Su Alteza, la Princesa, se había esparcido por el ejército como una anécdota exagerada.

Ya habían pasado dos meses desde el incidente, y estaba perdiendo su novedad como rumor, pero… cuando ella se sentaba junto a una multitud con quien no estaba familiarizada en un salón de clases como este, la excitación de esos días resurgía de repente. En todo país, en toda época, los soldados se sienten atraídos por las hazañas épicas.

“Pero espera… si ella es tan fuerte, ¿no habría sido mejor que no convirtiera todo en una masacre?”

“Bueno, si hubiera dejado vivo a algún tipo, quizás podría haber averiguado quién era el líder.”

“¡Eso es ridículo! No puedes conseguir algo así sólo aumentando el número de muertos.”

Ella podía escuchar voces que se acercaban a una calumnia, mezclada con los halagos de una mente simple. Aun si eso no la hacía feliz, Yatori no tenía ánimos de rebatir que lo de ‘masacre’ le parecía algo exagerado.

“Aumentar el número de muertos, ¿eh?”

Yatori no tenía gusto por el masoquismo, pero aceptaba sin chistar las críticas. Durante ese tiempo, ella no hizo nada más que tasajear a cualquier enemigo que entrara en su campo de visión. ‘Mi espada, en esencia, yo misma’. No tenía objeto rebatir esa realidad.

“Cuando se acumulan demasiadas generaciones en el linaje de un soldado, esto es lo que puede resultar, ¿no? En resumen, los Igsem- ¿Qué? ¡Ouch!”

Una pequeña piedra que había volado de no-sé-dónde golpeó por atrás a la persona que se estaba pavoneando con tanta habladuría. Cuando se cubrió la cabeza y se agachó, los proyectiles volaron a sus compañeros a su alrededor.

“¡Oww!” “¡Agh!” “¿Qué es esto? ¿Piedras?” “¿Quién lo hizo?”

Gritos y gruñidos de enojo se sucedían sin parar, y el instructor, escuchando el barullo, desvió su atención de la pizarra.

“¡SILENCIO! Tú, el de ahí, ¿qué estás haciendo? ¡Te hablo a ti, Ikta Solork!”

El tiempo que le tomó al instructor identificar al causante del embrollo fue cercano a cero, ya que tenía la vista fija en el joven-problema que siempre provocaba molestias. El joven, al ser llamado por su nombre, se levantó sosteniendo  una catapulta del tamaño de su mano, que había construido con maderos y cuerdas.

“Por favor discúlpeme. Pensé que podría explicar mejor el estado de las baterías de artillería del ejército de esta forma, y sería más fácil de entender.”

Declaró Ikta sin la menor pena. El instructor avanzó a él y, sin mediar palabra, lo golpeó en la mejilla.

“Aah… ¿Acaso eso fue necesario?”

“¡Estoy dando una lección justo ahora! ¡Guarda silencio y aprende de balística!”

“Huhh, yo estaba tratando de hacer una demostración de gran relevancia sobre el estado actual  de nuestras baterías; ¿y usted dice que no es necesario? ¿De verdad? ¿Está seguro?”

Mientras Ikta lo enfrentaba tenazmente y con un tono cada vez más extraño, el instructor mostró en su rostro un evidente enojo. Pero quizás porque recordó algo de sus experiencias pasadas hasta este momento, Ikta dio un paso acercándose, con una expresión igualmente severa.

“¡Habla! Si considero que no valió la pena, haré que todos den 20 vueltas alrededor de la base.”

En lo que se refiere al totalitarismo militar, el castigo colectivo era lo más básico de lo básico. Los otros soldados intercambiaron miradas  de ‘esto no es una broma’, pero aun así, Ikta asintió con compostura. Era como si la posibilidad de tener que correr por algo así no le inspirara el menor temor.

“Ya que he recibido su permiso, lo haré sin lugar a dudas.”

“Muy bien, el cañón-mortero de aire es una de las armas principales del Ejército Imperial en el presente. Se construye para usar  el aire presurizado de cuatro a seis espíritus de aire y disparar bolas de hierro, como un rifle de aire gigante, por decirlo así; pero su manejo muchas veces se vuelve un problema para los soldados que luchan en el frente.”

“Veamos las causas. En primer lugar, es pesado; aun los más pequeños requieren de un caballo o de tres soldados para cargarlo. Segundo, su poder no es grande comparado a su peso; al parecer, las balas a menudo rebotan contra las paredes de piedra. Y tercero, tiene poco alcance; su máximo alcance es de unos 500 metros, pero su rango efectivo es de apenas 200 metros en el mejor de los casos. Adicionalmente, si el terreno no es favorable, ocultarse resulta difícil, y el enemigo puede atacar antes de poder disparar una segunda bala. Los soldados no pueden huir si están cargando un cañón pesado, y hay reportes de casos frecuentes de situaciones difíciles en las que los soldados abandonaron sus cañones después de sólo un disparo.”

Él hablaba de forma fluida, como si hubiera memorizado su exposición. Sin tomar en cuenta el peso del castigo colectivo, Ikta sostuvo la catapulta miniatura que había construido, y continuó con su explicación en tono casual.

“Así que, en cuanto a lo que hicieron después los soldados que habían perdido sus cañones de aire, aprovecharon los materiales que encontraron en el sitio y construyeron esto. Como pueden ver, es una catapulta, y aunque se trata de un arma primitiva que se ha usado por más de mil años, sorprendentemente se sigue usando en batalla. No podemos tomarla a la ligera. Su potencia y su rango se quedan cortos comparados con el del cañón de aire, pero su fortaleza reside en poder disparar varios objetos además de bolas de hierro. Arrojar pacas de heno encendidas para provocar un incendio, arrojar los restos de un caballo que murió de enfermedad para diseminar una plaga, y cosas así. Si a estas ventajas añadimos lo práctico que resulta poder construirla en el sitio, se ha creado un movimiento entre los soldados para tratar de revivir esta arma y retirar los cañones-mortero de aire, para hacer a la catapulta su arma oficial.”

Hizo un gesto exagerado de encogerse de hombros. Su audiencia inconscientemente se había girado para observarlo mientras hablaba. Aun sin proponérselo, Ikta Solork era capaz de crear un espectáculo y hacer que la gente lo escuchara con atención.

“Bueno, incluso si es un argumento extremo, la verdad es que al mortero de aire le falta eficiencia; así que ¿cómo lo mejoramos? Podríamos considerar un  plan para hacerlo más ligero, pero si ignoramos el problema práctico, sólo estaremos atacando el problema equivocado, ¿no es así? Si lo hacemos más fácil de cargar, como dije, entonces no sería un cañón, sino un rifle de aire de gran calibre. Los conceptos para su diseño resultarían muy confusos. Lo que se desea en un cañón es, en primera, toda la potencia que tiene, para compensar la desventaja de su peso; esto es, el abrumador poder destructivo para derribar las fortalezas enemigas y para destruir sus trincheras. En segundo lugar, su alcance, pero eso viene de forma natural una vez que tienes la potencia.”

“Entonces, los soldados con el mayor poder ofensivo en el frente son la caballería. Aún si decimos que está presente el doble de portadores de rifles de aire, no podrían detener un ataque coordinado de tropas de caballería. Incluso ahora, cuando las estrategias de combate personal junto a tus compañeros de armas se han vuelto una reliquia del pasado, no existe una rama del ejército que podamos decir que resulta fuerte contra la caballería.”

“Sin embargo, es posible imaginar una. El poder ofensivo de la caballería proviene de sus filas y columnas ordenadas; en tal caso, sólo necesitamos causar un gran impacto que destruya todo eso… ¿ya van entendiendo? Así es, queremos que el poder de los cañones sea suficiente para eso. Una batería de gran poder podría representar una gran ventaja contra la caballería. Como resultado de esto, la jerarquía de las ramas del ejército, que coloca en la cima a la caballería, de seguro colapsaría, y se tendrían que reorganizar las relaciones de poder a semejanza del ‘piedra-papel y tijeras’, que sería algo así como caballería àinfantería, infanteríaàbatería y bateríaàcaballería. La infantería es fuerte contra las baterías por su ligereza de pies, y sobre todo, porque sus filas y columnas durante una carga tienen flexibilidad.”

Cuando Ikta soltó esa pista, y detuvo por un momento su explicación, el instructor preguntó agitadamente una cuestión sobre un aspecto que había recordado de repente.

“Ikta Solork, básicamente hablas de eso, el ‘cañón bomba’ que ha comenzado a ser usado por el ejército de la República. ¿Estás diciendo que el Ejército Imperial también debe comenzar a usarlo?”

“Podríamos interpretarlo de esa forma. Se lo dejaré de tarea a la audiencia.”

El instructor hizo un gesto con la boca. Aunque la admiración por la tecnología enemiga era un tabú implícito, Ikta había guiado con maestría a su audiencia, y su frase de ‘se los dejo de tarea’ había sido brillantemente aplicada.

Pero el instructor no podía decir que todo eso ‘no valía la pena’. Hacerlo sería engañarse a sí mismo, ya que como soldado en activo y como profesor de balística, si dijera que nunca había sentido que la eficacia de los cañones de aire dejaba que desear, estaría mintiendo.

“Eso fue muy interesante. Muy bien, les perdono a todos las 20 vueltas alrededor de la base.”

Recordando lo que se jugaba con la perorata de Ikta, los soldados mostraron abiertamente sus rostros de alivio. Pero la expresión vanidosa de la persona en cuestión se hizo pedazos cuando el profesor dijo la siguiente línea.

“Y ahora, como castigo por interrumpir mi lección, Ikta Solork, tú solo ve y corre 40 vueltas alrededor de la base.”

“¡¡¿Haaahh?!!”

Un sonido extraño salió de su reseca garganta. Ikta miró tímidamente hacia el instructor, pero cuando confirmó que no había nada de humor en su expresión, rápidamente se resignó y salió corriendo del salón.

“Aah, a ese tipo de verdad le gusta buscarse problemas.”

Un murmullo mezclado con risitas inapropiadas. Pero un instante después, Yatori se levantó de su asiento sin ninguna duda.

“Instructor, ¿podría yo también salir a correr?”

“¿Qué razón tiene, Sub-oficial Yatorishino Igsem?”

“Veamos… Justo ahora, yo también interrumpí su lección por algo insignificante. Que ese sea mi castigo.”

Cuando Yatori habló tan claramente, los labios del instructor se apretaron en una mueca. ¿Era la imaginación de Yatori, o le pareció más un esfuerzo por suprimir una sonrisa que una expresión de furia?

“Vaya. Pero no deje que Ikta Solork se salte ni una vuelta.”

“¡Sí, señor!”

Saludando de forma rápida, la chica del cabello de fuego salió corriendo del salón como una ráfaga de viento.

 

“¡Aah!, por fin llegó la época del tour oficial a las provincias del norte… Las cosas se pondrán aburridas de ahora en adelante, en serio.”

Mediodía del día siguiente. Viendo el mensaje desplegado en el tablón de anuncios de las barracas, Matthew suspiró.

“Iremos a la Guarnición del Río Soumin… en el borde de la base de la gran cordillera de montañas. Es un lugar sin nada más que la base, granjas, las montañas y un pequeño pueblo. Es el extremo más al norte de Katjvarna; pero como los salvajes de la tribu Shinaak son tan impredecibles, no hay orden público.”

“También se dice que hay muchas posiciones encontradas sobre las actividades militares. A pesar de ello, seguimos usando ese ambiente como un campo de entrenamiento para adquirir experiencia de combate real, así que no puedo discernir si el Ejército Imperial está siendo testarudo o algo más.”

Torway sonrió amargamente. Al mismo tiempo, dos manos los tomaron de los hombros, que se habían alineado cuando ambos se pusieron en pie.

“Puedo oírlos. ¿Quién diablos es el que se está burlando de la Provincia Norte?”

“¿Eh, Ik-kun?”

“¿Cuál es su problema? Eligieron un tema algo extraño para quejarse. A donde vamos es a la campiña, ¿no?

Ikta chasqueó la lengua hacia Matthew, quien se sacudió la mano que aun reposaba en su hombro, mostrando su desagrado.

“No comprendo. Digo, a mí también me gusta la ciudad, pero decir que la campiña equivale a algo poco glamoroso es bastante prejuicioso. En particular, Matthew, tú te burlaste de la tribu de los Shinaak, llamándolos ‘salvajes’. Dudo que sea así. Eso prueba que tú no comprendes su magnificencia.

“Huh… Ik-kun, ¿tú sabes algo sobre la tribu de los Shinaak?”

“Algo así. Cuando estudiaba personalmente con el viejo Anarai, tuve la fortuna de ir a un estudio de campo en la esfera cultural de la tribu de los Shinaak. Mi objetivo era estudiar la estructura geológica y climática de la cordillera, pero para mí, fue mucho más divertida la interacción con la gente nativa. Lo recuerdo con cariño.”

“Hmph, ¿no son bárbaros que medran en las montañas? ¿Qué tiene de divertido todo eso?”

“Ellos tienen muchos encantos, pero… si tuviera que elegir uno, las mujeres son animadas y hermosas.”

Ikta respondió con un rostro serio, Matthew sacudió la cabeza con disgusto.

“¿No estás inclinado a las mujeres mayores? Nuestros estándares son muy diferentes, así que no eres una referencia confiable.”

“No voy a negarlo, pero la belleza de las mujeres de los Shinaak no se limita sólo a su apariencia. Ellos tienen una sociedad extremadamente matriarcal, y las mujeres son las que toman el liderazgo en todo.  Eso ha generado una costumbre peculiar. Como ejemplo de su forma de llevar las cosas a los extremos… Creo que fue hace un año…”

Después de que Ikta les susurrara algo en los oídos, Torway se ruborizó levemente, y Matthew, con el rostro contraído, dio un salto hacia atrás.

“¡E-Eso es desvergonzado! ¡¿Una mujer le hizo e-eso a un hombre?!”

“El mundo es un lugar muy grande, Matthew. El criterio de lo que es un acto desvergonzado cambia según la localidad, ¿sabes?”

Matthew estaba impactado, Torway tenía la cara roja y guardó silencio. Ikta los estaba molestando. Dirigiéndose a estas tres personas, cada uno sumido en sus tribulaciones, por casualidad llegó caminando Su Alteza, la Princesa, y el resto de la ‘Orden de los Caballeros’.

“Parecen estar de buen humor. ¿Por qué están haciendo ese escándalo, en un sitio como este?”

“Habría sido mejor que Su Alteza no hubiera preguntado. Ante estas circunstancias, en ocho o nueve de cada 10 casos, seguro es algo sucio.”

Señalándolos con miradas frías, ellas acertaron de lleno. Ante eso, el inocente de Torway se sintió apabullado y hundió la cabeza avergonzado, pero Matthew negó todo como si el sólo pensar en ello fuera inconcebible.

“¡Y-Yo no estaba diciendo nada de lo que deba avergonzarme! ¡Pero Ikta comenzó…!”

“¿Algo sucio? Oh, se refieren a algo como esto: ¿la camisa empapada de sudor de Haro pegándose sugestivamente a su piel; o esas redondeces de Haro, las cuales reconocería de un vistazo; o una historia llena de romance como esa?”

“¿Eehh…? ¡¡Aah!!”

Haro se percató de su propio estado y entró en pánico, corriendo por un refugio para cubrir su apariencia. Yatori, viendo cómo se retiraba, pateó en la entrepierna al culpable tan fuerte como pudo, como una mínima venganza.

Él ni siquiera gritó. Sólo dejó escapar un gemido y se encogió en sí mismo, mientras un sudor frío cubría su frente. Todo su cuerpo debajo de la cintura se había perdido, o al menos es lo que pensó por un momento.

“Por favor, reflexiona en tus acciones. Alguien que toma esa actitud frente a las mujeres es la peor clase de escoria.”

Diciendo eso, y luego de ver de reojo a Ikta, quien era incapaz de responder nada debido al intenso dolor, ella volteó a ver el tablón de anuncios.

“Aah, ¿nos asignaron a un tour oficial hacia la Provincia Norte? Ya estamos en esa época del año, ¿no es así?”

“Además de lidiar con los grupos opuestos y observar a la gente de las montañas, escuché que se trata de un puesto generalmente tranquilo. Estaremos ahí medio año. Yatori, ¿no crees que esta es una costumbre tediosa?”

“No, no me gustaría que fuera de otra forma. Aunque a pequeña escala, quisiera adquirir aunque sea un poco de experiencia de combate real.”

Ante esta respuesta tan promisoria, la Princesa no pudo ocultar el afecto que se reflejaba en su mirada. Por el contrario, cuando sus ojos voltearon hacia Ikta, que aún no se recobraba del dolor en sus piernas, suspiró con fuerza y desilusión.

“Aunque también me gustaría ver esa clase de ambición en cierta otra persona…”


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