Capítulo 2: Los variados problemas con las tierras del norte

Capítulo 1Índice – Capítulo 3


Conforme viajaban a las fronteras del norte, la humedad que siempre los rodeaba fue desapareciendo; las enormes plantas que cubrían el suelo fueron reemplazadas por pastos. Más al norte, llegaron a la zona pedregosa, con escasas fuentes de agua dispersas por esas tierras salvajes. Era un terreno duro incluso para el explorador más preparado.

Los soldados, durante su largo y agotador viaje en carreta, sólo podían mirar el paisaje cambiante. Al final, lograron llegar al sitio denominado ‘el lugar que no vale la pena reclamar’, y que como consecuencia, había sido abandonado y constituía la frontera.

Desde la última aldea, la cual también era la más cercana en 10km a la redonda de su posición actual, fueron recibidos por el puesto de avanzada más al norte del Imperio.

Después de que todo el personal fuera acomodado en la base, comenzó el discurso de bienvenida para los soldados ordenadamente formados. El interlocutor era el Comandante Supremo del Fuerte Norte, Teniente General Tamshiikushik Safida.

“Oficiales Militares de Alto Rango, al igual que soldados en entrenamiento, este año también les doy la bienvenida. Me siento muy contento de que estén presentes en este Fuerte Norte.”

“Ahora, vayamos a un tópico no tan festivo… de seguro todos los presentes saben del colapso de la región oeste. Como un camarada que protege una quinta parte de las tierras del Imperio, lo lamento profundamente. En el momento en que los salvajes de Kioka asolaron nuestras tierras, si yo hubiera liderado un grupo de soldados en la Guarnición Oeste, entonces no habríamos tenido el mismo resultado… Aún ahora, mi pecho se llena de pesar cuando pienso en ello.”

Después de escuchar dichas palabras, no sólo Ikta, sino que muchos otros se sintieron en desacuerdo… Aun sin saber cuánta gente habría en ese ‘grupo de soldados’, dado el escenario de que incluso el Teniente General Rikan, que estaba presente en el sitio, no pudo hacer nada aun a costa de su vida, ¿de qué forma la presencia del Teniente General Safida habría podido cambiar la situación? Adicionalmente, en toda su alocución, ni siquiera una vez había hecho homenaje a los oficiales caídos.

“Con el fin de evitar que vuelva a pasar, debemos entrenar de todo corazón todos los días, forjando y moldeando una fuerza, una mente y una técnica indomables. Porque el día de la batalla de venganza llegará, y para que seamos capaces de contraatacar a Kioka, todo dependerá de la ‘lealtad y patriotismo’ de nuestros soldados.”

Después de eso, toda la palabrería del discurso motivacional, que era algo que entraba por un oído y salía por el otro, continuó por 20 minutos más. El orador estaba completamente ignorante del creciente aburrimiento y molestia entre los soldados.

“… Basados en todo lo anterior, ¡espero que ustedes, quienes llevarán en sus hombros el futuro del ejército, tengan un patriotismo fuerte y puro! — Aunque breve, ese es lo que quería decirles.”

Después de estas palabras finales, Ikta, al frente del Tercer Pelotón de Iluminación, se encogió de hombros de forma desaprobatoria. Breve, ¿eh?, ¿dónde estuvo la brevedad? Ya que era sólo cháchara sin contenido, al menos debía haber tenido la decencia de acabarlo más pronto.

El Teniente General Safida, mientras se alejaba desfrutando del sentimiento de haber terminado su intervención, fue reemplazado por un hombre alto y delgado, quien ahora ocupaba el podio.

¿Quizás se siente mal? Su complexión no se ve nada bien.

“Soy el asistente del Comandante Supremo… cof-cof… Mayor Yuskushiram Taekk. Cof-cof… Lo siento. Entonces, vamos ahora a especificar cómo serán tratados todos ustedes.”

De forma por completo opuesta al vacío discurso del Comandante, el Mayor Taekk les proporcionó únicamente una serie de instrucciones completas y prácticas. Información sobre a cuál de las tropas locales se unirían las tropas en entrenamiento, cómo funcionaba el sistema de comando, dónde estarían los alojamientos de los soldados, dónde estaba el comedor, etc.

“Eso es todo… cof-cof… Si hay algo que no comprendieron, pueden preguntarlo ahora.”

Después de determinar que ya no había más preguntas, al no haber manos levantadas, el Mayor Taekk hizo un saludo a todos los presentes y descendió del podio mientras seguía tosiendo.

Aunque era evidente que no era muy viejo, su espalda curvada le daba una sensación de tristeza comparable a la de un anciano.

Sólo ahora Ikta murmuró algo que todos los presentes estaban pensando.

“Resulta evidente la separación de las obligaciones a simple vista. Ese tipo debe estar bajo una gran presión psicológica.”

 

A continuación llegó una solicitud para que todos se presentaran en la fiesta de bienvenida, luego de que hubieran sido conducidos a sus cuartos y dejado su equipaje.

Ya que era mediodía y se trataba de una instalación militar en la frontera, aun si se le llamaba ‘fiesta de bienvenida’, tan sólo era una simple reunión. Incluso el sitio de la fiesta era el mismo salón usado para las conferencias.

Basado en el contenido, la comida de graduación de la Academia Imperial de Alto Grado Segal (donde habían ido Ikta y Yatori) era mucho más abundante, pero esa situación era obvia, y la única persona que podría quejarse de que faltara licor era Ikta.

“Por la prosperidad del reinado de Su Majestad y de la tierra protegida por sus soldados… ¡Salud!”

Siguiendo el ejemplo del Teniente General Safida, los oficiales militares alzaron sus copas, llenas de jugo de uva.

Luego llego el momento de socializar, que para los Oficiales Militares de Alto Rango implicaba el momento en que debían aceptar los saludos de los oficiales veteranos.

Por supuesto que el interés de estos últimos no podía dejar pasar la presencia de la ‘Orden de los Caballeros’.

“¿Son ustedes los cinco a quienes se les concedió el rango de ‘Caballero’, los novatos que tanto esperábamos?”

“¿Escuché que ustedes habían pasado la frontera de Kioka con Su Alteza, la Princesa? Esa suerte merece un brindis, ¡vamos a beber!”

“¿Se enfrentaron a soldados de Kioka? Oí que corren como bestias y comen carne cruda, ¿es cierto?”

Frente a los cinco que habían obtenido el título de ‘Caballero’ en esas circunstancias tan especiales, la actitud de los oficiales veteranos era muy variable. Había quien se acercaba por pura curiosidad, otros evidenciaban celos en todas sus palabras, y por supuesto, quienes trataban de acercarse a ellos pensando en ganancias futuras.

Había un interés especial de personas que preguntaban por su pelea con los soldados de Kioka. La razón era porque la mayoría de los soldados que vivían en el Fuerte Norte no tenían ninguna experiencia de combate contra Kioka.

Yatori y Torway mostraron la habilidad de lidiar con la situación; sin embargo, las miradas confundidas de Matthew y Haro también estaban bajo los reflectores. Incidentalmente, Su Alteza Chamille, con una mirada no muy complacida por estar sentada en el lugar de honor, mantenía una conversación con el Teniente General Safida, que se sentaba junto a ella.

Ya que ella no deseaba entrometerse en las formalidades militares, de forma especial hizo uso de su posición Real para escabullirse de la escena.

Bueno, y hablando del único que aún no se menciona, él se escondía por los rincones del cuarto, tratando de evitar formar parte del centro de la discusión.

Él tenía muy poco interés en socializar con los militares, en primer lugar. Es más, las pocas oficiales femeninas estaban revoloteando alrededor de Torway, lo que hacía esta reunión de lo más aburrida para los estándares de Ikta.

Sin embargo, cuando estaba a punto de arrasar con la comida masticando en silencio, un oficial dejó al grupo y avanzó hacia Ikta. Era un hombre joven con una barbilla mal rasurada y con bigote. En su bolso, se podía apreciar el mismo tipo de espíritu de luz que Kusu, el espíritu de Ikta.

“Hey, ¿te diviertes?”

Le dijo el hombre a Ikta con afecto, jalando una silla para sentarse junto a él.

“Sí, gracias.”

“No hay necesidad de ser sarcástico… De cualquier modo, tú también eres portador de un espíritu de luz, ¿no?”

La mirada del hombre se desvió hacia el bolso de Ikta.

Ikta originalmente quería alejarlo de ahí siendo cínico, pero al ver que no había mucha reacción de la contraparte, corrigió ligeramente su actitud y comenzó por presentarse.

“Soy el Líder del Tercer Pelotón de Iluminación, Suboficial Ikta Solork. Este es mi compañero, Kusu.”

“Yo pertenezco al primer regimiento de la Región Norte, soy comandante de la Novena Compañía de Iluminación, Teniente Senpa Sazaruf; y este es mi compañero Chi, encantado de conocerte.”

Luego de los saludos de sus respectivos amos, los espíritus desde sus bolsos también dieron sus saludos. Concluida la presentación, una atrevida pero agradable sonrisa apareció en el rostro del Teniente Sazaruf.

“He escuchado que en la legendaria ‘Orden de Caballeros’ había un tipo problemático. Como pensé, eres tú, ¿cierto?”

“Ya que estar ahí expondría lo poco adecuado que soy, mejor mantengo mis distancias.”

“Hn, lo cierto es que no luces como un Caballero; ese tipo guapo de ahí de seguro que cubre mejor el papel.”

Las palabras dichas sin pensar por el Teniente Sazaruf se clavaron cruelmente en el pecho de Ikta.

“Ja-ja… ja-ja… En verdad eres muy sincero. Ja-ja.”

Ikta, que originalmente estaba dispuesto a superar la situación con una risa fingida, se quedó rígido en su lugar con una sonrisa forzada.

“… ¡¡UuuUuuuUuArghHhhhHh…!!”

Al final, sostuvo su cabeza entre las manos, se agachó, y dejó escapar un sonido como el de un animalillo.

“¡Whoa! ¡Espera! ¿Estás llorando por eso? ¿Son esas las legendarias ‘lágrimas varoniles’?”

“Maldición… Esos Ikemen que pueden atraer chicas sin decir una palabra… ¡Criaturas odiosas!”

“Hey-hey, realmente dices lo que se te pasa por la cabeza. Tu colapso como ser humano es demasiado repentino.”

Uno podía sentir la conmoción desde lejos, y mientras el Teniente Sazaruf se sentía apabullado por la situación, Su Alteza Chamille, ya exhausta de la conversación del Teniente General Safida, caminó hacia ellos con una expresión de desaprobación.

“Sólo alejo mis ojos un momento de ti… Solork, el banquete acaba de comenzar, ¿de qué es de lo que no estás satisfecho?”

En lugar de Ikta, a quien se estaba dirigiendo, el que respingó fue el Teniente Sazaruf.

Viendo cómo se mantenía en posición de ‘firmes’ mientras la saludaba formalmente, la Princesa sacudió la cabeza con una expresión atribulada.

“Puede relajarse… No, por favor, relájese, Teniente. Como lo especifican los grados militares, en realidad usted es mi superior.”

“Ah, no… eso sería intolerable…”

“Parece que Solork de inmediato le trajo problemas. No solo es que él tiene una personalidad muy mala, sino que también su carácter es un incordio; pero si mira con suficiente profundidad, aún tiene partes buenas. Así que, le agradezco que nos cuide en el futuro… este…”

“Pertenezco al Primer Regimiento de la Región Norte, Comandante de la Novena Compañía de Iluminación, Teniente Senpa Sazaruf.”

Sus palabras sonaban incómodas, y el tipo no sabía en verdad cómo comportarse. “La llamada ‘Realeza’ en verdad que es capaz de crear confusión en una estructura vertical”, pensó Ikta, pero en ese momento, una voz fuerte reverberó.

“¡A-ja-ja! ¡El día que tanto esperaba ha llegado! ¡Hija de Igsem!”

Con una voz lo suficientemente fuerte como para hacer que todos voltearan, el que había dicho eso estaba parado orgullosamente en medio del salón. Yatori, que convivía con oficiales veteranos, lo encaró con una actitud positiva.

El tipo estaba lleno de músculos, ya sea que lo vieras vertical u horizontalmente, y lucía una melena como la de un león, de cabellos rojizos.

Además de las dos espadas de madera en sus manos, traía otra colgada a su cintura, lo que daba un total de tres.

“¿Qué puedo hacer por ti?”

Ante la amable respuesta de Yatori, el forzudo golpeó con fuerza el piso.

“¡Sólo lo diré una vez, así que escucha bien! ¡Estoy afiliado al Primer Regimiento de la Región Norte; soy líder de Pelotón del 22º Batallón de Caballería Acorazada, y me llamo Deinkun Hargunska! Tengo 26 años, y soy Suboficial. Mi confiable compañero es el espíritu de agua, Niki.”

“Entonces yo también debo presentarme. Soy la líder del Primer Pelotón en entrenamiento de la División de Incineración, Suboficial Yatorishino Igsem; mi compañero es Shia. Por favor, cuide de nosotros, Suboficial Hargunska.”

“Ya conocía tu nombre, y ahora estoy al tanto de tu afiliación y rango. ¡Muy bien, dejemos que el resto lo digan nuestras espadas!”

Hargunska arrojó las espadas en sus manos y Yatori las recibió. Su contrincante había preparado cuidadosamente un juego de espada militar y daga auxiliar. Ella volteó a ver hacia donde estaba sentado el Teniente General Safida.

“He recibido una petición para un duelo. Teniente General Safida, ¿podemos pedir algo de espacio para la pelea?”

“Mayor, ya la escuchó, ¿qué hacemos ahora?”

“Sí… cof-cof… ¿la chica es la nueva generación de los Igsem? Entonces, ya que afuera ya está oscuro, pueden pelear aquí. Sólo necesitamos acondicionar un área y la regla es que no deben romper el mobiliario… cof…”

El Mayor terminó con dificultad de hablar, y de inmediato el Teniente General intervino, anunciando a los dos:

“Bien, ustedes dos pueden proceder. Todos los demás, ayuden moviendo las mesas. Vale la pena mencionar que en toda la Región Norte no hay nadie que pueda igualar la habilidad con la espada de Hargunska. Contra este fiero oponente, puede usted desplegar la reputada habilidad a dos espadas de la familia Igsem.”

Pese a haber escuchado eso, Yatori dejó la daga auxiliar en manos de Haro.

Al ver esto, el Suboficial Hargunska se puso furioso.

“Oi, ¿qué significa esto?”

“Por favor, no se preocupe. Creo que enfrentar con dos espadas a un oponente que sólo lleva una no es justo.”

Al oír esas palabras que parecían menospreciarlo, una vena asomó en el plexo solar de Hargunska. Él extrajo la larga espada de su cintura y la sostuvo en una postura frontal. Su audacia lo hacía ver como una torre sólida.

“¡Quieres decir que no me tomas en serio! ¡Estoy seguro que me menosprecias!”

La respuesta casual de Yatori hizo que los otros oficiales también se exaltaran. Sin que nadie les dijera, los espectadores se movieron para formar un círculo alrededor de los dos, con lo que se formó un espacio para el duelo. La tensión súbita puso contenta a toda la gente, pero entre ellos había alguno con una expresión de disgusto y desagrado.

“Qué práctica tan vulgar… Las habilidades de Yatori no están en exhibición para que la gente se divierta.”

Dijo Su Alteza Chamille con un rostro que mostraba su disgusto.

Al escuchar los pensamientos de la Realeza, el Teniente Sazaruf de inmediato trató de meterse en el duelo y detenerlo, pero antes que pudiera hacerlo, alguien lo interrumpió sin rodeos.

“Tiene una idea equivocada. La habilidad con la espada de Igsem debe estar en exhibición, Princesa.”

“¿Qué estás diciendo?” Dijo la Princesa, mirando a Ikta con ojos agudos.

El joven no hizo caso a la mirada que le enviaba el Teniente Sazaruf, como diciéndole ‘¿Te has vuelto loco? ¿A quién crees que le estás contestando?’, y continuó.

“Viendo lo fácil que han resultado las cosas, puedo decir con una seguridad de nueve en diez que este es un encuentro agendado. Yatori también debe haberlo notado, ya que es una práctica común, y sucede donde sea que va un miembro de la familia Igsem.”

“¿Quieres decir que incluso el Teniente General Safida quiere ver esta conmoción? La verdad que no entiendo a la gente. Estas acciones tan abruptas y egoístas claramente arruinan el orden, que es la base de la milicia.”

Ikta dio un vistazo de reojo a la disgustada Princesa, y luego subió la mano hasta su barbilla.

“¿Por qué cree que a Yatori le permiten portar dos espadas?”

“Si me preguntas por qué… ¿no es porque en realidad ella es muy fuerte?”

“No es eso. Como la Princesa dijo antes, es esencial mantener el orden en la milicia. Siguiendo este principio, no sólo los soldados, sino también los oficiales deben llevar un equipo estandarizado; esto no es algo que pueda ser cambiado según gustos personales. Así que el que Yatori lleve dos espadas debería ser imposible, si se siguen las reglas normales.”

Ver a Ikta expresarse de esa forma hizo que el Teniente Sasaruf abriera los ojos con sorpresa.

Ya que las mesas fueron movidas, el campo de duelo estaba listo, y la multitud distribuida para ver mejor, el joven le dijo a la Princesa como preludio: “Esto va a tardar un poco.”

“Hace cientos de años, cuando el Imperio de Katjvarna aún estaba en caos, había señores de la guerra por doquier, cada uno declarando su independencia y considerando como suyas las tierras que el Emperador había puesto bajo su cuidado. En ese tiempo, sin un poder central fuerte, no había una unidad de administración militar, y el ejército tenía su propia unidad de administración. Para ponerlo claro, eso significaba que en el Imperio había muchos ‘Reyes’, contados por docenas. En este escenario, el Emperador esa solo ‘uno de esos reyes’.”

“Eso era del conocimiento común. Después de eso, y presintiendo que se acercaba una crisis por la falta de poderío político y militar del Imperio, desde los poderosos señores de la guerra, tres fuerzas se unieron y coronaron al Emperador como monarca absoluto. Ellos fueron los Igesm, los Remeon y los Yurgus, los que ahora se conocen como ‘La tríada de familias leales’.”

“Sí, su objetivo era una administración central para los asuntos políticos y militares; y poner esos poderes en manos del ‘Emperador’. Con esto, se reducía el riesgo de conflictos internos, y se creaba un sistema que podría enfrentarse con entusiasmo cuando hubiera que pelear con enemigos externos.”

“Por supuesto que no fue una tarea sencilla, ya que no había forma de evitar el conflicto con los autoproclamados señores locales. Pero aun así, con el objeto de promover reformas, la tríada leal tuvo que reducir substancialmente la cantidad de clanes guerreros. En otras palabras, se valieron de la guerra para destruirlos, pero el proceso no fue una erradicación indiscriminada y sin distinción; lo planearon bien e hicieron que a las familias hostiles les fuera imposible sobrevivir. Entre las que subsistieron, hay familias que aún hoy existen, como los Tetdrich… ellos y la tríada leal ahora son llamados ‘las familias guerreras antiguas’.”

“Es exactamente como dices… Pero ¿qué relación tiene eso con que las dos espadas de Yatori sean ‘para exhibición’?”

“Entonces, el gobierno central y el moderno enfoque en el orden del ejército de Katjvarna… el que estableció esos cimientos no fue otro que el ancestro de Yatori. Como una descendiente de los ortodoxos Igsem, aun si tuviera un poder real; si no exhibe en su cintura, frente a todo el mundo, el privilegio que obtuvieron, ¿no sería algo para lamentar?”

“Hm, es cierto… Pero en realidad, a Yatori… no, debo decir a todos los relacionados con los Igsem, se les permite portar la doble espada, ¿no es así?”

“Sí, aunque los de la idea no fueron los Igsem. Después del largo periodo de caos, cuando se concretó la centralización del poder político y militar, mientras el jefe de la familia Igsem le reportaba su éxito al Emperador, llevaba a su lado sus dos espadas, pues las consideraba parte de su alma. Pero con el objeto de establecer la supremacía de ‘el Orden’ en el recién formado ejército nacional, él primero debía renunciar a su individualidad.”

“Por otra parte, el Emperador estaba confundido. Como él había puesto mucha de su confianza en los Igsem, perder las dos espadas, que se podía decir eran el símbolo de la familia, era un asunto muy serio. A pesar de que el Emperador trató de persuadirlo con varias razones, el leal y testarudo Igsem no daba trazos de ceder. Siendo el monarca, el Emperador simplemente podía ordenarle ‘No debes descartar tus dos espadas’, pero dar una orden así sin una razón apropiada podría resquebrajar su relación. El Emperador temía que eso pasara, pero al final, ya no desperdició energías y por fin encontró un pretexto.”

Al escuchar eso, Su Alteza de repente recordó.

“Es eso, esta es la historia sobre el ‘juramento de invencibilidad’, ¿verdad?”

“Correcto. Al renuente Igsem el Emperador le dijo: ‘Aunque estás renunciando a tus espadas por el Orden, tus espadas se han convertido en un honor para el Imperio mismo. El soldado se planta en el campo de batalla impulsado por tus espadas; el pueblo confía en que tus espadas defenderán al país, y así pueden confiar en nosotros todos los días. Esta es una verdad evidente, pero aun así, tú tratas de desprenderte de tus espadas. Si eso no es una disrupción de ‘el Orden’, no sé qué más podría ser’.”

“En realidad era un argumento muy malo… y no debía generalizarse de esa forma. Pero en esos tiempos de inquietud, supongo que todos esperaban que surgiera un ‘Héroe’.”

“Igsem se sintió conmovido por el discurso, y luego de reflexionar, dijo: ‘Entonces, sólo hasta que estas espadas sufran una derrota aplastante, y dejen de proteger a quien deben’. El juró seguir blandiendo sus dos espadas hasta que fuera derrotado en una pelea… era también una declaración fuerte de que no disfrutaba del privilegio de portar dos espadas sólo por su estatus.”

Durante la larga conversación entre ambos, al centro del salón el duelo por fin dio inicio. El Suboficial Hargunska atacó primero; levantó la espada de madera encima de su cabeza y la blandió hacia abajo con todas sus fuerzas.

“Con la condición de no ser derrotados, la existencia de la doble espada de Igsem es permitida en la milicia, así que sí son para exhibición. Es una simple premisa de una fuerza increíble. Si un Igsem quiere triunfar llevando dos espadas en su cintura, entonces debe demostrarles a todos el hecho de que es el más fuerte.”

Yatori, que había esquivado el ataque enemigo, por el momento se concentraba en la defensa.

Este es también un entendimiento tácito; si en realidad eres el más fuerte, no hay necesidad de apresurarse para determinar al ganador.

Descubrir la habilidad del enemigo y luego derrotarlo de forma magnífica. En un duelo, esta es la única aproximación permitida para un Igsem.

“No todos los descendientes de Igsem poseen un espíritu tan fuerte. Ya que el ‘Juramento de invencibilidad’ se renueva con cada generación… los que pueden mantener las dos espadas en su cintura desde que llegan a la edad apropiada hasta el fin de su vida, incluso si considera la totalidad del árbol de los Igsem, pueden contarse con los dedos.

Aunque el Suboficial Hargunska pudo realizar con éxito su ataque, su rostro mostraba cierta ansiedad. Era una reacción normal, ya que Yatori había contenido su feroz ataque sin retroceder. Aun así, la posición de ambos apenas había cambiado desde el inicio del duelo.

“Princesa, usted ya debería haber visto esto durante el incidente con el Capitán Ison… pero ya que la oportunidad es rara, disfrute del espectáculo… la singular encarnación de una persona invencible, los llamados Igsem.”

¡Klang! Con este sonido tan agudo, la espada de madera del Suboficial Hargunska desapareció de su mano. Sólo un puñado de personas se percató del momento en que la espada salía volando, pero todos voltearon para ver el resultado de la acción de Yatori.

Un murmullo se esparció entre los espectadores… ya que la espada de madera perdida estaba clavada en el techo encima de ellos.

“A eso se le puede llamar un evento fortuito para la espada. Me siento afortunada de haber tenido la oportunidad de intercambiar mandobles con usted, Suboficial Hargunska.”

La ganadora, Yatori, fue la primera en alabar a su oponente. Aunque estaba justo por debajo de ser considerado un sarcasmo, Hargunska comprendió las intenciones de Yatori.

Detectando el momento justo en que la espada iba a ser blandida hacia abajo, soltó un golpe hacia arriba cuidadosamente apuntado hacia la empuñadura. Con esa técnica casi divina, el impacto lo hizo perder el agarre. Al ver lo lejos que había volado la espada, se podía adivinar la fuerza del golpe asestado.

Entonces, al hacer que la espada se clavara en el techo, no sólo había derrotado a su oponente, sino que también había demostrado el increíble poder que poseía.

“Brillante, Yatorishino Igsem.”

Aún con una victoria tan apabullante, ella no se burlaba del oponente. Esa actitud tan noble hacía que incluso el perdedor sintiera admiración. El Suboficial Argunska, aún sin darse cuenta, extendió la mano, a lo que Yatori respondió con un apretón de manos y una sonrisa.

El resultado del duelo entusiasmó al público. La gente se abalanzó hacia Yatori, y el círculo que se había formado para observar el duelo pronto se disolvió.

Ikta, que permaneció todo el tiempo fuera, murmuró con un rostro impasible.

“Eso fue para salvaguardar la seguridad del sistema imperial actual. Es porque ella en verdad cree en su capacidad, Princesa, que arriesga su vida para protegerla a usted.”

“….”

“Por favor, no olvide ese hecho, Princesa. Sin importar lo grandes que sean sus sueños, por favor, absolutamente no se olvide de eso.”

Quizás porque no podía soportar ver cómo empujaban de un lado a otro a Yatori, Ikta, luego de concluir su conversación, se levantó y tranquilamente y sin esfuerzo, se mezcló junto a los oficiales que la rodeaban.

La princesa, mientras pensaba en la advertencia recibida, caminó de regreso al lugar de honor con una expresión seria en el rostro.

“Creo que todos los recién llegados este año son unos fenómenos.”

El ignorado Teniente Sazaruf sólo pudo hacer a un lado este pensamiento.

 

“De todos modos, a decir verdad, ustedes, chicos, llegaron en el momento perfecto. Bueno, también podrían decir que son los tiempos más aburridos.”

Con las interminables montañas como fondo al norte, los soldados marchaban uniformemente. Marchando al frente de las filas, el Teniente Sazaruf se dirigía a los jóvenes.

“De hecho, hace un tiempo la tensión aquí podía cortarse con un cuchillo. Debido a las dificultades que enfrentaba la Guarnición Oeste, yo pensé que llegarían a pedir refuerzos desde el norte.”

“Este… ¿y no les habría gustado ir a ayudar?”

Ante la pregunta de Torway, quien pensaba que esto era demasiado fácil incluso para un ejercicio militar, el Teniente Sazaruf respondió con una expresión de depresión, mientras agitaba la cabeza.

“Ni siquiera hay que decirlo. Ese era el frente de batalla más deslumbrante, que incluso el Teniente General Rikan no pudo manejar; ¿quién querría ir allá? En los anales de esta guerra oriental, la mayoría de los oficiales que soportan la retirada final han perecido, incluyendo al mismo Teniente General Rikan.”

“Pero quizás enviando una gran cantidad de refuerzos podríamos haber cambiado el curso de la guerra.”

Interrumpió atrevidamente Matthew con su opinión, haciendo que los labios del Teniente esbozaran una sonrisa.

“Qué opinión tan valiente tenemos aquí… por cierto, Suboficial Tetdrich, a los soldados con esa clase de pensamiento aquí en la región norte los llamamos ‘los soldados de la Central’.”

“¿Eh? ¿De la central?”

“Entonces, ¿‘soldados de la Central’ se refiere a gente muy motivada?”

La inocente pregunta de Haro hizo que al principio los ojos del Teniente se abrieran, para luego estallar en una risa incontrolable.

“Sí, eso es básicamente, Suboficial Bekkel. Pero para ser más preciso, significa ‘aquellos que aún tienen motivación después de haber sido despachados hacia el norte’. Quizás la situación sea distinta en la Central, pero aquí, esa clase de gente son la minoría.”

Después de haber hecho que esos jóvenes idealistas abrieran los ojos, el Teniente Sazaruf volteó la mirada hacia las montañas del norte, luego abrió los brazos como queriendo abarcar el paisaje.

“¡Y las montañas son las que deben asumir la responsabilidad!”

“Se refiere a las montañas de Arfatra? ¿Por qué dice eso?”

“¿Acaso hay que preguntarlo? Porque estas montañas bloquean a todos los enemigos frente a nosotros.”

El Teniente Sazaruf hizo esta confiada aseveración, pero los jóvenes oficiales mostraron sus rostros de sorpresa.

“Las Gran Arfatra son ‘la escalera de Dios’… en 900 años de historia del Imperio de Katjvarna, nunca un enemigo ha cruzado estas montañas para atacar… así que el nombre de ‘la escalera de Dios’ se originó por esa causa.”

“Está completamente en lo correcto, Suboficial Remeon. Es una pena, si yo fuera su instructor, le dibujaría una flor de aprovechamiento.”

[NOTA: en Japón, los profesores dibujan una flor en las hojas de los alumnos que han hecho un buen trabajo.]

“Umm… ¿no es el Teniente nuestro instructor temporal por ahora?”

“¿Qué? ¿Conque sí? Entonces de verdad le dibujaré una flor de aprovechamiento.”

Diciendo eso, el Teniente extrajo una pluma del bolsillo de su camisa y pintó una flor en la frente de Torway.

Las carcajadas estallaron a su alrededor, dejando a Torway con una expresión difícil de describir.

“Aún si los enemigos no han cruzado la escalera de Dios, hay gente que vive ahí, ¿cierto?”

Yatori, que había permanecido en silencio, interrumpió con una voz cortante.

Al oír eso, el Teniente Sazaraf quiso también pintar una flor en la frente de Yatori, pero viendo que lo esquivaba con facilidad con un movimiento de la parte superior de su cuerpo, pronto se dio por vencido.

“A-ja-já, tiene razón. Aunque la región norte tiene la protección de la Gran Arfatra, no le podemos dejar todo el trabajo pesado a las montañas. En otras palabras, nuestro trabajo consiste…”

“En controlar el riesgo de los nativos, o el manejo de la situación con los nativos que viven en las montañas de la Gran Arfatra, la tribu de los Shinaak.”

El Teniente Sazaruf asintió ante la respuesta de Torway, y procedió a pintar una segunda flor en su frente.

“Así es. En las laderas de las montañas viven muchos que, aunque se consideran parte del Imperio, no son parte de los residentes de Katjvarna; la gente de la tribu de los Shinaak. De acuerdo a la historia, nuestras relaciones no han sido armoniosas. A pesar de que en los últimos cientos de años no ha habido un conflicto mayor, las disputas menores ocurren con frecuencia.”

“¿Lo que significa que nuestro trabajo es darles a esos montañeses una lección? Es casi como exterminar una plaga.”

Dijo el músculos-por-cerebro Agra resoplando. El Teniente se encogió de hombros con una sonrisa amarga.

“Mientras exterminamos esas plagas, nuestro trabajo también incluye lidiar con los valientes que mojan sus pantalones debido a la impresión… pero ahora, incluso eso ha cambiado.”

“¿Cambiado? ¿Por qué dice eso?”

“Desde hace un par de años, los incidentes con la tribu de los Shinaak han disminuido significativamente. Parece que esos tipos han dado vuelta a la página y ya no quieren causar más problemas. En el pasado, quizás unas dos veces por mes, y con poca suerte unas cinco o seis veces, había ocasiones en que teníamos que lidiar con ladrones montañeses al mismo tiempo; pero en los últimos seis meses, ni siquiera se ha enviado una ‘Fuerza punitiva’.”

Después de haber escuchado de ‘muchas batallas’ antes de venir aquí, esta noticia decepcionó a la mayoría de los jóvenes y motivados suboficiales; sólo Torway y Yatori tenían una expresión seria en el rostro.

Cuando terminó la plática, la marcha continuó. Incapaz de tolerar el aburrimiento, el cabeza-dura Agra se quejó mostrando su insatisfacción.

“Teniente, ya sé que su batallón está de descanso ahora, así que ¿para qué es este ejercicio? Desde hace tres horas hemos estado marchando a los pies de las montañas de aquí para allá; ¡a esto ni siquiera se le puede llamar entrenamiento!”

“¡Tiene razón! Pero no nos podemos detener a la mitad ahora, después de que hemos usado como excusa el entrenamiento militar para hacer una demostración de fuerza militar. Quizás es precisamente porque enviamos el mensaje sutil de ‘¡Mírennos, tenemos gran fuerza militar! ¡Somos muy fuertes! ¡Somos temibles!’, que la paz se mantiene. Es más, si canceláramos incluso esto, entonces sí que nos volveríamos unos idiotas inútiles. Tenemos que evitar eso absolutamente, pero…”

El Teniente Sazaruf se volteó y escudriñó ansiosamente de derecha a izquierda a los oficiales detrás de él.

“Suboficial Solork, ¿qué le pasa? ¿Acaso no piensa decir nada? Escuché que usted era el primero en participar en este tipo de cháchara.”

La razón principal por la que el Teniente Sazaruf había traído su pluma, era porque quería dibujar una flor en la frente de Ikta, pero no encontraba trazos del novato.

Los miembros de la ‘Orden de Caballeros’ lo sabían desde tiempo atrás, pero los otros oficiales apenas notaron su ausencia, y la confusión se generalizó.

“Ooi– ¿Qué le pasó al Suboficial Solork? Nadie puede verlo, pero el Tercer Pelotón de Iluminación parece estar aquí.”

“Y-Yo tengo algo que reportar, Teniente.”

Parada justo detrás de los oficiales, y a cargo de sus tropas, la Sargento Suuya abrió la boca con precaución. Con una mirada de sorpresa, el Teniente volteó a verla.

“Sargento Mittokalif, ¿cuál es su reporte?”

“Este es un mensaje del Suboficial Solork: ‘Debido a la violación de las reglas militares, me estoy confinando voluntariamente a mí mismo en una celda de castigo. La violación es abandonar el ejercicio sin permiso’.”

Sin ninguna excusa ni pretexto, en vez de eso usando directamente la acción como razonamiento, él se mostraba tal cual era con esa declaración.

El Teniente Sazaruf por fin volvió a sus cabales, después de estar perdido por un minuto.

Él, que no sabía cómo reaccionar ante esto, tomó la pluma de su bolsillo.

“Parece que estaba equivocado… Lo que tengo que dibujar en su frente no es una flor, sino una X.”

Así fue como aprendió a lidiar con la persona tan problemática llamada Ikta Solork.

 

“¡No puedo aceptar esto!”

Gritó una mujer soldado. Temblaba de furia, de modo que hasta la cinta con la que ataba su cola de caballo se estremecía.

Ese día también ocurrían ciertos disturbios en la base. El objeto central de la disputa era un librero grande colocado frente a los dormitorios femeninos.

“Es insoportable, ¿no es así, Cadete de Primera Clase Kanna?”

El objetivo de su ira, el Teniente Talca, cuya principal característica facial era el poseer un rostro cuadrado, apenas si tomó en cuenta su protesta.

Él tomó otro libro del librero y comenzó a evaluarlo, con toda su atención puesta en dicha acción.

“¿Por qué todos los libros en nuestras barracas deben ser confiscados?”

Por el contrario, la mujer soldado –siendo este su tercer año enlistado junto a su espíritu de viento compañero, Tabb- de nombre Kanna Temari, se sentía muy indignada. Esa cara con rasgos masculinos estaba contorsionada a un grado tal que se adivinaba toda su furia.

Ella no era una recluta, y sabía muy bien que ir en contra de un oficial superior no le traería ningún beneficio; pero para ella, el momento actual era uno en el cual tenía que protestar, aun sabiendo todo eso.

“Entonces yo le pregunto, ¿por qué atasca el espacio para dormir de los soldados con estos estantes llenos de libros?”

Respondió el Teniente Talca con un tono frío. Después de reunir toda su energía, Kanna contestó.

“¡Porque la gente que vive aquí lee libros cuando no están entrenando! ¡Porque tener muchos libros es genial, pero cuestan mucho, así que todos comparten los de su propiedad para el disgrute de todos! ¡Usted debería comprender eso!”

“Querrás decir ¡por favor, comprenda’, ¿no? Sin importar cuanto tiempo pase, nunca aprendes cómo expresarte cortésmente.”

“¡Guh! ¡No trate… ¡Por favor, no trate de cambiar de tema, ahora discutimos el asunto de los libros!”

Otras mujeres soldados también asomaban sus rostros desde las ventanas de las barracas, observando nerviosamente la situación desde una distancia segura. A pesar de que compartían la misma opinión que Kanna de que la confiscación era injusta, ellas no podían reunir el valor para enfrentarse a su oficial superior.

“*Suspiro*. Entonces, ¿está reclamando ser la poseedora de esos libros como una propiedad privada?”

“Eso se puede decir. Aunque no tanto como una propiedad privada, de hecho, es una propiedad compartida por todas las que vivimos aquí… y no debería haber ninguna regulación militar contra el que traigamos libros, ¿verdad?”

Kanna, sin tener tanta confianza en su memoria, se expresó con desconfianza. El Teniente Talca se burló de ella.

“Esa excusa no le servirá. ¿Dónde guardaban estos libros?”

“Al fondo del corredor. Hicimos un librero especial de modo que todas pudiéramos elegir fácilmente los libros…”

“Ese es el problema, Cadete Kanna. Debería recordar las reglas que les mencionamos a los reclutas. El espacio reservado para objetos personales es sólo dentro de su cuarto, ¿recuerda?”

“Uggh..”

063

“Aun en los edificios habitacionales, el corredor es un espacio público; así que los bienes que se colocan ahí se consideran bienes públicos de la base. En otras palabras, se han vuelto propiedad de la Guarnición del Norte. Como supervisor de los dormitorios, es mi decisión el que sean confiscados o descartados.

“¡E-Eso… eso es ser demasiado quisquilloso! Así es, nosotras sólo pusimos un librero ahí, ¡pero considerar el fondo del corredor como espacio comunal es algo que sucede en todos los dormitorios!”

“Aun si existe esa práctica, sigue siendo sólo una práctica. Por supuesto que primero hay que considerar las reglas escritas. ¿Terminamos la discusión? Bien, llévenselos.”

El Teniente Talca le hizo un gesto a dos soldados varones que, por su expresión, parecía que habían sido forzados a venir. Sin embargo, Kanna continuó echando pestes hacia su superior, quien había terminado la discusión unilateralmente, y trataba de retirarse.

“¡Aun así, ¿por qué los confisca sin una advertencia previa? ¡Si el problema es que ocupamos espacios comunes, entonces tendría que haberlo dicho para llevarlos de vuelta a nuestros cuartos!”

“Tsk… ¡Oiga, ¿es esa la actitud que debe mostrar cuando habla a un oficial superior?!”

Gritó el Teniente Talca con un tono completamente distinto a su actitud indiferente anterior, lo que asustó a Kanna a tal grado que contuvo el aliento.

“Una simple soldado se atreve a mostrarse tan arrogante. ¡Antes de hablar tan irracionalmente, considere su posición! ¡Las que rompieron las reglas fueron ustedes; como su supervisor, yo debo tomar medidas contra ello! ¡En momentos como este no debería buscar excusas, sino reflexionar! ¡¿He sido claro?!”

Comparado a cuando menospreciaba a la gente, el Teniente Talca, que ahora trataba de forzar a los demás a que aceptaran su propia justicia, hizo que Kanna rechinara los dientes, incapaz de defenderse. Encogerse ante los gritos de su oficial superior es un reflejo condicionado que se ha grabado muy hondo en los soldados.

“Es más, leer es un entretenimiento para ricos. El que ustedes, simples soldados, tengan este interés, es no conocer su lugar. Ya que tienen tiempo que perder en entretenimientos estúpidos, ¿por qué no aumentan su resistencia corriendo unas vueltas? La verdad, estas cosas me aburren”

El Teniente Talca, mientras hablaba con desprecio, tomó un libro de aspecto antiguo del librero. Viendo su portada, el rostro de Kanna palideció.

“¡E-Espere! ¡No sea tan brusco!”

“Hmm, viendo tu expresión de pánico, este debe ser tu libro. ‘Anales de la Gran Arfatra’; me llamó la atención porque el empastado es lujoso… ¿eh? ¿En dónde he visto antes a este autor?”

El Teniente Talca frunció el ceño mientras pensaba, y unos segundos después, sacó el aire con los ojos tornados hacia arriba.

“¡Esto… fue escrito por el ‘blasfemo’ Anarai Khan! ¡Él no sólo insultó a nuestro Gran Dios con sus experimentos extraños, sino que incluso huyó a Kioka, nuestros enemigos, volviéndose uno de los desertores más odiados! ¡Cadete de Primera Clase Kanna, cómo es posible que a usted le gusten los libros escritos por ese criminal!”

“E-El contenido de un libro no tiene ninguna relación con su autor…”

Kanna trató de justificarse, pero eso sólo hizo que el Teniente Talca se enfureciera aún más.

“¡Y sigue dando excusas! ¡Esto es realmente intolerable! ¡Prepárese a recibir su castigo!”

El Teniente Talca levantó el brazo que sostenía el libro. Imaginando que iba a golpearla, Kanna cerró los ojos.

“No, no, no… ese método está mal.”

El joven de cabello negro que se colocó entre ellos detuvo a tiempo el brazo del Teniente, sujetándolo de la muñeca.

“Los libros no son herramientas para golpear a otros, además de que el rostro de una chica nunca debería ser golpeado, en primer lugar. Yo creí que eso era conocimiento común en este mundo.”

“¡¿Quién diablos eres tú?!”

“Sólo soy un Caballero Imperial que de casualidad pasaba por aquí; mi misión es hacer que las damas maduras de este mundo nunca vuelvan a llorar.”

Ikta dijo esa oración con un rostro indescifrable.

El Teniente Talca frunció el ceño.

“Caballero Imperial… ¿Entonces eres miembro de la legendaria ‘Orden de Caballeros’? El nombre del miembro de cabello y ojos negros era Ikta Solork, ¿correcto?… No me pareciste tan conspicuo en la fiesta de recepción.”

“Eso es porque no soy bueno llamando la atención, a pesar de mi atractivo. Es que soy muy humilde.”

“Entonces, ¿qué significa el que me hayas detenido el brazo?”

El Teniente Talca miró fieramente a Ikta, quien simplemente soltó la muñeca del contrario.

“Me disculpo por intervenir sin autorización en esta disputa, pero después de escuchar su conversación, siento una leve curiosidad respecto a una cosa.”

Ikta se movió hacia el librero mientras decía eso, y observó con gran interés los libros alineados ahí.

“…Oh, el orden de este librero no está nada mal. Las novelas de ficción y los libros especializados están separados de acuerdo a su género, y aunque hay libros antiguos, ninguno está en malas condiciones; las residentes deben de ser lectoras cuidadosas.”

“Y eso qué…”

“Desde que se descubrió la tecnología de imprimir palabras, en comparación a antes, que se hacían a mano, los libros ahora se han vuelto mucho más cercanos a la gente. Asociado a un aumento en el nivel educativo, la gente que gusta de leer ha aumentado en la población en general.”

Interrumpió Ikta el reclamo del Teniente mientras lo ignoraba por completo. Esta actitud tan cara-dura dejó a Kanna sin habla.

“Habiendo dicho esto, los libros aún no son mercancía que sea muy fácil de adquirir. Puede que en unos 20 años esto cambie, pero por ahora, se puede decir que sólo se compran ‘por ocasiones especiales’… pero siendo ese el caso, los comerciantes han desarrollado algunas estrategias.”

Ikta seleccionó dos libros del librero y los levantó en sus manos.

“En la portada de este ‘Lisrei, la chica flor’ está escrito ‘Un obsequio para nuestra adorada hija’. En este ‘El Caballero de Yobzniek’ dice ‘Para el hijo que será el más valiente que cualquier otro’. Uno puede deducir, sólo con mirarlo, que estas líneas no tienen nada que ver con la historia, es sólo propaganda para generar ventas. El objetivo de ventas aquí son ‘los padres que quieren comprar un libro para sus hijos’.”

“Es importante que el producto en sí encaje con la estrategia. No importa si es ‘Lisrei, la chica flor’ o ‘El Caballero de Yobzniek’, el protagonista siempre era alguien que haría pensar a los padres ‘sería genial si mi hijo llegara a ser alguien así’. Pero si lo piensa con calma, encontrará distintos aspectos por los cuales esto resulta demasiado perfecto.

Ikta se encogió de hombros de forma exagerada, mientras seguía hablando.

“Por lo que tengo conocimiento, los libros pioneros que usaron esta estrategia fueron estos dos; entonces, muchos otros copiaron este exitoso concepto, haciendo que dentro del Imperio, los libros se consideraran algo como: ‘cuando un hijo llega a la adultez, se le debe celebrar regalándole un libro costoso’. El resultado final de este pensamiento enfermizo es que, en nuestros días, la única posesión que muchos jóvenes tienen, es el libro que les obsequiaron sus padres.”

Después de llevar su discurso hasta ese punto, Ikta golpeó levemente el librero mientras mostraba una sonrisa llena de significado.

“Cada uno de estos no es barato. Aunque algunos son antiguos, pero al ser tantos, representan una fortuna… ¿No lo cree así, Teniente?”

“¡¿Qué?!”

Kanna volteó de repente, llevada por la sorpresa, sólo para ver que el Teniente Talca tenía una expresión rígida.

“¿D-De qué estás hablando…?”

“Oh, por lo que se ve, sigue haciéndose el tonto. Después de confiscar sus libros, está planeando revenderlos, ¿no? No hay otra razón por la que hiciera algo tan problemático. Al principio pensé que era del tipo que le gusta hacer sufrir a sus subordinados, pero al contrario de eso, su expresión no era de alegría… El factor decisivo fue cuando comenzó a examinar los libros de uno en uno; esos eran definitivamente los ojos de alguien que estaba evaluando una mercancía.”

Las mujeres soldados, que esperaban dentro de sus barracas a que pasar a la tormenta, reaccionaron ante las palabras de Ikta, y Kanna puso sus dudas en palabras.

“¿No querrás decir… que el Teniente sólo quiere ganar algo de dinero al quitarnos nuestros libros?”

“¡Q-Qué tonterías dices! ¿Cuáles son tus pruebas…?”

Ante múltiples miradas furiosas, el Teniente Talca comenzó a sudar frío. En ese punto, Ikta continuó con su ataque.

“…’El guapo Badilan’, ‘La rosa de Miyajan’, ‘Parsek y Urpina’, ‘Los anales de la generación de Darío’…”

“Urgh…”

“Esos son los títulos que usted tomó del librero con el objeto de evaluar su condición… no es como si usted quisiera leerlos, entonces, ¿por qué tanto interés en ellos? Es porque son trabajos que pueden venderse a un buen precio y son populares en el mercado de libros antiguos.”

“Haa… Argh!”

“Si mi vida hubiera ido como yo deseaba, se suponía que yo trabajaría como bibliotecario en la Biblioteca Nacional de la Capital, llevando una vida pacífica. Si desea ganar dinero vendiendo libros antiguos, uno puede ganar mucho más dinero vendiendo libros para el nicho de mercado de los coleccionistas. Usted parece muy conocedor de ese mercado.”

“¡Gah…!”

“Ya había contactado al comprador, ¿no es así? Al ver que era un negocio seg- ¡kah!”

Un puño se hundió cruelmente en el estómago de Ikta. Con ojos llenos de ira, el Teniente persiguió al joven, que se retorcía en el piso ante el dolor.

“¡Bastardo, no te metas en los negocios de los demás! Ya que había oído que eras apreciado por la Tercera Princesa, quería resolver esto pacíficamente, pero viendo hasta qué grado me has insultado, no veo otra opción…”

El Teniente Talca arrojó los ‘Anales de la Gran Arfatra’ que estaba sosteniendo, levantó la mano que había liberado, y se acercó lentamente a su oponente.

Ikta caminó hacia atrás, mientras tosía.

“Cof-cof… Cielos, volverse violento tan de repente; por favor, deje que termine de hablar.”

“Estás en tu lecho de muerte, así que di todas las tonterías que quieras.”

Ikta, mientras evadía las manos del Teniente, seguía hablando sin parar.

“Sí, sí, sí… ya que lo dice, no me voy a contener más. Lo que realmente quería hacer entender al Teniente, es que el valor de los libros no sólo está en ser un ‘entretenimiento de ricos’. Por favor, déjeme demostrarlo.

“¿Puedes probarlo mientras te golpeo hasta deformar tu cara?”

“Los libros me enseñaron la fuerza para no caer en ese predicamento. De todos modos, y aunque es algo repentino, permítame preguntarle: ¿le gustan los insectos? ¿O acaso los odia?”

“Nunca me puse a pensar si me gustan o si los odio, ya que son sólo bichos… Si veo uno, sólo tengo que aplastarlo.”

“Vaya, vaya, eso es ser muy directo. Pero debe saber que en este mundo hay muchas clases de insectos; algunos vuelan por el cielo, otros se mueven muy rápido, algunos tienen veneno muy potente. Sin ninguna preparación, ¿podría enfrentarse a esa amenaza?”

Aún mientras seguía hablando, el Teniente seguía acorralando a Ikta hacia la pared. Kanna pensó en intervenir para detenerlos antes de que corriera la sangre, pero se detuvo cuando el joven que estaba siendo acosado le mandara una mirada impidiéndolo.

“Una última cosa. Si piensa que el ‘espíritu de un soldado’ es algo todopoderoso, está a punto de sufrir una gran decepción.”

“No uses ese tono condescendiente para juzgar algo que no tienes, en primer lugar. ¡Muere!”

Viendo que su presa estaba con la espada contra la pared, el Teniente Talca, que había estado esperando esta oportunidad, exclamó triunfante.

Al mismo tiempo, Ikta saltó hacia atrás, aun sabiendo que tenía la pared a su espalda, tomando la iniciativa de golpear contra ella.

Al recibir el impacto, algo cayó desde el techo del dormitorio. Al instante siguiente, Ikta tomó sin dudar lo que había caído frente a él, y procedió a colocarlo frente al rostro del Teniente.

“¡¿Qué…?!”

El movimiento no podía considerarse un golpe, así que el Teniente lo encaró sin temor…

Lo que vio fueron 8 patas peludas danzando por todos lados, a sólo dos centímetros de sus ojos, moviéndose constantemente y haciendo un sonido crujiente.

“¡GyaAAAAA…!”

Resonó el grito que dejó escapar la garganta del Teniente mientras saltaba hacia atrás. Su acción no era fruto de un pensamiento racional, sino el mecanismo de temor instintivo que todo mamífero ha desarrollado, y que es difícil de resistir.

Como el único que sabía cómo se desenvolverían los acontecimientos, el joven persiguió al enemigo que huía. Después de alcanzar al Teniente, jaló el cuello de su camisa y abrió los dos botones superiores; luego, aprovechando la brecha obtenida, en un movimiento rápido introdujo ‘esa cosa’ que aun sostenía en la mano.

El Teniente vio claramente qué era esa cosa.

“¡GuaAAAuaAAAaAAA!”

Entró en pánico. No, ‘pánico’ no era suficiente para describirlo, se puso frenético. El Teniente Talca trataba desesperadamente de alcanzar dentro de su camisa, pero ‘esa cosa’, con extrema agilidad evitaba sus manos moviéndose de un lado a otro. El escuchar el sonido rasposo y sentir las patas peludas del artrópodo arrastrándose por su piel podía hacer que la razón de cualquiera desapareciera en un instante.

Los gritos del Teniente se escuchaban sin parar.

Entre más trataba de alcanzarla con sus manos para atraparla, más profundo se metía. Durante su lucha, y sin saber cómo, la cosa se metió en sus pantalones. Al sentir ese toque peludo, el miedo inicial, que antes era sólo un mecanismo de defensa, se desbordó por cada poro de su cuerpo. El Teniente, con dolorosos alaridos, siguió golpeando todas las partes de su cuerpo.

Observando esa escena irreal, las mujeres soldados sólo podían mirar asombradas las acciones del Teniente.

“¡GuaAAAaaaAAA! ¡UaAAAghaaaAAA! ¡GyaAAAaAAA!”

Nadie supo cuánto duró la batalla… podrían haber sido segundos o minutos, o quizás aún más.

Entonces, cuando el Teniente perdió toda su dignidad como soldado, ‘esa cosa’ finalmente salió por una de las piernas de su uniforme militar.

Una sombra con ocho patas, tan grandes como la mano de un adulto, corría rápidamente sobre el suelo arenoso. Ikta la saludó con respeto mientras desaparecía.

“Buen trabajo, completó exitosamente su misión, Sargento Heteropoda Venatoria… Si arrojar ciempiés a las personas se considera una broma, entonces lo que acabo de hacer debería considerarse una prohibición esotérica. Si hay alguien que no sienta temor ante algo así, entonces su nombre de seguro es Igsem…”

Ikta miró al Teniente, que yacía en el piso con la mirada perdida, y continuó.

“Sin embargo, si hubiera leído el libro que acaba de arrojar, ‘Anales de la Gran Arfatra’. Podría haber evitado esta tragedia; después de todo, le di una pista muy grande al mencionar a ‘los insectos’. Sólo tenía que saber que, durante el día, les gusta evitar el sol reposando en los techos cerca de los rincones… y entonces habría notado que yo no estaba sólo huyendo, sino que lo estaba guiando a donde estaba ‘esa cosa’. ¿Ahora lo entiende? El valor de los libros, del que hablaba hace un momento, se refiere a esto, Teniente.”

Aunque no sabía si la otra persona lo escuchaba, Ikta siguió explicando.

“A pesar de tener una apariencia temible, la Heteropoda Venatoria es un animal muy común. Ya que protegen las cosechas de animales dañinos, la tribu de los Shinaak las crían en grandes cantidades en sus graneros. Son expertas cazadoras que devoran las alimañas, pero no dañan a los humanos ni a las cosechas. Aún con ese aspecto, Heteropoda Venatoria es definitivamente un insecto muy útil. Lo que hice fue forzado por las circunstancias, los niños buenos no deben tratar de imitarme.”

‘El tomar una araña con sus manos desnudas, es algo que una persona normal no podría hacer’… Pensó Kanna para sus adentros. Frente a ella, podía ver a Ikta iluminando los ojos del Teniente Talca con el haz potente de Kusu.

“Aah, esto no es bueno, ¿eh?… ¡Oigan, ustedes dos! ¿Podrían llevar a este tipo a la enfermería? Ya no necesitan molestarse con el librero.”

Al oír a Ikta expresándose con pereza, los dos soldados, que estaban atentos observando el desarrollo de la situación, pusieron una cara como de que por fin tenían algo que hacer, y comenzaron a moverse.

Por lo visto, sólo les habían ordenado venir a ayudar al Teniente Talca, y no tenían relación con sus planes.

Los dos levantaron el cuerpo desvanecido del supervisor y abandonaron las barracas por la puerta frontal.

“*Suspiro* Eso fue agotador… Originalmente no quería noquearlo… Hoy tuve que resolverlo todo por mi cuenta, así que quizás me excedí un poco…”

Murmuró Ikta en forma de queja, mientras recogía el libro arrojado por el Teniente.

“Genial, no sufrió daños… Aquí tienes, esto es tuyo, ¿verdad? Tómalo.”

“Ah…”

Kana tomo por reflejo el libro que Ikta le había arrojado, luego de quitarle el polvo.

“G-Gracias a Dios… Ah, no; gracias a usted por su ayuda, Suboficial.”

Después de corregir sus palabras asustada, ella miró a Ikta con una expresión desesperada.

“¿Podrías llamarme Ik-kun? Ah, no; para la gente normal quizás deba ser más gradual. Pero para ser honesto, en la batalla anterior consumí toda la energía que debería utilizar para esto también… ah, por cierto, ¿cómo te llamas?”

Aunque era una petición incomprensible, Kanna no tenía razón alguna para negarse; es más, él era su benefactor.

“Pertenezco al Primer Regimiento del Norte; Cadete de Primera Clase Kanna Temari. Mi compañero es el espíritu de viento Tabb. Un placer conocerlo, Oficial… Ikkun.”

“Oficial Ikkun, ¿eh?… bueno, como sea. Ah, gusto en conocerte, Kanna. Esto te podrá parecer repentino, pero eres mi discípula aprendiz.”

“¿Q-Qué? ¿’D-Discípula aprendiz’?”

Sin comprender el significado, Kanna inclinó la cabeza. Ikta le explicó señalando el libro en  sus manos.

“Has leído el libro, ¿verdad? Entonces, eso te hace un ‘discípulo de Anarai’. Aunque parece que eres mayor que yo, yo he sido su discípulo por largo tiempo, así que estoy en un escalón por arriba que el tuyo.”

Luego que Ikta terminara de explicar, una sonrisa llena de familiaridad brotó en sus labios.

Sin ninguna razón aparente, el corazón de Kanna se aceleró.

“Uh… Ah… Eso significa… que el Oficial Ikkun es discípulo de este autor… del Profesor Anarai Khan? Ah… No… ¿Puedo preguntarle si es así?”

“Sí, así es. Tú y yo somos creyentes en la ciencia.”

Ahora también una creyente en la ciencia. Aunque ella no comprendía bien lo que significaba, esa clasificación dejó una huella en su corazón.

“Dime, Kanna: ¿cuál parte de este libro crees que sea la más interesante?”

Preguntó Ikta en tono casual. Esta clase de actitud no se muestra normalmente, lo que despertó la curiosidad de Kanna, ya que era la primera vez que encontraba a alguien con quien discutir cosas como estas.

“Ah… Umm… Creo que es… la parte que se refiere al estudio de la Iglesia de Alderah.”

Los hombros de Ikta se sacudieron con sorpresa, ya que no era la respuesta que anticipaba.

“¿El estudio de la Iglesia de Alderah? ¿No la fe que la tribu de los Shinaak tienen en sus espíritus?”

“S-Sí… Es decir, luego de estudiar las creencias en los espíritus de los Shinaak y luego al compararlos con la fe en Alderah del Imperio, puedes encontrar una serie de cosas maravillosas.”

Al ver que Kanna titubeante trataba de explicar, Ikta se puso a escucharla con atención- pero en ese instante, una mano lo tomó por la cabeza desde atrás.

“¿No se supone que deberías estar en confinamiento voluntario, Suboficial Solork?”

Ikta volteó tímidamente hacia atrás, y como esperaba, encontró frente a él al Teniente Sazaruf con una sonrisa torcida en los labios.

El joven habló mientras su rostro se ponía azul.

“Rayos, pensar que tuve tal descuido. Me quedé aquí sin considerar el paso del tiempo.”

“Esa declaración ya es muestra de culpabilidad. Cierto que hay gente no motivada entre los estudiantes a rangos superiores, pero que tú te saltes el ejercicio para estar coqueteando con una chica, este debe ser el primer caso de la historia.”

Sin decir nada más, el Teniente Suzaruf tomó a Ikta del cuello de la camisa y comenzó a arrastrarlo a las celdas de castigo. Aun así, el joven no parecía reflexionar sobre sus acciones, y le gritó a Kanna, que observaba estupefacta.

“¡Kanna, de seguro nos volveremos a ver! ¡Debemos seguir con nuestra plática! ¡Es una promesa!”

“Ah… ¿Sí?”

“Sí, sí, esta juventud… sólo espero que puedas sobrevivir hasta su próximo encuentro.”

El chico problema fue arrastrado por el Teniente Sazaruf, quien sonreía maliciosamente, dejando detrás un rastro de polvo.

“¿Qué… qué acaba de ocurrir?”

Aun después de que los dos habían desaparecido, Kanna se quedó mirando al vacío por un rato; pero si no se apresuraba a colocar los libros en los estantes dentro de los dormitorios, podían sufrir daños.

Así que volteó para ver si alguien la ayudaba a cargar el librero. En ese momento una ráfaga de viento soplo haciendo que las páginas de ‘Los anales de la Gran Arfatra’ se voltearan de una en una. Cuando se detuvieron, justo al llegar a la empastadura, en la primera página apareció una frase dirigida al lector potencial, un mensaje dejado ahí por su autor.

-¡Bienvenido al mundo de la ciencia!-

Esas palabras eras como las que había mencionado el joven, y encerraban una gran calidez.

 

Con la ruda compañía de su supervisor, Ikta llegó directo a la celda de castigo localizada en la parte interna de la base. No medía más de tres metros cuadrados, privada por completo de cualquier luz, incluso la ventana de observación tenía barrotes. No era en nada diferente a una prisión.

“Suboficial Solork, ¿cuántos días puedes aguantar sin comida ni agua?”

Oyendo la terrorífica pregunta del Teniente Sazaruf desde la ventana de observación, Ikta pensó en serio en ello.

“¿Los bocadillos se consideran comida?”

“Por supuesto. Y tus trucos de sabiondo no servirán aquí.”

“Entonces, ¿los insectos se consideran bocadillos?”

“No trates de darle la vuelta, comida significa cualquier cosa además de aire que puedas llevar a tu boca.”

Ikta trató de ganar algo de tiempo con esas bromas mientras pensaba rápidamente. Si cometiera un solo error probablemente resultara en una tragedia. Debía encontrar el lapso justo de tiempo, no demasiado corto, pero no demasiado largo; algo que su contraparte encontrara apropiado.

“Entonces, alrededor de tres días, creo…”

Escuchando la respuesta final del joven, el Teniente Sazaruf asintió ligeramente.

“Ya veo… entonces, te dejaremos aquí por 300 días.”

“¡Acaba de multiplicarlo por 100! ¿No trata de matarme de hambre sin importar lo que diga?”

Ikta golpeó la puerta con ambas manos, mientras que el Teniente Sazaruf, al otro lado de la puerta, se sentó en el suelo.

“Vamos, no te agites tanto. Te saltáste el ejercicio sin permiso y no tienes excusa por ello. No pensarías que te saldrías con la suya con un castigo ligero, ¿verdad?”

“Aun así, al ser la primera vez que cometo una ofensa, ¿se me debe dar la sentencia de muerte?”

“No tengo la intención de dejarte aquí hasta que mueras, pero si no te debilito a tal grado para que dejes de usar esa bocota cuando no debes, ¿no crees que mi posición como tu superior sería difícil de mantener?”

Luego de suspirar fuertemente, el Teniente Suzuraf continuó.

“A decir verdad, en realidad no lo entiendo. ¿En qué pensabas para llegar a esta situación?”

“Aun si me pregunta en qué estaba pensando, en realidad no puedo contestarle… para ser claros, el 100% de ellos eran motivos convincentes.”

“Si eso fuera cierto, entonces los rumores no estarían cargados de tanta acción y emoción, ¿verdad? Aun considerando que tu nombramiento de Caballero fue un golpe de suerte, entonces ¿qué hay con el incidente del intento de secuestro de la tercera Princesa? No importa cómo lo mire, que todo saliera bien sólo puede atribuirse a tus rápidas acciones.”

“Sobre eso, sería tonto negarlo, así que dejémoslo así por ahora… pero Teniente Sazaruf, ¿tiene usted algún prejuicio contra mí?”

Ante el rápido contraataque de Ikta, el Teniente asintió mientras se encogía de hombros.

“Puede ser… Aunque aparentas ser un rarito, esa sólo es tu apariencia externa. Al principio pensé que eras del tipo que eras del tipo que sólo se juntaba con gente exitosa. Esa sería la conclusión lógica, ¿no crees?, después de todo, ese tipo de gente siempre revolotea alrededor de los oficiales de alto rango.”

“Creo que este sería un buen ejemplo de una mala compresión del oponente debido a un prejuicio.”

“Oh, lo admito. Parece que no tienes el menor interés en tener éxito. Si fuera así, no te habrías saltado un ejercicio tan sencillo, creando así antecedentes que pueden ser usados contra ti.”

“No es como si todos en la “Orden de Caballeros” sean iguales a mí. Cierto que a Haro le falta algo de ambición, pero eso es porque es muy humilde. Los otros tres están enfocados en obtener el éxito, por favor, no malinterprete esa situación.”

“Incluso puedes hablar a favor de tus compañeros… De verdad no lo entiendo- ¡Guh!”

El Teniente Sazaruf recibió un fuerte golpe en la espalda, que lo hizo caer de bruces.

Esto debido a que los golpes incesantes de Ikta habían aflojado las bisagras, que se habían deteriorado con los años, y habían cedido a sus desesperados esfuerzos.

Al recibir esta ayuda inesperada de la Diosa Fortuna, Ikta saltó sobre su superior quien se sobaba la parte posterior de la cabeza mientras gruñía de dolor, y trató de escapar de inmediato. Sin embargo, algo extraño entró en su campo de visión y lo hizo detener súbitamente sus movimientos.

“¿Qué es lo que encerraron en esa celda? Kusu, dame algo de luz, por favor.”

“Ouch… ¡Hey, ¿qué estás haciendo?! ¡No hagas cosas sin permi…!”

Antes de que el Teniente terminara con su advertencia, la luz de Kusu había eliminado la oscuridad de la celda. Criaturas pequeñas, que no alcanzaban la altura de la rodilla de una persona, reaccionaron ante la luz y temblaron en el piso.

“Espere… Esos son…”

Al momento de reconocer la identidad de las criaturas, el rostro de Ikta también tembló por la impresión.

“¡Espíritus! ¿Qué es esto? ¿Por qué tienen a estos espíritus en un sitio así?”

“Aah, los alumbraste… Suboficial Solork, dile a tu compañero que apague su luz, y esto es una orden.”

Al oír el tono de mando en la voz del Teniente Suzuraf, Ikta sólo pudo apagar la luz por el momento. Por esa causa, ya no se podían ver las figuras de los espíritus; sólo sus ojos altamente reflejantes brillaban en la oscuridad, como los de un gato.

“Teniente, ¿puede explicar esto?”

El Teniente Sazaruf mostró una expresión como diciendo: ‘el chico problemático ya lo ha visto, ¿eh?’, y rascó su cabeza.

“En breve, es como lo has visto.”

“No, no. Aunque sea raro que sea yo quien lo diga, ¿no es este un escenario anormal? ¡Un espíritu y su compañero deben estar siempre juntos, y nadie debe violar la voluntad de los dos forzándolos a separarse’… Es parte de las bases de las enseñanzas de la Iglesia de Alderamin. ¿Acaso esa regla no debe respetarse incluso en batalla contra los enemigos?”

“La guerra ya terminó, y además, esta es la frontera norte, lejos de la línea de frente. Esos no pueden ser espíritus que están esperando ser devueltos a sus compañeros, y aun si ese fuera el caso, esa forma de tratarlos no es razonable. Como no reciben luz suficiente, no son capaces de moverse.”

Los cuatro espíritus usan luz como fuente de energía. Aunque hay algunas excepciones, la luz es su principal fuente de vitalidad. Ese tipo de recurso no podía ser ‘almacenado de antemano’, así que era común ver a los espíritus, en los días claros, extender una especia de membrana como alas, tomando baños de sol.

“Estos espíritus han estado encerrados en un sitio tan oscuro por tanto tiempo que ya no pueden moverse. Desde un punto de vista humano, eso sería el equivalente de encierro, abuso y ayuno para los espíritus… ¿Cuál es el razonamiento detrás de esto, y quién dio las órdenes para que se llevara a cabo?”

Ikta dejó a un lado su intento de escapar, y junto a su espíritu compañero, miró fijamente a su instructor.

El Teniente Sazaruf, incapaz de sostener sus miradas, sacudió la cabeza como si tratara de evitarlas.

“No hablen como si yo fuera el culpable… Se los diré, puesto que ya lo vieron. El que ordenó esto no es otro que el Comandante Supremo de la región del norte, el Teniente General Safida.”

Al escuchar ese nombre, Ikta de inmediato se imaginó la situación.

“Ya veo, se los arrebataron a la tribu de los Shinaak, que tienen una situación tensa con los militares, ¿cierto?”

“Como era de esperarse, entiendes rápido. Eso es correcto.”

“Cuando los iluminé, sólo vi espíritus de aire y de fuego. Entre los cuatro espíritus, estos pueden ser usados directamente como armas… Rifles de aire y fuego. Sin esos dos, en un campo de batalla moderno su poder de ataque disminuye significativamente; así que puedo comprender, desde un punto de vista estratégico, el mérito de quitárselos.”

“Eres muy listo… bueno, esa es la situación en resumen. En vista de los tan duraderos y al parecer interminables conflictos con los Shinaak, este es nuestro último recurso para contenerlos. Al confiscar tanto los espíritus como las armas de esa gente problemática, prevenimos problemas futuros.”

A pesar de decir eso con propia voz, la naturaleza del Teniente Asazuf no aprobaba esos métodos tan poco convencionales, por lo que movía los ojos de forma extraña mientras seguía hablando.

Ikta ignoró a su oficial y pensó profundamente en la situación con una expresión severa.

“No quiero cuestionar la justicia o ética, pero si todos respetáramos las reglas, bajo esas circunstancias no podríamos ganar una guerra. Aun así… respecto a este método en particular, hay muchas partes que me hacen sentir una gran inquietud.”

“¿Qué es lo que te molesta? Al menos en la práctica, este método ha demostrado ser efectivo. La gente no puede creer el comportamiento de sumisión que recientemente han mostrado los Shinaak.”

Como base de su razonamiento, el Teniente Suzuraf le dijo de la reducción reciente de los conflictos a pequeña escala… Sin embargo, incluso al escuchar esto, las dudas que se reflejaban en el rostro de Ikta se negaban a desaparecer.

“La posibilidad de que esta estrategia afecte la guerra puede que sea alta… ¿pero de verdad se obtiene el efecto deseado por el Teniente General Safida?”

“Por todo el pasado medio año, no han realizado ningún ataque, así que claramente se han calmado.”

“Puede que sí, puede que no… lo único que sí puedo asegurar es que… este método nos hace parecer como truhanes, forzando nuestras creencias en un niño mientras lo amenazamos.”

“Parecemos truhanes, ¿eh?”

“Si fuera yo, habría evitado este método. Después de todo, seguir aumentando la presión dentro de una olla hirviente me asusta… y la parte más importante es que, de esta forma, le damos al oponente el motivo para llamar a su lucha una causa justa: ¡Devuelvan a nuestros compañeros que fueron brutalmente secuestrados’; es una simple, pero efectiva llamada a las armas.”

Ikta murmuró esas predicciones funestas, y mientras hablaba, caminó más allá del Teniente Sazaruf. Cruzó la puerta con barrotes de hierro, caminando con pasos pesados, moviéndose gradualmente hacia el corredor iluminado.

“¡Alto!, ¿a dónde crees que vas?”

Cuando estaba a un paso de un escape exitoso, el brazo del Teniente lo atrapó, cancelando su plan de salir huyendo entre la confusión.

“Huh… qué raro… ¿se supone que lo que sucedería fuera ‘Sazaruf lo observa irse sin pestañear’?”

“Tu teoría es interesante; por desgracia, mi personalidad no me permite preocuparme por los asuntos fuera de la Guarnición.”

Al terminar con una sonrisa, tomó el cuello de la camisa de Ikta y lo arrojó en la celda de castigo más cercana.

El teniente luego cerró la puerta y examinó las bisagras. Las de esta puerta no mostraban ningún signo de deterioro.

“Ya que me sorprendiste con tu cháchara, amablemente te deduzco 295 días de tu sentencia de encierro.”

“¿Debo morirme de hambre por cinco días? ¡Es demasiado! ¡Cuando vuelva a Central de seguro que voy a reportar este maltrato a los oficiales de Alto Rango! ¡Haré que reduzcan el salario de los oficiales locales en cantidades desesperantes! ¡Definitivamente lo haré!”

“Así que has vuelto a tus trucos… ¿Sabes?, en realidad no me desagrada esa actitud desafiante. Quizás sea gente como tú las que, al final de cuentas, se conviertan en la nueva élite.”

Sin saber si decía en serio esos comentarios, el Teniente Sazaruf abandonó el lugar. Aun después de que se perdiera de vista, Ikta siguió gritando maldiciones a través de los barrotes metálicos por un largo tiempo.

 

Una semana después de haber llegado a las tierras del norte, cuando los oficiales militares de alto rango y sus subordinados finalmente se habituaban a su vida allí…

“Acepta mi reto, oh, el más joven de los Remeon!”

Los miembros de la Orden de Caballeros, menos Ikta, descansando en las mesas afuera del comedor, se sorprendieron cuando el Suboficial Deinkun los interrumpió con voz estruendosa.

Pero esta vez, su índice apuntó hacia otro oponente.

“…¿Huh? ¿Yo? ¿No es con Yatori-san?”

“¡Hoy quiero retarte a ti! ¡Bien, si eres un hombre del Imperio, aceptarás sin dudar mi reto!”

“Pero… yo no soy bueno con la espada…”

Respondió titubeante Torway, haciendo que el descontento apareciera en el rostro de Deinkun.

“¡¿Qué es lo que dices?! ¡Aun así, eres un soldado que ha sido nombrado Caballero por Su Majestad, el Emperador! ¡Si no puedes blandir una espada, no serás capaz de proteger a la princesa a la que estás sirviendo!”

Quizás porque le pegó donde le dolía, Torway solo pudo inclinar la cabeza y permanecer en silencio… Pero la intrusión unilateral de Deinkun y sus comentarios causaron molestia también en los otros presentes.

“Debería saber algo de auto-control, Suboficial Deinkun. ¿Planea ridiculizar a mi Caballero frente a mí?”

El tono de Su Alteza Chamille era frio como el hielo porque, por la misma razón por la que no le agradó que retaran a Yatori durante la fiesta de bienvenida, a ella le disgustaba lo primitivo de ‘determinar la jerarquía por medio de la espada’.

“En primera, la especialidad de Torway es disparando. Si fuéramos a hablar sobre sus habilidades como usuario de rifle de aire, él no estaría por debajo de ninguno. En el campo de batalla moderno, esa técnica es mucho más valiosa que el dominar la espada…”

“¡Me disculpo por mi atrevimientooooo!”

Incluso antes de que terminara de hablar, el Suboficial Deinkun se había postrado de forma tan exagerada, que probablemente había quebrado los mosaicos del piso.

La Princesa, que estaba a mitad de su comentario, observaba la escena con la boca abierta de incredulidad.

“No… lo que quiero decir es que… en lugar de usar espadas de madera, debería prestar más atención a las fortalezas de cada individuo.”

“¡La osadía de este súbditooooo!”

“Usted está juzgando el valor de una persona viendo un sólo aspecto, esa actitud no es nada halagüeña.”

“¡Por favor, perdónemeeeee!”

La Princesa trataba de establecer un debate con él, pero debido a sus acciones, ahora parecía que le hubieran vaciado un balde de agua fría… Mirándolo bien, el Suboficial Deinkun no tenía la menor intención de responder a sus argumentos; él mostraba una obediencia total, como si las palabras que estuviera escuchando fueran las de un oráculo.

Pero la mirada confundida de la princesa no duró mucho. Aunque era algo extrema, esta era la conducta habitual de los ciudadanos del Imperio. Las palabras mencionadas por la realeza eran absolutas, y quienes se atrevían a refutarlas eran muy escasos.

Aún los miembros de la Orden de Caballeros, con toda la familiaridad que había entre ellos, no sostendrían un duelo verbal con Su Alteza; con una sola excepción, y debido a la forma en que ella siempre estaba pensando en esa excepción últimamente, eso había hecho que el ‘conocimiento común’ de la Princesa se extraviara un poco.

“¿Qué tal el Shogi? Suboficial Deinkun, si es en Shogi, Torway es muy bueno en eso.”

Captando los sentimientos encontrados en Su Alteza Chamille, Yatori propuso una solución animadamente. La Princesa también asintió, como si eso la hubiera salvado de la situación.

“Ya todo está bien, Suboficial Deinkun, ya puede levantar la cabeza… Estoy de acuerdo con la propuesta de Yatori. A veces, se necesita demostrar la excelencia como soldado con la perspectiva que se tiene sobre un tablero de ajedrez, en vez que con la espada, ¿no cree?”

“¡Sí, señor! ¡Me siento honrado de recibir la oportunidad de redimirme…!”

Deinkun se levantó lleno de ánimos.

Yatori, quien había propuesto el juego, de inmediato fue hacia el armario en la esquina del comedor y trajo el tablero y las piezas. Después de acomodar todo apropiadamente, los dos se sentaron uno frente al otro.

“¡De esta forma no tendrás nada de qué quejarte! ¡Muéstrame todo tu poder, tú, el más joven de los Remeon!”

“Ja… ja… Por favor, no sea tan severo conmigo.”

Atacando primero, el Suboficial Deinkun usó tanta fuerza que fácilmente podría haber roto la mesa entre los dos al mover su pieza. Aunque Torway se sintió intimidado por su vigor, respiró profundo y comenzó a planear su estrategia.

Unos diez minutos después de comenzar, bajo la mirada de la audiencia, el resultado de la partida ya estaba decidido.

“Lo siento, es un jaque mate.”

“¡Guaaaah…!”

Torway ganó la partida en sólo 54 movimientos. Aun Matthew, que observaba el juego, se quedó impactado.

“Débil… es demasiado débil. ¿Por qué atacó si estaba en tal desventaja?”

“¡L-La defensa no es para mí! ¡Como un General, debo compensar la debilidad de mis tropas aumentando su moral!”

[NOTA: Aquí, el término ‘General’ se refiere a la pieza más importante en el Shogi, algo así como el Rey en el ajedrez.]

“Ya que esto es sólo Shogi, no importa lo duro que trate a las piezas, el desempeño no cambiará.”

Las palabras lógicas tanto de Matthew como de Haro, se clavaban inmisericordes en la espalda de Deinkun. Incapaz de soportar la humillación, se levantó con hombros temblorosos, y casi con lágrimas en los ojos, miró a Torway.

“Eres un tipo horrible, Torway Remeon… ¡pero no creas que esto se acabó aquí!”

“Ha-ha… Seguro. Si es en Shogi, puedo pelear cuando sea.”

Luego de oír la posibilidad de revancha, el Suboficial Deinkun se volvió y salió del comedor con una actitud digna, muy distinta a la de alguien que ha perdido.

“¡No me estorbes el paso! ¡Fuera de mi camino!”

“Woah…”

Con todo el impulso de su enorme cuerpo, hizo a un lado a un objeto cercano como si fuera una brizna. Viendo con cuidado, y con un aspecto similar al de un ciervo recién nacido, el que trataba de levantarse con piernas temblorosas no era otro que Ikta.

Él dejó escapar algunos sonidos de sus labios resecos, y luego colapsó justo frente al comedor. Asustada, la Princesa se levantó y corrió a donde estaba Ikta.

“Tú… ¡¿qué te pasó, Solork?! Para estar tan demacrado… Oí que te habían encerrado en la celda de castigo, ¿será posible que no te dieran nada de comer?”

“A-Agua…”

“¿Quieres agua? Espera… ¡Kya! ¡¿Qué haces?! ¡No chupes mi cuello!”

Con todo su instinto buscando agua, la mente nublada del deshidratado Ikta extendió su lengua buscando la humedad del sudoroso cuello de Su Alteza.

Un escalofrío recorrió la espalda de la Princesa.

“¡Uuaaa! ¡No puedes, Ikta-san! ¡Es Su Alteza, la Princesa!”

“¡¿Te has vuelto loco?! Toma, aquí hay agua. Hua… ¿la jarra está vacía? No hay otro remedio… ¡Haro! ¿Tiene Miru algo de agua almacenada?”

“Ah… sí, debería haber suficiente como para una persona. ¡Miru, por favor!”

Miru, luego de ser levantada por su ama, movió su ‘llave de agua’ frente a Ikta. Al principio él no reaccionó, pero luego de que unas gotas cayeran en sus labios, eso funcionó como detonador para que agitadamente se aferrara a la llave, logrando beber por fin la ansiada agua. Durante todo este tiempo, Chamille, que seguía pegada al cuerpo de Ikta, no parecía molesta en lo absoluto, pero parecía estar pensando demasiado en muchas cosas.

Luego de agotar la reserva interna de Miru, Ikta finalmente separó sus labios de su ‘llave de agua’, luego dejó caer la cabeza, que reposó en el regazo de la Princesa, que seguía junto a él.

“Aaaahh… sigo vivo.”

“Oh, ¿te ha regresado la conciencia? En serio, Ikta, ¿cuándo fue la última vez que bebiste algo?”

“Hace seis días completos… Ese condenado Teniente Sazaruf, incluso me dijo algo así como ‘lo siento, lo siento; me olvidé de las fechas’…”

“Pero tú te metiste en ese predicamento, ¿no? Si ya te sientes bien, ya aléjate de la Princesa.”

Luego de las palabras de Yatori, Ikta finalmente se percató en el regazo de quién descansaba su cabeza. Tanto él como la Princesa, cuyo rostro estaba rojo por lo que acababa de pasar, se miraron en silencio por un momento.

“Solork… ¿no tienes algo que decirme?”

“Sí. Si hubiera querido disfrutar del regazo de alguien, hubiera preferido uno más abundante- ¡Gueh!”

El golpe hacia debajo de Su Alteza Chamille golpeó la nariz de Ikta antes de que pudiera terminar de hablar. Luego de eso, la Princesa lo miró con ojos llorosos, mientras Ikta rodaba a un lado a causa del dolor.

“¡Deberías haberte muerto de inanición!”

“Ugh… Por favor, no grite. Si me dejaran solo en este momento, me moriría de hambre tarde o temprano… ¡Ah, tengo tanta hambre, ni siquiera tengo energía para cazar insectos,”

Ikta se recostó dócilmente en el piso, y en ese momento, una bolsa cayó sobre su desnutrido estómago. Yatori le arrojó gentilmente esa bolsa sin decir palabra.

“Revive rápido; si fueras a estirar la pata en un sitio como ese, sólo le traerías problemas a la base.”

Oyendo eso, Ikta abrió feliz la bolsa para ver en su interior algo de pan tostado, un pedazo de papaya y también algo de carne. Todo eso era parte de la comida que normalmente se le daba al personal en estos días.

“¡Como era de esperar de Yatori, un gesto tan maravilloso y considerado!”

Si haber terminado de hablar por completo, de inmediato Ikta atacó vorazmente la comida. Haro, mientras miraba la escena, pensaba… ‘Eso es…’ y en voz baja susurró a Yatori.

“Desde ayer pensé que te había visto traer algo de comida al dormitorio en pequeñas bolsas… ¿eran para Ikta-san? ¿Acaso adivinaste que lo soltarían hoy con el estómago vacío?”

“Sólo quería comerlo yo misma más tarde. No pienses tan bien de mí, Haro.”

Mientras decía esto, Yatori pellizcó gentilmente la nariz de Haro con sus dedos. Alcanzando a escuchar esta conversación, Torway volteó a ver a Yatori con una expresión compleja, pero como era de esperarse, la persona en cuestión no se percató del hecho.

“¡Grandioso! ¡Ikta ha revivido con éxito! ¿Huh? ¿Qué es esto? ¿Quién jugó Shogi?”

Él miró el tablero sobre la mesa y caminó hacia allí. Luego de sentarse en una silla cercana y analizar el tablero por un segundo, levantó el rostro con una mirada de sorpresa.

“Digo, ¿quién jugó esta partida? Incluso Matthew cuando apenas lo conocí no perdía de forma tan aplastante.”

“¿Por qué me usas a mí como comparación en esta situación?”

“Ha-ha-ha… Ik-kun, los que jugamos fuimos Dekkun y yo.”

Torway ya le había dado un apodo a su oponente.

Al escucharlo, Ikta inclinó la cabeza.

“¿Dekkun?… Dekkun… Dekkun… incompetente… Oh, ya veo; es el tipo de la fiesta de bienvenida, el que fue aplastado por Yatori. El tipo sin competencia en volumen corporal y de voz.

[Nota: Ikta llega a identificar a Deinkun pasando la expresión “Dekkun” de katakana a hiragana y luego usando una palabra similar que significa algo así como “inútil” o “incompetente”.]

“Llegaste a la respuesta correcta con una asociación muy grosera… Por favor, al menos revisa la parte de que ‘fue aplastado’.”

“El que te aventó hace un momento también fue el Suboficial Deinkun. Y sí, sus habilidades en shogi son malas a una escala sorprendente, al grado de que incluso yo, que soy la más débil en la Orden de los Caballeros, le podría ganar fácilmente.”

“Haro inocentemente expresó esas palabras tan poco consideradas. Al oír eso, Ikta le pidió a Torway que se sentara frente a él en la mesa y lo hizo recrear cada movimiento del duelo.

La Princesa, observando la discusión entre los dos, preguntó algo que se le acababa de ocurrir.

“Hablando de eso, ¿quién es el más fuerte?”

“¿Eh? ¿Qué?”

“Ah, quiero decir, en habilidad para el shogi. Yo juego con frecuencia contra Yatori y Torway, y sé que sus fuerzas están equilibradas uno con el otro, pero no sé en qué punto de la escala debo poner a Solork. Tú raramente juegas contra Yatori o Torway, e incluso cuando lo haces, abandonas a mitad de la partida, ¿no?”

Y cuando juegas contra mí te portas aún más cruel… añadió la Princesa con resentimiento. Ese canalla, que sólo se esforzaba cuando quería molestar a la Princesa, se encogió de hombros.

“¿Entonces quiere que compita contra Torway aquí y ahora?”

“Eh…”

“Eso estaría bien. Tenemos tiempo suficiente para otra partida… no, si tenemos un ganador rápidamente, podemos hacer que compita contra Yatori en un segundo juego.”

La expresión ‘medio-en-serio-medio-en-broma’ de la Princesa asombró a los tres… aún si sólo se trataba de shogi, el resultado del encuentro podía indicar de alguna forma las verdaderas fortalezas de los tres.

No había nada malo en hacerlos competir.

“Aunque no tengo intención de ordenárselos, no hay razón para que se rehúsen, ¿verdad, Solork?”

La Princesa dijo esto con voz aguda… durante la pelea entre Yatori y Deinkun, Ikta le había dicho: la sucesora de una de las antiguas familias guerreras, Yatorishino Igsem, está dispuesta a proteger a la Tercera Princesa porque cree con todas sus fuerzas que Chamnille Kitra Katjvanmaninik, como parte de la realeza, caminaba por el camino correcto de la vida.

Si Yatori era de esa forma, entonces, Torway, que también había nacido dentro de la ‘Tríada Leal’, debería ser igual. En otras palabras, si seguía siendo leal y decente, tanto Yatori como Torway serían aliados confiables.

Sin embargo, ¿qué pasaría si sucedía lo opuesto? El día en que el secreto que guardaba celosamente en su corazón saliera a la luz, ¿cómo se desarrollarían las cosas a partir de ese momento?

Honestamente, para Su Alteza la Princesa, ese era un futuro poco promisorio, en el cual no quería pensar. A pesar de ello, no podía huir de su propia imaginación. Después de todo, el que le había cuestionado si estaba mentalmente preparada para ello no era otro que Ikta.

“¿Tiene la determinación para seguir luchando aun si Yatori y Torway se convirtieran en sus enemigos?”

Su Alteza Chamille por fin entendió lo que eso significaba. En ese entonces, sólo la había considerado como una pregunta más, pero también era una forma en que Ikta trataba de persuadirla, implicando que sería ‘más inteligente no hacer lo que planeaba’.

“Ikta Solork, Torway Remeon, Yatorishino Igsem… el rango de ustedes tres es algo en lo que estoy especialmente interesada. Incluso si sólo es en su habilidad para el shogi.”

Simultáneamente los tres aludidos sintieron que el ambiente había cambiado. Esta no era una situación de la que podían salir bromeando. La Princesa les estaba pidiendo competir con toda su capacidad, para establecer claramente una escala.

“Si Su Alteza así lo desea…”

Sin ninguna duda, la primera en contestar fue Yatori… Por otro lado, Matthew y Haro, que observaban la escena, por fin se dieron cuenta de lo tensión en el aire.

“Eh… este… E-Estamos hablando de shogi, ¿verdad? ¿Cuándo se convirtió en algo tan serio?”

“No me preguntes, yo tampoco lo entiendo… pero… ¡maldición!”

Haro sólo se sentía confundida, pero Matthew mordía sus labios de frustración. Los nombres mencionados por la Princesa no lo incluían, y ese hecho lo hizo rabiar tanto que casi podía gritar.

“Pero… eso… yo…”

“No quiero.”

Mientras Torway tenía dificultades para encontrar las palabras, Ikta ya había declinado firmemente. La Princesa lo observó con una expresión de desilusión mientras él se levantaba, como si ya no tuviera que ver con nada de lo que ahí ocurría.

“Dime tus razones, Solork.”095

“Si debo decir algo… es porque mi valor es lo opuesto de lo que busca la Princesa.”

“Pensaré que tienes miedo de enfrentar un encuentro en serio.”

“Piense lo que quiera. Desde un principio, yo no tengo ninguna reputación que perder.”

 

Después de responder despreocupadamente, Ikta comenzó a retirarse. Su Alteza Chamille le gritó con una vez llena de enojo.

“Ahora entiendo… ¡quien no está mentalmente preparado no soy yo, sino tú!”

“Correcto. Voy a dibujarle una flor, Princesa.”

Antes de que la figura de Ikta desapareciera por la esquina, Su Alteza Chamille se volteó y se alejó pisando fuertemente.

 

(Falta segunda mitad del capítulo)

 


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